ENTREVISTA. FRACO, FOTÓGRAFO PREMIADO DE BODAS, BAUTIZOS Y COMUNIONES

"Si una fotografía te produce cualquier tipo de sentimiento, sea el que sea, eso para mí ya es arte"

El premiado fotógrafo Fraco FOTO FRACO FOTOGRAFÍA

Si decimos Francisco Álvarez Bernier, sólo lo van a conocer su círculo más íntimo de familia y amigos; si decimos que es Curro, el círculo se amplía, pero si ya hablamos de Fraco, al menos los de su gremio, los fotógrafos, lo conocen y le tienen en gran consideración.

Es fotógrafo de bodas, bautizos y comuniones, una profesión a la que se ha dejado de mirar por encima del hombro, y acaba de conseguir un premio Goya Aragón, uno de los galardones más prestigiosos del país, por detrás sólo de los Premios LUX, de los que aún no. ha conseguido ninguno.

Tiene 48 años y es natural de Guipúzcoa, de Aretxavaleta​​​ para más detalle. Se empezó a formar en Fuente de Cantos (Badajoz) y terminó su educación en Sevilla estudiando Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad. Pero ahora trabaja de fotógrafo.

En sus inicios era ilustrador. Hacía montajes de fotos por encargo y un amigo suyo le dijo a su sobrina madrileña que Fraco le cubriera su vida en materia de fotografía. "Yo pensé que se trataba de hacer el catering, porque nosotros éramos catering de boda, y pregunte que cuántos eran; se quedaron extrañadas y dijeron ¿eso qué mas da para que me hagas las fotos?", recuerda. Le advirtió que él no había cogido una cámara en su vida –"sólo sabía encenderla y apretar el botón"–, pero si la muchacha se atrevió ha hacerle el encargo fue porque su tío se empeñó, y como para ella era como su padrino "en plan Al Capone", acabó aceptando. "Me presenté con una compacta, on la Sony CyberShot 3.2, que no se me olvida; con eso hice la boda, y me dieron hasta 200 pavos de propina". Se dijo que si todas las bodas eran igual, que bien merecía la pena dedicarse a esa profesión. "Pero nunca más en la vida me volvieron a dar eso; fue la única".

El premiado fotógrafo Fraco FOTO FRACO FOTOGRAFÍA

¿En esa primera boda es donde se le metió el gusanillo de la fotografía?

No. Vieron esas fotos en mi pueblo, me vieron de fotógrafo y la verdad es que no sabía qué decirles, aunque yo no supiera. Al año siguiente hice cinco bodas, al siguiente fueron nueve y así fueron llegando más. Y, sí, con el tiempo le cogí el gusto. Me dije "esto mola".

¡Hombre, pues. claro que mola! Pero ¿qué tiene usted? ¿Un don innato o qué?

Es que yo vengo del dibujo. Y lo que pasa es que el control de lo que es una sombra, una luz, yo lo tenía innato. Entonces, empecé a desarrollarlo. Me preguntaba por qué la fotografía tenía que ser disparar con una cámara y punto cuando la luz no me gustaba. ¿Por que tenia que limitarme a disparar? Y comencé a usar focos, porque nadie usaba flashes fuera de cámara. Podría haber usado flash encima de una cámara, pero ¡es que ni siquiera sabía cómo se colocaba! Pero el foco, sí, porque era muy sencillo: Le daba a un botón y se encendía. Luego regulaba la luz, y pensé que eso era lo que yo quería. Más tarde ya sí empecé a meterme en el flash y manejar la luz. Y hasta hoy.

Pero supongo que luego se habrá formado, ¿no?

No, no. Lo que sí he hecho es ir a muchos congresos de los que organizan aquí. Todavía voy. Estuve un tiempo haciendo fotos sin tener aún relación con otros fotógrafos, porque ¿quién era Fraco? Si es que Fraco no era nadie. El caso es que estaba en un foro internacional de fotografía, que creo que fue en Chile, y veía que ahí sí trabajaban cosas, como las luces fuera de cámara, y eso me llamó mucho la atención, así que empecé a seguirlos. Contemplaba sus fotos y yo decía "esa luz está hecha por aquí; se la han metido como si fuera a través de una ventana". Y fue así como fui aprendiendo.

Autodidacta.

Total. Puro y duro. Madre mía. 

De todas formas a usted se le considera, al menos en Córdoba, uno de los mejores fotógrafos de boda.

