lunes 27.09.2021
Opinión

El futuro es ahora, y ahora toca cumplir

El futuro es ahora, y ahora toca cumplir

Hay momentos en la vida en los que uno tiene la sensación de que es ahora o nunca. Y yo la tengo con Córdoba. Llevamos décadas quejándonos de nuestro presente, poniendo parches para vivir al instante. Viviendo con miedo a pensar en el futuro porque ya tenemos bastante con llegar al final del día. Y es esa visión complaciente y cortoplacista la que nos ha llevado a tomar como normales índices de paro, desigualdad, precariedad y hasta pobreza que serían inasumibles en cualquier otro territorio.

Y es que, lo que le faltaba a nuestro débil mercado laboral era una pandemia que fulminara las pocas oportunidades de trabajo que ofrece nuestro tejido productivo. Hemos pasado un año trágico en lo humano y devastador en lo laboral. De repente, decenas de miles de familias han visto cómo sus escasos ingresos, muchos de ellos ocasionales, desaparecían de un plumazo. Otras, han tenido que ajustarse a lo que su ERTE les ofrecía, mientras que pequeños empresarios cerraban la persiana de su negocio y, con ello, su sueño de toda la vida.

Apoyando a todos y cada uno de ellos ha estado UGT Córdoba, cuyas puertas no han cerrado ni un sólo día en lo peor de la pandemia en un ejercicio de responsabilidad que sabemos que nunca será reconocido, pero que, al menos, pedimos que sea respetado. Sobre todo, por el esfuerzo de los centenares de delegados y delegadas de este sindicato, que han afrontado con valentía una situación inédita para nuestra generación.

Y, precisamente porque hemos sido responsables y hemos aparcado nuestra reivindicaciones para atender a lo más urgente, ahora decimos que TOCA CUMPLIR. Toca cumplir con la agenda social comprometida antes de la llegada del virus, porque como dice el lema de este Primero de Mayo, España es “un país en deuda con la gente trabajadora”. Un país en deuda con los servicios públicos, con el personal de los supermercados y comercios, con el colectivo de la limpieza y los transportes, con las trabajadoras de la ayuda a domicilio y de la dependencia, con los cuerpos de seguridad, con los medios de comunicación, con la agricultura, la ganadería y con un largo etcétera de trabajadores y trabajadoras que se han jugado la vida para que al resto no le faltara de nada. 

Por eso, ahora toca cumplir con la derogación de las reformas laborales, que ya han hecho todo el daño que podían hacer. Un perjuicio que también se ha trasladado a la seguridad laboral, con unas cifras de siniestralidad indecentes, fruto de la precariedad, del estrés, de la presión y de la falta de formación en Prevención de Riesgos. Y del miedo, porque la gente tiene mucho miedo a perder su único sustento. 

Precisamente, sustento es lo que han proporcionado los pensionistas, que han mantenido a miles de familias enteras en los momentos más complicados. Por ellos, y por todos los que en algún momento pretendemos llegar a la edad de jubilación, es imprescindible la derogación de la reforma de 2013. Porque el sistema público de pensiones es viable, pero para que lo sea hay que exonerarlo de los gastos que no le corresponden y, si es necesario, dotarlo vía presupuestos generales, tal y como hacen otros países.

Y toca subir el Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Claro que toca. Toca porque, entre otros motivos, nos insta a ello Europa. Tenemos que seguir avanzando en una recuperación salarial que proporcione mayor poder adquisitivo a las personas para que pueda aumentar el consumo y, como consecuencia, la producción. Una subida que afecta a miles de trabajadores y que tiene una especial repercusión en dos colectivos especialmente afectados por la precariedad y los bajos salarios, como son los jóvenes y las mujeres. 

En Córdoba, la tasa de paro femenina está 11 puntos por encima de la masculina y la brecha salarial supera el 21%. Además, todos los indicadores nos hacen pensar que esta brecha se puede incrementar, ya que la pandemia ha afectado a los empleos más temporales, ocupados en su mayoría por mujeres, a lo que hay que sumar que han sido ellas, otra vez, las que se han ocupado en mayor porcentaje de los cuidados de menores y dependientes.

Por último, no puedo olvidarme de los jóvenes, que no sólo son el futuro, sino que son el presente de este país. España soporta unos índices de paro juvenil que duplican la media europea y éste es un tema que tendría que avergonzarnos a todos. Tenemos ante nosotros a la primera generación que va a heredar una situación más desfavorable que la que heredaron sus progenitores. Jóvenes que no pueden acceder a una vivienda y que no pueden hacer planes de futuro. ¿Somos verdaderamente conscientes de las dimensiones que va a tener el continuo descenso de la natalidad?

Córdoba necesita presente, pero también futuro y la única forma de garantizarlo es asegurar los cimientos de lo que tiene que ser un nuevo modelo laboral y productivo. La concesión de la Base Logística Militar, el ritmo de vacunación y la confirmación del paso por Córdoba de los corredores ferroviarios nos otorgan una pequeña licencia para tener esperanza. 

En UGT Córdoba tenemos claro que el futuro se construye ahora, y AHORA TOCA CUMPLIR. Por eso, con todas las medidas de seguridad, este 1 de mayo volvemos a las calles. 

¡VIVA EL PRIMERO DE MAYO! ¡VIVA LA CLASE TRABAJADORA!

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