LOLA AROCA BRAVO. JUBILADA Y AMANTE DE ANDALUCÍA

"Mi padre compró esa bandera andaluza en febrero de 1980 y llevamos 40 años poniéndola en el balcón"

Lola Arcoca, con su bandera andaluza al fondo
photo_camera Lola Arcoca, con su bandera andaluza al fondo

Lola Aroca Bravo creyó cuando la llamamos que se trataba de una forma de su hijo Ricardo. Éste había enviado correos a los medios explicando la singularidad de su madre para ver si se le podía hacer un reportajito, pero aquí vimos la posibilidad de conocerla un poco más a fondo y preferimos hacerle una entrevista. Cuando empezamos a hablar se mostraba incrédula todavía, pero, poco a poco, se fue soltando y de forma relajada comenzó a fluir esta charla en forma de pregunta-respuesta. Tanto es así que al finalizar confesó estar encantada con lo que habíamos hablado, una sensación que hay que confesar que fue mutua.

Lola tiene 71 años, pero ni su voz ni su aspecto, menudo y delgado, así lo dan a entender. Tiene energía en su interior, y eso se traduce en sus palabras, y sobre todo tiene amor -pasión- por su Andalucía y su Córdoba, porque aún no lo hemos dicho, pero ella se ha pasado 40 años seguidos poniendo la misma bandera andaluza en su balcón, primero de San Lorenzo, de donde es oriunda, luego de Ciudad Jardín y finalmente de Carlos III, donde reside en la actualidad.

Es una bandera original, de las primeras que se vendieron y la cuida con mucho mimo para que dure muchos años más. Respira y rezuma Andalucía por todos los poros de su piel. Dicen que el primer antecedente que se le conoce a la bandera de Andalucía se remonta al año 1051, cuando una de color verde y blanco ondeó en la Alcazaba de Almería (curiosamente donde Lola va a veranear), como así narra un poema de Abu Asbag, que fue visir de la capital mediterránea. La que conocemos tiene ya 45 años.

El amor a esta tierra que le inculcó su padre lo mantiene intacto, como un tesoro que le marca el pasado, el presente y su futuro, así como el de su familia. Porque quien ama a esta tierra recibe amor de ella multiplicado por mil.

Así fue esta conversación.

PLANTILLA copia
Lola Arcoca, con su bandera andaluza de 40 años de antigüedad

Buenas tardes, Lola, ¿Qué tal estamos?

Un poco sorprendida.

¿Por qué?

Porque cuando mi hijo me dijo que íbamos a hacer una entrevista pensé que era una de sus bromas.

No, mujer. Eso de llevar poniendo una bandera andaluza 30 años seguidos en su balcón no es ninguna broma.

¿Cuántos años le ha dicho mi hijo?

Treinta.

No, no. Son 40. Desde 1980.

Pues se ha quedado corto entonces.

Sí, sí. Fue en febrero del año 80 y la puse con mi padre en el balcón de la casa que entonces vivíamos en Ciudad Jardín.

¿Dónde nació?

En San Lorenzo. Allí nací, allí me bautizaron; me casé en Los Dolores y ahora vivo en Carlos III.

Me gusta más San Lorenzo, sinceramente.

Sí, hombre. No tiene ni comparación.

Está usted jubilada.

Gracias a Dios me he jubilado y vivo en la gloria. He estado trabajando en todo lo que me salía. En Ramírez Santos he tenido un quiosco de bisutería, he sido hasta camarera y auxiliar de clínica en la Avenida de América. Cuando me eché novio me dieron plaza en Cabra, pero él prefirió quedarse en la capital. He trabajado mucho. Siempre. Casi nunca han estado parada y cobré el paro me parece que cuatro meses nada más.

Eso de haber podido trabajar tanto no deja de ser una suerte, Lola.

Pues sí. Porque le voy a decir una cosa. Tengo mi pensión, y gracias a Dios no me puedo quejar. Me alegro mucho de haber trabajado. Vivo completamente, tengo mi piso pagado, ya he dejado el coche, no porque no pueda conducirlo, sino porque ya tengo a quien me traiga y me lleve y dos coches son demasiado.

¿Y por qué lleva usted tantos años poniendo en el balcón la bandera andaluza?

Porque para mí es un orgullo muy grande ser andaluza. Me emociono sólo de pensarlo. Mi padre me inculcó que Andalucía era lo más grande, lo más bonito y lo más perfecto. La bandera que tengo tiene ya sus 45 años, porque es del año 80. No tiene el escudo. Mis hijos me regalaron una nueva con escudo, pero esa otra me la regaló mi padre y hasta que no se rompa y se haga trizas yo sigo usando ésa. Si con la otra me quieren envolver el cuerpo cuando me muera que lo hagan, que me parece bien; mejor vestido que ése, ninguno.

Lola Arcoca, con su bandera andaluza al fondo
Lola Arcoca, con su bandera andaluza al fondo

Pues la bandera ésa de 45 años luce como nueva.

