Jueves 23.05.2019
COFRADÍAS

Viernes Santo: Tarde frustrada pero con buen fin

'Cerca de la hora novena, Jesús exclamó en alta voz: Elí, Elí, lemá sabactani, que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?' (Mateo 27,46). Tras haber sido azotado y haber cargado con la cruz, Cristo fue crucificado y, tras orar en el madero, murió. Y el día en que se conmemora este hecho que no es sólo de fe, sino histórico, es un día de luto. Fue, además, un día en la Semana Santa de Córdoba, como los del Miércoles y Jueves Santo, con predicción de lluvias que dejó a varias hermandades en sus templos por tercera jornada consecutiva. Si bien, después de que los pronósticos de chubascos el Miércoles y el Jueves Santo no se cumplieran o, al menos, no en la cantidad suficiente como para que no salieran las cofradías y otras decidieran regresar a sus templos atendiendo siempre a las noticias sobre lluvia que les llegaban desde fuentes oficiales, el Viernes Santo dos corporaciones, las últimas de la jornada, sí decidieron arriesgarse y salir a la calle como días antes hizo el Perdón.

Recordaba la tarde de este Viernes Santo a la misma de 2018, cuando procesionaron todas las hermandades excepto los Dolores, que ya lleva dos años seguidos quedándose en su sede. Esa vez, a última hora de la noche comenzó a llover y las cofradías que estaban haciendo estación de penitencia se mojaron y tuvieron que regresar a prisa a sus templos acortando recorrido. Este 2019 comenzaba la jornada a la medianoche, como siempre, en San Hipólito. Allí, la hermandad del Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora Reina de los Mártires seguía la senda de la tarde previa y suspendía su estación de penitencia. No impusieron el silencio por donde debían de pasar sus negros nazarenos ni se pudo ver en la calle a un Crucificado que este año rompía esquemas y llevaba a sus pies un exorno muy distinto al clásico de clavel rojo o iris morado. Por su parte, la Virgen sí llevaba rosa blanca.

Ya por la mañana y tras una noche en la que, siendo la principal de la Semana Santa, en Córdoba no hay tradición cofrade salvo la de la citada hermandad del Silencio, salió de San Francisco el Señor de la Caridad, el Crucificado que ya abajo de su paso iba llevado por sus hermanos los caballeros legionarios del Tercio Gran Capitán, Primero de la Legión. Pudo desarrollar la hermandad de San Francisco su tradicional Via Crucis a la Catedral, haciendo la carrera oficial que el día de antes no había podido pisar. Fueron muchos los cordobeses que se acercaron a la calle de la Feria y al entorno de la Mezquita para ver a esta cofradía, cuyos hermanos pudieron resarcirse de la suspensión no hacía muchas horas de la estación de penitencia.

Pero la tarde fue a peor, con un cielo negro en gran parte de la ciudad que hacía creer que descargarían con fuerza las nubes. Las procesiones debían comenzar más tarde que el resto de días de la semana. La primera hermandad en salir lo tenía que hacer a las seis y veinticinco. Era la Expiración y ante la amenaza de lluvia pidió media hora de cortesía a la Agrupación, cosa que retrasaba toda la jornada esos treinta minutos. Curiosamente, el sol se colaba entre claros de nubes negras y alumbraba Alfonso XIII, Claudio Marcelo o la Corredera, pero la Expiración no las tenía todas consigo. Capitulares era un hervidero de cordobeses esperando a esta cofradía, como lo eran Agustín Moreno y Don Rodrigo poco después a la espera de la Soledad de Santiago que también estaba pensando si salir o no.

Pero pasadas las siete y cinco la Expiración anunciaba que suspendía su estación de penitencia. A este mensaje que pronto se extendió por redes sociales siguieron casi sin solución de continuidad los de la Soledad y los Dolores, que tampoco saldrían. La hermandad de la iglesia de San Pablo rezó allí el Via Crucis con sus cofrades y abrió después las puertas del templo hasta las nueve y media de la noche para que quienes quisieran visitaran al Crucificado y la Virgen del Silencio a sus pies, así como a Nuestra Señora del Rosario bajo el palio negro bordado en oro por la monjas Filipenses. La hermandad, a diferencia de la Buena Muerte, fue fiel a su sello en el paso del Cristo, que llevaba iris morados y cardos, mientras que el paso de la Dolorosa de Álvarez Duarte iba con piñas de clavel blanco. La hermandad no presentaba estrenos en esta ocasión, pues tiene centrados sus esfuerzos en el nuevo paso del Señor.

