Viernes 26.04.2019
Cordoba Hoy

RAÚLO CÁCERES. DIBUJANTE DE COMICS

"Quizá en España nos hemos acostumbrado más a traducir comics que a producirlos"

Raúlo Cáceres, con una reedición de las obras de Sade en las manos
Raúlo Cáceres, con una reedición de las obras de Sade en las manos
"Quizá en España nos hemos acostumbrado más a traducir comics que a producirlos"

Lo dice él mismo en su blog: 'Raúlo Cáceres es un dibujante cordobés que lleva 20 años trabajando para editoriales de España, Francia y Estados Unidos. Con la americana Avatar Press ha dibujado para guionistas tan conocidos como Max Brooks (Guerra Mundial Z), Warren Ellis (Planetary) o Garth Ennis (Predicador)'. En realidad su nombre es Francisco Raúl Cáceres Anillo, pero en Bellas Artes una amiga suya le llamaba siempre Raúlo y así se ha quedado. Es de la Fuensanta, nació en 1976, un 20 de febrero, pero se ha ido a Cañero, "al pueblo", como lo denomina él, donde dedica prácticamente 24 horas al día (salvo las prescritas de sueño) a eso de dar forma en dibujo a su portentosa imaginación, que ha llamado la atención fuera de las fronteras españolas, y hasta le han encargado un cuadro de San Rafael, que está realizando poco a poco y que ocupa un espacio más que interesante del salón de su casa, que comparte con su mujer, enfermera, y sus dos hijas.

¿Qué hace un cordobés en el mundo internacional del cómic?

¿Qué hace un cordobés? Bueno, cordobés o lo que sea: Lo que hace cualquier dibujante, ganarnos la vida.

Eso quiere decir que este trabajo le da de comer.

Yo vivo de esto. Ya llevo muchos años trabajando en la industria del cómic. Desde el 98, que estaba acabando mi último año de carrera en Bellas Artes de Sevilla, empecé con ello y he estado trabajando desde entonces. Cuando acabé en Sevilla hice la especialidad de dos años en Granada y en el último año de carrera ya estaba trabajando para la revista 'Wetcomix', de la editorial malagueña MegaMultimedia.

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¿Desde el primer momento estuvo pensando hacer comics o fue en Bellas Artes donde le entró el gusanillo?

Desde chico empecé con el cómic, y antes de meterme profesionalmente en materia ya estuve en muchos fanzines. En el último año de carrera tenía un compañero que estaba buscando dibujantes para 'Wetcomix'. Hicimos unas pruebas, estuvimos tanteando muestras y así me cogieron.

¿Por qué habla en plural?

Porque había varios dibujantes. En la carrera también estaba Pablo Diartínez, otro compañero que acabó siendo director de cine en Bruselas; Jesús Barony, que se encontraba buscando gente y comprobando material, o El Torres, que ahora se ha hecho muy famoso como guionista y era el que llevaba la revista en ese momento. Nos cogieron a unos cuando y nos dijeron que había que hacer ocho página mensuales.

"Mientras hacía la carrera estaba con Pablo Diartínez, Jesús Barony o El Torres, que acabamos todos en la malagueña MegaMutimedia"

¿Y siempre ha sido usted tan oscuro en sus trabajos? Me refiero a sus historias no a sus dibujos, que siempre lo han sido...

Sí, mis dibujos son bastante oscuros, pero las historias no les van a la zaga. Es que me crié con el cómic de terror. Vengo de ahí. Me he metido a Bernie Wrightson en vena. Y eso es lo que a mí me tira. Me dijeron que había que hacer un cómic erótico de ocho páginas de lo que me diera la gana, y salió 'Elizabeth Bathory', que era muy bestia y que a día de hoy ningún editor decente se atrevería a editarlo.

Es que da la sensación de que en sus primeros años de profesional había como algo más de apertura en las editoriales, ¿no?

Claro que sí. Y, además, MegaMultimedia era una editorial un poco indie. Acababa de empezar a sacar comics, porque en principio se dedicaba a revistas de informática, pero llegó El Torres y abrió una línea de cómic sobre porno, de bárbaros, de terror... Al Torres le gustaba también el cómic de género y de corte 'pulp'. A mí nunca me pusieron ningún problema: 'Bathory' era muy heavy y luego me metí con la adaptación del Marqués de Sade, que también era bestia, y todo eso se publicó en un primer momento. Pero llegaron luego a decirme que era demasiado heavy, precisamente por ser una adaptación literal de la obra.