No, ¡que va! ¡Ni mucho menos! Aquí los hay mejores que yo durmiendo. Lo que pasa es que tengo un estilo muy marcado; muy particular.

¿Por qué? ¿En qué consiste?

Mi inspiración siempre ha sido Caravaggio. Así que imagínate el concepto de fotografía que hacía antes.  Ahora ya lo he relajado. No sé si es la edad lo que ha hecho que rebaje ese dramatismo o también ha sido que le haya querido dar un poquito más de visibilidad a la imagen. Que no estés tan concentrado en una persona, de modo que toda la luz la lleves sobre esa persona y el resto parece que ni exista. Yo era muy dramático, ¡pero mucho! No te puedes imaginar hasta qué punto. Ahora me he suavizado. Creo que es como cualquier persona que lleva muchos años en una profesión y tiene una necesidad de cambio. Pues eso es lo que me ha pasado a mí y me he relajado un poquito. Sigo trabajando absolutamente igual, pero relajando el dramatismo.

En cualquier caso, hay que tener ojo innato para hacer fotos. Como usted bien ha dicho antes, no se trata simplemente de apuntar y disparar. Hay que saber dónde apuntar y qué se quiere que salga reflejado. Y eso sí que lo hace usted.

Sí. Es verdad. Cada fotógrafo, además, tiene una forma de ver; una forma de mirar. Y la mía además es... Decirte que me meto en la barriga de la persona sonaría invasivo, pero luego no creo que sea invasivo. Si me vieras trabajando te preguntarías ¿dónde se ha metido este tío? Es que cuando está ocurriendo algo, me meto prácticamente encima de ellos. Tengo un carácter muy sociable, y una vez que salgo de sus casas, por norma con el 93% de las parejas ya me voy con una confianza con ellos. Así que cuando me meto tan cerca de ellos en la boda no se percatan de que soy Curro. Piensan que soy otra persona más de los muchos que están a su alrededor. Por tanto, mi concepto de fotografía es pura cercanía, tanto personal como en la fotografía.

A mí no me salen las fotos lejanas, porque me da la sensación que lo está viendo un turista que está pasando a lo lejos y se limita a mirar al margen de todo, y para mí eso no es así. Insisto que, a veces, es verdad que soy muy invasivo, pero, a la postre, me doy cuenta de que, en realidad, no es así. Las lejanas no son mis fotos, y no las disfruto porque no me gusta. Jamás en la vida podré ser Ansel Adams, jamás. Lo suyo es retiro y elegancia. Y lo mío es pura cercanía; puro impacto. Al menos es lo que procuro.

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Y pasión en la foto, evidentemente.

Sí, sí. Ya te digo, no sé cómo me ha surgido, pero es verdad que una vez que hice esa primera boda en 2007 de esas dos chavalas, Sonia e Isa, sin haber hecho nunca ni una boda antes –pero que me acabó curtiendo como fotógrafo–, lo demás me llegó solo.

¿Cuántos premios tiene?

¡Ostras! ¿Cómo cuentas eso? ¿Como trofeo? ¿Como primeros puestos?

No, no. Incluso nominaciones.

¡Joder! (Bufa). No te voy a exagerar si te digo que paso del centenar.

Ciento y pico. ¿Y primeros premios?

¿Como trofeos o también como liga? Verás, el FdB es un foro de fotógrafos de bodas de España, que ahora es internacional. Ahí participo en fotografía individual, pero eso no me llena, a mí lo que me gusta de verdad es el reportaje. Yo siempre participo en reportaje y en esa categoría puedo tener cuatro o cinco primeros premios, tres o cuatro segundos, tres o cuatro terceros. Prácticamente en mis seis o siete últimos años de boda todos mis reportajes han entrado en el Top10... Es que no sabría especificarte.

Y ahora parece que se ha abonado a los Premios Goya de Fotografía Profesional, de Aragón.

Sí, tío. Es verdad. Mola. Es que, además, ¡no veas cómo lo preparan allí! Yo este año no he podido subir, porque estaba en Sevilla, en unos congresos de Infantil. Pero con el otro chaval que también estaba nominado, Alberto de la Fuente, de Madrid –ése sí que es la hostia; ése sí que es un fotógrafo bruto, bruto, bruto– me llevo realmente bien con él, le dije: "¿Tú irías por mí?", me respondió "¡hombre, claro, Curro! Si yo voy a estar allí en gráficos, no te preocupes". Y cuando terminaron me dijo: "Curro, la organización ha sido este año la hostia".  

