miércoles 01.02.2023
Cordoba Hoy

ESTEFANÍA CABELLO. ESCRITORA Y CIENTÍFICA

"La editorial Cántico va a editarme un libro con cinco cuentos sobre los colonos"

Estefanía Cabello posa para Córdoba Hoy
Estefanía Cabello posa para Córdoba Hoy
"La editorial Cántico va a editarme un libro con cinco cuentos sobre los colonos"

Estefanía Cabello hace honor a su apellido. Tiene aire de poeta romántica o de heroína de película ambientada en el XIX. Habla con dulzura y en sus ojos se puede reconocer su ascendencia del Centro de Europa. Y todo ese envoltorio esconde una voluntad de hierro para trabajar y pasarse horas escudriñando papeles hasta encontrar el dato que necesita.

Tiene la doble faceta de creadora e investigadora. En ambas ha resultado galardonada y ambas permiten en esta entrevistar saltar de una a otra sin perder el hilo de su visión de la vida y de cómo lo plasma sobre el papel. Ahora mismo se encuentra en Reino Unido continuando con su labor de investigación. para culminar una muy interesante tesis sobre mujeres periodistas que escribieron bajo pseudónimo masculino y que estaban en primera línea en los periódicos. 

Eso le servido ya, antes de finalizar su trabajo, para ser galardonada con la beca de la Fundación Yuste y el Consejo de Europa y el capítulo de sus tesis premiado acabará siendo publicado para que cualquiera con curiosidad pueda acercarse a esas mujeres. En estos días se encuentra en Córdoba, en su Carlota natal, con la familia y ha sacado tiempo para presentar su último libro, 'El cielo roto de Shanghái', publicado por la editorial Bartleby, en un acto celebrado el pasado día 19 y que estuvo conducido por Antonio Barquero.

Pero no todo es poesía y en breve sacará también a la luz su faceta de escritora en prosa con una serie de cuentos sobre colonos que bien se merece una novela o una buena película.

Todo ello compaginándolo con su investigación, que considera complementarios, que, en ocasiones, puede resultar tediosa. "Es un trabajo muy solitario y muy exigente, porque tengo que estar mucho tiempo investigando, con muchos fondos, con periódicos, haciendo hemeroteca, pero, además, del siglo XIX", señala. Y es que para encontrar a una autora, que es desconocida hoy en día, "igual tengo que mirar día tras día tres años de un periódico".

Estefanía Cabello posa para Córdoba Hoy
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Pero cuando encuentra algo debe ser como localizar una pepita de oro en la arena.

Te dan ganas de llorar.

¿Cómo lo celebra? ¿Qué siente por dentro cuando localiza una de esas joyitas?

Lo que hago es coger ánimos para seguir trabajando. En realidad, me provoca un subidón. Ten en cuenta que tanto tiempo mirando papeles es realmente aburrido.

Depende. Si realmente le gusta lo que hace y le emociona el hecho de poder localizar algo interesante en cualquier momento, tan aburrido no puede ser.

A veces hay momentos de bajón, de llevar semanas leyendo hemeroteca. Hablo de años como 1840, de lo que son los primeros periódicos, que por entonces se popularizaba mucho el mercado editorial, empezaron a hacer semblanzas, porque no había fotógrafos, y se hacían dibujos y es muy interesante. No lo niego. Pero, a veces, hay un vacío grande en el que no encuentras nada.

¿Su tesis de qué va, exactamente?

De mujeres escritoras en prensa y de rescatarlas. Desaparecieron, pero llegaron a estar en primera línea de los periódicos de entonces. Cómo han desaparecido algunas, y otras, no. Y por qué. Lo que se descubre al final es mucha historia política, que tenían conexiones políticas, conexiones de redes de sociabilidad, de personas importantes en el mundo de la cultura. Muy interesante. Se trata de rastrear todo eso.

¿Realmente estaban esas mujeres en primera línea en periódicos?

Algunas, sí.

¿Y está usted buscando sólo mujeres inglesas?

No. Españolas. Puede ser algo lioso. El premio que me han dado es por el último capítulo de mi tesis, donde hago una comparativa entre lo que estaba sucediendo en esos años en Inglaterra. Es que los ingleses y los franceses se nos adelantaban entre 20 y 30 años, siempre. Allí, en Inglaterra, ya estaban desarrollando una especie de estrategia editorial en torno a las mujeres escritoras, que luego copiamos aquí nosotros dos décadas después.

Estefanía Cabello posa para Córdoba Hoy
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¿Firmaban con su nombre?

