"La NASA ya hizo una misión análoga en Río Tinto y ahora se ha hecho un hábitat allí para explotarlo"
La sexta misión como astronauta análoga de la cordobesa Mariló Torres le ha llevado hasta el desierto de Utah, a la Mars Desert Research Station –considerada la pionera para este tipo de misiones– justo antes de iniciar su preparación para ser astronauta comercial de las que vuelan en una compañía privada.
Ha estado acompañada por Aaron Tenner, ingeniero jefe y tripulante médico; Jahnavi Dangeti, científica jefe y especialista de misión; Rebeca Gonçalves, astrobióloga y experta en exobiología, y Tom Bickmore, tripulante periodista y conocido divulgador científico y espacial.
Esta entrevista no es una entrevista cualquiera. A Mariló Torres el centro de control le dio tres oportunidades de abrir una ventana para difundir la misión a tres medios de comunicación españoles y eligió al programa 'Vamos a ver', de Patricia Pardo, en Telecinco, a la Cadena SER y a Córdoba Hoy, lo cual es un orgullo para esta redacción.
Nos ha realizado un tour por la misión, recibiéndonos en el airlock, la cabina de presurización y despresurización para conocer detalles y los entresijos de los trabajos que la tripulación ha estado elaborando Durante dos semanas. Entre otras cuestiones, hemos podido conocer la bandera tricolor de Marte –roja, verde y azul–, los trajes espaciales y un mapa del Planeta Rojo con sus correspondientes cascotes polares al Norte y al Sur, igual que en la Tierra, porque se consideran cuerpos celestes gemelos.
Como se ha dicho, es la base de simulación análoga más antigua que hay, con dos décadas de funcionamiento, y ha acogido un buen número de misiones análogas. En ésta en concreto la cordobesa a sido la comandante de la misión. "Si salimos tenemos que estar despresurizados para habituarnos al exterior. Y si entramos nos tienen que hacer una cuenta atrás los compañeros de dentro para poder acceder con nuestros trajes espaciales; luego ya puedes quitártelo", comenta para iniciar el tour.
Hablando de trajes espaciales, ¿dónde están?
Están los cascos, las cinco mochilas de oxígeno para los compañeros, que serían nuestro de soporte vital. El edificio tiene forma de cilindro. Es un hábitat, un módulo cilíndrico. La parte de abajo es la zona principal con todos los materiales, todo lo que serían, por ejemplo, los trajes aquí. Tanto los actuales como los de anterior generación, todos los dispositivos de comunicaciones. Y, por supuesto, aquí está el mapa de Marte y al lado el Utah. También tenemos nuestros baños, nuestra ducha. Fuera estarían todas nuestras instalaciones: El Green Hub, que es el invernadero espacial.
Eso me da pie a preguntarle qué tipo de pruebas e investigaciones están llevando a cabo esta vez.
Si te parece bien, a medida que te hago el tour, te cuento un poco lo que se está haciendo. Vamos, de hecho, a visitar el Green Hub, el taller de ingeniería, que es el fuselaje de un helicóptero Chinook. Cuando entro allí me encanta, porque me acuerdo de mi avión, huele a eso, a gasolina, a aceite, a ese tipo de cosas que tanto echo de menos.
También tenemos el Space Dome, que es el laboratorio, y tenemos, también, dos observatorios: Uno robótico solar y el otro astronómico. Voy aquí a salir; aquí tendríamos que presurizar, pero como es un tour nos saltamos ese paso.
¿Cuánto tardaría usted en presurizarse y despresurizarse?
Lo correcto sería hacer una simulación de 10 minutos, pero estamos haciendo tres, por aquello de no penalizar demasiado las misiones. Estamos ya fuera y tenemos siempre que cerrar la puerta detrás de nosotros. Es un día claro de Utah. Son las 14.00 horas, las 22.00 en España, y, aunque estamos en pleno desierto de Utah, durante el día tenemos unas temperaturas estupendas de verano, pero por la noche es como de invierno brutal.
Estos túneles en los entramos al salir de la base están presurizados, por lo que en realidad no hemos salido al exterior de Marte y seguimos en nuestras instalaciones. Hemos llegado al invernadero espacial, donde se está muy calentito.
¿Tendría que salir siempre con el traje?
Fuera de nuestras instalaciones, sí. Pero en los túneles no haría falta, porque son como una prolongación de nuestro hábitat. Por los túneles no tenemos que vestirnos con el traje, porque se supone que ni vamos a hacer exploración ni vamos a hacer reconocimiento de terreno ni colección de muestras. Por tanto, en esta zona hay soporte vital, igual que en el hábitat. Sería una zona cubierta y una zona segura.