En Santiago, María Santísima en su Soledad se situó en el altar mayor ante la Santa Cruz que es titular también de la hermandad y que la acompaña en el paso con el sudario con el que se descendió a Jesucristo. La Virgen nunca está sola en la capilla del Sagrario de Santiago, pues allí recibe la visita de sus hijos que este Viernes Santo se multiplicó al llegar hasta el templo cientos y cientos de cordobeses para rendirle culto. Llevaba un exorno de flor variada en tonos morados más claros y más oscuros entre los que se podían ver tulipanes. Como novedad, los respiraderos presentaban un gran avance como era el bordado en aplicación con la misma novedosa técnica que Enrique Ruiz Flores ha utilizado en los respiraderos de la Caridad del Buen Suceso, con sensación de ser bordado en oro y siguiendo el diseño de Rafael de Rueda. 

En la plaza del Cristo de los Faroles tampoco había comenzado su estación de penitencia la hermandad del Cristo de la Clemencia y Nuestra Señora de los Dolores, la Señora de la ciudad. Eran muchas las personas que abarrotaban este espacio y los alrededores y que estuvieron visitándola hasta por la noche. Antes, las dos bandas que iban a acompañar a las imágenes sagradas interpretaron algunas marchas y los nazarenos 'peregrinaron' desde la iglesia de San Jacinto hasta la cercana casa de hermandad donde estaban los pasos para ver a sus titulares antes de que comenzara a entrar el pueblo fiel. Cumple este 2019 la Virgen de los Dolores los 300 años de su hechura por Juan Prieto, por lo que hasta 2020 habrá numerosos actos como besamanos y rosario extraordinarios, pero lo que más destaca este año es la procesión que protagonizará la Virgen junto a San Rafael y el Sagrado Corazón de Jesús el 30 de junio para conmemorar el 90 aniversario de la Consagración de Córdoba al Sagrado Corazón. 

Este Viernes Santo la Virgen de los Dolores llevaba el manto de los Dragones y la saya blanca del Espíritu Santo, la misma que lució en su Coronación Canónica en mayo de 1965. En su paso había un cirio por los cristianos perseguidos y por los bebés abortados. En la plaza de Capuchinos, las dos bandas que iban a acompañar a la hermandad, ambas pertenecientes a la Estrella, tocaron para las imágenes. Al Cristo de la Clemencia la agrupación de la Redención ofrendó las marchas 'Siete Dolores', 'Cristo que vuelve' y 'Ave María'; mientras que para la Virgen se interpretó por parte de la banda de música 'Virgen de los Dolores', 'Paz eterna' y 'Los Dolores'.

Y hasta aquí la frustración de la jornada, porque en adelante hubo esperanza y el día, aunque triste como todo Viernes Santo por la muerte del Señor que se recuerda y porque se acerca el final de la Semana Santa, tuvo un buen fin. Ese Buen Fin, ya con mayúsculas, llego desde el Campo de la Verdad. Había ambiente de barrio al otro lado del Guadalquivir. La hermandad del Descendimiento decidió salir a un Paseo que lleva el nombre del Crucificado y a una plaza de Santa Teresa que estaban a rebosar de gente. Siempre hay mucho público para ver a esta hermandad recorrer sus primeros metros pero este año, al ser la primera y única en la calle por el momento, se acercaron hasta aquella parte de Córdoba muchas más personas que llenaban la avenida del Campo de la Verdad y la plaza de la Iglesia por donde debía de pasar la cofradía.