¡Claro! Sólo se asoma a la intemperie tres días al año nada más. La tengo puesta desde el jueves por la noche. Esta noche (la del sábado) la quito y la recojo. La doblo muy bien y la meto en su sabanita blanca para que no se estropee. Así llevo yo toda la vida. Para que se haga una idea, le voy a decir cuál es el dicho que hay en mi familia: 'Andalucía parió ocho hermanas; ¿qué dedo me corto que no me duela?'.

¿Su padre compró esa bandera?

La compró mi padre. Fue de las primeras que vendieron, en el mes de febrero del año 80.

¿Se acuerda dónde la adquirió?

Pues no. Yo era bastante joven. Apareció en mi casa con ella. Y le voy a contar una anécdota: Me acuerdo que en aquella época había que aprobar el Estatuto de Andalucía y había dos artículos que estaban discutiendo; creo que uno era el 51 y el otro, el 30. Pero sí recuerdo que salió aprobado el que menos le convenía a Andalucía. Mi padre decía que el otro era mejor. Y cogí una falda negra de mi madre, le arranqué el forro, hice un lazo, se lo cosí a la bandera y estuvo dos días en el balcón con el lazo negro en señal de luto por lo que había pasado.

Mi padre no estaba de acuerdo, porque el artículo aprobado le favorecía muy poco a Andalucía y el otro era mejor. Mi padre es que era un fanático de Andalucía.

Era andalucista, supongo.

Totalmente. Y además, cordobés. Es de una familia de las más antiguas de Córdoba, de la confitería Milita. Juan Luis Aroca se llamaba y trabajaba en el área de contratación de la compañía Sevillana. Y era un tío totalmente andaluz. ¡Pero andaluz! ¡Exagerado! Bueno, se enteraba que alguien se reía del acento andaluz, ¡oh! Abría la boca y no vea usted qué lagartos y qué sapos salían por ella.

Lo que le daba mucho coraje era que se rieran de nosotros, los andaluces. Eso le daba una leche que lo ponía negro. Pero, luego con los años se fue tranquilizando. Ya vio que Andalucía estaba ocupando su sitio en España...

La bandera andaluza de Lola Aroca
La bandera andaluza de Lola Aroca

¿Él se quedó satisfecho de cómo quedó Andalucía al final?

Verá usted, se quedó satisfecho. Pero también decía que no reconocían todo lo que Andalucía valía. Aquí se venían de vacaciones porque era más barato. Para él siempre era poco. Era el clásico cordobés de ley que decía: "Esto no es así; eso es así, así y así" (imita la voz grave de su padre). Era amigo de los peroles en Semana Santa. Y todo eso nos lo inculcó a nosotros.

¿Su madre era también así?

Mi madre era una persona que lo escuchaba, y lo que dijera su Luis iba a misa.

¿Y ella también llevaba a Andalucía grabada en el alma?

Mi madre era una persona que cantaba el himno andaluz cuando nadie se lo sabía. Usted sabe que el himno andaluz tuvo dos o tres cosillas que cambiaron en ciertas parte de la letra.

Una de ellas es que antes hablaba de 'Iberia y la humanidad', y ahora dice 'España y la humanidad'.

Exactamente. ¡Mira como usted lo sabe! ¡Vaya!... Mi hijo es guardia civil y ha estado trasladado en todos los sitios, y cuando me llamaba desde donde fuera me preguntaba: "¡Mamá! ¿Has puesto la bandera?"; o sea, que ellos ya desde chicos iban mamando lo que era Andalucía.

Por cierto, ¿usted es hija única o tiene más hermanos?

¡Qué va! Nosotros somos cinco hembras y un varón.

Desde luego, no se aburrían en casa.

No, no, qué va. Y, además, llevándonos todas muy bien. Mi hermano es el mayor y ése sí que es andaluz cerrado.

¿Y las demás?

¡Todas! Es que es lo que hemos mamado... Para nosotros Andalucía es lo más grande, lo más mejor. Eso es así.

Lola Aroca, ante su casa de Carlos III
Lola Aroca, ante su casa de Carlos III

¿Y usted ahora mismo está contenta de cómo está Andalucía?

(Duda un poco). Vamos a ver, a mí me da pena que la sanidad, ¿cómo le diría yo?, la llevamos un poquito al arrastre. Y me gustaría que no fuera así. Yo voy a veranear a Almería y allí hablo con gente de otras comunidades, de Madrid e incluso de la parte de Valencia, y me dicen que en Andalucía estamos mejor con la sanidad que en sus lugares de origen.

Yo no me puedo quejar, porque ahora estamos tranquilos, pero sí veo que tenemos una poquita de desidia, ¿no? Pero es que de política... (se ríe).

¡No! Yo no quiero que me hable de política. Prefiero que me hable de sensaciones, si usted considera que Andalucía está reconocida...