Aquí trabaja nuestra compañera astrobióloga brasileña, Rebeca Gonçalvez. Ella, principalmente, tiene aquí cultivos en tierra química que simula el suelo de Marte, y ha plantado tanto rábanos como tomates en semillas que han estado en la Estación Espacial Internacional. Es decir, son semillas que han soportado la radiación cósmica solar, han estado expuestas también a la microgravedad y lo que va a hacer es una comparativa de esos primeros germinados, porque en dos semanas de misión no nos da tiempo a más, para ver algunas diferencias. Además, los está sometiendo con algún tipo de aparataje para estudiar la reacciones, como la integridad de la planta o del brote.
Vamos a pasar al Space Dome, siempre cerrando detrás todas las puertas por las que pasemos. Vamos caminando por nuestros túneles y tenemos a la derecha nuestro Space Dome o laboratorio de química, que es el más completo a nivel biológico. Aquí decimos en plan broma que cada uno de los componentes de la misión tiene su 'casa'. el Green Hub sería la de Rebeca y ésta en la que estamos sería la de la ingeniera e investigadora india Jahnavi Dangeti. Aquí está realizando un trabajo de investigación que tiene que ver con las erosiones y las reacciones químicas de la Tierra y del suelo de Marte. En este caso este suelo es muy parecido y ella ha usado tanto el suelo replicado de Marte como el suelo local de Utah. Estamos aquí con más estudios, porque contamos con bastantes aparatos para realizar todo tipo de investigaciones. Es un laboratorio muy completo.
Jahnavi está llevando a cabo, igualmente, un estudio importante, aprovechando que es la imagen de la marca de cosméticas Mary Kay, y entonces han creado un producto que pretende cuidar, preservar y proteger la piel de los astronautas. De hecho, los miembros de la misión estamos aplicando este producto en nuestro cuerpo. Actuamos como conejillos de Indias y estamos experimentándolo nosotros mismos.
¿Y eso?
Porque aquí las condiciones son muy extremas. Estamos constantemente sangrando por la nariz, el aire es muy seco y hay que hidratar todo el tiempo los labios, poniéndonos bálsamo porque también se cuartean. La piel se convierte en piel de serpiente, se descama entera. Este producto la verdad es que está funcionando muy bien. Y la idea es eso, pensar en la piel de los futuros exploradores para estancias prolongadas en el espacio.
Creo que el laboratorio robótico solar –que está separado y habría que ir con traje de actividad extravehicular– y el astronómico están cerrados. Pero te voy a llevar por lo menos al taller, al RAM, que es el laboratorio de ingeniería.
¿Se siente cansada?
Pues no. Fíjate que uno de mis compañeros, el ingeniero jefe y tripulante médico norteamericano Aaron Tenner, justo acababa de comentar que ya se van notando los días que llevamos aquí. Y le respondía que yo venía, además, con el desfase horario a mis espaldas. con el jet lag. Son ocho horas de diferencia con España y para mí fue peor cuando llegué a Estados Unidos, pero ahora me siento adaptada y tengo más energía. No estoy cansada, estoy mejor incluso que cuando llegué. El problema es el sueño. Te sientes descolgado y no duermes bien, pero aún así yo por mi parte estoy ahora mejor.
Hemos entrado en el taller de ingeniería. Nuestro ingeniero lo tiene todo muy recogido y ordenado.
¿Qué otros estudios o experimentos están llevando a cabo?
Tenemos uno muy interesante, que un estudio para estrategias de conducta de cara a exploración humana de larga duración. Se está haciendo para la NASA y nosotros estamos participando junto con varias tripulaciones anteriores a la nuestra. Lo coordina un neuropsicólogo y estamos todo el día también haciendo test, rellenando cuestionarios, evaluándonos, llevando un diario semanal. También por la noche cuando terminamos. Y el objetivo es darle herramientas a esta gente para que puedan preparar estrategias de mejorar o implementar lo que sería una buena coexistencia o convivencia o relaciones entre la tripulación y poder funcionar en ese sentido bien.
También usted suele realizar algún tipo de estudio, como en todas sus misiones, aunque sea la comandante.
Llevo, precisamente, un estudio sobre el sueño para la Universidad de Surrey, en Guildford, Inglaterra. Estoy analizando, desde el punto de vista neuropsicológicos, es decir sin ningún tipo de dispositivo o análisis científico, en plan lecturas de parámetros.
