miércoles 22.09.2021
Opinión

Héroes y villanos

Héroes y villanos

La amistad, el amor y todas esas cosas hay que cuidarlas, como sabemos; de no hacerlo se corre el riesgo de que vayan perdiendo fuerza, intensidad y puedan perderse definitivamente.

Si con un novio, novia o novie no hay llamadas, algún detalle, celebrar las fechas importantes pues mal vamos. Cuidar estas cosas es la mejor forma de que en tiempos difíciles, de tribulación, haya algo 'de dónde tirar' y que no den ganas de mandarlo todo a donde sea.

Supongo que con la cohesión de un país pasa lo mismo. Hay que trabajarla. En relativamente poco tiempo se ha soslayado el uso de la bandera, de los himnos, de las tradiciones, en general y abundando en ello la historia ha empezado a modificarse por explicaciones pintorescas de hechos concretos, por lo que el personal llega a tener unas ideas muy desdibujadas sobre su pertenencia a territorio y nación.

De forma inadvertida o consciente para algunos, lo cierto es que la idea país-nación anda en un momento un poco bajo y muy sometida a manipulación.

Si no fuera por el futbol, por unas olimpiadas (si caen medallas) o por Rafa Nadal (que algún día se retirará) la gente no encuentra muchas ocasiones para sentir y demostrar sentimiento patrio.

Ya no es cuestión de entrar en si esto es bueno o malo (bueno no es), pero se aprecia como los países con los que incansablemente nos comparamos sí que cuidan estas cosas: cantan sus himnos, banderas por todas partes, cuidado de la familia real (donde la tienen) como forma de 'marca de lujo'; orgullo patrio, en general. Llamaba la atención una noticia leída hace algunas semanas de como en Francia, ante el desapego entre la gente joven por su país (tras ser preguntados en encuesta), se iba a desarrollar toda una estrategia para 'volver las cosas a su ser' lo que no descarta una especie de 'mili' o servicio social al país durante unos días, al que acudirían los jóvenes como parte de su proceso formativo.

Por cierto, en esos países además, ensalzan mucho a sus héroes locales o los elevan a tales, se les premia y se les encumbra socialmente.

Lamentablemente un país como el nuestro, de extensa historia, con toda clase de eventos que han acaecido, tales como guerras, descubrimiento de países y hasta de continentes, colonias, actos de heroísmo extremo, sin embargo adolece de un conjunto de distinciones de todo nivel para poder reconocer meritos en cualquier ámbito. Posiblemente porque han ido despareciendo a lo largo de las luchas fratricidas, más o menos cruentas, a las que somos tan proclives.

Aquí, salvo en el ámbito militar que tiene un recorrido de méritos, pasamos de la nada casi al título nobiliario. De hecho tenemos apenas, a nivel estatal, un número de apenas 46 condecoraciones, aparte de las que se conceden en las autonomías (importante remarcar excepcionalmente los premios Princesa de Asturias con su gran alcance internacional). Este número es ínfimo en comparación con esos países a los que miramos a diario y que premian a sus ciudadanos y estos, a su vez, se sienten un poco más espoleados en su servicio para conseguir estas distinciones tan patrióticas (y que nadie rechaza, sea rockero, futbolista o investigadora).

Tampoco tenemos una oficina como es el caso de la Gran Cancillería de la Legión de Honor en Francia o de la Cancillería Central de las Órdenes de Caballería en el Reino Unido que pueda armonizar los reconocimientos a las personas e instituciones por lo que es frecuente que se den distinciones muy dispares y que no estén equilibrados los méritos.

Alguien puede pensar que todo esto es cosa baladí, pero no lo es. La permanencia en la 'primera división' del concierto mundial, en donde vamos bajando puestos, tiene que ver con muchas cosas, algunas sutiles, como estimular y reconocer a los mejores. Y motivar a los que vienen por detrás pero no igualar a todos por abajo.

Del mismo modo sería un método de compensación. Tanto villano en los medios, durante tantos años, entradas y salidas de la cárcel, narraciones tan largas, a veces una cierta simpatía hacia la picardía del fulano, hasta que lo pillan, claro. No estaría de más un poquito de tiempo para reconocer a los mejores de entre los nuestros o los que más se han esforzado. Y explicar en qué consiste su mérito. A lo mejor, eso invita a muchos o a unos cuantos a querer ser alguien importante en SU país.

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