lunes 27.09.2021
Opinión

Pandemia de secuelas

Pandemia de secuelas

Los últimos días me están dejando claro que el dicho ese de "el muerto al hoyo y el vivo al bollo" es de total actualidad. Las macrofiestas, fiestas familiares, botellones y demás reuniones masivas indican que quienes se sienten inmunes al virus pasan de lo que les ocurra a los demás. Ni más ni menos. Pero el caso es que todos vivimos juntos y el colapso de los sistemas de salud puede hacer que aquello que es fácilmente tratable acabe matándote porque no hay sanitarios ni médicos disponibles para ti. O que la ambulancia que podría llegar en 10 minutos a tu accidente, ahora tarda más de media hora porque no hay más disponibles y acabas desangrado en la cuneta cuando podrías haber sobrevivido fácilmente. A todo ello tenemos que unir que los tratamientos no se llevan como se debiera, que muchas operaciones se están cancelando, que esa cura que deberían hacerte va a tener que esperar una semana, etc, etc, etc…

Todo ello provoca una de las primeras y más graves secuelas de esta pandemia: La muerte de personas por razones indirectamente relacionadas con la COVID. Esto es así en todos los países donde el índice de Mortalidad por todas las causas (MoMo) ha aumentado más allá de los casos confirmados de COVID. Un hecho que muchos usan de manera política para hablar de mentiras pero que podría tapar algo más patético que es la muerte de personas no contagiadas por tener a los sistemas de salud colapsados.   

A esa primera secuela debemos sumar otras que son las que se quedan en las personas que sobreviven a la enfermedad. Estas secuelas de la COVID pueden ser mucho más graves que la propia COVID en sí. De hecho, la OMS ya ha catalogado a estos pacientes que siguen presentando síntomas hasta meses después de haber sido dados de alta como enfermos de COVID persistente. El número de personas que han sobrevivido es mucho mayor que el de las personas que han muerto de la enfermedad y eso quiere decir que el número de personas susceptibles de necesitar tratamiento médico frente a las secuelas es mucho más grande que el de fallecidos y cuantos más infectados haya, más personas sufrirán secuelas. Esas personas necesitarán vigilancia médica durante meses e incluso años. De hecho, en múltiples hospitales, por ejemplo, en el Gregorio Marañón de Madrid, están haciendo seguimientos de estos pacientes para comprobar qué efectos se van a producir, cómo van a evolucionar y por cuanto tiempo. Aún estamos al principio y no se sabe si los síntomas pueden durar meses o años. 

Uno de los primeros síntomas de la infección es la pérdida del olfato, o anosmia, e incluso el gusto. Recientemente se ha encontrado otro síntoma asociado con la aparición de llagas en la lengua. Incluso siendo los únicos síntomas sufridos, las personas que han perdido el olfato pueden pasar meses sin recuperarlo. Su recuperación depende de que se generen nuevas células del epitelio olfativo que repongan aquellas que han muerto a causa del virus. Esa reposición toma su tiempo además de que tienen que reconectarse con el nervio olfativo que lleve las sensaciones al cerebro. Algo complejo y lento.

Si se ha sufrido una neumonía bilateral, la secuela más clara es sufrir una fibrosis pulmonar. Es el resultado lógico del proceso de reparación de los daños causados por la inflamación que lleva a que las células del tejido conjuntivo formen nuevo tejido, pero más grueso del que había en un principio. Esto provoca que lo que antes era una finísima capa de células por la que el oxígeno y el dióxido de carbono difundían desde el aire hasta la sangre y viceversa sin apenas obstáculo, ahora sea prácticamente un muro infranqueable. Cuanta más zona se vea afectada por la fibrosis peor será la absorción de oxígeno y más difícil será la recuperación y la debilidad y la sensación de ahogo persistirá por más tiempo. 