Algunas, sí y otras, no. Algunas con el apellido del marido. Y algunas con pseudónimo, como fue el caso de Fernán Caballero, que luego se supo que era la gaditana Cecilia Böhl de Faber y Ruiz de Larrea, para que se pensara que eran hombres. De ese modo, les dejaban seguir publicando y colaborando en periódicos.

Lo curioso es que la totalidad de los directores de periódicos eran hombres y a ellos no les importaba ni les extrañaba que las mujeres escribieran, ¿no?

No tenían ningún problema a la hora de contratar a una mujer para hacer periodismo. Algunos sí que eran más progresistas, como el caso de Ramón de Mesonero Romanos. Él hizo muchísimo por intentar que colaborara alguna mujer importante, que se metieran ahí, como Gertrudis Gómez de Avellaneda.

¿Los premios que le conceden le animan de algún modo?

¡Claro!

¿Pero, por qué? ¿Qué le supone como escritora un galardón?

Supone un ánimo. A nivel académico sí que puedo estar más segura, porque estoy rescatando datos desconocidos y sé que estoy trabajando muchísimo, y sé que eso tiene un valor, porque le dedico un tiempo precioso. Igual tengo archivos en la biblioteca Nacional que sólo he tocado yo en dos siglos y que están ahí. Eso sé fehacientemente que supone una valía a nivel académico, y trabajo muchísimo por eso.

Pero en la creación, una tiene más dudas. Un pintor, un escultor, sin ir más lejos, creen e intuyen que lo que hacen está bien, pero no sabe si a la gente le va a gustar eso o si se lo van a reconocer realmente. Por tanto, el hecho de que te lo reconozcan con premios, con un jurado que te ha elegido, o que la gente te lea y vaya a un acto de poesía con 20 o 30 personas, que es una buena cifra para un acto de poesía, y ves, además, que son de diferentes rangos de edad, de diferente ideología, todo eso te hace seguir creyendo. Te permite decir es que son mis ideas y mi manera de buscar la belleza, o intentar entender mi vida o lo que a mí me gusta. Te da un subidón increíble y una motivación para seguir creyendo en ti. Crees en ti más, es como un reflejo.

Estefanía Cabello posa para Córdoba Hoy
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Bueno, usted acaba de unir dos cuestiones diferentes: Una cosa son los premios y otra que la gente de a pie le conozca, le reconozca y se lo diga. Un premio es algo más institucional: Un grupo de personas que hacen lo mismo que usted y eligen a uno de ellos, porque vale su peso en oro con lo que escribe. Y otra cosa es que un lector, que no es de los suyos, se lo reconozca. Antes ha mencionado a los pintores, sobre los que es más fácil que alguien le llegue y le diga "me encanta lo que estás haciendo". La poesía, sin embargo, es un arte un poquito más duro para lograr llegar al público.

Pues hay gente que se me acerca y me lo dice. Incluso hay quien me dice que tal o cual poema quería decir tal cosa, y yo no quería decir eso en absoluto, pero no me atrevo a replicarle, porque en realidad me parece fantástico y me parece más valioso así: Que el poema tenga plurisignificación. Me parece muy bien que para cualquier otra persona le diga algo diferente a lo que me dice a mí. Eso significa que lo que hago está funcionando. Si para ti significa algo y eres capaz de dar razón de ello, funciona.

¿Le cuesta?

¿Escribir, leer o qué?

Crear.

No me cuesta, pero sí tardo mucho. No soy de escribir todos los días. Y soy de cerrar obras y darles un margen de tiempo. De hecho, entre el último libro mío, 'El cielo roto de Shanghái', y el anterior, 'La teoría de los autómatas', han transcurrido tres o cuatro años.

¿Para qué deja pasar todo ese tiempo?

La poesía es todo el rato centrarte en ti mismo, buscar significación en ti mismo. A veces, de forma demasiado profunda, porque también tienes que dar mucho de ti o de dónde han ido tus heridas, o dónde tú ves las heridas que está habiendo alrededor, en la gente, en tu país, en lo que sea. Es algo demasiado intenso. No puedo estar en ese nivel de intensidad y significación a diario. Y también acompaña un poco el momento vital en el que tú te encuentras en ese momento.

Entonces, cierras un libro y es como cerrar una etapa y te dices "necesito descansar de esto".

Estefanía Cabello posa para Córdoba Hoy
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Vale, muy bien. Es comprensible. Pero ¿tres años?

A veces sí. A veces menos. Por ejemplo, ahora yo ya estoy terminando otro y todavía no he presentado éste (la entrevista se hizo poco antes del acto de presentación).

Pero, según lo que está planteando, ése que ya está haciendo lo dejará que madure en el tiempo, ¿no?