¿Por qué? ¿En qué sentido?

No lo sé. No me dio por preguntarle qué habían hecho de diferente este año. A ver, yo venía del Infantil de Sevilla en el coche con otro compañero, y me preguntó: "Curro, ¿qué hago con tu Goya? ¿Lo pongo de pisapapeles en mi casa?". Fue una conversación rara y no me paré a preguntarle.

¿Fue él quien le comunicó, entonces, que usted era el ganador?

Sí. Él me lo dijo. Me lo envió primero al grupo de WhatsApp con vídeos mientras yo intentaba salir de Sevilla, y no le eché muchas cuentas. Y a mitad camino me llamó: "¿qué pasa, Currillo, no me vas a contestar los whatsapp?". Le respondí que lo había abierto y cerrado, porque iba conduciendo  Digo, lo he abierto y lo he cerrado, que voy conduciendo, que tenía el GPS puesto para salir de Fibes. Y me dice "pues nada, que cuando quieras te mando el Goya, viene a recogerlo o lo uso del pisapapeles".

La fotografía ganadora del Premio Goya Aragón 2026 FOTO FRACO FOTOGRAFÍA

¿Y qué hizo, se lo envió o fue usted a buscarlo?

No, todavía no lo tengo. Además, Alberto no está ahora mismo ni en Madrid; está en Palencia con su novia, Verónica, que también es fotógrafa y es de allí. Y, además, como subieron a las redes una historia de ella, me escribieron diciendo "¿que te han secuestrado el Goya, o qué?". Pues parece ser que sí (se ríe).

Pues ya es el segundo que tiene en la categoría de Bodas, ¿no?

No, no. Yo el año pasado estuve nominado en Infantil y en Postboda, pero no me llevé el primer premio. Eso ha sido este año. Ésta es la primera vez que me dan el Goya.

¿Y cómo le ha sentado?

La verdad es que como me pilló como me pilló en el momento que me lo dijeron... A ver, sienta muy bien. No voy a engañarte. Es que estamos hablando de Aragón, de la cuna de los premios. Es que existe desde 1984 y tiene una solera de narices. Luego ves a la gente que se los ha llevado, cómo publican sobre ellos, cómo hablan de ellos, y te dices "algo de relevancia tienen que tener, porque si no, ¿por qué les dan tanta chispa?".

¿Quizá porque las fotos que salen premiadas son bestiales?

Sí, es verdad. Ahí hay gente muy buena. Ahora ha sido uno de los certámenes de los gordos, gordos, los LUX, y ahí Alberto de la Fuente tiene seis LUX de oro seguidos. Es una barbaridad. Es el primero en la historia de los LUX que lo consigue.

¿Y usted se ha presentado para este año?

Sí, este año, porque me insistió a él (se ríe). Y no he pillado nada, ni uno.

¿Y se tiene que presentar con obras diferentes o puede presentar la misma en varios?

Depende del certamen. Por ejemplo, Luces de Granada, donde llevo desde 2022 siendo nominado el año que menos en dos categorías, y Juanma Rodríguez está nominado en Vídeo y en Foto también. Yo estoy nominado también en los Fepfi (Federación Española de Profesionales de la Imagen) en Boda y en Infantil,  y este domingo (por hoy) se conocen los resultados. Estos certámenes tienen muchísima relevancia, porque luego entran en una especie de criba los que han ganado y algunos que ellos pueden otorgar aparte, y tienen la opción de representar a España en la Copa del Mundo.

Ésas son palabras mayores.

Sí, claro, la Copa del Mundo. ¡Es que ya representas a España!

Y a eso no ha llegado todavía, ¿no?

Ni creo que llegue (se ríe).

No hace más que quitarse méritos...

Es que si te digo la verdad, a mí, cuando me conceden algo, una de las personas que más emociona –aparte de mi hermana y mi madre, por supuesto– es mi sobrinillo de cuatro años, que dice: ¡"A mi tito le han dado una copa!" (pone voz de falsete), y no es que no me hayan dado una copa, pero para mi sobrino es que soy su tito. Pero tengo que decirte que una de las personas que más se alegran por mí, incluso más que yo mismo, en este tipo de cosas, es Juanma. Es que no te lo puedes ni imaginar. 

A ver, es que quien me dio la idea de esta entrevista fue él. Le sentó bastante mal que aquí en Córdoba nadie haga caso a los ganadores de este tipo de premios cuando en otros sitios les hacen entrevistas en televisión y en todas partes.

