Manuel Ríos es el portavoz de la iniciativa que hace apenas una semana han puesto en marcha en el IES López Diéguez de la capital. Un pacto entre familias de retrasar la edad de uso de smartphones hasta los 16 años, en lo que es una iniciativa totalmente pionera en la ciudad de Córdoba.
Algo que, además, ha generado un interés enorme en la sociedad cordobesa. Hasta el punto de que otras muchas asociaciones de padres y madres de centros educativos han contactado con ellos para conocer más sobre el proceso, porque quieren hacer algo similar. Un movimiento que puede llegar a crecer como una bola de nieve y acabar cubriendo la totalidad de la capital y, ¿quién sabe?, quizá saltar también al resto de la provincia, donde el problema de niños, jóvenes y adolescentes enganchados a pantallas digitales con conexión a Internet es cada vez más profundo. Pero no se engañen que los adultos y adultas no nos libramos de esa obsesión que acaba esclavizando y modificando las relaciones sociales.
No se trata de volver a la edad de piedra, pero sí de empezar a controlar un problema serio que ya ha calado demasiado en una generación, a la que, y es duro decirlo, casi se puede dar por perdida en ese sentido, pero se puede hacer algo, y mucho, bueno y bien, con las generaciones siguientes. Si se sabe que algo está suponiendo un problema de adicción, lo normal es evitárselo, pero, como indica el propio Ríos, siempre haciendo partícipes a los chavales y las chavalas.
Esta entrevista trata de desentrañar un poco la iniciativa del López Diéguez y aportar ideas a quienes quieran aplicar igualmente esa medida en sus casas y en sus centros educativos.
Ustedes han dejado claro que es una iniciativa pionera en la Ciudad de Córdoba, ¿pero hay otras ciudades en las que ya lo hayan puesto en marcha?
Pues yo sé que hay alguna iniciativa similar, que han declarado, incluso, municipios como entornos libres seguros para la infancia en entorno digital. Y luego también sé que en Cataluña hay algún centro se ha adherido a un pacto similar. Es lo que hemos podido localizar cuando nos hemos puesto a investigar al respecto.
Pues no es mucho. Son ustedes los terceros en esta iniciativa, ¿no?
Sí, sí, seguro. Es verdad que fuera de España, por ejemplo, en Irlanda hubo un pueblo que también lo hicieron hace ya algunos años. De hecho, nuestra idea es un poco tratar que se declare ya no sólo nuestro Distrito Centro, que es más que viable, como espacio seguro para la infancia en ese sentido, sino que creemos posible hacerlo, junto con asociaciones vecinales y el resto de consejos de distrito y el Consejo del Movimiento Ciudadano, y consigamos que Córdoba sea declarada como espacio seguro.
Pero, visto lo visto, eso sería un paso lógico.
Además, estamos viendo cómo muchas AMPAs nos están preguntando cómo lo hemos hecho, porque también quieren hacerlo y lo vemos todo con muchas ganas e ilusión. Está siendo un proceso muy bonito. No pensábamos que iba a tener esa repercusión. Creíamos que era algo que se iba a quedar ahí, pero pensamos que es justo el momento de poner el problema encima de la mesa.
Bueno, pues a mí, personalmente, no me sorprende la reacción, porque entre otras cosas, cualquier padre sabe que el móvil puede llegar a ser una droga para sus hijos e hijas. Y hay preocupación.
Lo estamos viendo y viviendo todos.
Precisamente, una de las cuestiones que quería tratar con usted es si ese paso que han dado había tenido algo de repercusión en otros centros educativos y otras AMPAs.
Sí. Muchísima. Estamos ya compartiendo documentación sobre cómo hemos realizado el proceso y la gente está muy entregada. Hay muchas ganas de seguir avanzando en esto. Nos han felicitado por todos lados y está siendo un proceso de encontrarnos y escucharnos.
¿Y han pensado en iniciar una especie de gira por centros educativos para explicar la fórmula que han aplicado?
La verdad es que no habíamos mirado esa posibilidad, pero estaríamos abierto si la gente nos lo propone y nos lo pide, lo haríamos sin problema, por supuesto. Es muy importante.