Es importante, en realidad, que repose un poco. Y luego revisarlo, porque así, además, hay más diferencia entre una obra y otra. Si no hay tanta distancia de tiempo, hay más riesgo de que te repitas.

Pero eso sería de lógica. Ustedes los poetas se repiten como buenos artistas en torno a una idea obsesiva.

Pero también nos reinterpretamos. Va un poco en relación a las fases vitales.

¿Ve malo que alguien se repita o se reinterprete? ¿No forma parte eso de su esencia como escritora?

Yo pienso que hay dos líneas de estética y puedes abogar por una de las dos. Una son las personas que más o menos siempre son los mismos temas, y más o menos también la misma manera de decirlo. En esos casos tú puedes coger un libro de 1990 y otro de 1970 y decides que es la misma persona. En realidad es lo mismo.

Pero yo abogo más por otra línea, que es la de si yo cambio, y cambia mi contexto social y hasta la ubicación, aunque hay una voz de fondo que más o menos se reconozca, pero cambiar en algo. Es mi apuesta.

Estefanía Cabello posa para Córdoba Hoy
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¿Entonces alguien puede coger un libro suyo, el primero, '13 segundos para escapar', y compararlo con éste último y se atrevía a decir que no es el mismo autor, quizá?

No que no sea la misma persona, pero sí que se ha producido un cambio, una transformación en esa persona.

¿Pero la reconocerían?

Creo que sí, porque siempre hay una voz que permanece.

¿La suya cuál es?

No es fácil decirlo. Pero algunos críticos del jurado que me otorgaron el segundo premio, entre los que estaban Guillermo Carnero o el poeta mexicano Díaz Vélez, me decían que yo era una poeta divergente, y que estaba como en los márgenes un poco de todo, pero que rescataba en parte el discurso anterior y que se veía mucho mi formación académica y eso se volcaba de algún modo en la obra. Pero el hecho de estar, como dicen ellos, en los márgenes es algo que pienso que sí está en mi poesía.

Cuestiones como pensar mucho sobre tu país, tu hogar, dónde creces y dónde te desarrollas como persona. Hay mucho de otros países, de otras culturas, de otras cuestiones en el libro 'El cielo roto de Shanghái'. Hay mucho de identidad, de nación. Mucho sobre el momento en que estamos ahora de las nuevas tecnologías.

¿Estamos evolucionando o involucionando? Eso, por ejemplo, ya estaba en los primeros libros. Siempre hay algo del libro que conecta con lo anterior. Al final es algo que a mí siempre me mueve.

Estefanía Cabello posa para Córdoba Hoy
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Cuando comenzó a escribir poesía, ¿por que fue? Quiero decir, ¿un buen día se levantó y se dijo "soy poeta"?

Bueno, yo había leído muchísimo. Era una niña muy lectora y doy gracias a eso. Ahora soy d0cente y doy clases a gente a las que les llevo ocho años de diferencia. Y hay un salto generacional claro. Mis alumnos no van tanto a la biblioteca, no van al formato físico. Tienen impaciencia y una inseguridad tremenda. Si no saben buscar un libro eso les provoca ansiedad. Y eso lo noto, porque están hiperconectados todo el rato y quieren resultados rápidos, inmediatos.

Eso, en realidad, es un discurso de pensamiento diferente, porque les obliga a pensar menos y lo estoy viendo en quienes han nacido en el año 2000, 2001, 2002, que ahora son alumnos y les veo en ese plan. Yo cuando estudiaba, en 2011 o 2012, que entré al grado en Córdoba, aún íbamos a la biblioteca, los profesores todavía no te daban tantas facilidades y no estaban en el punto de mira de que tienen que darlo todo, porque en caso contrario su figura de autoridad cae. Y eso es un salto de generación.

Cuénteme un poco lo que hay en su nuevo libro, por favor.

Fue finalista del Premio Adonais hace tres años, pero consideré entonces que lo iba a dejar en un cajón. No salió publicado y me dijeron que tenía que repensar alguna cosa, pero que el libro estaba genial. Sobre eso, y a modo de ejemplo de lo exigente que llego a ser y lo que supone el trabajo del autor, lo saqué un día del cajón y dije que borraba el 70% del libro (se ríe).

Veía algo y decía esto no lo volvería a escribir y lo eliminaba. Por tanto, lo que hice fue coger la idea y el título, porque lo escribí justo después de volver de China, donde estuve viviendo antes de entrar en la tesis, y me sorprendió tanto cómo vivía allí la gente, cómo yo creía que iban a vivir, y eso me sembró una serie de tensiones que me vi en la obligación de escribir sobre ello. El malestar que vi allí y todas esas emociones me hicieron escribir. De todo eso quedó vivo el 30% y luego lo que he hecho es ir añadiéndole ya otras partes.

