miércoles 06.07.2022

JOSÉ CRUZ, CRONISTA DEL CÍRCULO DE LA AMISTAD

"En el Carnaval de Córdoba sólo había dos tiempos, el Carnaval para divertirse y el resto del año para rezar y ayunar"

Este militar jubilado de la vida castrense pero muy activo en la historiografía de la ciudad repasa el origen de la fiesta de febrero hasta nuestros tiempos demostrando el valor que tuvo y que a duras penas lucha por tener en Córdoba la fiesta de la libertad

CORDOBA. 16/02/2018. ENTREVISTA A PEPE CRUZ EN EL CIRCULO DE LA AMISTAD. FOTO: ROLDAN SERRANO. CORDOBA HOY.
José Cruz, en el Círculo de la Amistad. FOTO: Roldán Serrano.
"En el Carnaval de Córdoba sólo había dos tiempos, el Carnaval para divertirse y el resto del año para rezar y ayunar"

Militar con dos menciones honoríficas al mérito castrense. Cruz, placa y encomienda de la Orden Militar de San Hermenegildo. Fiambrera de Plata del Ateneo de Córdoba. Insignia de Honor del Real Círculo de la Amistad, entidad de la que es cronista oficial, director de la colección editorial y de la revista "La casa". Don José Cruz es el mayor experto en Carnaval de la ciudad y con sus cerca de 80 años ha realizado para este periódico un repaso a la historia de amor, reñido pero amor, entre Don Carnal y Doña Cuaresma.

Su profesión y su apariencia señorial, de dandi elegante y con cierto halo burgués engañan. Es tan o más transcresor que las Carnestolendas, solo que es un genio en el arte de la compostura. Pero con la grabadora apagada, no deja títere con cabeza. Sabe de lo que habla porque pasa sus días buceando entre archivos, hemerotecas, documentos para hallar la historia de Córdoba; ya sea la de su Carnaval, como la de sus calles (coautor del "Nuevo callejero de Córdoba"), su Semana Santa, su Feria. No se le escapa ninguna fecha de cualquier tradición o costumbre de la ciudad.

Quienes ya peinan canas en la fiesta de febrero, como su admiradísimo autor cordobés Miguel Amate (de quien se deshace en elogios, al igual que con los hermanos Lara 'Los Cabezones'), seguro lo recuerdan con su elegante pañuelo de seda al cuello en la platea 21 del Gran Teatro, Carnaval tras Carnaval, contando al día siguiente para Diario Córdoba lo que acontecía en las tablas.

Ya está retirado de la primera fila y un año ha costado que se sentara para entrevistarle porque decía que ya "los toros, desde la barrera", pero por fin ha accedido a lo que será un repaso a la historia, desde el siglo XVII hasta nuestros días, de la fiesta de febrero de Córdoba, que comienza con el sentido más originario, la transgresión, la crítica, las burlas.

Esa fiesta que fue perseguida por los grises, que molían a palos a quienes vieran con dos coloretes en la cara por la calle Montero donde, en sus tabernas o casa puertas se escondían aquellos primeros transexuales que sólo se ponían tacones y se churreteaban la cara en febrero; el resto del año, eran padres de familia ejemplares.

Esa fiesta que hoy sobrevive a duras penas porque a Don Carnal no le faltan envenenados de él que sigan, a pesar de gestiones más o menos competentes -o incompetentes-, de puñaladas traperas entre bambalinas o de ese mal endémico del cordobés que critica lo valioso por el hecho de no serlo él.

Sin embargo, ahí está y anoche la Axerquía se llenó de máscaras, de grupos cantando por cada rinconcito y hoy los papelillos llenarán el centro de la ciudad para dar paso al recogimiento de la Cuaresma. Empieza la cuenta atrás para el próximo febrero.

José Cruz, en el Círculo de la Amistad. FOTO: Roldán Serrano.

Don Pepe, empecemos por el principio. ¿Cuándo empieza el Carnaval en Córdoba?

Ya en el libro "Paseos por Córdoba" de Teodomiro Fernández de Arellano aparecen las primeras máscaras, prohibidas, que incluso se atreven a ir al teatro. Le hablo del siglo XVII. También hay referencias documentales de bailes de Carnaval en el Teatro Principal , hoy Teatro Cómico, en la calle del Cabildo Viejo, hoy Ambrosio de Morales.

