Carlos López Otín, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo y destacado investigador en el papel de la genética y el metabolismo en enfermedades raras y el envejecimiento, dice en su libro 'La levedad de las libélulas' que "la salud es el silencio del cuerpo".
Ésta es una interesante definición de la salud ya que implica que cuando estás sano es cuanto tu cuerpo no te dice nada de que algo esté funcionando mal. No obstante, esa definición tiene una arista peligrosa en el hecho de que la enfermedad se puede estar desarrollando dentro de nuestro cuerpo pero no da aun señales. Por ejemplo, en el caso de la aterosclerosis, un hígado graso o la neurodegeneración o incluso en esos periodos de incubación de infecciones víricas en los que no tenemos síntomas. Sólo cuando estas enfermedades dan la cara es cuando somos conscientes de que estamos enfermos, pero su desarrollo comenzó hace tiempo, en algunos casos mucho tiempo.
Afortunadamente la medicina ha avanzado enormemente en conocimiento y en tecnología en los últimos 100 años. Desde la medicina preventiva que ha conseguido eliminar, o casi, enfermedades infecciosas mortales esencialmente a edades infantiles con las vacunas, a tratamientos para las enfermedades crónicas que asolan los últimos años de la vida pero que permiten vivirlos con una mayor calidad y salud.
A todo ello hay que añadir el avance tecnológico de la cirugía que no solo permite hacer intervenciones cada vez menos agresivas con el cuerpo sino, además, realizar intervenciones muy complejas como el trasplante de órganos con un cada vez mayor índice de éxito.
Sin embargo, pese a todas las evidencias al respecto hay quien se apoltrona en una posición anticientífica buscando remedios pseudomísticos que no sirven para nada y que evitan que personas que podrían encontrar una cura en la medicina basada en la evidencia acaben sufriendo y muriendo sin remedio.
La donación de órganos, el acto más solidario
Cuando era joven comencé a donar sangre en cuanto legalmente pude. Siendo estudiante en la Facultad de Ciencias de Córdoba, que estaba en aquellos años, entre 1987 y 1998, cuando la dejé ya doctorado, en frente de la unidad de donantes de sangre junto al Hospital Reina Sofía de Córdoba, tenía bien fácil tomarme un poco de tiempo en cruzar la calle para donar los 450 ml de sangre que cabían en la bolsa.
Tras más de 50 donaciones que pueden demostrarse en el cordobán conmemorativo que recibí hace muchos años, un linfoma de Hodgkin se cruzó en mi camino y me impidió poder seguir donando como hubiese querido. Ahora es mi hija la que ha tomado el relevo y acude a su cita de donaciones puntualmente. Mientras, yo, por otros motivos me he convertido en receptor de sangre en varias ocasiones. Por ello mi reconocimiento a los donantes altruistas de sangre que dan vida a personas que desconocen.
Todo esto viene a cuento como una continuación de las dos columnas que publiqué hace unos meses sobre la ictericia y su relación con el fallo hepático en esta misma sección. Tal y como les comenté una ictericia inoportuna, u oportuna según se vea, mostró un problema mayor que era un hígado pre-cirrótico. No vayan a pensar mal, no se debía a una excesiva ingesta de alcohol ya que este que les escribe, al igual que muchas personas que incluso no lo saben, sufría de hígado graso no alcohólico (NASH; de sus siglas en inglés), desde hace más de 25 años.
Pues bien, ese hígado graso, del que se calcula que 1 de 4 españoles lo sufren, muchos sin síntomas aparentes, siguió evolucionando en silencio paso a paso hasta que mostró la cara en forma de disfraz de Minion en mi persona. En ese momento ya era tarde. Pese a los intentos infructuosos para retirar la vesícula, la inflamación se había hecho con el poder dentro y alrededor del hígado generando lo que los médicos califican como un magma inflamatorio o conjunto de tejido denso y fibrótico generado por el proceso inflamatorio alrededor de hígado, vesícula e intestino. Asi que la única solución ha sido un trasplante.
Afortunadamente para mí y para muchas otras personas, España es uno de los países más generosos del mundo en cuestión de trasplantes, si no el más generoso. Y, además, el Hospital Reina Sofía de Córdoba es el hospital de referencia en España en el trasplante de hígado y doy fe de ello. Gracias a estos dos factores tengo una segunda oportunidad para disfrutar de más años de vida.
Hace unos años participé en un estudio sobre células hepáticas que fue publicado junto con un grupo de científicos y facultativos del Hospital Reina Sofía de Córdoba. Curiosamente, como si la vida diese muchas vueltas, en ese artículo compartía firma con, entre otros, el cirujano jefe del equipo que me realizó el trasplante, el doctor Javier Briceño, y el hepatólogo que ahora lleva mi caso y que llevó el asunto de la inclusión en la lista de trasplantes, el doctor Antonio Poyato a los que estoy muy agradecido. Como he dicho, vueltas que da la vida.
