viernes 01.07.2022
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MEDIO AMBIENTE

COAG calcula 78,8 días de sequía en Córdoba durante 2023 si la temperatura acaba subiendo 1,5 grados

Guadalcázar, con 99 días sin lluvia, será el peor municipio de la provincia, y el mejor será Cardeña, con 64,5
Lluvia en Córdoba
Lluvia en Córdoba
COAG calcula 78,8 días de sequía en Córdoba durante 2023 si la temperatura acaba subiendo 1,5 grados

Según un mapa interactivo elaborado por la patronal agraria Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), dentro de su informe 'Empieza la cuenta atrás. Efectos del cambio climático en la agricultura española', Andalucía será la comunidad autónoma más afectada por el cambio climático de la Península Ibérica, con una media de 76 días de sequía en 2030 si la temperatura del planeta asciende 1,5 grados centígrados, tal y como se prevé. Le siguen Extremadura, con una media de 68 días y Murcia, con 64 días.

Dentro de Andalucía, la provincia de Córdoba se sitúa en una media de 78,8 días, casi un tercio del año, es decir la quinta en peor situación de todo el país, por detrás de Sevilla (90,2 días), Cádiz (89,9 días), Huelva (87) y Málaga (85,2 días de sequía).

Y dentro de la provincia, Guadalcázar, en la Vega del Guadaquivir, se lleva la palma con 99 días de sequía, aunque en esa misma zona también Palma del Río, que coincide en ser de los municipios más calurosos de todo Córdoba, se sitúa con 97,2 días sin lluvia para el próximo año; Fuente palmera, con 96,8 o Almodóvar, con 96,6. La capital no se queda corta y se sitúa con 91,7, mientras que El Carpio y Villafranca, en el Alto Guadalquivir, alcanzan los 95 días y Pedro Abad, en esa misma comarca, se queda en 94,3.

El municipio cordobés que menos va a notar la bajada de las lluvias es Cardeña, con 64,5 días sin un ápice de agua. Por lo general la Zona Norte, con Los Pedroches y el Guadiato, tendrán más días de lluvia; la franja del Valle del Guadalquivir es la que está en una peor situación, y el Sur, con la Campiña y la Subbética tampoco se libran de cifras elevadas en materia de sequía: Santaella con 88 días o Lucena, con 84,7, por poner dos ejemplos.

Y no. Guadalcázar no es el peor municipio andaluz en esta materia. Yendo hacia el Suroeste es donde están los datos más malos. Es el caso de Ayamonte (Huelva), con 102,1; Isla Cristina, con 105; Lepe, con 102,2; Punta Umbría, con 103,6; Palos de la Frontera, con 104,5; Huelva capital, con 102,2, o Moguer, con 102,1 días sin lluvia. Igualmente, al otro lado del Estrecho están Vélez-Málaga, con 102,3; Algarrobo, con 104,5; Salobreña, con 109,4; Motril, con 108,5 días; El Ejido, con 102,5; Roquetas de Mar, con 110,7; Almería capital, con 106,1, o Benahadux, con 106,1. Son, de hecho, los municipios con peores resultados de toda la Península.

Con estos pronósticos, desde COAG Andalucía "defendemos que las administraciones hidráulicas tomen medidas para paliar los efectos de la sequía en la agricultura". En opinión de la patronal, las reducciones en las dotaciones de agua, unida a la prematura ola de calor que experimenta el país y a los altos costes de las energías, provocan graves consecuencias para los cultivos andaluces.

Sectores como el del olivar, tal como apuntan desde COAG Jaén, ya se están viendo afectados por la ola de calor del mes de junio, ya que las flores se han quemado y no ha quedado nada. Aunque aún es pronto para cuantificar las pérdidas en este sector, técnicos de COAG Jaén hablan ya de una próxima cosecha media baja, en la que los secanos son los más afectados.

Situándose en un escenario de creciente calentamiento global, el incremento gradual de la temperatura aumentaría de forma claramente perceptible la intensidad y frecuencia de extremos climáticos como olas de calor, lluvias torrenciales y sequías (IPCC, 2014). Además, la subida media de la temperatura del planeta no afecta de forma homogénea a todos los territorios, sino que es mayor en zonas como la del Mediterráneo.

Consecuencias del aumento global de las temperaturas para la agricultura 

En general, un aumento de la temperatura alargaría la estación de crecimiento de los cultivos y aceleraría su desarrollo, pero también podría provocar alteraciones fisiológicas si se superan ciertos umbrales. Estas podrían provocar daños tanto en la calidad nutricional y organoléptica como en la productividad, y llegar a desplazar o reducir las áreas de crecimiento óptimo, tal como recoge el informe elaborado por COAG.

La ola de calor del mes de mayo ya adelantó la estación de crecimiento de algunos cultivos, como es el caso de los cereales, que han perdido peso y calidad agravados por el aumento de las temperaturas en junio. A todo esto se une el factor del viento, que influye de manera negativa en la deshidratación de las cosechas. El girasol, el maíz o los viñedos, se ven afectados del mismo modo, reduciéndose la producción, pero también la calidad.

 Consecuencias para la ganadería

Con el incremento del precio de los cereales, también sube el precio de los piensos que sirven para alimentar al ganado, teniendo en cuenta que los cereales son la base de la alimentación para gran parte del sector ganadero, que consume un 37% de la producción mundial. "En lo que llevamos de año, los cereales han sufrido una fuerte subida, como la cebada (95 euros la tonelada) y la harina de soja (80 euros la tonelada). Si retrocedemos al 2020 cuya cotización del pienso para cabras en lactación estaba en 233.94 euros por tonelada en el mes de abril, el incremento es del 70% en los dos últimos años (precio actual 396.58 euros por tonelada/t). Por otro lado,  y si nos fijamos en los precios pagados en el sector agrario en el mes de enero de 2022, podemos ver que los fertilizantes son un 86% más caros que en el mismo mes del año anterior,  los carburantes un 38% y la electricidad un 99.79% más", añade Antonio Rodríguez, responsable de Ganadería de COAG Andalucía.

Igualmente, la sequía tiene un impacto directo en la reducción de los pastos de la dehesa. Aunque la dehesa está formada por bosques y vegetación bien adaptada a las condiciones de la península, el aumento de las temperaturas y el descenso de las precipitaciones podría aumentar el riesgo de incendios y la erosión, afectar negativamente a la regeneración natural de especies vegetales y debilitar las defensas frente a agentes patógenos.

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