Respecto a las secuelas neuronales, la preocupación es alta y hay un precedente importante. La gripe que azotó el mundo entre 1917 y 1920 dejó un número considerable de personas que sufrieron lo que se denominó Encefalitis letárgica.  La enfermedad cursaba con decaimiento de los párpados (ptosis), visión doble (diplopía), comportamiento irracional, rigidez generalizada y aletargamiento. Aunque se ha tardado en establecer una relación clara, hoy se asume que esta encefalitis fue generada por la infección vírica de esa pandemia y en el caso de la covid las secuelas neuronales pueden ser importantes.  

Un grupo de médicos de Albacete publicaron a mediados del año pasado un artículo en la revista Neurology indicando la alta frecuencia de pacientes (un 57%) que habían pasado la COVID-19 y que presentaban problemas neuronales de diferente índole. Las secuelas van desde mialgias, dolor de cabeza, miopatía, pérdida de autonomía, problemas de coordinación y encefalitis entre otros. Aunque la verdadera causa de los daños neuronales asociados a la infección por SARS-CoV-2 no se conocen aún y se discute sobre la entrada directa del virus bien a través de nervios o por la vasculatura que riega el sistema nervioso central, no podemos descartar para nada un efecto secundario de la inflamación aguda que provoca el virus y que afecta a todo el organismo. De hecho, recientemente un artículo publicado en Cancer Cell indica que las citoquinas proinflamatorias aumentan enormemente en los tejidos que protegen el cerebro en pacientes de COVID-19.  De hecho, en los pacientes con COVID se han encontrado daños en la microvasculatura que riega el sistema nervioso central, lo que explicaría muchos de los síntomas neurológicos. 

Tal es el problema que se ya se prevé con las secuelas neurológicas que los Institutos de Salud Estadounidenses (NIH) han lanzado un programa para registrar y seguir los casos neurológicos ya que prevén que las secuelas de la enfermedad sobre cerebro, médula espinal, nervios y músculos pueden ser devastadoras.

Los daños neuronales y los asociados a la fibrosis pulmonar podrían explicar lo que se está conociendo actualmente como COVID persistente. Cada vez más estudios están indicando que existe una secuela que cursa con un malestar general, dolor crónico, debilidad muscular y que no tiene nada que ver con haber tenido síntomas graves al principio de la enfermedad. De hecho, estudios clínicos ya realizados han confirmado esa debilidad muscular a través del test simple de caminar a la mayor velocidad posible durante seis minutos. Un alto porcentaje de personas que han pasado la COVID presentaron signos claros de debilidad en este test. Aún no se sabe cuánto pueden durar estos síntomas y cómo se pueden tratar ya que presentan una disparidad considerable. 

Y finalmente, otro preocupante aspecto de la enfermedad se basa en la aparición de respuestas autoinmunes. Ya conocemos que determinados pacientes desarrollaban anticuerpos contra la molécula de interferón, pero, además, otros estudios han encontrado que los pacientes pueden desarrollar anticuerpos contra fosfolípidos, lo que podría estar relacionado con los problemas de coagulación ya observados pero que también podrían derivar en el síndrome antifosfolipídico, una devastadora enfermedad autoinmune. La literatura científica al respecto está aumentando y actualmente podemos encontrar más de 1000 artículos ya publicados que relacionan la enfermedad con el desarrollo de diferentes enfermedades autoinmunes incluyendo el lupus. Una vez pasada la infección, los anticuerpos contra nuestras propias células podrían seguir provocando síntomas durante años. 

Hace poco que el SARS-Cov-2 entró en nuestras vidas para agitarlas como una coctelera. Pero, aunque conocemos mucho sobre el virus y la infección aún desconocemos mucho sobre la enfermedad y sus repercusiones. Con el tiempo irán apareciendo y no prometen nada bueno. Como pueden ver, esto no es cosa de broma. No solo es un problema de que ahora estén ingresando en hospitales y en UCIs personas más jóvenes que antes, sino que es muy posible que gran parte de esas personas acaben desarrollando secuelas de diferente índole que les afecte a su calidad de vida durante meses y años o para siempre. Contamos los fallecidos por decenas de miles pero nos podemos encontrar que las personas con secuelas pueden ser centenares de miles. Yo me pensaría mucho el tomarme a la ligera las medidas de protección y la vacunación. 

#Estodependedenosotros.

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