Miércoles 18.09.2019
SURESTE

Menos huevos que comensales en la tradicional 'Huevá' de la Fuensanta

Alrededor de 1.600, son muchos huevos, dependiendo de para qué sean o el sentido que se le quiera aportar a la frase. En el caso de la Velá de la Fuensanta 2019 son aproximadamente los que se han repartido en la tarde de hoy en la Plaza del Pocito para la tradicional 'Huevá' y, al parecer, se han quedado cortos.

Manuel García, presidente de la Asociación de Vecinos de San José Obrero y experto cascador de huevos por la maña mostrada tras la barra, ha señalado que los huevos los cede la empresa que acaba explotando el bar (o ambigú, como se le quiera denominar) de la fiesta y por la cola que había y las unidades empaquetadas que quedaban por repartir a las 14.15 horas más de una se iba a quedar con las ganas, pero no con hambre, que para eso estaba la otra barra si fuera necesario, amén de los bares que hay alrededor de la plaza y que también se nutría de una alegre parroquia en la jornada de hoy.

Son ya 14 años los que la asociación vecinal viene organizando las diferentes 'ás' de la Velá (la Huevá de hoy, la Salmorejá, la Sardiná y lo último en incorporarse, la Frutá), y como bien ha señalado Manuel García, "esté quien esté en el Ayuntamiento y sea del color político que sea, aquí estamos para tratar de hacer más agradable la fiesta".

Un poco más allá, al otro lado de la Plaza, el Pocito se abría a los fieles para recoger agua bendecida del arroyo de Pedroche. Y para ello daba igual el recipiente, incluso botellas antes utilizadas para beber y que más vale que sean marcadas luego en casa si no se quiere que ese agua especial acabe siendo consumida como vulgar senadora de sed, en lugar de utilizarse para menesteres de mayores vuelos.

El Santuario de la Fuensanta también estaba abierto al público, tanto para echar un vistazo al claramente restaurado 'bicho' colgado sobre la pared (el caimán), así como la inmensa costilla de ballena y los tres hocicos de peces sierra colgados en la pared (el caparazón de la tortuga que decían que también estaba allí brillaba por su ausencia), así como mirar boquiabiertos hasta dónde puede alcanzar el agua en varias crecidas (la que está justo en la puerta de la iglesia es del 25 de diciembre de 1821, así que hay que imaginarse las navidades que pasaron los pobres entonces) y, por supuesto, entrar a orar al templo.

Justo al lado, sobre las tablas y con la mirada fija en los comensales, actuaban, y con bastante buen sonido musical y de voces, el coro rociero La Jarana.

Más a la solana, y por ello, con menos público, porque el calor apretaba con sus buenos 33 grados, aunque mucho menos que en días anteriores, la zona de cacharritos acogía a los niños y niñas más valientes para subirse y dar unas vueltas o toparse con coches eléctricos pensados para la ocasión, antes de volver a hidratarse con agua o alguna que otra bebida refrescante.

TEXTO Y FOTOS: J. M. COLLANTES

Menos huevos que comensales en la tradicional 'Huevá' de la Fuensanta