Jueves 02.04.2020
Opinión
Guillermo López Lluch
00:22
22/11/16

¿Sobreviviremos al cambio climático? (I)

¿Sobreviviremos al cambio climático? (I)

En estos días, delegaciones de prácticamente todos los países del mundo se reúnen en Marrakech (Marruecos) para decidir qué hacer contra el cambio climático. Se discuten propuestas para reducir las emisiones de gases contaminantes que permitan disminuir el calentamiento global. La intención es buena, pero la pregunta es, ¿podemos revertir lo que ya ha empezado? ¿Podemos modificar los cambios que afectan al clima y que ya están ocurriendo? Sinceramente, yo creo que no. Pero tampoco me creo que seamos tan omnipotentes como para suponer que podemos “salvar el planeta” como algunos dicen. No. Desde el narcisista y antropocéntrico punto de vista algunos creen que el planeta depende del hombre pero es todo lo contrario. La pregunta que nos debemos hacer es: ¿sobreviremos nosotros al cambio climático que ya tenemos encima? 

Lo que está ocurriendo en el planeta no es nuevo. Prácticamente el clima no ha parado de cambiar desde que la Tierra se originó hace unos 4500 millones de años. Se cree que el primer organismo vivo parecido a las células más simples actuales comenzó a medrar por la Tierra hace unos 3500 millones de años. Desde ese momento la vida ha ido modificando la Tierra y la Tierra ha ido encadenando una serie de episodios en los que la vida ha sufrido enormes catástrofes de las que siempre se ha repuesto. La evolución se basa en eso, en la capacidad de adaptación a nuevos ambientes o la extinción. De hecho, los cambios buscos como el que propició la extinción de los dinosaurios hace unos 66 millones de años por la colisión de un gran meteorito contra la Tierra en el Golfo de Méjico, permiten el florecimiento de otras formas de vida, como los mamíferos en este caso concreto, que acaban llenando el hueco dejado por los organismos extinguidos. 

Por eso es sorprendente que nuestros dirigentes crean que podemos “salvar” al Planeta cuando es nuestra propia existencia la que corre peligro. Para el planeta somos un insignificante organismo recién llegado y algo molesto, pero poco más. De lo que tenemos que preocuparnos es de si los cambios que se están produciendo van a reducir importantemente nuestra capacidad de supervivencia. El primer factor que debemos tener en cuenta es la sobrepoblación humana. Somos ya más de 7000 millones de personas en el mundo. A nivel biológico nos podríamos considerar como una plaga. Y la naturaleza, que es una gran asesina en serie como decía el malogrado virólogo en la película Guerra Mundial Z, suele tener una receta muy efectiva contra las plagas: un busco descenso de la población. Cuando un organismo alcanza una población masiva crítica la escasez de alimentos provoca una mortandad masiva hasta alcanzar un nuevo equilibrio. Afortunadamente el hombre ha desarrollado suficientes recursos como para que eso no ocurra, al menos por ahora. Pero ¿hasta cuándo? Y sobre todo, ¿hasta cuánta población?

El segundo factor es nuestro desconocimiento de lo que va a pasar con el clima. Hay evidencias claras de que el planeta se está calentando: sobrepasamos las máximas temperaturas registradas, se deshiela el polo norte, los glaciares retroceden o desaparecen, las primaveras se adelantan, las cigüeñas ya no migran al Sur, prácticamente no necesitamos el abrigo grueso en invierno, etc, etc… Estas evidencias nos dicen que la cosa se está caldeando. Aparte del conocido efecto sobre un posible aumento del volumen de mares y océanos con el consecuente peligro sobre las costas, hay que tener en cuenta otros efectos aún peores. 1) El calentamiento de mares y océanos puede provocar un aumento en la intensidad de grandes tormentas como ya ocurre con huracanes, tifones, gota fría y otros fenómenos meteorológicos. 2) La entrada de agua fría procedente del polo norte descongelado puede afectar a las corrientes marinas y esto, a su vez, modificar los vientos modificando el rumbo de las bajas y altas presiones. Eso acabaría afectando al régimen de lluvias dando lugar a lluvias en momentos no usuales, escasez de lluvia o abundancia de lluvia según cambiasen las corrientes. 3) Debemos tener en cuenta también el deshielo en el Polo Sur, la Antártida, que a diferencia del Polo Norte, es un continente. La superficie del planeta está dividida en diferentes placas que flotan sobre el manto de la Tierra de consistencia más fluída. Como la Antártida también sufre un deshielo muy importante, la pérdida de peso de ese hielo podría provocar el desplazamiento de su placa tectónica sobre las circundantes que son todas las que afectan al sur del planeta. En mi opinión, esta pérdida de peso podría provocar grandes terremotos y un desequilibrio en las placas tectónicas posiblemente a nivel global. 

El tercer factor afecta a la participación de otros actores en esta obra, los seres vivos. La vida tiene una característica muy clara, la de irrumpir en ambientes de una manera dramática a poco de que las circunstancias se conviertan en favorables para la explosión vital. Eso está ocurriendo con los mosquitos, por ejemplo. Las temperaturas más cálidas están permitiendo la expansión de mosquitos en zonas de Europa donde antes no habitaban. Estos punzantes animalitos llevan consigo algunos indeseables habitantes que provocan enfermedades tropicales. Un ejemplo reciente lo tenemos con la expansión del virus del Zika en América. Cuanto más se expanda el mosquito, más se expandirá el virus. Otro ejemplo lo tenemos en un reciente brote de ántrax o carbunco ocurrido en Siberia a causa de la aparición de cadáveres de animales que estaban congelados y que habían muerto muchos años atrás por este bacilo. Si el clima cambia, la distribución de las enfermedades causadas por virus, bacterias o protozoos también cambiará. 

Pero hay un cuarto gran factor a tener en cuenta, la economía. Sí, la economía. Los 7000 millones de personas del mundo requieren de alimentación diaria. Sabemos que el cambio en las condiciones climáticas puede provocar graves crisis económicas por hambruna. No solo porque no llueva sino porque llueva demasiado o cuando no debe llover. ¿Se imaginan lo que pasaría si el Monzón, el régimen de lluvias del que depende la alimentación de prácticamente toda Asia, cambia? Miles de millones de personas con problemas para subsistir. La carestía provocaría acaparamiento, el acaparamiento encarecería el precio de las materias primas y eso una crisis económica sin precedentes en todo el mundo. Prefiero no imaginar más, pero es evidente qué otras consecuencias tendría el hecho de que miles de millones de personas tuvieran problemas para alimentarse. 

En estos últimos días ha saltado la alarma sobre la irrupción de personajes como Donald Trump y su visión sobre cambio climático. No es el único. Todavía recuerdo los comentarios de nuestro presidente Rajoy sobre la información proporcionada por su primo. Posiblemente haya que añadir algo más a la concepción narcisista y antropocentrista de esta percepción del clima, y es la visión cortoplacista. Total, la mayoría de estos dirigentes piensan que los verdaderos problemas vendrán dentro de tantos años que ellos ya no estarán para sufrirlos. Pero, ¿y si se equivocan?

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