El libro tiene tres partes, y de esa parte de China sólo hay un 30%, que era el inicio del libro que escribí hace tres años.

También es un libro que va desde lo pesimista a lo positivo. Quería lograr eso, que para mí era el salto más complicado, escribir no siendo pesimista, sino tratar de ver si va a quedar alguna esperanza. Porque me ha terminado cansando lo mucho que se ha escrito sobre la pandemia de la Covid-19, todo en clave muy negativa y muy triste. Y yo quería comprobar si era capaz de terminar el viaje del libro, porque pretendo que sea un viaje, y que la parte final supusiera volver a la Andalucía que añoraba, que era la de mi infancia. Yo nací y crecí en La Carlota, en la aldea de Los Algarbes. Estudié en un colegio rural.

Estefanía Cabello posa para Córdoba Hoy
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Yo vuelvo a esa infancia, a esa sensación de que igual no necesitamos tanto para ser felices. Volver a esos recuerdos.

¿Cuántos poemas hay en el libro?

No lo sé. Soy un desastre para eso. No cuento los poemas ni nada. Sí te digo que tiene tres partes, cada una con sus poemas.

¿Está queriendo decir que esa obra final no tiene apenas que ver con lo escrito hace tres años?

Sí tiene que ver en cuanto a algunos temas que me preocupan.

Pero físicamente, no.

No.

¿Podría hacer otro libro de aquello?

¿Con qué?

Con el 70% que ha eliminado.

Me dije que esa experiencia tan desagrádate merecía ser tirada. Y la tiré (se ríe).

¿Lo ha tirado? ¿Literal?

No tirado como tal, pero sí reciclado. Está en un world, en la nube. Y ahí se queda. He cogido algunas cosas y de otras sencillamente me dije que ya no valían.

Con lo que cuesta escribir, ¿no le ha dado horror abandonarlas?

No. Al contrario. Pienso que es necesario. Precisamente para no caer en la repetición dentro de la misma obra. Y hay una cuestión que al poeta, o al creador de literatura en general, se le plantea y se le impone, y es que un verso sea recordable, o que una serie de versos sean recordables.

Pues bien, no van a ser todos recordables y hay algunos poemas que no son tan potentes ni tan buenos. Es también necesario saberlo. Muchas veces pienso que estos versos los puedo eliminar. Y empiezo a presionar la tecla de borrado y no paro.

Estefanía Cabello posa para Córdoba Hoy
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Pues eso de buscar versos que se recuerden lo hacen los raperos, que muchos de ellos son auténticos poetas urbanos. Otros, no, claro.

Pues los poetas también buscan eso, que conste.

Usted cree que me he olvidado que hemos dejado pendiente la pregunta de por qué empezó a escribir versos.

¡Ah! Pues es una cuestión muy curiosa. Ya te he dicho que yo leía mucho, pero sin escribir. Yo escribía fragmentos de cuentos. En mi caso era una poeta que quería escribir narrativa, al revés que los narradores que decían que querían ser poetas y eran poetas frustrados por lo que al final escriben prosa. Pues yo al revés.

¿Y tiene escrito ya algo en prosa?

Sí. Y va a salir. El caso es que me fui a la capital de México con 18 años. Coincidió con el asesinato de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Me invitaron a un ciclo de poesía, por si quería leer algún poema. Escribí un poema que se llamaba 'Nueva España', que al final ha sido traducido el inglés, al italiano. Es mi poema más reconocido, pero es verdad que es de cuando menos escribía. Todo lo ocurrido allí me impresionó mucho. Yo he sido una poeta tardía en el sentido de escribir en México por esa experiencia de lo que vi ahí: La violencia, las desapariciones, jóvenes superasustados... Eso me hacía escribir.

Por eso, mi poesía empezó muy vinculada a lo social. A denunciar todas esas cuestiones, a replantearlas. De ahí son mis primeros poemas. Leí 'Nuerva España' en el Fondo de Cultura Económica, que es donde leía Luis Cernuda, y todos los exiliados que México acogía de la guerra. Ahí fue mi primera lectura y el primer poema. Ahí, en México, comencé a escribir del tirón.

¿Su poesía es de corte político?

Digamos que el primer libro sí hay mucho más, no política, pero sí de denuncia social que luego. Con el tiempo sigue habiendo algo, pero he intentado buscar otras voces diferentes, que no se limite sólo a eso.

