viernes 04.12.2020
Opinión

Una pequeña clase de inmunología

Una pequeña clase de inmunología

Hace unos días estaba vigilando las pruebas de acceso a la Universidad en la biblioteca de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla de la que soy profesor y encontré uno de los libros que había solicitado para preparar mis clases de Inmunología en el grado de Biotecnología. El libro está editado or Robert R. Rich, se llama Clinical Immunology en su quinta edición, tiene un total de 1373 páginas en sus 92 capítulos y dos apéndices y pesa un quintal.

Teniendo el libro en mis manos me llama la atención de la cantidad de expertos en inmunología que hay actualmente en todos sitios hablando de vacunas, de infectados, de anticuerpos y de respuesta inmunitaria. Manejando unos seis libros de Inmunología general y este nuevo que antes he mencionado, sigo estudiando y revisando nuevas publicaciones publicadas en las revistas especializadas, pero veo que hay muchos que son expertos simplemente viendo un video en Youtube. Creo que debo cambiar de trabajo, mejor me meto a youtuber y lo mismo me hacen más caso, aunque con mi cara y mi edad, seguro que fracaso. Es mejor una cara bonita, una labia aceptable y cuatro mensajes facilones y habrá un montón de seguidores que se tragarán cualquier cosa. 

Pero como siempre he sido algo tozudo, creo que debo dejar por escrito algunas puntualizaciones sobre el sistema inmunitario para que se entienda porqué la vacuna puede ayudar, porqué los asintomáticos son asintomáticos, porqué alguien que se ha infectado puede estar protegido pese a que su nivel de anticuerpos sea bajo y cosas por el estilo. 

¿Cómo actúa el sistema inmunitario frente a un ataque vírico?

El sistema inmunitario es muy complejo. Las células que actúan pertenecen a diferentes grupos y se comunican entre ellas para responder a un peligro de forma coordinada. Para su estudio dividimos el sistema en dos partes, el sistema inmunitario innato y el adquirido o adaptativo. Es una división más o menos artificial ya que ambos sistemas se relacionan entre sí de una manera muy intensa. 

El sistema inmunitario innato responde ante la entrada en nuestro cuerpo de organismos diferentes a nuestras células, pero sin identificar nada en especial, simplemente estructuras que no existen en nuestras células. Las células más importantes de este sistema son los fagocitos profesionales, un grupo de células que engloba a los macrófagos y una diversidad enorme de células conocidas como células dendríticas. Estas células se dedican a comerse bacterias, hongos, restos de células y virus; digerirlos y trocear sus proteínas en trocitos que presentan en su superficie unidos a un complejo de proteínas llamadas complejo principal de histocompatibilidad de clase II. 

Se preguntarán para qué hacen esto esas células. Pues bien, ese complejo de histocompatibilidad con su trocito de proteína de una bacteria, hongo o virus, puede ser reconocido por unas células llamadas linfocitos T ayudantes (Th en ingles, de 'helper'). 

Nuestros linfocitos se originan en la médula ósea y los linfocitos T maduran en un órgano llamado Timo que se encuentra cerca de nuestra garganta. También hay otros linfocitos llamados B que producen anticuerpos y que también actúan como las células presentadoras de antígenos pero su función es activarse y madurar a otras células llamadas células plasmáticas que producen anticuerpos contra aquello que han detectado. 

Tanto los linfocitos T como los B se generan en enormes cantidades en el cuerpo de una persona joven y, además, se seleccionan para no reconocer nada de nuestro cuerpo. Es decir, los linfocitos que reaccionan ante nuestras células mueren durante su maduración para que no tengamos linfocitos autorreactivos, o lo que es lo mismo, que nos ataquen a nosotros mismos. Por eso lo que solemos tener son linfocitos que no reconocen nuestras moléculas, pero sí pueden reconocer moléculas o trocitos de proteínas de moléculas que no son nuestras. Todo este sistema se genera al azar por un complejo mecanismo genético que supone combinaciones aleatorias de trozos de genes. 

