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Tal día como hoy, de 1996, ETA trató de provocar una gran matanza en Carlos III

Yolanda Pedrosa | 20 de mayo de 2020

Foto: Cordobapedia
Foto: Cordobapedia
Fallaron 200 kilos de amosal en dos coches-bomba, pero sí estalló una tercera cara en un contenedor y segó la vida de un sargento y causó heridas a dos civiles y otros dos militares de Cerro Muriano

Hace 24 años Euskadi Ta Askatasuna (ETA) pretendía seguir reclamando 'libertad' a base de sangrientos atentados terroristas, como el que ocurrió en la capital cordobesa, concretamente a la altura del numero 11 de la calle Carlos III, una mañana como la de hoy de 1996.

El cruel golpe, que pilló al popular Rafael Merino al frente de la Alcaldía, acabó con la vida del sargento de ingenieros Miguel Ángel Ayllón Díaz-González, de sólo 27 años, que esperaba a un autobús militar para ir a la base de Cerro Muriano, e hirió a otros dos militares (un capitán y un alférez algo más alejados del primero), así como un matrimonio que pasaba en su vehículo en el momento del atentado, las 07.30 horas, por ese mismo lugar.

Pero tal y como estaba preparado el atentado la intención era claramente causar el mayor daño personal posible, ya que había dos vehículos, un Volkswagen Polo y un Ford Orion hasta arriba de explosivos para hacerlo saltar por los aires al paso del autobús militar, con la idea de que la onda expansiva se dirigiera desde los dos puntos hacia el centro de la calzada para reducir a añicos el vehículo militar y todos los que estuvieran dentro.

¿Una feliz chapuza? ¿Simple cuestión de suerte? A día de hoy se sospecha que o bien el mando a distancio no hizo contacto y falló o bien que los asesinos, quizá demasiado bisoños, huyeron del lugar. El caso es que los 200 kilos de amosal (nitrato amónico, TNT y polvo de aluminio) reforzado cargados en cuatro ollas a presión cerradas no explosionaron y el desastre fue algo menor.

No obstante, otra carga algo más pequeña, de unos 8 kilos de amosal reforzado con metralla sí estalló con temporizador dando de lleno al sargento, a los otros militares y al matrimonio, así como al autobús, matando en el acto al joven de 27 años. Es segunda carga, no hay que tener mucha imaginación para reconocer un sistema para rematar a todo aquel que pudiera haberse librado de la primera y fallida explosión, así como todo aquel curioso o bienintencionado que hubiera tenido tiempo suficiente para acercarse y tratar de auxiliar a los heridos.

La cantidad de explosivos utilizada en Córdoba fue la misma que los asesinos usaron el 29 de mayo de 1991 en Vic y que redujo a polvo el cuartel de la Guardia Civil con 10 víctimas mortales., cinco de ellos menores de edad, así como 44 heridos, en su mayoría civiles.

El terror, que era la auténtica profesión de los asesinos, cundió por el barrio donde había daños también materiales por diversos edificios cercanos. y demostró que en la capital cordobesa la banda terrorista contaba con cierta infraestructura, ya que los dos vehículos se robaron en la ciudad y tenían matrículas diferentes, ademas de que alguien tuvo que felicitar al comando la información sobre el horario y el itinerario del autobús militar.

Por entonces, según publicó en una completísima información el diario El País, el ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja (PP), dio a entender que una de las hipótesis era que pudiera tratarse del comando itinerante, al que se le atribuyeron también otros ataques terroristas en Castilla y León, o bien que comando Madrid contara con una célula en Córdoba.

Ya bien entrada la tarde, la ciudad volvió a tener el corazón en un puño, porque la Policía hizo estallar de forma controlada ambos coches-bomba metiendo de nuevo el miedo en el cuerpo a los vecinos en tan funesta jornada. Días después el sindicato UGT convocó una manifestación de condena al terrorismo y en favor de la paz, a la que acudieron en masa miles de cordobeses y cordobesas.

Por cierto que dos meses después, a principios de agosto de ese mismo año, ETA plantó una mochila con casi medio kilo de amonal (nitrato amónico, aluminio en polvo fino y carbón) junto al Parador de la Arruzafa, que la Policía pudo desactivar a tiempo tras desalojar el complejo hotelero.

Los asesinos del atentado de Córdoba fueron condenados a 351 años de cárcel.

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