"No pensábamos que iba a tener esa repercusión. Creíamos que era algo que se iba a quedar ahí, pero pensamos que es justo el momento de poner el problema encima de la mesa"
De todas formas, visto desde fuera, llama la atención que se hayan puesto de acuerdo los padres y madres para aplicar ese pacto. ¿Tiene que ser unánime o por mayoría? ¿Cómo ha sido su proceso?
Lo hemos planteado de la forma que genero el menor conflicto posible y que la gente, evidentemente cada uno con su planteamiento, su forma de en tenderlo y sus tiempos, que no todo el mundo es capaz de llegar a esa conclusión tan rápido, entienda que es un pacto abierto y vivo, de modo que la gente pueda ir adhiriéndose a él como buenamente quiera. De forma libre y sin ningún tipo de presión, o, al menos, con menos presión de la que van a sufrir los niños y niñas que van al instituto y se vean solos sin ese móvil, sin ese dispositivo que les acerque al resto de compañeros. En nuestro centro, en concreto, la gran mayoría de las familias se han adherido y donde más reticencias ha habido ha sido en los últimos cursos.
Sobre todo aquenios que tienen hermanos, hermanas o primos que están ya en el instituto que tienen móvil y están en plan "¿en serio ahora que voy a pasar me vas a decir que yo no lo tenga cuando mi hermano sí lo tiene?". Entendemos que eso era lógico y que esto iba a ocurrir. Contábamos con esa posibilidad, pero es una apuesta a futuro y que los niños y niñas más mayores lo iban a tener más complicado.
Los grupos de Infantil, de primero, segundo, tercero y cuarto de Primaria está la gente muy entregada con esta iniciativa y se ven dispuestos a hacerlo antes de que lleguen al instituto. Es una dificultad que ya la están viviendo, porque los niños y niñas reclaman no sólo móviles, sino pantallas a todos los niveles. En casa le pones la tele con tres películas y al final ya quieren estar todo el rato pegados a la pantalla.
Está claro que hay que cortar alguna vez por lo sano.
Pero para esos niños empieza a ser normal querer ver películas por la noche todos los días de la semana y les tienes que recordar que al día siguiente hay colegio. Es un pelea casi diaria; una batalla continua.
Pero con el móvil es peor que con la televisión.
Todo el mundo tenemos la imagen de los chavales y chavalas muy pequeños en un bar con sus familias tomándose algo y ellos y ellas con un móvil delante. No dan ruido, pero...
Eso que acaba de describir es culpa de los padres.
Claro, claro. Y lo estamos haciendo seguramente de forma inconsciente. Ni siquiera pensando en las repercusiones que eso va a traer después. Pero ya estamos viendo que los que están metidos profundamente en la materia, en Silicon Valley, no permiten que la gente que cuida de sus hijos dejen sus móviles tes de entrar en la casa. Si esa gente que tiene todos los datos y toda la información está haciendo eso es porque saben que esto no es bueno pata la infancia.
En Estados Unidos, de hecho, hay campamentos para desintoxicación de móviles y de elementos y aparatos electrónicos y demás.
Es que es algo impresionante.
Por lo que ha contado, entonces, ahora mismo en el instituto de ustedes hay niños y niñas con móvil y niños y niñas sin móviles, ¿no?
Sí.
Y en todo este asunto, ¿cuál es el papel que tiene el profesorado?
El profesorado, en este sentido, ha estado ajeno. La propuesta parte de la Asociación de Familiares, de la AFA, pero no es algo que podamos hacer solos. Todo el mundo tiene un papel, la sociedad tiene un papel y el centro, por supuesto que también. Y entre todos tenemos que revisar qué estamos haciendo. Por ejemplo, la Asociación Española de Pediatría (AEP) recomienda que no haya pantallas de cero a tres años en ningún lado y, sin embargo, vemos que hay muchas escuelas infantiles que siguen teniendo sus pantallas cuando llegan los niños y mientras desayunan ven alguna cosa que les ponen o que directamente utilizan los recursos digitales con un montón de estímulos, con colores, luces, musiquita... Que realmente no están aportando nada extra al papel pedagógico, y, sin embargo, lo utilizamos.