Todos recibían con un gran aplauso la salida de la cruz de guía por la puerta lateral de San José y Espíritu Santo poco antes de las ocho y diez. Al poco tiempo se abría la puerta de la nave donde se guardan los pasos y salía el misterio del Cristo que es descendido de la cruz. Todas las imágenes: la Virgen del Refugio, San Juan Evangelista, María Magdalena, las Marías y los Santos Varones iban enlutados y rodeados de un exorno inusual formado por rosas rojas, iris morado,cardos y espino. Sonaban al salir el Crucificado las marchas 'Cristo del Amor' y 'Cachorro', que interpretaba la banda Caído y Fuensanta. Tras el Cristo iba un numeroso grupo de devotos de paisano entre los que se pudo ver una joven con los ojos vendados por una cinta negra que por promesa seguía a la sagrada imagen mientras otra mujer la guiaba.

Continuaban saliendo nazarenos rojos y blancos y llegó el momento de ver a Nuestra Señora del Buen Fin, que este año llevaba nueva banda después de muchos con la Esperanza de Córdoba. Era la de Enrique Galán, de Rota (Cádiz), que llevaba en sus atriles partituras de marchas alegres. Entre las primeras que se escucharon en el Campo de la Verdad estaban 'Aniversario Macareno', 'La Estrella Sublime' y 'Corpus Christi'. La imagen del Buen Fin iba vestida con nueva saya donada por un grupo de hermanas y hecha a partir de 'un paño del siglo XIX persa oriental con lentejuelas, canutillos y espejuelos venecianos' según explicó a este medio Antonio Villar, bordador que ha realizado la prenda y que también dispuso las flores en el paso de la Virgen a base de orquídeas, rosas, anthurium, flor de cera, claveles, calas, fresias y hojas de camelia.

La segunda y última hermandad del Viernes Santo en hacer estación de penitencia fue la del Santo Sepulcro. En esta cofradía todo es exquisito. Desde que aparece el muñidor hasta que pasa el coro Cantabile con su escogido repertorio detrás de Nuestra Señora del Desconsuelo, sin olvidar los dos magníficos pasos de los titulares, dos monumentos de arte cofrade. A las nueve menos cinco salía de El Salvador y Santo Domingo de Silos esta cofradía que, como el Descendimiento, entró en la Catedral no a adorar al Santísimo Sacramento, como hacen el resto de hermandades, ya que Cristo está muerto y se honra a la Santa Cruz. La hermandad optó por no pasar por la plaza del Potro como tampoco pasó el año 2018 también para aligerar. Su serio cortejo de nazarenos de ruán negro y cinturón de abacá iba entre los naranjos de la calle Claudio Marcelo y San Fernando provocando que la mayoría de la gente guardase silencio, aunque otros muchos hacían que hubiera murmullo que solo se reducía al llegar los pasos. Incluso hay quien sale a ver procesiones, aunque sea la de Cristo Yacente en su entierro, con una copa de cerveza o alguna otra bebida alcohólica en la mano. 

Al Señor lo antecedía un trío de capilla y con la Virgen, que va acompañada por San Juan y la Magdalena, estaba como desde 1996 el coro Cantabile, que interpretó piezas como 'Ubi Caritas' y 'Pater Noster', obras contemporáneas, o el 'Lacrimosa', de Mozart, el 'Ave María', de Liszt, o 'Christus Cactus Est', de Gómez-Zarzuela, entre otras. El paso de la Virgen del Desconsuelo estrenaba faroles y fanales, piezas que ha realizado el orfebre cordobés Antonio Cuadrado en alpaca plateada siguiendo un diseño basado en otras antiguas. Fueron doce fanales los que iban a partir del tercer entrevaral en parejas de dos, dos faroles pequeños escoltados por dos tulipas en la parte central y cuatro faroles grandes en los dos últimos entrevarales, con lo que la hermandad mantuvo la línea de iluminación anterior pero aumentando los puntos de luz. 

Aunque la luz más espectacular era la que daba la cera a la Virgen del Desconsuelo y su Sacra Conversación en una candelería profusa, copiosa, abundante, como pocas se ven en la ciudad. Concluía con Ella, rodeada de clavel blanco y azahar, el Viernes Santo en la Catedral, que ya espera a la gran jornada de los cristianos, la noche santa de la Vigilia Pascual y el Domingo en el que Cristo triunfa sobre la muerte. Hasta entonces, solo queda tener esperanza.

Viernes Santo: Tarde frustrada pero con buen fin