domingo 29.01.2023
Cordoba Hoy

INFORME DE LA FUNDACIÓN ADECCO

Córdoba es la segunda provincia con un mayor índice de envejecimiento por detrás de Jaén

El índice cordobés es de 134 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16, cuando el índice andaluz es del 111,8%
Los llamados Yayoflautas mantienen una jubilación activa en Córdoba
Los llamados Yayoflautas mantienen una jubilación activa en Córdoba
Córdoba es la segunda provincia con un mayor índice de envejecimiento por detrás de Jaén

Un año más, las cifras de envejecimiento en España, y en todas las comunidades autónomas, vuelven a sorprender al alza. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2022 Andalucía ha registrado un nuevo máximo de envejecimiento, del 111,8% o, lo que es lo mismo, ya se contabilizan 111 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16. Esta cifra supone el mayor crecimiento de toda la serie histórica, de cuatro puntos porcentuales, teniendo en cuenta que el año pasado se situó en un 107,8%. En otras palabras, Andalucía nunca había envejecido tanto en un año.

Contrasta la cifra actual (111,8%) con la de principios del milenio, cuando Andalucía era aún joven. Como se observa en el gráfico, en 1999 aún había mayor población menor de 16 que mayor de 64, con un índice de envejecimiento del 70,7. A partir del año 2019 Andalucía es ya una región envejecida, con una tasa de envejecimiento que supera el 100% y que aumenta velozmente cada año, habiéndose producido el mayor incremento, de hecho, durante el pasado ejercicio.

Evolución del índice de envejecimiento en Andalucía
Evolución del índice de envejecimiento en Andalucía

Este envejecimiento imparable es fruto de la confluencia de dos factores: Una tasa de natalidad cada vez menor y una esperanza de vida en tendencia alcista. En efecto, el pasado año la tasa de natalidad en Andalucía alcanzó su mínimo histórico, con 7,7 nacimientos por cada 1.000 mujeres, un 39% menos que hace una década. Y aunque la tasa de fecundidad se recuperó ligeramente con respecto a 2020, anotó un valor mínimo de 1,27 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional (2,1), que debería alcanzar el 2,1 para que la población se mantuviera en el tiempo, sin disminuir su volumen.

El hundimiento de la tasa de natalidad, que viene experimentándose a lo largo de todo el milenio, se intensifica en este marco de crisis cíclicas, en los que se interponen numerosos obstáculos, principalmente de índole económico y laboral, que dificultan a muchas personas y parejas hacer realidad su proyecto familiar. Así, junto a los efectos de la pandemia aún presentes en muchas capas de la población, emerge hoy un nuevo elemento: el efecto del alza en la inflación y la crisis de suministros, agravado por la guerra de Ucrania: un escenario que dispara la incertidumbre y las dificultades económicas de muchas unidades familiares, que deciden posponer los nacimientos o renunciar a la maternidad o paternidad.

Mientras, la esperanza de vida continúa su escalada y hoy se sitúa en los 81 años en Andalucía, una cifra que si bien no ha experimentado cambios con respecto a hace un lustro, alcanza valores bastante superiores a los registrados en los años 90 (77 años en 1991).

Esta crisis demográfica tiene un gran impacto en otro indicador: El ratio de afiliados por pensionista. La actual relación cotizante-pensionista en Andalucía es de dos, una cifra que aún se sitúa lejos de la tasa 2,6 que, según los expertos, sería necesaria para que desapareciera el actual déficit contributivo de la Seguridad Social.

"El ratio actual no garantiza la sostenibilidad del sistema de pensiones y exige dar respuesta urgente a retos como la cronificación sistemática del desempleo entre los profesionales más veteranos, invertir más recursos para regularizar la economía sumergida o impulsar incentivos fiscales y laborales para impactar en las familias y estimular la natalidad. Además, los planes privados y de capitalización habrán de adquirir una progresiva importancia, como ya sucede en países como Alemania, Reino Unido o Dinamarca", afirma Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco.