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¿Y por qué el cambio?

Había dos líneas en la editorial. Por un lado 'Wet Fetish', donde se publicaba 'Justine y Juliette', que era de comics sadomasoquistas, mientras que 'Wetcomix' era más de tipo erótico convencional. Con 'Wet Fetish' quise adaptar a Sade literalmente de su obra y pasarlo a dibujo y cuando la revista cerró -porque tuvo un tiempo con material de muy variable calidad-, las series que más o menos funcionaban las pasaron a 'Wetcomix', que era más light. Por eso, cuando Sade entró ahí les pareció muy bestia y la cortaron.

¿Pero usted la acabó, no?

No. Llegué hasta 16 capítulos. Estuvo un año y cuatro meses funcionando. Y luego yo lo reedité en álbumes. Ha salido también publicada en Francia, en la editorial Tabú, y ahora estoy haciendo lo que faltaba de la serie, porque eran 22 capítulos los que estaban proyectados. Lo voy haciendo poco a poco. Es decir que mientras va saliendo el material reeditado voy avanzando, y cuando ya alcancemos el capítulo correspondiente seguiré adelante con la serie con material nuevo. Muy probablemente será con la misma casa con la que me están reeditando la obra, y seguramente el material nuevo también lo publicaremos en Francia, con Tabú. De hecho, allí saben que lo estoy haciendo y lo lógico es que continúen.

"Para salir al exterior conté con la ayuda de Juanjo RyP, de 'Wetcomix', que ya había metido cabeza en la americana Avatar"

¿Cómo se dio a conocer a nivel internacional?

Tras lo de MegaMultimedia, estuve también haciendo una etapa para juegos de rol y luego me pasé a la revista 'Eros Comix'. En lo de juegos de rol me metí con 'Aquejare', pero lo primero que hice de rol fue 'La danza macabra', una aventura que publicaron Proyectos Editoriales Crom, de Ricard Ibáñez, el creador de 'Aquelarre'. Le hice las ilustraciones interiores, y a partir de ahí empezamos a elaborar portadas, bestiarios y muchos de los suplementos que acompañan a los juegos.

Al mismo tiempo estaba metiendo la cabeza en 'Eros Comix', que era una revista de Dolmen. Ahí es donde elaboré la serie 'Aguas calientes', que es una de las obras de la que estoy más orgulloso, tanto a nivel de guión como de dibujo. Cuando enseño 'Bathory' me da un poco más de reparo, porque está muy verde, pero con 'Aguas calientes' ya sí que puedo decir claramente: "Esto está de puta madre y lo podéis mirar tranquilamente que no hay problema".

Con 'Eros Comix' estuve unos años, pero vi que había un tope a nivel profesional en el cómic porno español. A eso se añade que yo ya era padre de dos hijas que estaban creciendo y sabía que no podía estar con las niñas en el estudio y el porno por medio. Así que me dije que quería probar otra cosa. Uno de los compañeros, de 'Wetcomix', Juanjo RyP, ya estaba en la editorial norteamericana Avatar trabajando desde hacía un tiempo y les habló de mí. Así que me pidieron una prueba. Les hice una ilustración, la vio el editor, le moló y me pusieron un cómic book de 'Belladonna', un personaje que tenían ellos de Brian Pulido. Me encargaron el cómic, lo hice y me dijeron 'para adentro'. Eso significa que gustó y me hicieron contratos durante bastantes años en plantilla.

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¿Y qué pasó?

Que he estado allí hasta ahora. Once años.

Pero usted sigue con ellos, ¿no?

Ahora mismo he preferido hacer un parón. Estoy un poco quemado. Me pedí un año de descanso para hacer otras cosas pendientes. Por ejemplo, acabar la serie de Sade o elaborar un libro ilustrado de vampiros, que llevo muchos años arrastrando y nunca lo acabo. Quiero retomar varios proyectos que se me han abierto, así como un cómic que estamos haciendo para el Museo Thyssen con otros dibujantes... En fin, que hay varios frentes que tengo pendientes y quiero hacerlo como Dios manda. A mí me fueron renovando cada cuatro años, pero le he acabado diciendo al editor que el contrato se acaba por ahora y que lo retomaríamos después de un tiempo.

"He hecho un parón en mi vida para intentar hacer las cosas que siempre he querido hacer y para las que nunca tuve tiempo"

O sea, que la aventura va a continuar por esos derroteros. Aunque el cómic es algo muy esclavo...

