martes 17.05.2022
Opinión

La ciencia y los científicos ya no molamos

La ciencia y los científicos ya no molamos

Cuando nos dimos cuenta que un simple virus, una estructura formada por una pequeña cantidad de membrana celular con algunas proteínas ancladas a ella y otras dentro junto a una pequeña cadena de ácido ribonucleico (ARN), podía poner en peligro nuestras vidas todo el mundo miró hacia los científicos pidiendo una solución. 

Sanitarios, hospitales, centros de investigación, universidades, academias, dejaron de hacer muchas cosas para buscar soluciones rápidas para que todos volviéramos a la normalidad lo antes posible. Poco más de dos años después ya casi que hemos recobrado esa normalidad y tan sólo las mascarillas obligatorias en medios de transporte, hospitales y residencias nos recuerdan lo pasado. Todo eso y el recuerdo de quienes no pudieron contarlo. 

Y tal y como predije hace unos meses, la ciencia ya no mola. Ya no somos necesarios, ya no somos la solución. Volvemos a nuestra posición de gasto público, insostenible y, por tanto, prescindible para muchos. 

Uno de los grandes problemas que tiene nuestro país es la forma en la que todos vivimos el presente. Tenemos una gran incapacidad de mirar hacia el futuro y de pensar en invertir en ese futuro. La economía de España sólo mira al presente y busca soluciones inmediatas sin buscar cómo afrontar el futuro de una manera mejor. Si seguimos pensando en la inversión como gasto, seguiremos siendo de los últimos de la cola y a los que más nos cuesta hacerlo todo. 

En las personas que trabajamos en ciencia en España sobra voluntad, sobra ejemplaridad, sobra capacidad de trabajo, pero faltan medios, falta empatía y también falta que nos eliminen tanta burocracia y encorsetamiento. Con voluntad y sin medios, con empatía pero empantanados en burocracia y en controles absurdos no vamos a ninguna parte y acabamos todos achicharrados en un sistema obsoleto, inamovible y absurdo. Y todo ello pese a que el anterior ministro de Ciencia, Pedro Duque, aprobó un proyecto que iba a reducir la burocratización. Buenas palabras pero la situación no ha cambiado prácticamente nada. 

La ciencia no es un trabajo de oficina 

Los científicos no descansamos. Podemos estar dando vueltas a un asunto que nos preocupa durante días y acabar sentados en el ordenador a las dos de la mañana o levantarnos a las cuatro porque se nos ha ocurrido revisar algo que no cuadraba. Nos ha pasado y nos pasa a todos. 

Por poner un ejemplo, cuando estaba en Londres de posdoctoral se me atragantó un experimento que no salía. Llevaba una semana con él, pero algo no funcionaba. Una noche me desperté a las cinco de la mañana, me levanté y escribí un par de frases en una página, me duché y llegué temprano al laboratorio para rehacer el experimento con unas condiciones que antes no había tenido en cuenta antes. El experimento, al final, salió y ahora forma parte de un Biochemical Journal que publiqué con esos resultados. 

Así que cuando me piden que rellene cuadritos de plantillas del programa Excel, bautizadas como el llamativo nombre de Timesheets, para que indique las horas que hemos dedicado al proyecto a lo largo de todo un trimestre, a mí me entra la risa. Me entra la risa y me molesta porque sábados y domingos están en gris, no se pueden rellenar, pero muchas noches de sábado y muchas tardes de domingo la paso revisando datos, repasando artículos o manuscritos o escribiendo unas páginas de un artículo que está siendo cocinado para su publicación. ¿Qué hago en esos casos? ¿Pongo esas horas en el lunes siguiente o en el viernes anterior? ¿De qué manera reflejo que he trabajado en domingo y que me importa muy poco si lo computan o no? ¿Cómo les digo que hace unos días me acosté a la 1 de la madrugada terminando un artículo o una presentación para un congreso? ¿En qué cuadrito pongo eso?

Lo que se nos pide desde la administración pública es la dichosa hojita Excel firmada con firma digital y con los cuadritos rellenos con horas en cada día. Lo que publiques, los congresos a los que vayas, las tesis en las que ese proyecto esté implicado o el interés que susciten los datos les importa muy poco o nada; importan las horas que le has dedicado y que sea en horario de trabajo. Como si estuviéramos en la oficina.

Sospechosos habituales que utilizan fondos públicos 

La otra vertiente de la ciencia española es la gestión de los fondos públicos. En la gran mayoría de los casos, los científicos utilizamos fondos públicos y eso debe estar muy controlado. No me malinterpreten, estoy de acuerdo en que debe estar controlado, pero una cosa es controlar y otra cosa es llegar al esperpento. 