Pero podemos tomar como fecha de oficialización de la fecha 1852 cuando la reina Isabel II permite el Carnaval por el nacimiento de una hija suya. Aquí en Córdoba se oficializa con el primer bando municipal a mediados del siglo XIX; y las primeras máscaras salen del Real Círculo de la Amistad en 1858 cuando los 'señoritos' se disfrazaban y paseaban por la calle; pronto el pueblo los siguió y comenzó a celebrarse el Carnaval en la ciudad.

Las primeras máscaras salen del Real Círculo de la Amistad en 1858 cuando los 'señoritos' se disfrazaban y paseaban por la calle.

Me contó usted en otra ocasión, que los bailes del Círculo, antiguo Casino de la ciudad, cobraron tal relevancia en la alta sociedad de la época que hasta el propio Julio Romero de Torres fue jurado del baile de disfraces.

Sí pero no se adelante usted, eso será ya en el siglo XX. Como le decía, cuando se oficializa por bando municipal comienzan a salir a la calle las primeras comparsas, luego murgas, lo que ahora llamamos chirigotas, que no ha habido aquí nunca, nada más que en el nuevo Carnaval.

Disculpe de nuevo, pero la comparsa como tal la creó Paco Alba, ¿cómo iba a haber aquí comparsas?

Era otro concepto. Eran agrupaciones musicales, más tipo estudiantinas, con instrumentación, no era el concepto de comparsa como género carnavalero de repertorio más emotivo o crítico que tenemos ahora. Lo nuestro eran las comparsas, las murgas y las estudiantinas. A partir de 1866 tenemos las primeras comparsas, "Las Tres Coronas" y "El Hambre en 17 tomos"; también había comparsas populares como "Los herreros", de profesionales del gremio. La estudiantina del Centro Filarmónico Eduardo Lucena, desde la creación del centro en mil ochocientos ochenta y tantos, todos los componentes postulaban por la calle después de sus actuaciones para recaudar dinerillo para las víctimas de las inundaciones del Guadalquivir y otras obras sociales de la ciudad.

Esta estudiantina era muy importante pero la reina de todas las comparsas era "La Raspita" que salía de la Sociedad de Plateros que cerraba el Carnaval con el Entierro de la Sardina, el epílogo de Carnaval que se celebraba el primer domingo de Pascua.

José Cruz, en el Círculo de la Amistad. FOTO: Roldán Serrano.

¿Que en una ciudad tan católica y conservadora como la nuestra en aquellos tiempos la Iglesia permitía que hasta el primer domingo de Pascua hubiese Carnaval?

Se tenía que acabar antes del Miércoles de Ceniza pero en Córdoba, la burguesía cordobesa presionó y, sobre todo, la gente del Círculo de la Amistad, y el clero tuvo que aguantar que el Domingo de Piñata se celebrase en primer domingo de Cuaresma

En realidad, era una trasgresión más de Carnaval, el sentido originario de la fiesta. Tres días de locura que venían precedidos por tres jueves; el jueves de compadres, el jueves de comadres y el jueves lardero, el último jueves antes del Miércoles de Ceniza que se dedicaba a prepara las viandas para los días de desenfreno que eran domingo, lunes y martes de Carnaval.

Decía Coba Rubia, autor del Diccionario de la Lengua Castellana que los jueves larderos, "todas las ollas estaban pingues", llenas de chorizos y comida para comer antes de que llegara Doña Cuaresma con el ayuno.

La importancia del Carnaval era tal que en Córdoba solo había una época al año de ocio y diversión: el Carnaval y se acabó. La gente se divertía una vez al año, en Carnaval porque luego había que rezar y ayunar. De hecho, hay un refrán de la época que dice: "niña, llegando está el Carnaval, la fiesta de las mujeres, y a la que no le salga novio, que espere al año que viene".

Paralelamente, la burguesía tenía su propio Carnaval, que era el de los bailes, los grandes salones, su Domingo de Piñata. Si en la calle veías gente con mascarones disfrazada con colchones y trapos viejos, los "señoritos" llevaban esmoquin, vestidos de Época, miriñaques, hombres disfrazados de militares. Los espejos del Salón Liceo del Círculo de la Amistad fueron testigo de ese lujo de la clase alta de la ciudad, de los bailes del lunes, el martes y el Domingo de Piñata.

