lunes 27.09.2021
Cordoba Hoy

SECTOR DE LA CONSTRUCCIÓN

La jornada intensiva combate el calor y aumenta la productividad

UGT pretende llevar al proximo convenio de la construcción que la jornada sea sin pausas el mayor tiempo del año posible
Antonio Loperas y Javier Delgado en los tajos explicando la jornada intensiva
Antonio Loperas y Javier Delgado en los tajos explicando la jornada intensiva
La jornada intensiva combate el calor y aumenta la productividad

El próximo lunes, día 14, comienza en Córdoba la jornada intensiva y recortada en el sector de la construcción para combatir los efectos de las altas temperaturas que suelen darse en el Valle del Guadalquivir en época estival, y que va a durar hasta el próximo 3 de septiembre, viernes, lo que suman un total de 59 días con siete horas de trabajo en las que sólo se hará la preceptiva pausa para el bocadillo, que, por supuesto, no se pierde.

Según el documento técnico 'Trabajos en ambientes calurosos', elaborado por la Consejería de Empleo de la Junta, a la hora de elaborar los niveles de alerta (verde, amarillo, naranja y rojo) mediante los llamados valores umbrales Córdoba se considera el extremo mayor, con 41 grados, mientras que en el otro extremo está Las Palmas con 30 grados. Teniendo esto en cuenta no es de extrañar que los trabajos físicos en la franja de la Campiña cordobesa sean, por tanto, considerados más peligrosos en verano y, por tanto, se haya optado por esa menor exposición a las altas temperaturas en el trabajo.

La pausa para el bocadillo

Precisamente ese documento, junto con un calendario laboral de construcción para la provincia de Córdoiba de este año, confeccionado por FICA-UGT, es lo que han repartido esta mañana a pie de obra el secretario de Acción Sindical de esa Federación, Antonio Loperas, y Javier Delgado, responsable del sector de la Construcción y Materiales de la Construcción de FICA-Córdoba, entre varios trabajadores para que tengan en cuenta que el próximo día 14 cambia el horario de las ocho a las siete horas diarias, con lo que hay que estar como clavos a las siete de la mañana ya trabajando.

En ese calendario se indica la inmensa mayoría de jornadas de 8 horas al año que se trabajan, tres días con seis horas cada uno (29, 30 y 31 de marzo) y 14 festivos, además de las 59 jornadas de siete horas.

Pues bien, el pasado año durante lo peor de la pandemia se llevaron a cabo acuerdos con la patronal para que las plantillas durante el Estado de Alerta pudieran tener una jornada intensiva, además de aplicar en algunos casos la reducida. Se hizo por seguridad y evitar la exposición al virus, pero "se comprobó que la productividad aumentaba", en palabras de Antonio Loperas. Dicho de otro modo, se trabajaba mejor y se rendía más.

¿El motivo? Lo explican los propios trabajadores. "No es lo mismo hacerlo todo de un tirón que tener que parar para comer y regresar por la tarde, que todo parece como a cámara lenta". De hecho, esas horas inmediatamente después del almuerzo es cuando viene el sueño y el esfuerzo físico cuesta más, además de que "la vida se ve de otro modo cuando tienes la tarde para ti y tu familia", señala otro antes de dirigirse a un compañero con humor: "Desde el lunes, a la playa".

Además, los datos están a favor: Van dos años seguidos buenos en el sentido de que se cumplieron a rajatabla la jornada intensiva y no hubo denuncias, especialmente en 2020 con los controles impuestos por la pandemia. "La última vez que hubo denuncias fue 2018 con nueve", señalan los sindicalistas.

Obras en Levante

Esta circunstancia es lo que ha hecho a UGT pensar en las bondades de este horario y, por tanto, "queremos abrir el debate e introducir la intensivo, que no reducida, lo en el convenio". Evidentemente no puede ser todo el año porque en invierno no hay luz solar para ello, "pero sí durante todos los meses que se puedan y así salimos todos ganando".

Y no todo el peso del incumplimientol recae en las empresas. "Si los trabajadores incumplen la jornada, se quedan fuera de la cobertura que pueden tener por un accidente de trabajo", advierte Loperas. En este sentido, las mutuas tienen claro que la construcción es un sector muy estricto, y cualquier modificación que se tenga que hacer del calendario "nos tienen que avisar a la comisión paritaria". Quien se salga de ahí, lo hace por su cuenta y riesgo, y no están los tiempos para jugar con la salud.

"Con la seguridad estamos todos muy conciéncianos, la empresa y nosotros", aseguran operarios de las obras que se están llevando a cabo en la zona de levante de la ciudad, "tendrá que estar pendiente la Inspección de Trabajo para que se cumplan los nuevos horarios", señalan. No obstante, hay que reconocer que lo del casco de protección en la cabeza, ahora que aprieta el calor les está costando a más de uno cumplirlo y cuando se van a hacer fotos, se escuchan voces de advertencia a los más despistados en este sentido. "La verdad es que está apretando y tenían que haber comenzado con la jornada intensiva ayer", señala un hombre sentado a la sombra durante la parada del bocadillo, porque "parecía que estábamos en un horno".

Un compañero suyo, a modo de burla, le responde "¡Qué va! Si tenemos todo el rato el aire acondicionado puesto y sólo tenem os que ponerle las pilas; el problema es que a veces no sabemos dónde están".

Antonio Loperas y Javier Delgado en los tajos explicando la jornada intensiva

Los sindicalistas de UGT afirman que el secvtor de la construcción se ha comprotado bastante bien durante la pandemia. De los ERTEs que se firmaron firmamos, el 98% correspondieron al metal, y en la construcción apenas sí se han producido. "Los trabajadores y empresas han aguantado bien", hasta el punto de que el sector ahora "crea empleo y son muchas las empresas que llaman al sindicato preguntando si conocemos gente preparada que quiera trabajar en la construcción, porque ahora mismo no hay profesionales de la construcción en desempleo", explica el secretario de Acción Sindical, quien añade que "es un sector que tira de la economía y sólo paró por Semana Santa de forma obligatoria", además de "no hay casos de contagio en las obras".

Quién lo iba a decir tras el reventón de la burbuja inmobiliaria en 2008.

Su compañero Javier Delgado se centra en lo práctico y señala que hay que estar pendientes de los síntomas y signos de un golpe de calor, porque pueden llegar a ser mortales si afectan al cerebro o a cualquier órray una fase inicial en la que se suda mucho, se producen pequeños mareos y la sensación de calor es elevada. "Ahí hay que ir a un sitio fresco sin sol, quitarse la ropa y enfriar el cuerpo de forma paulatina; no es bueno un cubo de agua como hacen algunos, sino a base de paños de agua fría en frente y cuello, y, sobre todo, beber agua a pequeños sorbos". La fase grave es la que aparecen las convulsiones, la pérdida de conciencia, se deja de sudar y la temperatrura corporal puede superar los 40 grados. Está calro que hay que llamas a los servic ios sanitarios con urgencia.

Por cierto que la hidratación ha de hacerse a ser posible con agua y no con cerveza, que es muy habitual en los parones para el bocadillo.