viernes 30.09.2022
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RELIGIÓN

El obispo recuerda que el rico lo es "a costa del pobre" en "un mundo que está mal repartido" por el "egoísmo"

Obispo
El obispo de Córdoba, Demetrio Fernández
El obispo recuerda que el rico lo es "a costa del pobre" en "un mundo que está mal repartido" por el "egoísmo"

El obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, ha recordado que ahora, al igual que ocurría con el rico Epulón y el pobre Lázaro, de los que habla el Evangelio, "el rico es el rico a costa del pobre, porque tiene lo suyo y lo ajeno, y el pobre es el pobre por culpa del rico, que no se inclina ni se acerca al pobre para ayudarle", lo que se debe a que "el mundo está mal repartido", pero no "fruto del azar ni de la casualidad", sino a causa "del egoísmo".

Así lo ha destacado el obispo en su carta semanal, recogida por Europa Press, en la que ha explicado que dicho egoísmo "alimenta la injusticia y retiene para sí lo suyo y lo ajeno, en una espiral creciente que hace que los ricos sean cada vez más ricos, a costa de que los pobres sean cada vez más pobres".

"Traducido a nuestro mundo, constatamos que la inmensa mayoría de las riquezas de este mundo está en manos de una minoría. El 80 por ciento de los bienes materiales de todo el mundo está en manos del 20 por ciento de la población mundial. Nosotros nos encontramos en ese 20 por ciento privilegiado, sin que hayamos hecho nada. No somos culpables de la situación, pero somos responsables de cambiar esta situación por un mundo más justo y mejor repartido".

A este respecto, Demetrio Fernández ha recordado que "cuando Jesús entró en este mundo injusto y pecador, adoptó una forma de vivir austera y sobria. Más aún, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza. El cambio que Jesús propone es una verdadera revolución subversiva desde el amor, es decir, que invierte los valores que el mundo valora por otra perspectiva de los bienes de este mundo".

Por último, el obispo ha aclarado que "los bienes de este mundo no son malos, son incluso necesarios para vivir. Pero son un peligro y el corazón humano pecador se deja llevar torcidamente de sus ansias y pone el corazón en estos bienes, olvidándose de la felicidad eterna, y del justo reparto de tales bienes".

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