En la lámpara del Salón Liceo se ponían piñatas con caramelos, ceniza o dulces y se tiraba para los socios del Círculo.

"Niña, llegando está el Carnaval, la fiesta de las mujeres, y a la que no le salga novio, que espere al año que viene"

Don Pepe, avancemos que llega Semana Santa y estamos aún de Carnaval. Pasemos al siglo XX.

El el siglo XX lo que ocurre es que la censura, que siempre la hubo, golpea más fuerte. Durante el tiempo de la Restauración Española, cuando vuelven los Borbones a España, siguen con la misma tónica, la calle por su lado, y la sociedad por el suyo pero aumenta la censura al igual que aumenta el número de grupos y comienzan los primeros concursos en el Paseo de la Victoria por donde desfilaban las comparsas, murgas y estudiantinas. 

José Cruz, en el Círculo de la Amistad. FOTO: Roldán Serrano.

¿Cuándo llegamos a la época en la que los cordobeses fuimos a Cádiz a beber, o mamar, como se dice allí, de su Carnaval?

¡No se adelante, señorita! Primero decirle que eso no fue Carnaval, eran las Fiestas Típicas Gaditanas, Carnaval enmascarado porque los gaditanos, ante la prohibición de Franco de celebrar su fiesta en febrero, la pasaron a mayo pero con el mismo sentido transgresor. 

Y ese flujo llega a Córdoba. En los años 40 no había prácticamente grupos, porque los cogían los grises y los apaleaban. Entonces es cuando la calle Montero, San Juan de Letrán, San Agustín, toda esa zona, cobra importancia porque la gente corría en las callejuelas y se escondía donde podía.

Entonces, los primeros cordobeses empiezan a ir a Cádiz y de allí traen la modalidad de la chirigota que reemplaza a nuestras murgas, aunque aún existen en carnavales de la provincia y de otros lugares de España. Fue Antonio Rodríguez, del Centro Filarmónico Eduardo Lucena, gana un primer premio en Cádiz en 1970 con "Los Piconeros". Tal fue el impacto de las agrupaciones cordobesas que el propio alcalde José Ramón de Carranza instauró el primer premio regional de comparsas con "Rafalito y sus apaches". Fue un premio que creado ad hoc por el propio alcalde José Ramón de Carranza porque si no crea uno regional, los cordobeses le quitan el primer puesto a los gaditanos y eso no podía ser. Ese fue el mayor logro de Córdoba conseguido en el Carnaval de Cádiz.

Bueno miento, que me falla la memoria más que una escopeta de plomos, en los años 20 una agrupación del Centro Filarmónico Eduardo Lucena ya le habían dado la Deidad de Plata, lo que no recuerdo es cuál fue el nombre de la agrupación, tendría que mirar en mis archivos.   

Don José, me han contado que por esa época Córdoba fue pionera en lo que hoy llaman LGTB, con más siglas incluso, el colectivo donde el género y el sexo no tienen nada que ver.

Bueno, eso ha existido de toda la vida, solo que oculto, en la privacidad. Ahora no inventan nada nuevo. La transgresión empieza como rechazo del ser humano a lo prohibido, a la censura, a la represión franquista. Es que no se puede imaginar cómo ha cambiado la sociedad desde entonces.

José Cruz, en el Círculo de la Amistad. FOTO: Roldán Serrano.

Volviendo al repaso de la historia del Carnaval, la semana pasada estuvo en Córdoba Antonio Martín con motivo del 50 aniversario del grupo cordobés Los de Sierra Morena; se cumplen 50 años del pasodoble de "Los Mayordomos" que cantaron a los cordobeses, que luego le devolvieron ellos y este año han cantado otro, el grupo de Pepín Carrillo y Javi Lonene, precisamente a ese intercambio de coplas que unió para siempre Córdoba a Cádiz. Martín decía que los cordobeses sonaban "con mucho gusto, muy afinadito y con una música de guitarras preciosa".

Claro, la musicalidad nuestra era allí admirada porque eran músicos del Centro Filamónico, sabían de composición musical. Hasta el 36, nuestros carnavales, musicalmente eran muy buenos. Con la II República sigue con fuerza el Carnaval de la calle pero ya tiene que competir con los toros, el fútbol y el cine. El cinematógrafo le pegó un palo gordo al Carnaval porque ya no sólo la gente se divierte con el Carnaval, hay más opciones de ocio.

