miércoles 28.10.2020
Cordoba Hoy

CAZA

Cinco colleras de podencos recuerdan por las calles de Córdoba al paseo de las rehalas de Intercaza

Las colleras de podencos en los jardines de Colón
Las colleras de podencos en los jardines de Colón
Cinco colleras de podencos recuerdan por las calles de Córdoba al paseo de las rehalas de Intercaza

Cinco colleras (parejas) de podencos han recordado hoy al paseo de las rehalas habitual en Intercaza, que este año se celebra sobre todo de forma telemática junto a algunas actividades paralelas. En ocasiones anteriores había recorridos multitudinarios donde entre 40 y 50 cazadores conducían dos colleras cada uno, por lo que se juntaban a veces el centenar de perros por las calles de Córdoba. Las rehalas empleadas en la montería suelen tener entre los 12 y los 16 ejemplares.

El cazador Rafael Martínez con sus podencos y posando con la caracola que avisa de la recogida

Esta vez por las limitaciones del coronavirus, como decimos, se han presentado solamente diez perros de cazadores procedentes de Córdoba Capital, Cerro Muriano, Adamuz, Posadas y Villaviciosa. Los cazadores y sus animales han dado un paseo por la zona del Bailío, el Cristo de los Faroles y la Plaza de Colón, para ir luego al Palacio de la Merced con el objeto de tener un breve encuentro institucional. Luego han marchado para la plaza de las Tendillas.

Los diez perros eran podencos:"Es un perro que es fuerte, valiente y ágil, se recupera muy pronto, además los tenemos como si fuesen atletas, con sus horas de descanso, de patio para que corran y mucho cuidado en la alimentación", ha explicado uno de los cazadores presentes, Rafael Martínez. "Se utilizan para levantar la presa". Cada perro utilizado en la caza tiene una edad que oscila entre los 3 y los 9 años. 

En cuanto a perspectivas para la temporada, Martínez cree que habrá bastantes restricciones ante la aparente normalidad que se vive ahora: "A ver cómo se presenta la cosa". De momento al menos, y aunque en versión reducida, Córdoba ha podido disfrutar del sonido de la caracola, de algunos de los mejores podencos de caza y de su cazadores ataviados con sus petos de piel y antiguos cuernos para la pólvora. Lo único que ha faltado han sido los cuchillos de cazador, que necesitan de rigurosos permisos para poder tenerlos en la ciudad incluso en una actividad así. Y este año no ha podido ser por la mayor lentitud de la burocracia debido a la situación propiciada por la crisis sanitaria.

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