Pero al principio sí que estaba muy apegada a eso, porque surgió de esa experiencia. Y escribí un libro del tirón, con 18 o 19 años. Lo presenté al Gloria Fuertes y lo premiaron. Entonces ya fue un seguir de continuo. Es cierto que tengo la suerte de que no escribo tanto, pero lo que escribo ha ido saliendo. Y ahí sí que soy muy afortunada, porque el mercado editorial y los premios no son tan accesibles.

Estefanía Cabello posa para Córdoba Hoy
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¿A usted le gusta lo que usted misma escribe?

Sí (duda). A veces tengo una relación de amor-odio. Hay momentos, épocas, que te dices que estás harto y que ya no se sabe ni cómo voy a escribir. Pero otras veces estás más segura y confías en que puedes continuar, porque es lo que me gusta y se me está reconociendo. Te diría que sí que me gusta, pero como en muchas ocasiones hay cuestiones personales plasmadas en los poemas, o de las que una se distancia, a veces aparece esa relación de amor-odio; no sabes ver de cerca.

Por ejemplo, un poema sobre una relación que se ha acabado, lo tienes que leer dos o tres años después de aquello, con otra vida diferente, entonces es más vinculable a lo emocional, sabiendo que ya estás en otra etapa, pero a mí sí que me gusta, pero de cerca uno no ve tan bien como de lejos, pierde perspectiva.

¿Se sabe poemas suyos de memoria?

Soy pésima para eso. Me los sé de otras personas (se ríe) y de otros poetas, pero propios no.

¿Pero se reconocería siempre? Alguien le pasa un papelito con unos versos, ¿sabría que son suyos?

Sí, eso sí. Indudablemente.

No los recuerda, pero se reconoce. ¿El poeta tiene muchas máscaras?

Sí. Muchísimas máscaras. Si ya todos tenemos máscaras como personas, que por cierto procede del griego que significa llevar una máscara, y me encanta porque tengo un poema que se llama 'Máscara' en este libro, que habla sobre eso: Máscaras para la gente, máscaras para su entorno, incluso a veces máscaras para uno mismo, para ir conociéndonos mejor poco a poco, el poeta más.

Ten en cuenta que el poeta a lo que juega es a cuestionarlo todo, a darle la vuelta, a coger esto y aquello. Decía Pessoa (que, por cierto en castellano significa 'persona') que el poeta es un fingidor, y es verdad. A veces tú puede escribir incluso de una relación que no has tenido y desarrollar con eso un poema épico de cinco páginas.

Imagínese que alguien coge su libro sin que aparezca su nombre puesto en la portada. ¿Reconocería que hay una mujer detrás?

Sí (contundente).

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¿Sí? ¿Por qué?

Porque hay poemas en los que hablo desde la voz de la mujer. Es muy curioso que ahora se juega con eso. En teoría, a los concursos nacionales te presentas bajo una plica, y ahora se está premiando más la voz de la mujer. Es llamativo, porque sucede algo parecido a lo ocurrido con el Premio Planeta, que Carmen Mola resultó ser el nombre con el que escribían tres hombres, y eso se está trasladando en cierto modo también a los premios de poesía. Yo he sido jurado ahora del Premio Planneo del Ayuntamiento, y había un poema muy bueno que en teoría hablaba de la sensualidad del cuerpo de la mujer. Creíamos que era una mujer la que hablaba y al abrir la plica resultó ser un chico joven. 

Estamos en un momento en que incluso esos temas, que antes se hablaba desde la voz de la mujer sobre tu cuerpo, la sensualidad, de cómo tú ves el mundo, ahora eso se está difuminando justo en el momento ideológico en el que nos encontramos.

Pero en este libro (pone su mano sobre el ejemplar que ha traído de 'El cielo roto de Shanghái') sí que hay una mujer. Y es real y corresponde a eso.

¿De qué manera lo plasma, por ejemplo?

Por ejemplo, hablo en las primeras partes de Shangai de una chica que está perdida en la ciudad, y es algo que se ve claramente y es evidente (se ríe). Al poeta siempre le queda decir que no es una persona. En este caso no era de allí. Era lo que yo veía en mi viaje: A muchas jóvenes en la ciudad, muy perdidas, muy sin pensar, muy en su aparato genealógico, y es que es una sociedad de la que a mí me ha costado mucho entrar. Yo he viajado, y he visto que ahí no se puede opinar fácilmente de ciertos temas.

Te cuento una anécdota a modo de ejemplo. Allí fue mi primer trabajo como profesora universitaria, en una universidad privada, con 23 años. Una parte de mi docencia era proponer debate y hablar sobre temas con los alumnos chinos de 20 o 21 años. Les pregunté, con mi inocencia de entonces, su opinión sobre Mao Zedong. Pensaba que como a veces en China se debatía sobre la política se podía, pero te das cuenta que hay temas tabú.