Es que es cierto. Mira, yo soy de Espiel, que es un pueblo chiquitito. Allí hay uno que se ha llevado el premio Planeta o el premio Cervantes, uno muy gordo de escritura. Es tremendo; ya va por el segundo libro. Si es un pueblo chiquitito, y somos cuatro las personas que hemos conseguido algo para que nombren Espiel, ¡hombre! ¿De verdad no te molestas siquiera en sacarme en la radio del pueblo?

Eso enlaza con la siguiente pregunta: ¿No le da la sensación de que la fotografía, pese a la enorme importancia que tiene, es como si estuviese olvidada de la mano de Dios? Aunque también es verdad que cada vez se la va reconociendo más.

Sí, es verdad. Es cierto. Y creo que se reconoce más, porque ahora somos tantas personas que nos dedicamos a este mundillo que empiezan a destacar equis fotos o equis fotógrafos. ¡Yo qué sé! Un Victor Lau, un Marco Rojo, Alberto de la Fuente... Cualquiera de ellos. Entonces, esa gente hace que, cuando ves su foto, te dices: "¡Madre mía! Es como si estuviese viendo a Da Vinci, o estuviese viendo a Caravaggio. Es que es increíble ver la foto de esa gente. Entonces, es verdad que, gracias a ese tipo de personas, la fotografía está cogiendo otro nivel, otra forma de verla.

PLANTILLA copia

También me refiero a que, a que la gente normal de la calle, como yo, cada vez les gusta más ver exposiciones de fotografía o comprarse antes una fotografía que un cuarto para colgarlo en su casa... Ese tipo de cosas.

Sí, es cierto. Y son más crítico.

Y te dicen que les gusta mucho una fotografía, aunque quizá no sepan el motivo; sólo que les gusta.

Y lo bueno de que te guste una fotografía y cuando veas una te produzca un sentimiento –ya sea bueno o malo, da igual–, eso para mí significa que la fotografía es buena. Te produzca lo que te produzca: Repugnancia, ganas de llorar, tristeza, alegría, da igual. Mientras te produzca algo, ya para mí es arte.

Y usted, al margen de lo que son bodas, bautizos y comuniones, y comuniones, ¿no se ha metido en otro campo de la fotografía?

Yo soy para eso muy polifacético, yo soy muy adaptable. En mi vida personal no te puedes imaginar hasta qué punto soy adaptable. Si tú me llegas y me dices "necesito que me hagas una foto" de cualquier cosa, astronomía, por ejemplo, y me preguntas que si soy capaz, yo le respondo que claro que sí: "Déjame hacer, yo te muestro el resultado y si no te gusta no pasa nada, tan amigo, ni me la pagas". Yo es que he ido aprendiendo de la fotografía así, cogiendo cosas, diciendo sí y luego echándome las manos a la cabeza diciendo "pero oye, ¿esto cómo se hace?". Y lo acabo haciendo, a base de prueba-error, prueba-error, muchas pruebas y muchos errores; más errores que aciertos, pero ha sido así.  

Pero a usted lo que de verdad le gusta es quedarte en el ámbito en el que está ahora mismo trabajando, ¿no?

A mí, el ámbito que de verdad me gustaba es uno en el que ya no podré entrar nunca por la edad que tengo. Y era irme de fotógrafo de guerra.

¿Le hubiera gustado?

Me hubiese encantado, porque soy de los que se meten de cabeza a degüello. Claro, no es lo mismo decirlo desde la tranquilidad de mi estudio que decirlo estando allí. A lo mejor hubiera llegado allí y me hubiera puesto a vomitar como un loco y hubiera salido corriendo.

¿Y por qué le llama la fotografía bélica?

No lo sé; me llama. Fue todo por un colega, el actual director de fotografía de Silbon. Ése, cuando empezó en la fotografía se venía conmigo de ayudante a las bodas, y su tío tenía algo que ver con Comandancia y le dijo: "Oye Adri ¿tú te querrías a la guerra a echar foto?", le respondió "¿qué dices tío?". Así, tal cual. Me lo contó tomando una cerveza y no sé qué se me metió dentro que en ese mismo momento le dije "llama a tu tío y le dices que me voy yo". Me dijo que no, porque pensaba que se me había ido la olla.  

¿De haber tenido la oportunidad de verdad que se hubiera ido en ese momento?