En todo este complejo sistema actúan de forma importante una serie de señales que informan a todo el sistema de qué es lo que ha invadido nuestro cuerpo. Las células que presentan los antígenos, es decir, las células del sistema innato que se chivan de lo que ha llegado, ya señalan si lo que se han encontrado es una bacteria, un hongo o un virus y eso condiciona lo que ocurre después.

De esta manera, cuando nos infecta un virus estas células se lo comen, lo trocean, lo presentan a los linfocitos Th y les dicen que es un virus y que debe activarse una respuesta contra el virus. Normalmente esta respuesta depende de otros linfocitos llamados T citotóxicos o linfocitos Tc que se dedican a matar a todas las células que estén infectadas por el virus. En medio también encontramos moléculas como el interferón, que, ante una infección vírica, hacen que las células eviten que el virus prolifere. Todo ello, en su conjunto, hace que el virus no avance y que el sistema inmunológico evite que siga infectando más células dentro de nuestro cuerpo. 

¿Por qué el SARS-CoV-2 ataca tanto a ciertas personas?

El SARS-CoV-2 es un virus respiratorio que provoca una respuesta inflamatoria especialmente en los tejidos a los que primero afecta, el epitelio respiratorio. La infección provoca que los macrófagos y células presentadoras de antígeno de los epitelios respiratorios se activen y den lugar a un proceso inflamatorio rápido llamado tormenta de citoquinas que provocan una neumonía, es decir, una inflamación masiva de los pulmones. Esta tormenta de citoquinas también puede dar lugar a una inflamación general en todo el organismo.

No se conoce porqué algunas personas son más susceptibles a esta infección que otras, pero es posible que personas que ya tienen un perfil inflamatorio previo asociado a la diabetes, obesidad, problemas cardiovasculares, envejecimiento, etc, sean más proclives a sufrir una tormenta de citoquinas que otras personas con un perfil de respuesta inmunológica más adaptada al virus. 

¿Por qué los asintomáticos no desarrollan la enfermedad? 

Es posible que las personas que se contagian con el virus y que no sufren la enfermedad desarrollen una respuesta inmunitaria rápida y adecuada de manera que el virus ralentiza su invasión por la acción del interferón a la vez que el sistema inmunitario desarrolla respuesta dependiente de linfocitos T citotóxicos que van acabando con las células infectadas. De esta forma no se produce la tormenta de citoquinas y no se desarrolla la versión más severa de la enfermedad. La infección acaba sufriéndose simplemente como una infección respiratoria leve. De todas formas, esto hay que comprobarlo, aunque ya que los jóvenes son los que menos sufren la enfermedad y son los que mejor respuesta inmunitaria desarrollan, es la hipótesis más plausible. 

¿Puede una persona que ya se ha infectado poder sufrir de nuevo la infección?

Este es un tema complejo ya que habría que considerar que los test rápidos serológicos son suficientemente fiables. Estos tests detectan inmunoglobulinas contra este virus pero pueden mostrar reacciones cruzadas y falsos positivos: Pero asumamos que son fiables. Los tests han demostrado que las inmunoglobulinas o anticuerpos descienden en sangre en poco tiempo. Eso no significa nada ya que para producir anticuerpos es necesario que se activen los linfocitos Th2 y los linfocitos B por lo que en el proceso de activación se generan también células memoria que ayudarán a generar una respuesta inmunológica más efectiva cada vez que el virus entre en nuestro cuerpo. 

La creación de células memoria producirá que, aunque el virus esté en nuestras mucosas, nuestro sistema inmunológico pueda mantenerlo a raya. Podemos ser positivos pero no vamos a contagiar porque nuestro sistema está actuando contra el virus y lo mantiene a raya. O tal vez sí podemos contagiar. Eso no se sabe. 

