Miércoles 22.01.2020
Cordoba Hoy

GASTRONOMÍA EN LOS LOCALES DE LA CAPITAL

El Caballo Rojo, una experiencia tradicional que sugiere la herencia árabe y judía

El profesor de la UCO Ricardo Hernández Rojas elabora su propia opinión: "Ir a este establecimiento es para estar relajado, disfrutar cada plato, acompañado de un vino recomendado. La experiencia gastronómica es muy recomendable"
El éxito del carrito de los postres salta a la vista en El Caballo Rojo
El éxito del carrito de los postres salta a la vista en El Caballo Rojo
El Caballo Rojo, una experiencia tradicional que sugiere la herencia árabe y judía

El restaurante El Caballo Rojo, en el barrio de la Judería, se ubica enfrente de la Mezquita-Catedral. En concreto, la calle denominada Cardenal Herrero. Este restaurante con más de medio siglo desde su apertura no sólo es una marca reconocida a nivel nacional e internacional, y una promoción de Córdoba, sino que lo más interesante es el espíritu gastronómico que presenta en la actualidad. Entienda el lector que hablaré de la experiencia gastronómica que el comensal puede sentir hoy en día sin tener en cuenta la merecida fama que arrastra este local desde hace tiempo. El restaurante presenta tres plantas y dos cocinas independientes. Una planta baja donde se ubica el bar y se puede almorzar o cenar de forma más casual siendo la primera planta y la segunda un restaurante al uso. La capacidad total del restaurante es muy flexible, de modo que en un solo servicio presenta capacidad superior para más de 250 personas.

Antes de acceder al restaurante se entra por una calleja; aquéllas que son solera de Córdoba. Una vez pasas la primera puerta te asalta un sentimiento de lugar que atesora una historia propia, que va a la par de su vecina 'Mezquita-Catedral': Si esta última es patrimonial, la primera es gastronómica. Una vez subes, te topas con la sonrisa y el recibimiento del personal de sala donde hay que destacar el buen trabajo, en general, de José Castilla. El ambiente creado es excepcional. El restaurante El Caballo Rojo es un lugar donde el servicio brilla, donde el ser amable y la simpatía, junto al rigor en la sala, es muy destacable.

Paletilla de cordoero a la miel de El Caballo Rojo

Cuando te sientas empiezas a pensar que es un restaurante donde todos queremos ir: Un ambiente que invita a una comida o cena de calidad y que presenta una serie de salones amplios y decorados de una forma exquisita. En mi opinión, se busca, desde la perspectiva del cliente, un cierto formalismo, donde las mesas presentan mantelería completa y donde la decoración junto a la vajilla es simplemente excepcional. María Escribano es quien gestiona este restaurante. Nieta del fundador, y lo más interesante, mezcla conocimientos adquiridos in situ de su abuelo junto a lo actual en el servicio y la cocina. Esa pasión por el trabajo en el restaurante es lo que el comensal siente. Ir a este establecimiento es para estar relajado, disfrutar cada plato, acompañado de un vino recomendado. La experiencia gastronómica es muy recomendable.

Servicio de sala

La cocina no está a la vista y eso hoy en día se empieza a agradecer. Un restaurante clásico en su esencia, por tanto, el contacto y la comunicación con el cliente es a través del servicio de sala. Es muy recomendable probar toda la carta, porque la experiencia gastronómica así lo merece. Es decir, con una sola visita te quedas con ganas de probar más. Es una cocina muy consistente, con sabores puros y definidos, donde se juega con una cocción y terminación de los platos excelente.

Berenjenas a la miel de El Caballo Rojo

La Carta de El Caballo Rojo es todo un referente y cada uno de los platos da para hablar muchas líneas. En este caso, podemos citar al Bacalao con Canela; es una sugerencia. Presenta unas lascas con una textura singular que se cortan y separan de forma clara y que por último el paladar agradece, porque el sabor de la materia prima junto a la cocción es la ideal. En consecuencia, éste es un restaurante donde disfrutas y aprendes de la historia gastronómica de este país que Córdoba tiene el privilegio de tener.

La pastelería es un punto y aparte. Es una partida del restaurante muy destacable. El pastelero Serrano, que es su responsable, monta el denominado y clásico creado por ellos 'carrito de los postres', pero no se confunda el lector presenta postres tradicionales con las últimas innovaciones en pastelería. Es una sorpresa muy agradable en cada visita.

El saber estar de Nicolás Armenta

Con respecto a la sala, hay que destacar la presencia de Nicolás Armenta. Con más de 15 años en la casa, pero con un largo recorrido aún, es un profesional de la atención al comensal.  Está muy pendiente de todas las mesas, muestra simpatía en su justa medida, es agradable y tiene ese instinto para ofrecer lo que el cliente desea. Comienza siempre con un fino de la tierra de Córdoba, Montilla-Moriles, para después ofrecer al comensal la gastronomía singular de El Caballo Rojo, con una carta muy clara y concreta. La carta está dividida en un formato clásico: Sopas y cremas, verduras, carnes, pescados… siendo los precios acordes y razonables. Se agradece la letra en tamaño grande y claro. Algo que no en todos los restaurantes se encuentra.

Bacalao con canela de El Caballo Rojo

Sobre el tan necesario pan, es correcto, recién horneado. Quizá peca de exceso de tamaño. En cuanto al café, es excepcionalmente bueno. La temperatura de servicio del mismo es ideal y el sabor junto a la forma de hacerlo hacen que merezca la pena pedirlo. El restaurante tiene unos sabores muy definidos y exactos, prueba de la calidad de las materias primas, que son realmente la definición de este restaurante de Córdoba cuyo rumbo y buen hacer de María Escribano está presente.

La experiencia gastronómica en el Caballo Rojo es tradicional, con nombres y elaboraciones que nos sugieren la impronta de la herencia árabe y judía, pero con platos y postres que innovan, siempre tratando de tener sabores puros y no mezclarlos, esto unido a la excelencia en el servicio hacen que quieras volver a seguir probando toda la carta y las sugerencias que salen de esa cocina que nadie ve, pero bien merece un aplauso.