"La propuesta parte de la Asociación de Familiares, de la AFA, pero no es algo que podamos hacer solos; todo el mundo tiene un papel, la sociedad tiene un papel y el centro educativo, por supuesto que también"
Entonces, nosotros decíamos que es necesario tener este debate y que en la escuela también se plantee que sólo se utilicen en las pantallas y este tipo de dispositivos cuando haya una evidencia científica realmente contrastada de que es mejor ese aporte extra digital sobre lo tradicional. Si no es así, entendemos que debería primar lo que siempre hemos hecho: El contacto interpersonal, el trabajo en equipo... Sería lo suyo. Pero es algo que tendríamos que transitarlo. Lo que pasa es que no hemos hecho extensivo este paso al instituto en sí, sino a la familia. Es un compromiso, y además simbólico, sabiendo que luego las cosas pueden cambiar muchísimo, pero que es una intención.
Y sobre todo es una excusa estupenda y perfecta para poner el debate encima de la mesa. Al final es que ese elefante que está en la sala, que todo el mundo ve, todo el mundo sabe que está ahí, pero nadie hablamos de él. Pues Ya es el momento de empezar a hablar de él. Lo tenemos aquí. Ya estamos viviendo las consecuencias; ya tenemos a adolescentes, jóvenes, que se van al cuarto con el móvil supuestamente a dormir y que se tiran hasta las tres de la mañana enganchados redes. Eso ya lo estamos viviendo, no es una cosa que imaginemos, sino que lo tenemos aquí encima. Y nos tenemos que plantear si hacemos algo, si queremos que sea diferente es como, bueno, hacemos algo, queremos que sea diferente.
Incluso tenemos que revisar, como personas adultas que somos, qué es lo que queremos. Tengo un móvil y reconozco que muchas veces estoy con mi hijo y puede ser que esté viendo las noticias, o haciendo cosas productivas y necesarias, pero al final estoy con una pantalla que me esta dejando aislado de todo lo que tengo alrededor en ese momento. Y le estoy dando un ejemplo y un modelo al niño. Y es algo que tenemos que buscar también: Espacios en los que no haya presencia de pantallas. Si estamos comiendo, pues estamos todo el mundo comiendo. Sin tele, sin móvil, sin nada. Estamos ahí, comentamos y hablamos y nos relacionamos.
Es un problema que se da a lo largo de todo el día.
Es que, igualmente, antes de irnos a dormir deberíamos no tener ese teléfono ahí. Pero eso es un proceso que tenemos que ir haciendo. Y esto de hacerlo de forma colectiva tiene el sentido de "vamos a hacerlo juntas". Vamos a caminar, vamos a darnos cuenta que no estamos solas en esto, que somos muchas las personas que estamos sensibilizadas y tenemos esta preocupación. Entonces, esto nos hace mucho más fuertes.
¿La idea de poner en marcha ese pacto como tal, de quién surge?
Es algo que hemos estado hablando desde hace ya bastantes años en espacios informales. En los parques, cuando nos encontramos o cuando nos estamos tomando algo... En muchos momentos. Y también lo hemos hablado en las asambleas de nuestra AFA. Hemos dicho que teníamos que hacer algo; no sabíamos qué exactamente ni cómo abordarlo. Y, finalmente, surgió la idea de intentar hacer un pacto. Nos tirábamos un poco al vacío y sin saber si había red. Nos podríamos haber dado un batacazo tremendo sin que nadie se sumara a la iniciativa.
"Si mi hijo me pide el móvil, le puedo decir "oye, pues tus amigos no lo van a tener, ni ése tampoco, ni aquél", y así reducimos la presión"
Sin embargo, ha tenido una acogida muy ilusionante muy bonita. Evidentemente, ha habido reticencias. Hay gente que no le da el móvil a los hijos, pero prefiere no estar visible en una lista pública, porque no les parece bien. Son dudas totalmente respetables y es algo más que lógico. Pero la gente se ha sumado con muchas ganas y nos han dado la enhorabuena y las gracias, porque era necesario, había que hacerlo y lo hacemos juntas.