Mire usted, aquí en Córdoba están haciendo un parque detrás de mi casa que es una maravilla. Le han puesto de nombre Parque de Levante, pero los niños le dicen el 'parque del tren', porque como pasan las vías por allí, todos los chiquillos se ponen debajo a saludar cuando pasa uno. A lo que voy, el parque está muy bonito. Se está haciendo poco a poco. Pero no hay Policía que venga y se dé una vuelta, y ya hay gamberros que han causado desperfectos sin haberse siquiera terminado de hacer. Y la Policía tendría que darse un paseíto por esa zona, porque nos está costando el dinero. Y porque Córdoba es muy bonita, se meta usted en el barrio que se meta. Córdoba es preciosa.

¡Vaya! Además de andalucista, es usted muy cordobesista, ¿verdad?

Lo soy porque soy andalucista. Yo soy cordobesista, muy cordobesa, pero porque soy andalucista. Y estoy muy contenta con mi Andalucía. Por el carácter, por lo a gusto que se vive aquí y que no se vive en otro sitio.

De todas formas, somos todos muy diferentes. No es lo mismo un sevillano que un cordobés, ni un cordobés lo mismo que alguien de Jaén.

No, no. Por eso le he dicho antes eso de '¿qué dedo me corto que no me duela?'. Yo no voy a defender a ninguno de La Mancha ni de Madrid. Yo voy a defender a los míos, los andaluces. Primero, ellos, y si luego sobra, repartir para los demás.

Lola Arcoca, con su bandera andaluza
Lola Arcoca, con su bandera andaluza

¿Y cree usted que hay equilibrio entre las diferentes provincias? Lo pregunto porque me ha comentado que se va a Almería de vacaciones, y Almería siempre ha estado ahí lejos, como apartada...

Almería está despegando ahora. A Almería lo que le falta es una buena línea férrea. Eso es lo que le falta. Porque no tiene comunicación directa alguna. Depende de una vía que salga de Granada o de una vía que salga de Jaén. Siempre tiene que pasar por Granada o por Málaga. Eso le falta, porque luego Almería con sus tapas... ¡Madre mía!

Y Granada también.

¡Hombre! Granada es el no va más. Y luego le voy a decir una cosa. Sevilla tiene un sabor especial (se ríe), ¿es o no es?

Es, pero también son un poco propios.

Sí, sí. Son propios. Pero ¿sabe usted lo que pasa? ¿Sabe usted lo bueno que tiene Sevilla?

Dígame.

Que una mierda que haya en el suelo para ellos es la más grande y la más bonita.

Eso es lo que nos falla a nosotros.

¡Exactamente! Eso es lo que nos falla a nosotros. Pasa como el malagueño, que es muy suyo también, pero luego quieren mucho a su tierra. Les molesta mucho que los cordobeses vayan allí todos los veranos. Lo sé porque estuve allí veintitantos años con mis padres, hasta que nos fuimos a Almería, que me encanta mi playa del Zapillo, que es lo mejor que hay, en San Miguel. Esa playa está muy cerca del Cable Inglés. Ésa es otra, Almería tiene el Cabo de Gata, Las Negras, el Valle de Almanzora, que es una maravilla... Es lo que le digo: Andalucía es que no tiene desperdicio. Ninguno. Porque Huelva es muy señorial, pero muy tranquila. Allí hay mucho sevillano porque las playas les queda a 90 kilómetros, aunque los sevillanos se meten en todas partes, en Cádiz también.

Y yo le digo, bendita sea la hora que los andaluces nos movemos. Porque es que antes nos dedicábamos nada más que a trabajar y trabajar y los fines de semana nos metíamos en autocares para ir a la playa, porque no había otras posibilidades. Y ahora nos estamos despabilando, nos estamos meneando. Y estamos levantando cabeza. Es lo bueno que tiene Andalucía: Que está levantando cabeza, y lo hace corriendo.

¿Y a usted no le molesta esa gente que piensa que estamos todo el día de juerga y que no trabajamos?

A mí no me molesta. ¿Sabe usted por qué? Porque ésa es la envidia que tienen (nos reímos ambos). Sí, sí. Lo digo de corazón. Usted no sabe la alegría que a mí me da que nos tengan en cuenta. Que hablen de nosotros; para bueno o para malo, para lo que les dé la gana. Pero eso es señal de que no tienen el ritmo de vida ni la alegría que nosotros tenemos. Que nosotros de una triste fiesta sacamos un jolgorio, y ellos, no. Que no es lo mismo que estar todo el día de juerga.

¿Cuántos años más va a estar sacando la bandera, Lola?

Yo les he dicho a mis hijos que sigan mi tradición. O sea, que cuando yo me muera, mis hijos saquen la bandera.

¿Pero no decía usted que quería que la envolvieran en ella?

No. Le he dicho que tengo dos. Que la de mi padre, sigan con la tradición mis hijos y con la que me han regalado ellos, que me entierren con ella.

Lo único que me queda es desearle que sea por muchos años más.

Pues al ritmo que voy, llego a los 100 años dando la vara.

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