Sábado 19.01.2019
Cordoba Hoy

LA HISTORIA DE LAS CALLES POR SU NOMBRE

La Plata: Pasteles, ríos plateados y veladores para hacer vida en la calle

Hasta allí acudían los orfebres de entonces para surtirse del rico metal y poder hacer sus obras

Veladores en la calle de La Plata
Veladores en la calle de La Plata
La Plata: Pasteles, ríos plateados y veladores para hacer vida en la calle

Una de las calle de Córdoba de nombre más sugerente es la de La Plata. Bueno, en realidad se bautizó como la de Victoriano Rivera (Moreno), que, según los entendidos, fue profesor del Instituto Provincial (actual IES Góngora), justo al lado de esa vía, donde fue director de 1871 (fecha de las primeras elecciones con sufragio universal masculino en España) y 1880, es decir una época muy convulsa en la que, por ejemplo, Amadeo de Saboya duró sólo tres años como rey.

Pero tradicionalmente se la conoce como de La Plata. Y es sugerente, porque llama a la riqueza en la imaginación. Uno puede pensar en ella como si estuviera cubierta de una fina capa plateada de metal refulgente con el sol cordobés. Es la misma imagen que se tenía de Jauja o de el mítico El Dorado, con sus calles y fuentes forradas de oro, del que no hay que preocuparse extraer con esfuerzo de la tierra porque cae directa y generosamente en las manos del necesitado.

Pero una cosa es la imaginación y otra bien diferente es la realidad, o lo que se dice que es la realidad. Córdoba es una ciudad de contrastes y uno de los más marcados es el de ser capital de la platería y de las joyas, al tiempo que es una de las localidades del país con una tasa de paro mayor y con dos de los barrios más pobres si no del país, sí de Europa. El caso es que aquí siempre se ha trabajado con esmero la plata, tanto a nivel tradicional, como ahora últimamente con nuevos diseños, fórmulas y formas de trabajar, hasta el punto de que casi se tendría que empezar a hablar en el país de una marca 'Córdoba' para la joyería que se elabora en esta tierra. Pues bien, dicen que allí había un depósito de este riquísimo metal en una de las casas, de donde se iban a surtir los plateros para elaborar sus trabajos.

Da igual que uno lo quiera imaginar en forma de lingotes, que se iban cortando y pesando en una balanza para entregarlo por onzas a los orfebres, o que, como si fuera el centro de una novela de fantasía, se pudiera contemplar en el centro de una oscura habitación un gran caldero colgando del techo sobre un fuego eterno en cuyo interior se fundía la plata con perfectas burbujas de liso brillo para formar densos torrentes albinos que circulaban por minúsculos acueductos hasta darles forma de lingote en sus correspondientes depósitos. No es difícil imaginar la vigilancia que esa casa requería para repeler cualquier intento por llevarse el plateado metal por parte de maleantes y malhechores que muy seguramente lo intentaron.

Ya antes, otro nombre igual de sugerente, en esta ocasión para las papillas gustativas, nominaba a esa estrecha vía, donde antiguamente tenían el ipso problema de circulación que ahora para los carruajes, aunque en la actualidad se ha dejado únicamente como vía de servicio, es decir de franco paso para las urgencias (ambulancias y bomberos) cuando la situación lo requiera. Se llamaba Del Pastelero, merced a un establecimiento que en el siglo XV pertenecía a un tal Santaolalla y que permaneció abierta durante cuatro largos siglos. Eso da pie a pensar que realmente eran productos tan buenos que logró mantenerse en el tiempo y en la memoria de los cordobeses para su consumo masivo. Además, no podía ser de otro modo si finalmente, y durante un tiempo, la calle también se la llegó a conocer como la de Santaolalla en honor a ese maestro pastelero que tan buenos ratos tuvo que aportar con su arte a los habitantes de esta complicadamente asequible ciudad.

Hoy en día es una vía plagada de restaurantes, bares y establecimientos de hostelería, hasta el punto de que los empresarios y el Ayuntamiento tuvieron que negociar una situación particular para dores dice a la del resto de la ciudad. Eso permite que haya mucha vida de visitantes y estudiantes que suelen llenar las terrazas a diario, haciendo la clásica ida de calle que se respira en Córdoba. Como anécdota allí hubo en 1992, finales del siglo XX, un restaurante chino que quedó destrozado por una explosión de gas.

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