Estefanía Cabello posa para Córdoba Hoy
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Aquí en España a veces se sigue sin poder hablar de Franco.

Pues cuando lo planteé se quedaron todos lívidos en la silla y nadie hablaba. Me di cuenta y les planteé cambiar de tema. Luego se me acercó un alumno y medio me amenazó diciéndome que yo estaba en una universidad privada y que no volviera a sacar ese tema y que tenía que saber dónde estaba. Es verdad que allí ellos no pueden opinar, ni siquiera por ninguna red social ni hablar de eso. Es tabú. Eso, unido a la represión que yo veía y a la profunda dormidera mediática de que están con la tecnología constantemente.

¿Allí también?

Allí más. La tecnología tiene su propio mercado. Todo es eso. Muchísimo plásticos, apenas hay árboles por la contaminación de sus grandes ciudades. Son árboles falsos, como con luces, y están todo el rato con el móvil, mucho más que aquí. Todo eso a mí me hacía replantearme muchas cuestiones. Y yo hablo de alguna joven en general, pero me refiero a lo que yo veía. Esa gente que casi tenía mi edad que vivía en una sociedad donde es difícil pensar, y donde no les gusta ni promueven el pensamiento crítico, precisamente adrede.

¿Cuando usted escribe tiene sus propios truquillos? Por ejemplo, TS Eliot golpeaba un pandero y trataba de ir rimando al ritmo que marcaba.

Me encanta TS Eliot. No. Yo no. Sólo tengo una obsesión: Tengo que estar sola a la hora de escribir poesía y me obsesiona el cierre del poema y el inicio. Me obsesionan tremendamente en el sentido de que tienen que ser buenos.

¿Tiene el inicio y el final antes incluso de empezar a escribir?

A veces tengo el final. Y es muy jodido eso, porque ahora te ves en la obligación de crear un poema sólo para ese final. Y a veces también es una trampa creativa, como cuando ves el título y el final y te dices ¿y ahora qué tengo que desarrollar?

Cuando inicia un proceso de creación, ¿es una palabra lo que le inspira, son imágenes en un viaje? ¿Qué?

Es una imagen. O una idea. Eso lo tengo muy claro y eso varía entre unos poetas y otros. Pero para mí es una idea primero.

¿A usted le costaría, por ejemplo, estar en la calle y que alguien le dijera haga un poema con la palabra tal o cual?

Eso no me gusta nada. Además de que me bloquea.

Eso lo hacen, por ejemplo, en Cosmopoética.

¡Sí! Lo sé, me consta. Y además, no son palabras fáciles: Ladrido, paraguas (se ríe). Y la verdad es que admiro cómo lo resuelven.

Insisto con los raperos, pero es que eso lo suelen hacer también.

Para mí sería más fácil que me pidieran hacer un poema sobre tal o cual situación. Una idea, un concepto.

¿Y entre libro y libro escribe piezas sueltas que no tienen por qué acabar en un libro, sino para usted misma?

Escribo poemas sueltos. En realidad, también tengo una relación de amor-odio con eso. En el sentido de que ahora que acabo de acabar un libro y ya estoy tranquila, de repente se te viene una idea o algo y empiezas a escribir y cuando ya tienes como cinco o seis poemas pesa sobre ti la obligación de tener que darles forma de libro, porque es muy difícil publicar cosas sueltas. Eso me lleva a momentos de enfado con la situación. Estoy hasta arriba de trabajo, metida de lleno en la tesis, y me ataca la inspiración.

Precisamente, quería preguntarle cómo consigue compaginarlo todo. La parte de investigación le roba mucho tempo.

Es complicado, y a la investigación, además, hay que añadirle las clases de docencia. Pero también hay que decir que es complementario, y ocurre algo que no sé si les pasa a los poetas y raperos: Cuanto más trabajo tengo, cuando estoy meses sin escribir poesía y muy saturada del trabajo, como me ocurre ahora mismo, empiezan a venírseme las ideas. Es como si mi mente me quisiera liberar un poco de lo otro, y, evidentemente, las apunto. Por eso digo que son cuestiones complementarias, porque me ayuda a desconectar un poco de ese mundo, a veces tan académico y tan oficial, y permite centrarme en uno más creativo. Es muy positivo por su complementariedad, me retroalimenta de alguna manera.

¿En los demás libros suyos los poemas tienen relación unos con otros, o son entes independientes que fueron escritos en una época concreta y, por tanto, forman parte de un poemario por narices?