Estoy también rellenando cuestionarios con la información que facilitan mis compañeros. Casi siempre todo tiene que ver con el jet lag. El problema es que aquí es muy difícil analizar el tema del sueño, porque es algo muy particular, muy personal. De cualquier modo, estoy recopilando y preparando toda esa cantidad de datos, aunque esta vez no los voy a analizar yo ni prepararé el informe final, sino que lo harán los expertos del Instituto del Estudio del Sueño de la Universidad de Surrey.
¿Pero para qué es el estudio exactamente? ¿Es sobre el efecto que puede tener sobre los astronautas o qué?
A ver, aquí podemos replicarlo todo, excepto la microgravedad. Y ésa es la gran y decisiva diferencia entre los astronautas análogos y los reglamentarios que suben al espacio. ¿Qué ocurre? Aquí, en materia del sueño, lo que podemos es valorar los efectos en una situación de aislamiento, de incomunicación con el exterior. Para hablar contigo he solicitado un permiso especial al control de la misión. Es que ni siquiera sé lo que está pasando en estos días por el mundo, y pedimos un permiso especial para poder hacer divulgación científica; en mi caso con los medios de comunicación.
Lo que estoy haciendo es valorar ese tipo de señales significativas, pero aplicadas a la situación de incomunicación, de aislamiento, de entorno claustrofóbico: Vivimos en muy pocos metros cuadrados. Mi dormitorio es pequeño, pero es que el de mis compañeros es como un zulo. Forma parte de estas misiones. Es la manera de vivir en un entorno hostil, extremo, en una situación en la que puedas perfectamente ponerte a prueba y ver hasta dónde eres capaz de llegar. Aquí todos sabemos a qué hemos venido.
De todos modos, mi labor principal es la operativa. Como comandante tomo las decisiones, soy la persona responsable de la seguridad del grupo, soy el enlace con el control de misión. En la actividad extravehicular o estoy yo siempre al mando o lo está el ingeniero jefe, Aaron Tenner, que sería un poco mi mano derecha y ha habido muy buena sinergia entre nosotros. Él es un poco mi hombre de confianza, porque, aparte de ocuparse de la parte médica y paramédica y poder cuidarnos a todos, –yo tengo formación de primeros auxilios y soporte vital básico, pero lo suyo es más avanzado–, es luego mi persona de confianza para ver cómo van los sistemas, cómo estamos con el consumo de agua, cómo estamos con el consumo de energía. Me ayuda a tomar decisiones. Y cuando yo estoy fuera con una actividad extravehicular, él se queda dentro al mando. Y a la inversa: Si él sale con una actividad extravehicular, yo me quedo al mando en el hábitat, pero él se queda con el mando del equipo exterior.
Al final, aquí todo tiene siempre un sentido. Nosotros funcionamos a nivel de pensar que la seguridad es lo primero; al menos ésa es mi formación y mi preparación. Lo que tenemos que hacer, sobre todo, es seguir los procedimientos.
Eso implica una confianza absoluta en el resto de la tripulación.
Para mí, el tema de la fidelidad es básico y fundamental. El hecho de salir aquí para hablar contigo me corta un poco el rollo, porque es como que ya no lo siento igual. Lo importante es la inmersión en la simulación. Es decir, aclimatarte a ella y mentalizarte de que lo que estás haciendo está dentro de esas limitaciones y esas rutinas de astronauta que son las habituales en estos casos. Tienes que creerte que verdaderamente estás en una misión espacial para actuar en consecuencia.
(Entra de nuevo en el hábitat)
¿Ésa es su zona de comandante?
No. Esto tiene dos plantas. La parte de abajo es la parte de operativa y de equipos. Y la de arriba sería un poco nuestra zona de habitabilidad. Ahí tenemos nuestro dormitorio, la cocina, una sala con una mesa grande en la que podemos trabajar, comer o reunirnos.
Presente, por favor, a su tripulación.
Mis compañeros son Aaron Tenner, de Estados Unidos; ingeniero aeroespacial, ingeniero jefe en la tripulación y el oficial médico. Luego está la india Jahnavi Dangeti, investigadora en ingeniería mecánica y una persona con mucho futuro en el panorama espacial, porque se la están rifando para futura astronautas entre la Agencia Espacial de la India y la Agencia Espacial de Emiratos Árabes. Es muy joven, con solo 22 años, y tiene mucho futuro por delante. También está Rebeca Gonçalves, una astrobióloga muy reputada en la comunidad internacional, una científica con bastante solvencia y una persona enamorada de lo que hace y nos lo transmite. En la medida que puedo, participo en todas las investigaciones haciendo la parte sencilla y cada día aprendo muchísimo de mis compañeros. Aquí siempre me faltan manos para echar un cable con lo que sea.