Y ya, al menos, cuando mi hijo me lo pida, le diré: "Oye, pues tus amigos no lo van a tener, ni ése tampoco, ni aquél". Y así reducimos la presión. Esa parte ya atenemos hecha, y si conseguimos que otros coles del entorno, por ejemplo los que están adscritos a nuestro instituto, que se van a encontrar en Primero de la ESO, pues también se adhieran a este pacto, sería espectacular.
La lógica indica que tiene que ser un paso previo a entrar en el instituto.
Yo estoy seguro de que esto no va de un año ni de dos. Por supuesto que el año que viene la mayoría de los niños y niñas que vayan al instituto desde su cole van a tener móvil; seguro, estoy convencido. Pero sé también, y en eso lo tenemos muy claro, en nuestro colegio, que dentro de uno, dos o tres años, la mayoría, o una parte muy importante de los chicos y chicas de Secundaria, no van a tener móvil. Es una meta importante para nosotros, porque sabemos que lo vamos a hacer. Estamos muy convencidos y es como una certeza que tenemos. Y, además, nos hemos sentido fuertes viendo que no estábamos solos. Éramos una mayoría los que pensábamos eso, pero no lo hablábamos. Nunca antes habíamos sacado este tema y este debate a la luz.
¿Desde cuándo han puesto en marcha la iniciativa?
Una vez que nos adherimos al pacto. Incluso hay hasta familias que habían sido mucho más flexibles con este asunto, pero luego han dicho que no y que era lo que había que hacer desde ya. Nosotros lanzamos la propuesta hace ya algo más de una semana y cerramos también las listas en plan de tener una fecha a tope y lo hicimos.
Esta misma semana hemos cortado y hemos dejado el listado definitivo, haremos una presentación y, además, también participé a los niños y niñas. Esto no es una decisión que podamos tomar la gente adulta dejándolos al margen, que es como, además, siempre hacemos, dejándolos fuera. Ya pasó en la pandemia, que todo el mundo estaba tomando cerveza en lols bares y los chavales no podían salir al parque, que estaban precintados. Siempre son los últimos en poder salir, en poder tener derechos. Y no podíamos dejarlos fuera de este proceso. Queremos darles un espacio para que reflexionen, y lo hagan, además, alejados de un enfoque basado en los riesgos.
"Éramos una mayoría los que pensábamos eso, pero no lo hablábamos. Nunca antes habíamos sacado este tema y este debate a la luz"
¿Por qué?
Porque eso no suma, y no lo hace menos o más atractivo. Incluso cuando prohibimos algo, al final lo que hacemos es revestir ese algo de un cierto halo de atracción. Tenemos que plantearles a ver qué piensan y hacerles reflexionar sobre esto. Qué parte les gusta, qué parte no, pero también cómo podemos cuidarnos, cómo podemos protegernos, entre todas, porque es nuestro pacto es más abierto también.
No sólo plantea el retraso de la edad del pacto, que es fundamental, sino que si tú lo has asumido y quieres tirar adelante, pero quieres mantener el contacto con tu hijo, a lo mejor puedes darle, entre los 12 y los 15 años, un móvil analógico y llamarles en cualquier momento o un reloj también analógico con el que me puedes llamar. Y si incluso das el siguiente paso y tiene conexión a Internet, hacerlo con un control parental y un seguimiento activo de los contenidos a los que accede para acompañarlo. Es que, al final, los hemos sobreprotegido en muchas ocasiones en el mundo físico, pero en los entornos on-line los hemos dejado absolutamente abandonados porque no les acompañamos en esa parte.
Son una generación que, además, injustamente llamamos generación de cristal, como que lo tienen todo muy fácil, que no podemos ni mirarlos... Pero tienen una fase muy complicada con todo esto y los hemos dejado a su aire, son huérfanos digitales. Las familias, especialmente la generación adulta, no teníamos ni idea de cómo era esto de los móviles, no sabíamos qué pasaba ni qué consecuencias había. Ellos saben mucho más que nosotros. Los adolescentes de redes sociales nos dan mil vueltas.
"Al final, los hemos sobreprotegido en muchas ocasiones en el mundo físico, pero en los entornos on-line los hemos dejado absolutamente abandonados"
¿Y después de esta semana con esta iniciativa en marcha, han notado mejoría en los chavales?
