La actriz Celia Almohalla acaba de pasarse por Córdoba para presentar su libro 'Viaje al Planeta de todo es posible'. Una adaptación a novela de su obra de teatro homónima que ha cosechado bastante éxito con su compañía Índigo Teatro en sus representaciones, incluida una bastante reciente en Córdoba, desde se acabó llenando el teatro. Toca un tema complicado, el bullying, pero de una manera bastante tierna, con la que el espectador puede llegar a aprender mucho de sí mismo.
Ella es de Málaga y toda su familia procede de Archidona. Cumplirá 42 en noviembre y desde "siempre" se ha dedicado a las artes escénicas por pura vocación. Tanto es así, que estudió Arte Dramático en Málaga (licenciada en Interpretación Textual por la ESAD), y también ha hecho Danza Clásica, aunque, como ella misma dice, "no fue de una manera profesional", como a día de hoy le hubiera gustado. "Yo era una niña muy inquieta, y necesitaba explorar mucho, sociabilizar y no paraba quieta y no era el momento de la danza". Después, con 24 años, se metió más en serio en la materia (es graduada en Danza Clásica por la Royal Academy of Dance, de Londres) y ese aprendizaje lo aplica en la actualidad en sus actuaciones teatrales, de modo que las obras tienen un resultado "más completo y más rico".
Algo muy positivo para que los niños y niñas que acuden a sus representaciones estén más atentos. Una cuestión complicada, tendiendo en cuenta que están sobreestimulados con el uso de las redes sociales en una época en que apenas se le dedican tres segundos a cada cosa que se ve en una pantalla. "Las artes escénicas tienen que aprender y averiguar cómo captar la atención de este público.
¿Usted cómo lo consigue?
Como yo he sido una niña un tanto inquieta, planteo la obra pensando en si le gustaría a esa niña inquieta que yo era (se ríe).
Entonces, el teatro tiene que adaptarse a esa nueva circunstancia del espectador.
Claro. Creo que todos nos tenemos que adaptar, porque es lo que viene. Al. final, necesitamos no someternos, porque la adaptación es diferente y ver de qué manera implementar las cosas para ofrecer una obra de teatro más completa y más rica y que tenga más conexión con ese público. Pero, insisto, eso no debe suponer un sometimiento y que, de repente, perdamos la esencia de lo que es el teatro. Porque las artes en vivo tienen sus propias características.
¿Ustedes hacen solamente teatro para niños o teatro infantil?
Bueno, hacemos teatro familiar. Está enfocado con una mirada puesta en los niños, dependiendo de la obra que sea. Tenemos una obra enfocada a niños de uno a cinco años, y luego hay otra que se ofrece a niños de tres a siete.Tenemos otra que es para niños más o menos de tres a ocho y la de 'Viaje al planeta de todo es posible', que es con la que estamos ahora, pensada para niños a partir de cinco cuando es familiar, y seis cuando es para actuaciones escolares, y hasta 11 años.
Los niños de 12, como no entendemos bien en qué punto están de pre-adolescencia, tenemos mucha prudencia con ellos. A los colegios cuando nos llaman les decimos que sean ellos quienes decidan si quieren traerlos, porque todo va a depender del momento en que estén esos niños con esa edad. A lo mejor aceptan bien la obra o quienes están ya en la adolescencia no, porque es el momento en que lo rechazas absolutamente todo y te vas a poner en contra porque es lo que toca en ese momento.
Luego se suele volver de nuevo a la 'normalidad'. A mí me gusta lo que se supone que es infantil.
Bueno, es que esas obras también están enfocadas para los adultos, que no nos olvidamos de ellos. Nosotros ponemos un poco el ejemplo en las películas que hay actualmente. Que son supuestamente infantiles, pero realmente no lo son; están penadas para todos los públicos, y el niño se queda con un mensaje, a lo mejor con cómo se dicen las cosas y con la emoción que transmite el personaje, y el adulto se queda con otros conceptos, más hacia el qué se dice. De hecho, a mí me pasa que veo películas ahora y no tiene nada que ver con lo que vi cuando era pequeña. Entonces me llegaron unas cosas de pequeña y ahora, otras.
Pues eso es lo que tratamos de hacer con las obras de teatro para que, al final, haya un poco para todos, que es lo interesante.
¿Las obras las escriben ustedes? Son originales suyas?
Sí, sí, las obras son originales. Eso nos lleva a tardar un poco. Otras producciones y otras empresas diría que para ser rentable la cosa debería tener un ritmo apropiado de comercio, pero yo no funciono así; no puedo. Pero también pienso que por eso al final esas obras nuestras acaban llegando al público porque nacen desde algo más interior, más del corazón, y al ritmo que eso te vaya pidiendo, no al ritmo que tenga que ser.
