domingo 13.06.2021
Opinión
Azahara Merino
18:34
8/06/21

Una perspectiva ecofeminista sobre la transición justa

Una perspectiva ecofeminista sobre la transición justa

La crisis ecológica se plantea como uno de los retos globales de mayor trascendencia al que debemos afrontar como sociedad, cuya importancia ha quedado en cierto modo desplazada por la actual coyuntura de crisis provocada por la pandemia de la Covid 19. La persistencia de patrones insostenibles en el modelo productivo y de consumo han superado los límites biofísicos del planeta y existen ya múltiples evidencias científicas que apuntan que, de no realizar cambios estructurales en el sistema socioeconómico, estamos abocados a un colapso ecosocial (Prats, Herrero y Torrego, 2019).

Así pues, se vuelve urgente poner en el centro de nuestras estrategias el desarrollo de una transición hacia una economía más sostenible capaz de internalizar los riesgos generados en los sistemas de producción de bienes y servicios (Coscubiela, 2021). Para  Comisiones Obreras, es imprescindible garantizar una transición justa para las trabajadoras y trabajadores donde se maximicen las oportunidades de creación de trabajo decentes en todos los ámbitos, al mismo tiempo que se prevean y mitiguen los riesgos  de segmentación y exclusión social, así como los posibles impactos territoriales.

En este contexto, cobra especial interés abordar este reto desde distintas perspectivas y detectar los puntos de referencia sobre los cuales sería interesante apoyarse. El ecofeminismo se plantea como una opción factible pues integra dos de las luchas fundamentales de nuestra época -y de reivindicación sindical- como son el feminismo y el ecologismo.

El término ecofeminismo fue introducido en 1974 por la socióloga feminista François D´Eubone y cabe entenderlo como “una corriente de pensamiento y un movimiento social que explora los encuentros y posibles sinergias entre ecologismos y feminismo. De esta manera, y a partir de este diálogo, pretende compartir y potenciar la riqueza conceptual y política de ambos movimientos, de modo que el análisis de los problemas que cada uno de los movimientos afronta por separado gana en profundidad, complejidad y claridad” (Herrero, 2015).

A pesar de los diferentes enfoques que se han dado –y de ahí las distintas corrientes ecofeministas que han surgido- todas coinciden en señalar que la subordinación de las mujeres a los hombres y la sobreexplotación y destrucción de la naturaleza tienen la misma raíz. En este sentido, aluden al andro-antropocentrismo como causa común en la dominación patriarcal y en el crecimiento insostenible que infunde el sistema socioeconómico.

Ahora bien, centrando la atención en el ecofeminismo crítico y constructivista y alejándonos de otras visiones más esencialistas, este pensamiento sostiene que la asignación de roles y funciones que han originado la división sexual del trabajo, la cual ha establecido una dicotomía entre la esfera pública (propia del hombre) y la privada (propia de la mujer), han sido construidos socialmente bajo las relaciones de poderes patriarcales y por tanto está sujeto a la posibilidad de transformación (Puleo, 2019). Y, de este modo, afirma la necesidad de afrontar la crisis ecológica desde elementos claves para el feminismo tales como el patriarcado, el androcentrismo, el sexismo, el cuidado y el género (Álvarez, 2021).

Así, desde las premisas que somos seres ecodependientes e interdependientes, el diálogo que se establece entre ecología e igualdad de género fomenta la búsqueda de un modelo de desarrollo  comprometido no solo con los problemas sociales sino también con los ambientales (Álvarez, 2021). Asumir nuestra interdependencia en un mundo global comporta, en primer lugar, entender nuestra ecodependencia (Coscobuiela, 2021).

Por todo lo dicho, cabe destacar las aportaciones de la teoría ecofeminista a la transición justa. Si bien, la transición justa conjuga los empleos verdes con el trabajo decente, para ello debe existir una clara dimensión de género. En este sentido, es necesario superar la brecha de género en los empleos verdes y eliminar las barreras que dificultan a las mujeres a acceder a las nuevas ocupaciones (Merino, 2021) y, respecto a eso, se puede aplicar algunas de las líneas de las bases del pensamiento ecofeminista –por ejemplo, en el tiempo no remunerado dedicado a los cuidados y en la necesidad de corresponsabilizar el trabajo (Álvarez, 2021)-.

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