UN AMOR CORDOBÉS EN EL SIGLO XV

Un idilio romántico que marcó la historia de Córdoba y del mundo

Córdoba cuenta en sus crónicas con amores históricos, unos más conocidos, otros menos, pero, sin duda, también románticos a su forma y entre los que más destacan se encuentra el de Cristóbal Colón con la joven Beatriz Enríquez de Arana

Cuadro de Rafael Romero de Torres a Cristobal Colón enamorándose de Beatriz Enríquez de Arana
Cuadro de Rafael Romero de Torres a Cristobal Colón enamorándose de Beatriz Enríquez de Arana

Los amantes de Teruel, Juana la loca y Felipe el Hermoso, Napoleón y Josefina, Cleopatra y Marco Antonio, y otras muchas parejas han ocupado el memorial histórico y romántico en decenas de obras inspirados en sus idilios, en esas relaciones de cuentos que inspiraron novelas y cuyo eje principal era el amor, la pasión y los celos. Sin embargo, como ciudad histórica donde las haya, Córdoba también cuenta en sus crónicas con amores de este estilo, unos más conocidos, otros menos, pero, sin duda, también románticos a su manera. 

Hoy, día de San Valentín, en el que el amor parece estar reinando por las calles de la ciudad, Teo Fernández, de la empresa Érase una vez Córdoba, nos ha transportado al siglo XV para narrarnos una historia sumergida en la pasión desenfrenada que “sin llegar a un amor romántico” tuvo mucha importancia en la historia, no sólo de Córdoba, sino del resto del mundo.  Los protagonistas de esta historia son Cristobal Colón, aquel navegante, cartógrafo, almirante, virrey y gobernador general de las Indias Occidentales al servicio de la Corona de Castilla; y la cordobesa Beatriz Enríquez de Arana. 

Cuenta Fernández que un buen día, Cristobal Colón al salir de misa en la Mezquita-Catedral se quedó prendado al observar a la joven Beatriz, que también salía del mismo edificio y que, aunque residía en Trassierra, en ese momento se encontraba en la capital cordobesa. Quizá, “no podría llamarse amor como tal”, explica el experto en las leyendas de Córdoba, “sino más bien una simple y directa atracción sexual”. 

Fruto de este día, Beatriz también cayó prendada ante el colonizador y mantuvo, en más de una ocasión, encuentros fugaces en Trassierra con Colón, siempre que éste visitaba la capital cordobesa con motivo de sus negocios con los Reyes Católicos Isabel y Fernando.

Hijo varón e ilegítimo

Tanto es así que del idilio nació un varón: Hernando, "que nunca fue reconocido oficialmente por su padre", que, además, ya contaba con un hijo de su anterior relación Felipa Moniz, fallecida, Diego Colón. Así, el histórico navegante dejó algo más que historia por las calles cordobesas, dejó un hijo, descendencia no reconocida procedente de una tarde de amor en el entorno de la Catedral. 

La historia no queda aquí, prosigue Fernández, ya que, por motivo del idilio con la joven Beatriz Enríquez de Arana, Colón, en uno de sus viajes a América, se llevó consigo a un pariente de ésta: Diego de Arana, al que convirtió en el primer gobernador de las Américas. Así que, según esta historia, el primer gobernante americano procedente de Europa fue un cordobés. 

Si hay incrédulos que aún no tienen mucha fe en esta historia existe un cuadro que pintó Rafael Romero de Torres, hermano de Julio Romero de Torres, en el que representa exactamente la escena en la que Cristobal Colón se encuentra con Beatriz y surge el idilio entre ellos. Además, en el mismo dibujo aparecen dos niños que se ríen, según los expertos, de las ropas harapientas de Colón, o bien, de los planes locos de viajar a las Américas. Quién sabe. Puede que también podrían estar riéndose de la cara que se le puso al colonizador al ver a la joven Enríquez...