Sí, me hubiese ido, porque no tenía ni 40 años cuando eso ocurrió.

¿Y cuándo fue? ¿Qué guerra era?

Es que no me acuerdo. Yo tendría 38 años por entonces. Todavía sigue yendo mucho allí el Ejército español. Puede ser El Líbano. Y me hubiese dado igual, hubiera ido a cualquiera. Si me dice que hay una guerra en Canarias, me voy a Canarias.

Pero ya no, ¿verdad? Se le ha pasado el arroz para esas cosas.

Se me ha pasado el arroz. Yo creo que si ahora me tengo que poner a saltar un muro me estampo de cabeza (se ríe).  No me dan las piernas para saltar. ¡Quita, quita! ya no puedo.  

¿Le da la sensación de que la gente cuando dice de alguien que es fotógrafo de boda le suena despectivo?

Antes sí. Ya no. Antes decir fotógrafo de boda era decir eres un fotógrafo a medio desarrollar. Pero ahora dice fotógrafo de boda y te responden: "¡Ah, qué bonito!" y "¡qué bien te lo pasas!".

¿Cómo? ¿Eso qué significa? 

Eso significa que como es una boda implica fiesta, barra libre, cachondeo. Se creen que tú vas a hincharte a beber y a pegar saltos.

Pero si los fotógrafos están todo el rato trabajando.

Pues eso. A veces hay mucha presión en una boda, aunque no lo parezca.

Y los compañeros de profesión, ¿qué piensan de eso?

Yo tengo una camarilla muy grande, porque en la Asociación de Profesionales de la Imagen de Córdoba (Aproima) somos ya 84. Y de ésos, yo creo que no hay ninguno que esté desmoralizado. Bueno, que uno esté más o menos desmoralizado son etapas y nos pasa a todo el mundo en cualquier profesión. Es que hay veces que te desmotivas y te dices "lo dejo, me voy a meter a camarero", que yo he estado trabajando toda mi vida detrás de una barra. Pero, al mismo tiempo, pienso que si me meto de nuevo a camarero me va a volver a pasar y me diré que me quiero volver a la fotografía. El ser humano es así.

Y de esos 84, más los que yo voy conociendo de fuera, más las amistades de amigos de verdad que ya me he echado a nivel de España de fotografía, absolutamente todos aman la fotografía. Y muchos de ellos la tratan como si fuese un niño suyo. ¡Es que no podrían pasar sin la fotografía! Yo no llego a ese punto. Yo cuando me voy a la calle o me voy con alguien de viaje ya me ha pasado que me han preguntado: "Oye, ¿y tu cámara?". Les respondo: "¿Estás de broma, no?". Mi cabeza tiene que retener también historias y experiencias, no solamente en la cámara, sino que a mí me gusta retener en mi mente.  

El premiado fotógrafo Fraco FOTO FRACO FOTOGRAFÍA

Evidentemente, pero también está el caso contrario de que muchas veces cuando estás sin la cámara ves algo que te hace echarla de menos.

Totalmente de acuerdo. Pero hay algo bueno, y es que si no llevo la cámara ese día, ya tengo motivo para volver a ese sitio y llevarme la cámara. Gano dos veces: Vuelvo a conocer el sitio mejor y me llevo la foto de propina.

¿A usted se le ha ocurrido meterse, por ejemplo, a fotógrafo de prensa?

Es que en prensa es donde yo empecé. Era muy joven, prácticamente recién salió de la Universidad. Y era cuando el digital brillaba por su ausencia. Como no sabía revelar a mano, porque yo no soy de la fotografía antigua, yo lo hacía con una Polaroid.

Pero ahora la cosa ha cambiado hasta extremos insospechados con la tecnología. ¿Se volvería a meter en ese mundillo?

Si puedo vivir de ello me meto. Nunca le he hecho ascos a nada. Pero yo hice la inauguración de una residencia, que justo, además, la tengo en frente del estudio, en Arroyo del Moro. Iba contratado por el director de la residencia y allí había muchísima prensa. Por entonces no conocía a nadie –ahora ya sí– y lo que vi es que se mataban unos a otros. Yo soy una persona que no le gusta darle un codazo a nadie, y los que trabajan en prensa lo hacen, y es lógico porque tienen que conseguir la mejor foto para su medio, pero yo era nuevo y era la primera vez que me enfrentaba con un montón de fotógrafos de prensa, y no me gustó lo que vi.