El control de los gastos en investigación en este país es tan absurdo que es más importante haber justificado correctamente el por qué utilizaste tal o cual reactivo que el resultado que obtuviste con el experimento en el que lo usaste. Se ha dado el caso en el que los interventores del gasto ni siquiera han entendido el nombre del reactivo que se usó en el experimento por lo que luego te tienes que pasar varios días rellenando otros formularios para explicarle a un graduado en economía qué es un anticuerpo o para qué sirve un kit de ELISA (sirve para detectar sustancias en fluidos, células o tejidos). 

Somos tan sospechosos de gastar a manos llenas los fondos públicos que las dietas de manutención y alojamiento para ir a eventos como reuniones o congresos no se han revisado desde hace 15 años. Sí, como lo leen. 

El BOJA que regula las dietas para los científicos andaluces es de 2006 (BOJA nº 143 de 26/07/2006) y explicita especialmente que para ir a un evento a cualquier ciudad tengo que gastar un máximo de 40,82 euros para comer si me quedo a dormir y tan sólo 64,27 euros para alojarme (96,41 euros si es en Madrid). Imaginen los encajes de bolillos que tenemos que hacer si el congreso es en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Málaga o cualquier ciudad grande. Con esos precios es prácticamente imposible encontrar un hotel más o menos decente en el centro de las ciudades donde, normalmente se celebran los congresos. 

Y eso no es lo peor, ya que uno se podría buscar la vida y compartir una habitación con alguien o buscar alojamientos baratos pero no, no podemos. Ahora los gastos para esos eventos están centralizados por lo que debemos gestionarlos con las empresas que han ganado el concurso para esas cuestiones. Así que, además de pagar a un intermediario, al final acabas con un hotel en las afueras y teniendo que desplazarte al lugar del evento como puedas. Porque ésa es otra, si vas a usar un taxi, cuidado, que te van a preguntar por qué no utilizaste bus o metro aunque el bus tarde una hora en llegar al lugar del congreso o el metro te pille a 20 minutos andando del sitio donde está el hotel. 

Si hablamos de salir al extranjero, imaginen lo que ocurre. Hay países donde justificar el gasto es prácticamente imposible según las dietas aceptadas por la administración. 

Está claro que los legisladores conciben las actividades de asistencia a congresos y eventos científicos como una especie de asueto o feria en la que nos divertimos a más no poder. Y, claro está, no se puede pagar actividades de entretenimiento, así que eso de ir en transporte rápido o de alojarse en una habitación aceptable cerca del lugar del congreso no es aceptable. Es tanto así que ahora mismo estoy pensando en asistir a un congreso de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular (SEBBM) que se celebrará en Málaga en septiembre pero no quedarme en un hotel que me cueste 64,27 euros por noche sino ir y venir todos los días del congreso en tren. Encontrar un hotel a ese precio en Málaga y en septiembre es bastante complicado o casi imposible. Ya lo he intentado y no me sale ninguna opción.  

Ciencia encorsetada

Y otro de los grandes males de la burocratización de la ciencia en España es el encorsetamiento de la actividad científica. Suelo decir a mis estudiantes que uno sabe cómo comienza un proyecto o una tesis doctoral, pero no cómo acaba. Para diseñar un proyecto a tres o cuatro años se comienza con unos objetivos y una serie de hipótesis focalizadas en esos objetivos. Pero en el transcurso de la investigación van surgiendo resultados, se van confirmando algunas hipótesis y refutando otras y todo ello condiciona los siguientes pasos. 

Este funcionamiento no es entendible por los burócratas que auditan los proyectos. Así que cuando se comienzan a realizar gastos para experimentos que dos o tres años antes no habías previsto comienzan a decirnos que "eso no entraba en el proyecto". No hablemos si queremos ir a un congreso que ni siquiera se había convocado cuando redactaste el proyecto. Así que ahí nos tienen de nuevo rellenando formularios intentando explicar que los resultados obtenidos han obligado a realizar una serie de confirmaciones necesarias para poder publicar la investigación y que el mundo sepa lo que hemos descubierto. 

El objetivo de una investigación es descubrir algo, hacerlo visible y darle utilidad si la tiene. Sin embargo, nunca recibimos un informe preguntando por los resultados científicos, sino todo sobre los gastos. Solamente los gastos y poco más. 

Esa es la situación de la ciencia en España y mucho me temo que seguiremos muchos años malgastando una enormidad de tiempo intentando justificar gastos porque alguien no entiende para qué sirven lo que necesitamos para nuestro trabajo. Los científicos hemos vuelto a ser gasto público y ya saben, el gasto público es susceptible de ser recortado. 

Todo ello a pesar de que #sinciencianohayfuturo.

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