En su libro, 'Un planeta de virus', de Carl Zimmer, publicado en 2015, el autor reseña cómo la científica Dana Willmer encontró hasta 174 virus diferentes en esputos de personas que no sufrían ninguna enfermedad. Si alguien piensa que vacunarse o ser inmune a algo evita que ese algo venga a nosotros e intente infectarnos es que no entiende nada de nada. Los virus están en el ambiente y pueden intentar infectarnos y la clave está en que nuestro sistema inmunológico sea capaz de mantenerlos a raya sin que nos provoquen una enfermedad con su fiebre, su dolor, su sudoración, su malestar, y todos sus otros problemas. Por eso no es raro que una persona que haya desarrollado anticuerpos pueda tener virus en sus mucosas. Otra cosa muy distinta es que desarrolle la enfermedad o que pueda contagiar a otros. Es decir, el virus estará ahí, podrá ser detectado, pero la persona no sufrirá la infección, no estará infectado y puede que no esté infectando. Esto es algo que complica el baile de contagiados asintomáticos con los que nos inundan los medios de comunicación todos los días. 

¿Funcionarán las vacunas? 

En la actualidad se están desarrollando múltiples estrategias para desarrollar la vacuna. Se intenta desarrollar una respuesta inmunológica basada en la formación de anticuerpos, por lo tanto, en la activación de linfocitos B. No obstante, para una respuesta más efectiva sería conveniente que se activase la formación de inmunoglobulina A, que es el anticuerpo que nuestras células liberan a las mucosas y que bloquean los virus y bacterias antes de que puedan entrar dentro de las células. 

La vacuna de Moderna se basa en la inyección de ARN del virus para que se exprese la proteína de la superficie del virus en las células de nuestro cuerpo y que se produzcan anticuerpos contra él. La de Oxford, por nombrar las más conocidas, utiliza un virus atenuado y no infectivo que, gracias a la bioingeniería, expresan las proteínas del SARS-CoV-2 pero sin que produzca la enfermedad. Creo que esta última promete una mejor protección que la de Moderna, pero su eficacia está por ver. En el CSIC están desarrollando otra vacuna basada en virus atenuados que podría permitir una respuesta inmunológica mucho más general contra la infección vírica. El problema es que cuanto más compleja es la vacuna, más lento es su proceso de fabricación y más controles necesita su estudio clínico.

Aunque se ha ido muy rápido con las vacunas, creo que se están utilizando estrategias que podrían ser útiles y efectivas en poco tiempo, aunque no antes de principios del año próximo. Si estas vacunas consiguen aumentar la protección en las personas de riesgo, habremos dado un paso importante para normalizar nuestra vida. No obstante, debemos tener en cuenta que el sistema inmunológico sufre deterioro durante el envejecimiento y muchas de las personas mayores no responden adecuadamente a los patógenos y, por lo tanto, tampoco a las vacunas. No es un fallo de las vacunas, es que el sistema inmunológico está deteriorado en estas personas, sufre lo que conocemos como inmunosenescencia aunque sé que a muchos eso no les va a importar absolutamente nada y lo usarán como un fallo de las vacunas. 

¿Podemos confiar en las vacunas?

Las vacunas son la terapia preventiva más eficiente en la historia de la medicina. Se basan en un principio simple: entrenar al sistema inmunológico, enseñándole lo que se va a encontrar en los patógenos, para que responda más eficazmente cuando se encuentre con el verdadero patógeno. De esta forma, las vacunas, generan las células memoria antes de que el patógeno haya entrado en nuestro cuerpo por lo que el sistema inmunitario actúa más eficientemente y elimina el problema antes de que el patógeno nos pueda provocar daño.

Pese a todo esto duele ver cómo hay grupos antivacunas que están utilizando mensajes como que la Covid-19 se debe a vacunas contra la gripe o que la vacunación persigue infectar a las personas o inyectarles chips de control. También crea estupor que personas con relevancia social digan que la enfermedad se debe a la red 5G, como si los virus no hubiesen existido mucho antes de Bell o de Morse, y eso que las señales con ellos iban por cable. Y lo que mayor estupor produce es que muchos médicos y sanitarios estén llenando las redes con mensajes contra las vacunas e indiquen que ellos no se vacunan contra la gripe porque no les da la real gana. Siendo personas que deberían saber lo que es la medicina preventiva, los mecanismos en los que se basan las vacunas y que tratan directamente a pacientes, el no vacunarse ellos lo considero un acto grave de negligencia. Pero, ¿qué voy a saber yo? ¿Un simple biólogo que enseña inmunología? 

#Estodependedenosotros.

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