Luego llega la Guerra Civil y el Franquismo y adiós a la transgresión y a la libertad.

El Carnaval aquí se fulmina en 1937, se prohíbe totalmente, Pero el año de la guerra si hubo Carnaval, como celebración del triunfo del Frente Popular, pero al año siguiente ya se acabó. Sólo los gaditanos se escaparon con sus Fiestas Típicas Gaditanas porque es que era su fiesta, la fiesta del pueblo.

Aquí solo se vestía la gente en los barrios, bajo la amenaza de ser encerrado. Y no solo La Paquera y la Chicharrito, también había un señor muy conocido al que le llamaban Pepe 'El Novelas' impulsor de la fiesta.

José Cruz, en el Círculo de la Amistad. FOTO: Roldán Serrano.

¿Cuándo empieza a polarizarse el Carnaval en el Campo de la Verdad, como foco de carnavaleros que hoy es?

Desde siempre, pero ahí muy ligado al flamenco, a las peñas de flamencos que van a Cádiz y se traen las coplas. De ahí, empiezan a gestarse las familias carnavaleras aunque desde mi punto de vista, son palos diferentes. La estructura musical del Carnaval es diferente a todo y, a su vez, bebe de todo. Del floclore, la música popular. Ambos son músicas del pueblo, las canta el pueblo. Tanto el flamenco como el Carnaval son pueblo puro.

Ambos son músicas del pueblo, las canta el pueblo. Tanto el flamenco como el Carnaval son pueblo puro.

Comienzan las sagas carnavalescas: los Cobos, los Castilla...

Sus abuelos les cuentan el Carnaval de antes de la guerra y crecen escuchando las coplas de Cádiz. En los años 50 empiezan a germinar. El Pelos con "Los Bebés", Rafael Castro con "Los de Sierra Morena".

La Transición nos trae el concurso de coplas aquí, que este año ha celebrado su 36 edición manteniendo el medio centenar de agrupaciones participantes pero en detrimento de su escenario original, la calle. 

Naturalmente, el concurso se carga la calle porque tampoco ya hay necesidad de transgredir nada. Y que, por qué no decirlo, no tenemos eso que tienen los gaditanos.

¿Gracia?

Vamos a ver, yo me he reído muchísimo en el teatro con las agrupaciones de los hermanos Lara, "Los Cabezones", que revitalizaron en los 80 y 80 la chirigota con la particularidad de aquí; las palabras malsonantes, los chistes guasones, los repertorios un tanto verdes. También me encanta Miguel Amate, él sabe hacer Carnaval. Sabe escribir, componer. ¡Y es que además es una bellísima persona!

Me habla de grupos que ya no tenemos en el concurso.

Bueno, hay otros nuevos que tienen energía y cantan cosas bonitas. Pero tenga en cuenta que aquí no hay raíces, no hay fundamento. Usted escuche a Selu, es que la gracia que tienen no es solo el repertorio, son ellos, su idiosincrasia, su arte.

José Cruz, en el Círculo de la Amistad. FOTO: Roldán Serrano.

¿Hay medicina para poner grande nuestro Carnaval?

Claro que sí, si lo engrandecemos como ocurre en Venecia. Si cuidamos su estética, si los desfiles son majestuosos y atractivos para la ciudad y no solo para las familias de los protagonistas del teatro. A la gente le gusta lo bonito. Y si se cuida así, llega a todas las clases sociales. 

Pero este jueves, Los Prisioneros cantaron el Sojo de Mercado Victoria con más de 2.000 personas, muchas de las cuales, no frecuentan el Carnaval cordobés.

Claro que hay afición a Cádiz, de siempre. Lo que pasa que tiene usted que tener en cuenta la apatía del cordobés, no somos muy chirigoteros de carácter.

Por último, ya que edita la revista del Círculo de la Amistad, ¿para cuándo un monográfico de la Historia del Carnaval de Córdoba?

¡Uy, qué va, yo ya no estoy para eso! Eso se sienta usted con Roberto -historiador del Círculo de la Amistad- y cogen todo el material, yo les ayudo con la documentación, y se ponen a ello. Que las nuevas generaciones tienen que empezar a hacer historia de la ciudad también.

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