Como forman parte, más o menos, de un mismo proceso vital y tampoco hay tanta distancia entre la creación de unos poemas y otros, sí que se relacionan. En donde sí hay distancia es luego en la revisión. Por lo general es así, pero siempre te queda luego algún poema que no puedes incluirlo. Dos o tres poemas sueltos que van a esa papelera virtual, o mejor dicho se quedan ese escritorio perpetuo. Pero es está bien, porque muchas revistas a veces te piden poemas inéditos, y para eso pueden servir.

¿No tiene usted blog para esas cuestiones?

Tengo una página web.

¿Y ahí no plasma esos poemas sueltos?

No. Es que no sé hasta qué punto eso va a ser materia de un libro, y en ese caso no podría ya publicarlos. No te dejan usar los que estén publicados en un blog. De hecho, hay muchos premios y concursos nacionales que te exigen que la obra sea completamente inédita en todos los sentidos. Ni en revistas ni en páginas web, porque deja de ser inéditas. A veces te dejan publicar tres o cuatro poemas máximo, un porcentaje representativo de tu obra. Todo está vinculado a los derechos y a la novedad. Ellos pagan por un producto para editarte.

¿Entonces qué le dejan poner en una web?

Pues te dejan tres o cuatro poemas de un libro ya publicado. Más no. Es un mundo muy curioso. Si a mí me llaman para una entrevista y me dicen que les tengo que dar cinco poemas, le tengo que preguntar a mi editor si puedo hacerlo. Generalmente te dicen que sí, pero tienes que pedir permiso, porque ellos tienen el depósito legal.

Por tanto, en mi página tengo tres o cuatro piezas de cada libro. Antes tenía una sesión de 'Inéditos', pero la eliminé, porque eran poemas que ahora salen en libros.

También lo uso para incluir una muestra de mi trabajo académico, de mis artículos, y también una parte artística de fotografía, que a mí me encantaba. Ya no hago fotografía por mera falta de tiempo. La fotografía es un poema en sí, es otro arte y el cine, igual. Pero no hay tiempo para desarrollarse en todas esas artes.

Volviendo al tema de la tesis, ya que lo ha sacado de nuevo, ¿para cuándo la tendremos publicada?

Para septiembre de 2024, más o menos. Es algo que tengo que tener claro. Tengo un contrato con el Ministerio. La tesis son entre tres y cuatro años aproximadamente y ellos me pagan cuatro años por investigar. Por lo general, para cuando se te acaba la beca es cuando tienes que presentar su tesis.

¿Y cuándo sabe hasta aquí hemos llegado? Lo digo porque cuando uno se pone a investigar a la postre eso nunca acaba, ¿verdad?

Uno piensa que tiene que seguir añadiendo, es cierto. La tesis, al final no deja de ser un tema de especialización, donde tú vas a conocer mucho sobre algo y las lecturas siempre te acaban llevando a otras lecturas. Llega un momento en el que dices tengo que cortar, y lo demás puedes acabar dándole forma de artículo de revistas científica.

Pero al inicio no lo ves nada claro. Llevo ya dos años con la tesis. Ahora sí empiezo a tener claro lo que me falta y dónde tengo que cerrar.

Si tuviera que indicar un porcentaje de hasta dónde ha avanzado, ¿en cuánto está? ¿En un cincuenta por ciento?

Un 60%. Está bastante avanzado.

¿Y ya llega a alguna conclusión?

Sí.

Veo por su silencio tras la afirmación que no me piensa adelantarme nada.

No. No puedo. Un capítulo de mi tesis me lo van a publicar seguro en una editorial europea de prestigio.

Menos mal, porque el tema que ha elegido para su investigación puede estar dirigido perfectamente para el gran público.

Es cierto. Mi reto es cómo algo tan científico o de puros datos lograr hacerlo divulgativo. Es lo que más me interesa y que no se limiten a lee mi tesis los catedráticos que estudian los siglos XIX y XX o periodistas, o mujeres en prensa, sino que si hay datos desconocidos y hay gente muy curiosa, pues que se divulguen bien. Ahí está la diferencia. Porque el discurso hablado y escrito que te piden en el lenguaje académico a ese nivel es por completo diferente.

Es un tema muy bonito que influye en lo que pasó luego con todo lo del voto sufragista, de los años 20, Fueron las primeras mujeres que salían escribiendo bajo un nombre masculino porque no podían escribir como mujer. Pero me interesa saber cómo compaginaban la casa y la familia cuando lo que querían era poder trabajar fuera. Y eran mujeres del XIX, antes de que empezara todo. Es muy interesante ver cómo eso influyó notablemente ahí y cómo muchos hombres que tenían el poder y eran periodistas o eran del Ateneo de Madrid, les interesaba colocar esas ideas, porque eran más progresistas y porque era un desastre lo que estaba ocurriendo políticamente con todos los cambios de los Carlistas e Isabel II y demás.