Deber la vida a la solidaridad de personas desconocidas
Tras pasar a planta desde la UCI fui recibiendo visitas de los cirujanos, hepatólogos y también de la psicóloga de la Asociación de trasplantados Hepáticos de Córdoba con la que pretendo colaborar en un futuro que espero cercano.
Entre las primeras indicaciones que la psicóloga de esta asociación nos indicó a mi mujer y a mí estaba que no era posible saber quién había realizado la donación. Ese punto ya lo conocía de antemano y, obviamente, no pretendía preguntar ni averiguar. Y no es porque no sienta agradecimiento, todo lo contrario, sino porque puedo entender perfectamente el dolor de esa familia en el crudo momento de tener que decidir donar el órgano de su ser querido para dar una segunda oportunidad a otra persona desconocida. Desde esta humilde columna, mi más sentido agradecimiento a ellos y a todas las personas que ceden esta posibilidad de vida con tanto altruismo.
Desde aquí les prometo que daré el mejor uso posible a ese órgano y a su solidaridad haciendo todo lo necesario para siga funcionando en mi cuerpo el mayor tiempo posible y que la vida me permita usar.
Una sanidad pública en peligro
No quiero dejar pasar esta columna más personal de lo habitual sin dedicar unas palabras a la sanidad pública y denunciar el expolio que se está produciendo. No lo vemos, pero nos la están quitando delante de nuestras narices.
Tal y como ocurre en otros ámbitos, como el educativo y el universitario, el modus operandi es muy simple. Quienes deben velar por lo público, es decir, nuestros dirigentes elegidos en las urnas, primero dicen que el sistema está mal y hay que optimizarlo. Pero el sistema está mal porque ellos reducen la financiación por la cara y sin importarles mucho que lo sepamos. Se les llena la boca y el presupuesto de cifras que dicen subir, pero luego no sabemos si verdaderamente lo invierten en lo que deben invertirlo. Yo me temo que no.
Como el sistema va mal, entonces 'optimizan' pero lo que suelen hacer es 'externalizar', es decir, privatizar, servicios para que ganen dinero empresas privadas. Y poco a poco todo va pasando al negocio privado. Y no se nos olvide que estas empresas son con ánimo de lucro.
Así que luego vienen los problemas. Las mamografías que se hacen pero no se informan, el personal de enfermería que vive en precario, los servicios que se enlentecen, la atención primaria que te da cita para dentro de 20 días, etc, etc...
En los muchos días de ingreso en el hospital he disfrutado de una atención exquisita y muy profesional por parte de los facultativos y del personal de enfermería y técnico. Sin embargo, también he podido escucharlos y he preguntado por sus situaciones laborales y les aseguro que ese trabajo no está para nada bien pagado: sueldos no tan buenos como podemos pensar, contratos de días, e incluso horas, desconocimiento de en qué servicio tendrán que estar la semana próxima, movimientos de aquí para allá (he tenido una enfermera que la semana antes había estado en la UCI pediátrica), precariedad aquí y allí.
Todo ello indica una carencia total de gestión eficiente. Así que, para mí, el problema no está en la atención, que hacen lo mejor que pueden, sino en la desastrosa gestión de lo público, del personal de la asistencia sanitaria que, entiendo, acaben quemados, achicharrados. Y la gestión depende de los políticos. Y, en concreto, de los políticos de la Junta de Andalucía.
Así que cuando protestemos no desviemos el foco a quienes hacen lo que saben y pueden pese a las piedras que se les ponen en el camino. Apuntemos a quienes están destrozando la sanidad y los servicios públicos por el negocio de las empresas privadas que ganan ingentes cantidades de dinero público gracias al destrozo de lo público.
Y finalmente, este problema viene de largo. No hay más médicos porque los que terminan se van a donde se les reconoce más y les pagan más. Pero, además, se necesitan más pero el número de plazas en las facultades de medicina no crece porque las universidades públicas están también infrafinanciadas por lo que no hay ni medios ni personal para asumir más estudiantes. Y, además, no hay suficientes plazas de MIR y algunas, esencialmente las de atención primaria, se quedan sin cubrir porque eso parece no molar tanto. Así que el problema se comenzó a gestar hace tiempo y su solución no parece cercana.
Valoremos lo público, todo lo público, nos va la educación, la formación, el futuro y la vida en ello.
#SinCienciaNoHayFuturo; #porlasanidadpública