Hasta ahora, ¿cuántas obras tienen?
Pues tenemos tres. Son las que hemos entrenado y tuvimos también otro espectáculo de música para adultos, que era con un grupo que teníamos antes, con la música que queríamos y una puesta en escena teatral.
Pero ustedes viven de esto, ¿no? ¿O cada uno de ustedes tiene otra profesión también?
No, vivimos de esto. Ahora es un momento en el que estamos teniendo más funciones, estamos llegando a muchos sitios de prácticamente toda España con esta última obra. Las otras dos se han movido muchísimo, pero más a nivel andaluz, incluso sobre todo Málaga, que es donde se movían más. Y, a medida que vamos avanzando y creciendo, estamos llegando más lejos y eso para nosotros es todo un regalo, un orgullo, y estamos muy contentos de que así sea, porque no es fácil.
Cuando creas una obra no sabes lo que va a pasar. Vivimos de esto, porque sigue creciendo. Si no, al final te tienes que ver en la situación de plantear cómo lo combinas con otro trabajo. Es complicadísimo combinarlo, porque para hacer algo bien tienes que dedicarle toda tu atención, todo tu tiempo y toda tu energía.
Hábleme un poco de la compañía. Ya el nombre, Índigo, me resulta muy sugerente.
Nosotros estrenamos el primer espectáculo, que se llama 'Lecturita... Más allá de la imaginación', en 2014 y tardamos bastante en ponerla en pie. Yo entendí que necesitábamos tener una obra que fuera nuestra carta de presentación y que no debíamos de precipitarnos, porque era con la que íbamos a empezar a presentar a la compañía. El guión era original, la música también. Todo esto llevó a que tardáramos más de la cuenta.
Esa obra es la base de que Índigo siga y que hayan venido más, porque ha funcionado muy bien y hemos tenido muchísimo movimiento, sobre todo más a nivel malagueño y andaluz, pero muy bien. Sobre todo el regalo de la acogida del público, porque hemos conectado muchísimo y eso nos ha dado muchísima fuerza para continuar y seguir creciendo. Y luego lo que son programadores y teatros ha sido algo que ha ido más lento. Esto es una compañía nueva y que no te conocen. Al principio nos pasaba que nos podían que les mandáramos un vídeo para poder estrenar, y lo les respondía que necesitábamos estrenar para tener un vídeo. Ahora digo en broma que si hubiera sabido dónde me estaba metiendo no lo habría hecho nunca.
¿Y eso?
Porque uno no se da cuenta. Yo, desde mi ignorancia y mi inocencia, no sabía en qué embolado me estaba metiendo con la creación de una compañía y moverla y llegar a muchos teatros. No era consciente de lo complicado que y de todo lo que hace falta. No se trata simplemente de hacer la obra y luego venderla; es que pueda llegar a que un programador la vea compitiendo con otras muchísimas propuestas. No pueden estar todo el día viendo vídeos de las propuestas que les llega, es imposible. Existen las ferias, sí, pero para entrar en ellas también necesitas que te. conozcan. Es una industria muy compleja y por eso digo eso de broma, porque en realidad no me habría dedicado a otra cosa. Esto es lo que he hecho, porque lo siento profundamente y era el camino que decidí.
¿Quiénes forman la compañía Índigo Teatro?
Bueno, en la compañía hay una parte que es un pilar fundamental, que es Celia Almohalla, o sea, yo, que soy la que mantiene un poco la compañía en pie. Pero detrás hay todo un equipo. Algunos son personas que han participado en todas las obras. Por ejemplo, en la música hay una figura muy importante que es Sara Almohalla, mi hermana, y como compositora ha hecho cosas preciosas y es una figura muy importante. Luego hemos trabajado con Isa Soto, una escenógrafa que ha hecho algo también muy bello tanto en 'Lecturita' como en 'Viaje al Planeta de todo es posible', y luego, en materia de la iluminación entró otra persona en 'Viaje al Planeta', Antonio Arrabal, que ha hecho un trabajo maravilloso y a nivel técnico nos ha asesorado hasta que el espectáculo ha ganado muchísimo a nivel técnico.
¿De qué manera lo ha conseguido?
