miércoles 28.07.2021
Opinión

Que no te engañen, no les importa Cuba

Que no te engañen, no les importa Cuba
Que no te engañen, no les importa Cuba. Les importa seguir manteniendo imperiosa la imagen del triunfo del capitalismo. Proyectar la semilla, el origen más glorioso, 'no existe alternativa'. Es la idea más perversa que tiene este sistema que Dios en su gloria nos dio. No nos permite soñar y dilucidar una sociedad diferente. Aviso para haters, ni Cuba ni la URSS son el sueño o la aspiración de un militante socialista convencido, pero esa no es la cuestión que quiero tratar en este espacio que me brinda este medio comunicación, de hecho, vengo a criticar el papel de los medios de comunicación.

En esta guerra cultural, el capitalismo tiene como 'destructor' principal a los medios de comunicación. Pensar en la neutralidad de estos es caer en la bella tentación de pensar que la política y la ideología no lo impregnan todo. No hay que irse fuera de la nuestra península para hablar de manipulación de imágenes o prensa al servicio del poder, y no como el contrapoder que debe ser. Si has estado atento al noticiario desde 2014, nadie ha escapado de unos buenos planos de Venezuela. Cuando Podemos irrumpió en aquellas elecciones europeas, empezaron a sonar palabras de 'los de arriba' y los de 'abajo', proceso constituyente, no pagar la deuda, se temía un cambio real del sistema que muchos y muchas denominamos 'Régimen del 78'.

Los medios se encargaron de hacer una de las guerras mediáticas más sucias que se recuerdan en nuestra historia reciente, en connivencia estratégica y coordinada con los aparatos del régimen español. Toda estatrama fue llamada las 'Cloacas del Estado', y tenía como único objetivo destruir al partido que puso nervioso al poder. Los que hicimos campaña en su día no pudimos escapar de comentarios tipo: si gobernaba 'el Coletas' mañana esto será Venezuela. Todos sabíamos la falta de papel higiénico de sus estantes. El papel de los medios fue fundamental para pensar que Venezuela es nuestro país limítrofe al oeste de la Península Ibérica, y no Portugal, quienes en su mayoría no sabrían ni decirte el nombre de su presidente.

De lo que hemos sabido menos, en los últimos años, es del Golpe de Estado en Bolivia por parte de fundamentalistas cristianos en connivencia con el ejército, que provocó el exilio de su presidente electo y, como no, todo respaldado por el gobierno de EEUU, un país que solo ve en América Latina un pozo de intereses económicos y recursos naturales. Nadie le exigió noche y día al Partido Popular a condenar dicho golpe de estado. Es más, Vox lo apoyó. Y lo mismo hizo la derecha de este país cuando se reprimió con balas, desapariciones y torturas al pueblo chileno, ecuatoriano o el colombiano. El vacío informativo ante las atrocidades de los intereses del capital deja patente de qué lado están en esta lucha de clases.

Por poner el acento más cerca, pocos son los medios que se escandalizan de las relaciones de los gobiernos españoles con Marruecos. El silencio con la guerra actual en el Sáhara Occidental está matando a un pueblo que se le niega el ser, todo con la pasividad de la ONU, España como irresponsable administrativo, y el reconocimiento de EEUU a la dictadura marroquí sobre la soberanía en el Sáhara Occidental.

Quien sí parece estar deseando de reconciliarse diplomáticamente con la dictadura marroquí, a pesar de la vulneración de derechos humanos en su propio país y con la población saharaui, es el nuevo ministro de exteriores del gobierno más progresista del mundo, José Manuel Albares. Europa teme que las líneas fronterizas dejen de dibujarse con dinero, vallas y militares, los medios tapan el fondo de la cuestión, mientras la derecha criminaliza a los afectados de todo este juego perverso.

Miramos al resto de países con superioridad moral pensando que somos la cúspide de la civilización, una democracia plena. Seguramente, ayer no te enteraste por la televisión de

las declaraciones de Naia Zuriarrain, donde contaba ante la Audiencia Nacional las torturas sufridas a manos de la Guardia Civil hace ocho años, relatando como la desnudaron, le colocaron gomaespuma, le echaron agua fría por la cabeza y le hicieron la bolsa para ahogarle. Ningún medio se hizo eco de estas escenas de tortura en País Vasco. El caso Alsasua tiene en prisión a ocho jóvenes por una pelea de bar, y ahí siguen.

El documental 'Ciutat Morta' nos mostró la impunidad de la autoridad y el abuso policial, las torturas y el profundo corporativismo derechil de las fuerzas policiales. Poco se escandalizaron los medios cuando se disparó con fuego real una manifestación en Linares contra el abuso policial. No con Franco en el poder, sino en febrero de 2021. El silencio nos está cegando, confundimos silencio con sordera sistémica.

El objetivo final de esta lucha que van ganado es retratar el fracaso de los que un día se levantaron y triunfaron para poner fin a un sistema, que nos hace desiguales desde el día de nuestro nacimiento hasta la hora de la muerte. Encumbrar el capitalismo como única posibilidad, porque su propia naturaleza consiste en no poder vivir fuera de él, y quien lo intente se le bloqueará, demonizará y perecerá.

La caída del muro de Berlín fue el mejor retrato de ello, y aún no nos hemos recuperado. Evidentemente, la izquierda debe dejar de romantizar con la URSS, los gobiernos de Cuba, el gobierno de Ortega en Nicaragua o el gobierno de Maduro, y hacer una lectura crítica de todo ello. No podemos tolerar la vulneración de derechos fundamentales, la burocratización de los aparatos del Estado, la confusión de 'revolución' y Estado. No es la sociedad a la que queremos aspirar, estas derrotas perduran décadas. Pero como dije, ese no es el debate que quería traer aquí, que al final me disperso. En el futuro, nos sentiremos sentimentales con una pulsera en la muñeca, levantando el puño y una camiseta personalizada.

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