Viernes 23.08.2019
CULTURA

Miguel Ríos o el broche de oro a un muy correcto Festival de la Guitarra de Córdoba

Poner un broche de oro brillante al Festival de la Guitarra de Córdoba era una obligación. Y con la actuación de Miguel Ríos ante un público maduro y entregado fue, sin lugar a dudas, un auténtico regalo. Quién diría al verlo sobre el escenario que este hombre menudo, pero lleno de energía, sobrepasa con creces los 70 años. Firmo desde ya un pacto con el Diablo para estar como él en unos años. 

En el concierto hubo música, y de la buena, con una orquesta que, aunque por momentos parecía de mero atrezzo por no escucharse frente a la energía de Miguel y su grupo, los Black Betty Boys, se dejó la piel sobre el escenario para deleite del más profano. Y no era para menos, eran 56 músicos dirigidos por el maestro Checa en una formación sin nombre que, como bien propuso el granadino, podría haberse llamado Sinfónica de La Axerquía o Sinfónica de Los Quemados en alusión a la colina en donde está ubicado el Teatro. 

También hubo tiempo para la reivindicación política y social en un mundo que no todos comprendemos, aunque sea "maravilloso vivir en él". Se coló, evidentemente, en el escenario la lucha contra el fantasma del fascismo, al tiempo que se lanzaba un mensaje más que contundente sobre los que ven en la sentencia de la manada algo más que no sea el rechazo rotundo a las agresiones y violaciones, porque digan lo que digan 'NO es NO' tanto si puedes como si no te dejan decirlo. "No estáis solas", les espetó el veterano artista para destacar que "es de sabios rectificar" una sentencia que quemó conciencias a lo largo y ancho del país. 

La emoción se desbordó con 'Santa Lucía', en un momento mágico en la que los pelos se erizaban al escuchar esta preciosa canción de amor, tan actual y primitiva que bien podría haberse compuesto en cualquier momento de la era moderna.

Después de la novena sinfonía y el Himno a la alegría, que Europa entera ha hecho suyo... Las voces se callaron para poder tragar saliva, superar el casi éxtasis que provocó este final apoteósico para estallar con una gran ovación de gratitud de los que se saben partícipes de un momento especial e inolvidable. Un concierto que dejó buen sabor de boca como el que te deja un buen café al amanecer. 

Ya no cabía decir nada más, sino regar la noche con una cerveza y volver a casa dando las gracias por tanta música al Festival de la Guitarra. Hasta el año que viene. Te extrañaremos.

Miguel Ríos o el broche de oro a un muy correcto Festival de la Guitarra de Córdoba