La iluminación pasó de ser un simple sueño a ser una realidad. A mí me encantaba la idea de que hubiera un planeta con luz interior y que los deseos que concediera fueran bolas que se iluminaran y cambiaran de color (se ríe). Para hacer eso realidad necesitaba un experto y ahí estaba Antonio. Todas personas han estado en momentos puntuales y eso ha hecho que la compañía crezca. También están las actrices que han ido pasando que luego por sus circunstancias se han marchado, pero que ya son Índigo teatro. Hay una persona con la que empecé, que se sumó desde el principio a las primeras ideas de 'Lecturita', que es Concha Vinero, que fue compañera mucho tiempo y estuvo hasta incluso avanzado el proceso de producción y de ensayo con 'Viaje al Planeta'. Estuvo también conmigo mirando el guión y estuvimos viendo juntas esa idea. Se tuvo que ir por circunstancias familiares, pero queda su aportación, como la de tantas personas que le han puesto todo su amor y su cariño a algo muy de alma, aportando lo mejor que tienen dentro para que Índigo brille.
¿Por qué el nombre de índigo?
Porque en el momento de crear la compañía me gustó un concepto que viene a hablar de transmutar todo lo que no sirve para dejar que nazca lo nuevo. Es como un cambio. Hablaban de que el planeta Tierra iba a entrar en un momento en el que su aura se iba a rodear de un color más azul índigo y representaba un poco que había un momento de cambio, de que lo viejo iba a morir y lo nuevo iba a nacer. A mí ese concepto me pareció muy interesante. También me gustaba mucho la idea de los niños índigos que venían a cambiar el mundo, y me pareció muy bello ese significado. Creo que esta compañía debía estar basada en eso: Buscar la manera de dejar cabida algo nuevo que sea una versión más completa de lo que ya somos en crecimiento y evolución. Y que lo viejo, lo que ya toca que se vaya y se caiga, que se despida con amor para que nazca la mejor versión de nosotros y de este mundo.
¿En 'Viaje al Planeta de todo es posible', qué fue primero, la obra o el libro, que esto que ahora está presentando?
Fue primero obra. Yo tenía muchas ganas de haber creado el libro con 'Lecturita', más teniendo en cuenta su título y de que es una obra de fomento a la lectura. Lo tenía en la cabeza, pero nunca lo llegué a realizar. Ya con 'Viaje alPlaneta' tenía ese deseo de poder crear un libro y me tiré a la piscina. El hecho de representarla me ha ayudado muchísimo a vivirla, y al vivirla a tener también sensaciones y poder crear en mi cabeza imágenes para poder transmitirlas a través del libro. Yo no me considero escritora, pero el hecho de haberla representado y haberla escrito como obra de teatro fue un gran paso para luego poder llevarla a su forma en una especie de novelita, que es para niños a partir de siete hasta infinito.
Tiene unas ilustraciones muy guapas.
Sí. Fue muy interesante el modo que encontré a la chica que ha hecho las ilustraciones, Anna Arilla. Primero estuve contactando con una persona que me gustaba mucho, pero al final me dijo que estaba muy ocupada y que no podía. Una amiga me dijo "bueno, tranquila, tú pide a ver si aparece", y yo decía "no sé cómo se pide eso", y de repente por Internet vi unas ilustraciones que me gustaron muchísimo y en vez de dar por hecho que no iba a querer o que no iba a poder, me decidí a preguntar. La verdad es que hubo mucho feeling desde el principio, y ella se entregó con la idea. Me dijo que le encantaba y que por su parte, perfecto. Hemos hecho un gran equipo y agradezco mucho su paciencia. Hay una parte de mí que le da muchas vueltas a las cosas y le pedía intentarlo por aquí y por acá. Y ella, en lugar de cansarse, vio que éramos un equipo y que al final no era mi idea o la suya, sino que las dos estábamos intentando que el libro saliera de la mejor forma posible. Eso para mí ha sido maravilloso y al final las ilustraciones han quedado muy bonitas.
¿Va a seguir escribiendo libros?
Me encantaría, porque ahora viene otro espectáculo nuevo, que va a ser de fomento de la lectura. Se llama 'NOVA, más allá de la imaginación', y ya que no pude con 'Lecturita', sí que me gustaría hacerla libro. Pero no sé qué va a pasar.El de 'Viaje al Planeta' me hubiese gustado tenerlo publicado antes, pero por las circunstancias del libro necesitaba más tiempo y ha nacido en julio de 2024. Pero mi intención y mi deseo sí que es poder hacer otro libro. Ya con todo lo aprendido de éste, seguro que vamos más rápido o, por lo menos, no vamos a cometer los mismos errores.
Pero, Celia, no es tan sencillo publicar libros, y usted ya lo ha conseguido con uno.