Por cierto, ya que ha hablando de la prosa antes, profundice un poco en esa materia. Es una faceta previa a la de poeta.

Es previa, pero se quedó ahí. Y hace unos años lo retomé. La Agencia de Institución Cultural de la Junta de Andalucía me dio una especie de ayuda o beca, porque les presenté un proyecto. Fue en un momento en el que no tenía aún mi contrato y estaba en la transición hasta que te dan el contrato tras acabar el master y hay unos años que te quedas sin nada. Se abrieron unas ayudas a la convocatoria de creación y opté por ellas.

Ellos seleccionaban algunos proyectos para dar 3.000 euros para esos meses y poder escribir. Yo presenté mi proyecto de cuento histórico y me lo seleccionaron, con la condición de que tenía que entregarlo en un año y que eso se podía publicar y que lo presentara y lo moviera por editoriales, costando siempre que había sido becado por la Junta.

Lo acabé, lo dejé un tiempo, lo revisé y lo empecé a mover por editoriales. Y hay una que me gusta mucho y quiero muchísimo a su editor, Raúl Alonso, y es andaluza. La de Cántico, que forma parte del grupo Almuzara, y me dijo que me lo publicaban. Va a salir pronto.

¿Y qué tipo de cuentos son?

Yo vengo de ascendencia alemana, de La Carlota, y el punto de investigadora ya no lo puedo parar. Me dije que quería hacer mi árbol genealógico y quería saber si procedía de los primeros colonos. Finalmente, lo encontré. Investigando encontré historias completamente turbulentas con lo que pasó con los colonos que vinieron a La Luisiana y a La Carolina. Me pareció brutal y decidí hacer una serie de cuentos que hablara de ello. Son siete cuentos cortos y hablo desde la voz de la mujer en diferentes generaciones. Me he tenido que meter en la piel de una mujer que llegó siendo colona a una Andalucía pobre, hasta la actualidad, una chica que vive en un pueblo de éstos. En medio de Andalucía, donde no hay tantas oportunidades y al final se tiene que ir.

¿Y qué es lo que pasó con los colonos? ¿Por que dice que fue brutal?

Fue una idea de Campomanes, Pablo de Olavide y demás ministros de Carlos III, que prometieron a gentes de Alemania y Alsacia tierras, dinero, ganado y casas. Vinieron 3.000 a finales del Siglo XVIII. Y todo lo que les prometieron era mentira. Llegaron, algunos tuvieron que hacerse chozas, empezaron a enfermarse con fiebres y contagios. Llegaron en agosto y no estaban acostumbrados al sol de esta tierra. Comenzaron a enfermar y a morir. Se contagió una fuente que era la única que había cerca. Murieron muchos.

Además, estaban los bandoleros de Écija. Cuando aún no estaba La Carlota y sólo había Écija y Córdoba y Sierra Morena por medio plagada de bandoleros. Asaltaron por las noches algunas casas colonas y hubo asesinatos. Una familia entera murió asesinada. Se les obligó también a quedarse a pesar de todas las penurias. Es una historia increíble desde el punto de vista histórico.

Eso me impactó mucho y quería hablar de eso. Sobre la situación que se encontraron al llegar y lo que tuvieron que pasar. Porque gracias a eso yo existo y se ha constituido La Carlota. Pero se creó en una zona de asalto, muy pobre, en medio del Camino Real, de Cádiz a Madrid. Me parece una historia fascinante y conecta realmente con donde yo he crecido y mi raíz y mi árbol genealógico.

¿Qué apellidos tiene usted?

Muy normales, Cabello y Rosa. También están Vich, Valls, y el primer apellido de mi tatarabuela era Catalina Brunsvik.

¿Y va a seguir con la prosa?

Presenté la idea a una editorial y me plantearon hacerlo en novela, de corte histórica, que vende más que los libros de cuentos. Pero todo eso me demandaría muchísimo tiempo. A mí me gustaría escribir novela, y de hecho tengo un proyecto de narrativa, que llevo con él cinco años, pero es que ahora mismo no puedo, porque la narrativa requiere que escribas todos los días, y reescribir varias veces. En una novela no puede permitirte el lujo de perder la verosimilitud ni que haya fallos ni errores. Es un trabajo de unos meses sólo para eso y ahora mismo no puedo.

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