Yo creo que sí, que seguiremos. Y sí, el cómic chupa mucho tiempo. Con Avatar el ritmo era bestial. Yo he acabado a veces agotado literalmente. El ritmo de trabajo es muy duro.

Al menos, como ha dicho antes, vive de ellos y eso es algo que no pueden decir todos los ilustradores.

Eso es cierto. Los muchos dibujantes que conozco no consiguen colar la cabeza. No sé si es porque yo he tenido suerte o es que me lo he currado bien también. Seguramente es que pillé el hueco en el momento adecuado.

Y no lo ha soltado hasta ahora, que quizá es un poco arriesgado.

Sí, es arriesgado. Pero es que hay momentos en que si no haces lo que quieres, no lo terminas de hacer nunca. Y tampoco me daría tiempo a acabar todas las cosas que quiero hacer en la vida.

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¿Cómo definiría su trabajo?

Como una carrera de fondo. Cuando trabajas en el cómic tienes que plantearte que no existe el spryn. Eso me lo decían algunos compañeros. Esto es cuestión de mantener un ritmo. Tienes que ir continuamente con una rutina, y tienes que ir terminando un número de páginas al mes, que es la base para un sueldo y un contrato. Frente a eso, yo mantengo un mínimo de calidad del que no se debe bajar nunca. Aunque si algún día estoy muy inspirado lo peto con una página de ésas que me salen realmente guapas. Esos mínimos de calidad, a veces requieren un gran esfuerzo para mantener el nivel. Estoy, hablando pronto y mal, todo el puto día liado. Y no es una exageración. Eso hay que combinarlo con la vida familiar. Llevo a las niñas al colegio, vuelvo a casa, sigo dibujando, llega mi mujer que es enfermera, comemos y sigo dibujando. Llega la noche, se enciende la tele y me pongo otra vez a dibujar al lado de mi mujer escuchando de fondo la serie que vemos (Kingdom). No paro.

"El cómic es realmente esclavo; es un esfuerzo agotador por el ritmo bestial que te marcan las editoriales"

Uno de sus cómic estrella es 'La marcha zombie'.

Es que es Max Brooks. Es uno de los grandes del género zombie. Es el autor de Guerra Mundial Z, de la que se ha acabado haciendo la película de Brad Pitt. 'La marcha zombie', de hecho, son varios relatos suyos y de ahí, tras estirar un poco la historia, sale el guión desarrollado para el cómic, que son dos tomos. Fíjate que de un relatito de unas cuantas páginas, el tío se ha sacado de la manga una obra mayor. Por ahora no hemos terminado la serie, pero si Max Brooks lo retoma, que me llamen y me pongo ya mismo con ello (risas). De hecho, tengo dos guiones de dos capítulos más que no se han llegado a hacer. Están ahí parados y no sé por qué, porque material se supone que había.

¿Y de qué escuela ha estado mamando para llegar a su técnica?

Yo soy analógico todavía. Soy de la vieja escuela. Es cierto que uso el ordenador y coloreo en Photoshop, pero el dibujo, la tinta china, es totalmente analógico. Es decir, uso el papel, escaneo el lápiz, se lo mando al editor y al guionista, éste le da el 'OK' o te dice que hay que cambiar algo en alguna viñeta. Luego la entintas, que lo hago yo también. Una vez escaneadas las tintas se lo pasas al colorista, aunque también podría hacerlo yo si me lo pidieran, pero soy más lento y ellos, además, quieren tener a los cochinos en el corral de los cochinos y a las vacas con las vacas, porque si al final alguien se pone a hacer un poco de todo, acaba ralentizando la cadena de montaje, y eso hay que evitarlo.

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¿Pero cuál es su dibujante de referencia?

De joven leí 'Creepy', 'Vampus', 'Rufus', las revistas clásicas de terror de los años setenta del siglo pasado, que luego en España salieron en los ochenta. Estuve mamando de los autores con el entintando potente. Y de nombres, te puedo hablar de Bernie Wrightson, que lleva un tipo de dibujo y un entintando que me lo he estudiado a fondo. He estado conociendo a tope cómo trabaja él la iluminación e intento imitar esas técnicas, que no son de él propiamente dicho, sino de la escuela de EC Comics, de EEUU, donde los dibujantes más o menos llevaban todos una línea de incluir mucho negro, muchas tramas, con sombras y contrastes muy potentes.