Sí, sí, sí. No es sencillo y, además, el mundo editorial para mí es totalmente ajeno. El hecho de haber encontrado una editorial que haya querido publicármelo me sorprendió. Yo siempre pensé en un principio en la autoedición, porque no conocía nada y la gente a la que pregunté que habían hecho algo me hablaban más bien de autoedición. Yo pensaba que como venía asociado a la obra de teatro eso me daba la fuerza para querer sacarlo adelante, porque lo van a poder mover a través de la compañía. Encontré esta editorial, Excellence Editorial, que nos propuso traducirlo al catalán para venderlo también en esa lengua además de en castellano. Eso ha sido maravilloso, porque no teníamos la visión de poder llevarlo a Cataluña, y ha ocurrido gracias a esta editorial. De hecho, nos ha comentado que se ha movido por más de 90 bibliotecas catalanas, porque fue seleccionado el libro para entrar en una especie de catálogo. Estamos muy felices.
¿Está, entonces, haciendo una gira de presentación del libro o cómo va esto?
Sí, estamos haciendo una gira. Estamos yendo a teatros que no hemos visitado nunca. Esta temporada hemos estado en Toledo y en Salamanca, hemos estado en La Rinconada de Sevilla, dentro de un festival maravilloso en el que nos ha dado el Premio Alcides Moreno 2024 a 'Mejor obra, porque lo tiene todo', y eso fue maravilloso viniendo de un jurado que es infantil. Es un premio consagrado y en esa ocasión había compañías que para nosotros son un referente y a las que admiramos muchísimo, como La Matiné y muchos más, y me puse gordísima de emoción con ese premio.
También hemos estado en Canarias, que ha sido una gran aventura, porque yo no conocía aquello. Hemos estado en Las Palmas y Fuerteventura, y ha sido maravilloso, un regalazo el poder cruzar el charco con la compañía, y ahora vamos a Menorca.
Hemos estado, por supuesto, en Córdoba, que ha sido una experiencia que no olvidaremos, porque la acogida del público fue maravillosa. Hemos tenido muy buenas sensaciones de público siempre, pero bueno en Córdoba... No sé; hay algunas veces de buenas sensaciones y otras de mega-súper sensación, y con Córdoba hemos estado súper a gusto, tanto con la función familiar que tuvimos el domingo, con el teatro lleno, como luego con las funciones escolares, que es una sensación muy interesante. Los niños muchas veces al principio empiezan inquietos, tensos, y no se callan. Empieza la obra y comienzan a escucharte, se relajan y entonces se da esa comunión entre el público y la obra, y eso nos encanta. Los niños llegan de la calle, y lo más interesante de ellos es que no te van a regalar nada. Si no les gusta te lo transmiten. Me parece muy bueno que se sientan libres para poder decir que algo no les gusta, no tienen que mentir ni por qué disimular.
¿Y no da un poquito de miedo eso, precisamente, que sean tan sinceros?
¡Claro que da miedo! Sí, da mucho miedo, pero también es muy auténtico, y eso te invita ponerte las pilas. Además, nos dedicamos a esto porque hay una parte de conexión y de entrega a eso. Hacemos espectáculos para ellos, pensando en ellos y queriendo llegarles a ellos. Cuando me preguntan por qué hago realmente teatro infantil, o para niños, yo pienso que es porque yo les quiero dar a los niños lo que a mí me hubiera gustado que me hubieran dado.
Te vuelvo a decir que yo era una niña inquieta, que no te iba a regalar nada si no lo sentía. Eso al principio, luego ya uno cambia y te cambia todo, pero cuando era más chica, era muy hiperactiva y no paraba quieta. Eso, visto desde la adulta que soy, entiendo ahora que no era malo. Era simplemente que esa niña tenía tantas cosas y no sabía canalizar su energía. Entonces, muchas veces empatizo con los niños que son más inquietos, los más traviesos y los que a lo mejor más llaman la atención. Y quizá lo hacen, porque necesitan más cariño y necesitan que no los rechacen, Hay una frase que me encanta y es que la gente más difícil de amar es la que más amor necesita.
Así que sí, con los niños da miedo, mucho miedo. Pero hay que tratar de ver cómo conectamos con ellos. Porque si ellos responden mal, no es para hacerte la puñeta a ti, sin que, por lo que sea, no están recibiéndolo. Así que entonces uno trata de hilar más fino. Y también invitar al adulto a reinventarse y a tratar de mirar un poquito más profundo. Porque, de hecho, considero que los niños están muy conectados con su esencia y los adultos ya la hemos perdido.