Tenemos, por último, Tom Bickmore, de Canadá. Es un profesor especialista en divulgación científica y espacial. Es una persona súper erudita. Tiene 35 años, pero parece que tuviera 75 porque es un profesor increíble. Hemos realizado algún evento con niños a nivel internacional desde aquí, autorizado, y era impresionante vera la capacidad que tiene de enseñar y de explicar. Si pudiera definirlo diría que es todo un influencer para los niños a nivel espacial. Tenemos mucha suerte de contar con él. Es también nuestro crew journalist, nuestro tripulante periodista. Rebeca es la oficial del Invernadero Espacial y Jahnavi, la científica jefe en esta misión. Y Tom se ocupa de informar sobre todo lo que estamos haciendo, la conexión con la Mars Society, yo me he descargado un poquito de responsabilidad y le he dado el cargo oficial de comunicaciones para que me ayude muchas veces con ellas.
Por lo que comenta, parece que se lleva bastante bien con el resto.
A ver. Yo soy un poquito estricta. Un poquito mala a veces, exigente, porque esto va de que todos aprendamos de nuestros errores. De este modo, sabremos que cuando algo sale mal no volverá a repetirse. Y en este sentido lo analizamos todo. Siempre estoy dando briefings –sesiones informativas– al principio del día y al final. Doy también algunas sesiones de comunicaciones o de planes de respuesta en caso de que tuviéramos emergencias, que son de dos tipos: Unas serían las emergencias de la Tierra y otras que serían las emergencias de Marte. Las primeras pueden ser que, por ejemplo, mañana yo me ponga mala y me tienen que evacuar la gente del control de misión. O que se produzca un fuego; tenemos extintores, tenemos mantas para combatir las llamas, pero a veces se produce un fuego grande o una explosión, porque estamos alimentados por propano. En este caso habría planes de respuesta, porque estamos trabajando realmente en la Tierra.
¿Y las emergencias de Marte?
Serían, por ejemplo, una despresurización –simulando estar en Marte– ante la que tendríamos que reaccionar colocándonos los trajes, cascos, soporte vital, coger nuestros kits de supervivencia, algunos víveres y escapar de aquí. Y luego en nuestra actividad extravehicular deben ir un máximo de tres personas. Nunca puede quedarse una persona sola ni dentro del hábitat ni en una actividad extravehicular. Durante esta actividad tenemos unos Rover con los que podemos conducir por distintas rutas –mola muchísimo, sí–. Hoy hemos hecho una ruta que yo pensaba que volcaba. Aquí cada día es una aventura, cada día hay algo nuevo.
Pero respondiendo a tu pregunta, la convivencia es magnífica, porque, al final, todos somos muy conscientes de lo que hacemos y tratamos de ser asertivos y comunicar las cosas. Siempre cuando tengo que decir algo, lo digo. Trato de no ser una persona que imponga o que dé una orden taxativa. Nada de esto. Pero, en ocasiones una persona siempre tiene que ser la mala de la película para tener un poco de orden. Al final, funcionamos en base a la disciplina, a sentirnos seguros a nivel de tener siempre protocolos y procedimientos de actuación y todo eso ayuda mucho.
¿Y a los astronautas análogos como ustedes no les haría falta una simulación de un despegue y un aterrizaje, que son básicos en una misión espacial?
Te explico. Eso yo ya lo he hecho en LunAres, en Polonia. Por ejemplo, mis dos primeras misiones en Astroland, en Cantabria, eran en el interior de una cueva y simulaban un módulo de habitabilidad en el subsuelo, a salvo, protegidos y blindados contra la radiación exterior. La simulación era de estar en Marte y que nos movíamos por los tubos de lava volcánica de la cueva, que tenían unos dos kilómetros de profundidad en la zona en la que hacíamos la actividad extravehicular. Luego, por ejemplo, en HI-SEAS, la simulación que hicimos fue de estar en la Luna, y se probaron trajes con una variabilidad en cuanto a la gravedad y lo que sería la métrica de respiración respecto a la persona que lleva el traje. Era estar en la luna y salir también a explorarla. Incluso teníamos algunas salidas nocturnas, que aquí, en Utah, están prohibidas. Cada hábitat tiene sus reglas y su manera de funcionar.