Claro. Sabemos que esto no es algo inmediato y es algo que veremos a futuro. Pero sí que vemos mejoría. Sobre todo hemos hablado con nuestros niños y niñas en casa, y hemos hablado en cada clase, nos hemos encontrado en los parques y hemos dicho: "oye, ¿qué pensáis de la iniciativa? ¿Cómo la estáis viviendo?". Y responden: "Yo, al principio, no lo veía claro, pero después de hablar con tal o cual padre o madre al final es que tenemos que hacerlo".
"Yo pensaba que iba a ser muy difícil, porque iba a estar solo en esto, y que al final se lo iba a tener que dar el móvil cuando llegara el instituto, pero si veo que tú no lo haces y el otro tampoco, pues yo tampoco lo voy a hacer". Entonces, sí estamos viendo ese avance de gente que se suma y que dice que es el momento, porque le ven toda la lógica. Eso fruto sí lo estamos viendo. Nos estamos cuidando porque somos una tribu, al final. Estamos en un conjunto. Todos cuidamos, todas nos educamos.
Me voy a situar en algo que seguramente es la principal reticencia de muchos padres: No quiero perder el contacto con mi hijo o mi hija que me facilita un móvil. Antiguamente, los teléfonos. estaban fijos en las casas, pero ahora ya se puede conectar en cualquier momento y lugar y eso genera sensación de seguridad. Eliminar ese elemento de golpe podría dar la sensación de cierta inseguridad.
Es cierto. Y antes hasta teníamos cabinas en las calles por si había que llamar para algo, y tampoco las tenemos ya. Es comprensible, pero como te comentaba, hay alternativas analógicas que no tienen conexión a Internet. Tú puedes tener un móvil o un reloj analógico con el que puedes llamar directamente a tu familia o a tus amigos. Evidentemente, un móvil tiene muchas ventajas y no es cuestión de desconectarnos de golpe y comunicarnos ahora con señales de humo. Eso sería un poco absurdo. Pero está la alternativa analógica.
"Evidentemente, un móvil tiene muchas ventajas y no es cuestión de desconectarnos de golpe y comunicarnos ahora con señales de humo"
Cuando mis hijos sean adolescentes y salgan de noche por ahí, evidentemente no voy a pegar ojo, y les diré que si pasa algo que me llamen porque voy a buscarlos sea la hora que sea. Pero si les facilito un móvil analógico, no creo que me esté saltando el pacto. Hablamos de conexión a Internet, de dispositivos con los que realmente puedes acceder a contenido que es inapropiado para tu edad, que muchas veces te está socializando en violencia, que tú no buscas, sino que te llega directamente. En contenido pornográfico también, que no está adaptado en absoluto a tu edad, y que van a hacer que vivas tu sexualidad de una forma muy diferente a como es en la realidad, y que descubrirla hay que vivirla y que sea realmente te bonito. Que no sea algo forzado, basada en unos estereotipos que te están obligando a ser desde los 12 años una mujer-objeto, siendo sumisa y tener unas relaciones basadas basadas únicamente en satisfacer el deseo de los hombres... Son ese tipo de cosas que nos asaltan, nos asustan, que pensamos, que hemos leído.
También estamos cada vez más informados.
La universidad y la investigación, por vez primera y de las pocas veces que ha ocurrido, va por delante de la sociedad. Ya nos están diciendo las repercusiones que están teniendo todo este tipo de dispositivos y de acceso a determinado contenido, y no estamos tomando medidas. Se han sacado los móviles de la escuela, ya no se puede llevar al instituto el móvil, o sí, pero sin mirarlo. Bien. Pero realmente, en nuestro país pueden seguir creándose perfiles directamente en redes sociales siendo menores de edad, con 14, con 12, con 10 y hasta con 8 años. Te preguntas: "¿Qué estamos haciendo, chicos?
Pero para eso están las iniciativas que han puesto en marcha ustedes, en el sentido de que son los padres los que tienen que dar el paso.