¿Y cómo se puede tratar de forma tan tierna algo tan repugnante como el bullying?
(Duda) Creo que es un poco porque ha sido algo que he tenido que vivirlo a lo largo de mi vida.
¿Ah, sí?
He tenido que trabajarlo yo y aprender a mirar a ese enemigo que me hacía y me provocaba tanto dolor y tanta necesidad de querer esconderme o desaparecer... Es un poco lo que a mí me pasaba, que yo no quería vivir eso, porque esa persona o esa situación me llevaba a sentirme muy mal. Pero también es una invitación a mirar sobre qué opinas, qué sientes tú respecto a ti y cómo te colocas tú en esa ecuación. Y a mí, de hecho, a las personas que más daño me han hecho en la vida y las personas con las que más conflicto he sufrido y las que más me ha costado tener relación, son a las que ahora agradezco más la invitación a conocerme. Porque gracias a ese conflicto del que no sabía cómo salir me llegó una oportunidad de darme cuenta de cómo yo me sentía.
Se han movido ahí una serie de cuestiones que me han hecho cuestionarme mucho mi autoestima, y mirarme a mí y plantearme quién soy, por qué, para qué. Y ahora, por ejemplo, a lo largo de mi vida, ese tipo de perfiles de personas ya no se me acercan, o si lo hacen, no muestran mucho interés en mí. Creo que para que haya un culpable también hace falta una víctima; yo me siento víctima y tú te sientes culpable. En esa situación si llegamos a hablar probablemente cuadremos. Porque tú necesitas culpar y yo necesito creerme culpable de todo.
Hacer esta obra ha sido un poco para regalársela a mi yo interior y mirar un poquito más allá también. Uno de las regalos que me ha traído esta obra es poder hacer el personaje del antagonista, el abusón, el fanfarrón, con el que no me siento identificada absoluto. Yo curiosamente hago todos los personajes menos el de Alma, que supuestamente es mi yo de niña. Y encarnar al abusón me ha ayudado a entender que es alguien tan pobre, se siente tan pequeño y es tan completamente ridículo en su interior porque se siente tan poca cosa que necesita ir avasallando y callando todo el mundo. Y en el momento en que alguien se le enfrente ese ser se desarma y acaba topándose con todo su interior y su dolor. Y es tan grande el dolor que siente en su corazón que ha construido todo un personaje para tapar eso.
Al vivirlo yo en la obra me trae mucha empatía para que cuando venga alguien y me haga que sienta la necesidad de cogerle y arrancarle la cabeza, respiro hondo no entro a jugar en eso de yo tengo más razón que tú, que no deja de ser el principio de lo que es una guerra. ¡Pues vamos ya a pararla! Porque ya hemos jugado a la guerra y sabemos lo que es.
Se acaba superando, ¿verdad?
Si tú quieres dejar de jugar, sí. Una de las cosas que más me ha costado, y es algo con lo que seguiré trabajando hasta que me muere, no era tanto perdonarlo a él o a ella por lo que me hizo y estar enfadada hasta desear que le pasaran cosas cosas malas y que te lleva a odiar y tener sentimientos, sino perdonarme después a mí.
¿Por qué dice eso?
Por no haber sabido gestionarlo mejor. Por no haber sabido defenderme a mí misma. Por no haber sabido decir no. Por no haber sabido ponerme en mi sitio. Por no haber sabido pedir ayuda... Tantas cosas. Pero todo esto es también un juego de la víctima. La parte víctima te va a culpar por no haber hecho lo que no hiciste. Así que te tienes que perdonar, porque lo hiciste lo mejor que pudiste y como en ese momento mejor sabías. Porque también hay internamente un culpable dentro de ti que me maltrata. Eso es lo más interesante: Descubrir que hay una voz interior que me ha machacado a mí y todo eso que odiaba del otro, peor me lo decía yo a mí misma. Entonces, cuando descubres eso, se te acaba ya el conflicto, porque el otro ya no entra en la ecuación.
¿Y ése es el papel del Planeta de todo es posible?
Sí, porque la obra Gia en torno a la posibilidad de que un deseo se pueda llegar a cumplir. Pero no se va a cumplir por arte de magia. El Planeta ayuda a que los deseos se cumplan, pero no los cumple porque sí. Entonces, hay que ayudar al deseo en cierto modo para que pueda llegar a realizarse. Y se hace a través de este viaje que el libro y la obra invitan a que el espectador acompañe a Alma y junto a ella descubran cómo el deseo se puede llegar a hacer realidad.