Luego eso lo mezclé con otras tendencias que no tienen nada que ver con el porno. Por ejemplo, para la composición de las páginas me voy a Craig Russell (Elric), que es un dibujante más renacentista, de línea clara, con mucho barroco. Es muy americano, con un estilo muy propio y hace unas composiciones de páginas preciosas, jugando mucho con la secuencia. Es un poco lo que hacía Will Eisner (The Spirit), pero tendiendo más a la fantasía y a los diseños modernistas. Luego también a nivel de dibujo, me gustaba Brian Bolland (La broma asesina), Alfredo Alcalá (Voltar), John Buscema y los dibujantes de Conan, que son de los cómics históricos y más de fantasía. He hecho una mezcla de todo. Incluso al principio bebí del Underground americano y de 'El Víbora'. Me gustaba mucho Charles Burns (Black Hole)... Mezclé todo y salió lo mío. Ya luego en Avatar he ido tendiendo a meter más líneas y quitar un poco de negro y me he ido más al grabado, con volumen buscando líneas, pero muy sobrecargado. Es algo, lo del barroquismo, que quizá en Estados Unidos no le gusta a todo el mundo...

Mi estilo es una mezcla del terror clásico de los setenta con lo que hacía Craig Russell, Brian Bolland, el mundo de Conan, el Underground o Charles Burns"

Parece que ahora está pendiente de ilustrar otro juego de rol con la misma gente que Edén, del también cordobés Gabriel Soriano.

Estuvimos reunidos hace poco y, tras la experiencia de Edén, que ha funcionado relativamente bien y con buenas críticas, ahora lo suyo es hacer algo en plan 'Explotation'. Un juego basado en las películas de Serie Z, ésas extrañas en plan 'Blácula' o con los 'Black Panthers' de fondo (risas). En la ambientación está también participando José Manuel Morcillo, de Fuzz, que será uno de los que lo editen si sale. Y ahora en breve, a finales de abril, con Panini, va a salir un álbum de cromos de monstruos que hice con Tito Alberto, uno de los guionistas de la revista cordobesa Killer Toons. Es, en realidad, un falso álbum, porque tiene su aspecto, pero los cromos ya están impresos en él y no es para hacer colección. Por cierto, que no es para niños.

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¿Se puede uno autoeditar sus propios comics?

Bueno, yo he hecho algunas cositas en ese plan. En la plataforma Bubok se puede uno publicar libros on-line a demanda. Ahí edité una recopilación de historias que había publicado en varias revistas para poder venderla. También he autoeditado algo en digital, pero son cosas que estaban ya hechas y pensé que se les podía sacar algo más de provecho. Igual que la recuperación de Sade, que hemos hecho con la cordobesa Fuzz, pero ésta en concreto está pensada más para coleccionistas y está más cuidada la edición. En fin, que la autoedición no la descarto, es otro campo más. En Amazon lo probé, pero ahí el tema erótico está censurado.

El cómic se basa mucho en superhéroes. ¿Ha hecho alguna vez algo de eso?

Hice alguna cosa parecida en Avatar. Eran más bien ángeles y demonios y criaturas similares, pero la historia iba de superhéroes, porque básicamente era de puñetazos y trajes de mallas. Eso sí, algo más gótico y terrorífico, pero superhéroes y tías buenas incluidas, al fin y al cabo. Se llamaba 'Unholly', y salió también en Francia publicado con Tabú, que ha comprado los derechos.

"De superhéroes hice algo en Avatar con ángeles y demonios en mallas y a puñetazos: se llamaba 'Unholly'"

Está claro que usted gusta en Francia.

Es que en Francia gustan todos los géneros. Es un país que no tiene que ver para nada ni con España ni con Estados Unidos. Allí hay un mercado muy potente. He estado varias veces en Angouleme, que es la Meca del cómic en Europa, invitado por la editorial Tabú, que es sólo de erótico, pero allí hay de todo y puedes publicar lo que quieras, porque hay editoriales y lectores para todos los gustos. No tiene nada que ver con nosotros. España es un microcosmos comparado con eso, y la verdad es que no sé por qué aquí no hay industria, cuando sí se venden y se leen cómics. Quizá es que nos hemos acostumbrado a traducir más que a editar y es más barato, o a lo mejor es que por alguna razón no interesan los autores españoles que triunfan en Europa y en América, pero acaban volviendo a España, aunque traducidos por las editoriales. Es algo realmente absurdo.

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