A pesar de que el envejecimiento se dispara en Andalucía, la comunidad sigue siendo una de las regiones más jóvenes de España: solo Murcia y Baleares presentan índices de envejecimiento más bajos que la región andaluza, con un 108,9% y un 92,6%, respectivamente. A nivel nacional el índice de envejecimiento asciende hasta el 133,5%: se contabilizan 133,5 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16.

Envejecimiento en Andalucía por provincias
Envejecimiento en Andalucía por provincias

Por provincias, lidera el ranking de envejecimiento Jaén (137,6%, es decir, se contabilizan 137 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16), seguida de Córdoba (133,8%), Granada (119,1%), Málaga (115,2%), Cádiz (108,9%), Huelva (108,7%), Sevilla (102,6%) y Almería, que es la provincia más joven de Andalucía, con un índice de envejecimiento del 88,95%.

El envejecimiento de la población constituye uno de los fenómenos más determinantes de este siglo, siendo sus efectos ya muy evidentes, y particularmente visibles en el mercado laboral. Así, el 20% de las personas que tienen trabajo o lo buscan en Andalucía tiene 55 años o más, frente al 10% de hace una década: En 2030 alcanzarán el 30% de la población activa.

A pesar de este peso cada vez mayor de la fuerza laboral sénior, se produce una paradoja, ya que las personas mayores de 55 años encuentran dobles barreras para acceder al mercado laboral. En la actualidad, 138.800 profesionales que superan esta edad buscan trabajo en Andalucía y el 58% es desempleado de larga duración, una cifra que desciende hasta el 47% para el resto de la población.

Estas barreras tienen su origen en prejuicios y estereotipos sociales que se trasladan a las empresas en forma de reticencias a la hora de incorporar profesionales sénior. Por ejemplo, que sus competencias estarán obsoletas, que serán menos flexibles o que tendrán una menor capacidad de aprendizaje. "Se trata de creencias muy estereotipadas y anacrónicas, que además eclipsan los valores habitualmente presentes en las personas sénior como la experiencia, la madurez, el pensamiento crítico o la templanza", explica Mesonero. 

A estas creencias se une otro factor, y es "la tendencia a la cronificación del desempleo entre los mayores de 55 años: muchos afrontan la búsqueda de trabajo tras perder el empleo en su empresa de toda la vida, o acumulando largos periodos de inactividad, por lo que no están familiarizados con los nuevos canales de búsqueda de empleo o presentan dificultades para construir su discurso profesional y poner en valor sus competencias", ha añadido.

Talento sénior

A la luz de esta realidad, la Fundación Adecco reivindica el talento sénior como indiscutible motor para la competitividad de las empresas y del país en su conjunto: “el empleo de los profesionales mayores de 55 años no solo es un asunto de justicia social, sino un elemento clave para la sostenibilidad de nuestro Estado del bienestar, particularmente en lo que respecta al sistema de pensiones. La discriminación laboral por edad es una absoluta sinrazón, en medio de un invierno demográfico en el que la edad de jubilación tiende al alza y en el que los profesionales sénior van a convertirse en la fuerza laboral dominante.

Sin embargo, no se trata únicamente de un tema económico, sino de un factor crítico para promover un envejecimiento saludable y activo, teniendo en cuenta que el desempleo, especialmente cuando se prolonga en el tiempo, es uno de los grandes disparadores de problemas de salud mental (depresión o estrés) cada vez más frecuentes entre los desempleados mayores de 55 años. Es, por tanto, "fundamental posicionar el talento sénior como prioridad nacional, tanto en las dinámicas públicas como en las estrategias empresariales, de modo que las personas mayores de 55 años puedan competir en el mercado laboral en igualdad de condiciones y encontrar una ocupación de forma sostenible en el tiempo", indica Mesonero.

A este respecto, el directivo añade que "las políticas activas de empleo, con foco en la formación y recualificación de las personas sénior, para reubicarles, si es preciso, en otros sectores que actualmente están generando empleo, así como la apuesta por el #TalentoSinEtiquetas y las políticas de reskilling y upskilling en las empresas, son herramientas clave para poner en valor el talento sénior y avanzar hacia empresas y sociedades más competitivas y resilientes".

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