Tienes toda la razón. Y tenemos que hacerlo. Tenemos que ser conscientes y si la Administración no recula y si no planteamos medidas de seguridad y generamos entornos on-line seguros para los niños y niñas, somos nosotros quienes tenemos que dar el paso. Evidentemente, la prohibición no nos gusta nada. Pensamos tenemos que hacer un gran pacto y cuidarnos, y ser conscientes de que hay cosas que están mal. Es como lo que se vivió en mi época, que soy de los 80', y cómo se asumió toda esa parte de la droga, la heroína, o, incluso, el uso del preservativo. Era como si hubiera un consenso claro entre todo el mundo al respecto de que teníamos que estar todos en eso y pelearlo. Porque era un problema muy grande.
Pero es que sobre el tema de los móviles no estamos hablando. No existe ese debate abierto sobre las adicciones que están causando y las repercusiones que ya estamos empezando a ver sobre esas generaciones que han sido nativos digitales y que lo han tenido y vivido en su día a día. Eso todavía no lo vemos, pero lo vamos a comprobar dentro de poco. Los chicos y chicas que ya mismo van a cumplir los 20 años y están teniendo parte activa en la sociedad, están en buena parte socializados y educados con modelos muy violentos, muy machistas, que al final nos alejan un poco como sociedad y nos van a destrozar un poco algunos de los pilares en los que nos asentábamos. Creo que ahí tenemos que hacer algo.
"Si los padres quieren seguir manteniendo el contacto con su hijo mientras está fuera, siempre tienen la opción de un móvil o un reloj analógicos"
Pero para eso creo que hay que implicar a los propios afectados y afectadas, que son quienes se van a quedar sin móvil de la noche a la mañana, y si no les das explicaciones se producirá una reacción en contra. ¿De qué manera se puede llegar a un adolescente para que entienda la situación?
Ahí yo soy un poco pesimista, porque una vez ya lo has vivido y lo has tenido, quitártelo es muy complicado. "Yo ya he probado esto; ¿en serio me vas a decir tú que ahora yo no puedo tenerlo?". Es complicado. Es duro decirlo, pero sí que sabemos que asumimos esa parte de daños colaterales con esas personas con las que no lo hemos podido hacer mejor. Pero debemos contrarrestar ese daño causado, asumiendo la culpa como sociedad y como familia de lo que ya hemos hecho, porque no lo sabíamos ni lo controlábamos al no tener esa información.
Pero ahora que ya la tenemos, a las generaciones nuevas que llegan no se lo demos. No caigamos en el mismo error. Vamos a intentar hacerlo hoy y hacerles a ellos y ellas partícipes. No les digamos "te prohíbo esto, porque esto es malo". Si tú les dices que es malo, tiene el efecto del árbol prohibido de Adán y Eva: Podéis comer de todos los árboles, menos de éste; si me dices eso, que ni lo sabía que existía, me va a apetecer más probarlo. En la adolescencia es cuando vas contra el sistema, contra la generación anterior y esas prohibiciones son, en realidad, como invitaciones a hacerlo. La transgresión va de forma natural con el desarrollo de la adolescencia. Por eso tenemos que hacerles partícipes. Debemos generar espacios en los que hablen también y en los que tenemos que llegar a acuerdos sin que sean ajenos.
La clave es que ellos y ellas vean que estamos preocupados, que hay complicaciones, pero que como parte positiva estamos andando y avanzando juntos y ellos y ellas tienen mucho que decir. Démosles esa voz.
De todos modos, estamos hablando como si el problema no afectara a los adultos, que también, y mucho.
¡Totalmente! Yo lo veo. Hay aplicaciones con las que estamos horas y horas en el móvil. Al final, aunque, como ya he dicho, puedes estar trabajando o haciendo cosas productivas e interesantes, no dejas de estar enganchado a una pantalla y los adultos somos una referencia clara para los más pequeños. La verdad es que tengo, tenemos, que revisarnos un poco lo que ando haciendo con ellos. No me llevo el móvil a según qué sitios y paro y desconecto, y los fines de semana hacemos cosas juntos y vamos al aire libre. con actividades saludables... De eso tenemos. que hacerlo de formas asidua.
Nuestra infancia ha sido diferente. Antes veías la tele y los tiempos de espera eran diferentes. Cuando estabas con una serie, hasta la semana siguiente no veías el siguiente capítulo y ahora lo tienen todo de golpe y sin espera; no se educas la paciencia ni la resistencia a la frustración ni esos cuestiones que habría que tratarlas más.