En LunAres, la simulación era de una estadía en una nave espacial en el viaje de ida y de vuelta a la Luna. Era una convivencia muy cerrada, porque estamos en un búnker bajo tierra con ventilación artificial, sin ver la luz solar, sin aire puro, durante dos semanas. Simulábamos que íbamos varios días de estancia allí. Tuvimos una actividad extravehicular, pero era también en interior, dentro de un hangar, con los trajes puestos. Era muy duro y sufrimos mucho, porque hacíamos unas preparaciones muy extensivas, pero aprendimos mucho.
En Brasil la experiencia era con Marte, igual que aquí, en Utah, que ofrece el escenario de la Tierra más parecido a lo que sería el planeta Marte por la composición de los minerales y de las rocas. Todo eso es lo que nosotros exploramos cada día. Hacemos esta actividad transvehicular muy variada. Combinamos los miembros de la tripulación y en unos casos, por ejemplo, es una misión científica con muestras de roca y tierra, o de exploración. Por ejemplo, mi ingeniero jefe y yo organizamos unas actividades extravehiculares de valoración, evaluación del terreno y exploración. Y en el caso de los compañeros científicos, cuando nosotros les acompañamos llevamos la parte operativa y de seguridad y las decisiones de calcular el tiempo y la hora de regreso.
Eso es algo fundamental en el espacio.
Aquí está todo muy mirado. Hoy hemos estado muy justos y he tenido que tener un briefing digamos un poco regular. Teníamos que estar a las 12 dentro y llegamos a las 12 menos un minuto. Y si hubiéramos pasado de las 12, cinco minutos nada más, el control de la misión prepara una operación de rescate y sale a buscarnos. Otro error que tuvimos fue que el equipo de exploración se fue más allá de la zona en la que tenían que ir. De modo que las comunicaciones ya no funcionaban y casi apuraron todas las baterías de los Rover eléctricos. Se hubieran quedado tirados en medio de la nada o de camino aquí, sin comunicación y teniendo que caminar. Aquí siempre hay cosas y es una aventura constante. Aquí no se descansa y se trabaja de sol a sol. Admiro de verdad el trabajo de mis compañeros que es tan importante a nivel técnico-científico. Mi experimento es el más sencillo y actúo simplemente como instrumento, pero los demás trabajan como nadie. La astrobióloga echa más horas al día en el invernadero que un reloj y se acuesta a veces de madrugada.
Le iba a preguntar una tontería: ¿Nunca se ha pensado en Río Tinto, en Huelva, que sí que se parece a la superficie de Marte, para misiones análogas a ese planeta?
Se pensó hace muchísimos años. Y, de hecho, la NASA vino aquí con una misión espacial análoga para probar trajes, probar Rovers y demás. Estuvieron trabajando allí durante meses. Y ahora se acaba de crear un hábitat, que lo lleva un psicólogo espacial de la Universidad de Cádiz, Gabriel de la Torre. Ha montado allí un pequeño módulo y su idea sería explotarlo de nuevo, como hizo en su día la NASA, para misiones análogas.
¿Cómo va su preparación para astronauta comercial?
Imagínate lo que me espera cuando vuelva. Me da hasta miedo pensarlo. Va a ser muy, muy duro. La fase teórica de preparación será ahora en clases on-line, empollando muchísimo y bajo la presión constante de que si no das la talla allí no se casan con nadie. Esto es una empresa privada, la compañía aeroespacial estadounidense Titans Space Industries, y si funcionas, sigues adelante y continúa luego la siguiente fase, que es la práctica. Si no, te quedas en la teórica. Ellos cuentan contigo y tienen sus motivaciones. Te dice "te quiero a ti en mi equipo". Pero luego tienes que estar a la altura. Para mí es mucha responsabilidad.
Pero esa posibilidad nace de todas las misiones análogas que usted ha hecho entonces, ¿no? Que se han dado cuenta de su valía.
Efectivamente. Sí. En la comunidad internacional ya se escuchaba que esta compañía tenía esa intencionalidad. Y mi proceso fue largo. Me tuvieron un mes entre julio y agosto en una verdadera pesadilla. Al final yo ya no contaba con ellos, me dije que esto era lo que hay y punto. Pero, mira, al final sí contaron conmigo. Y ahora empieza el periodo de formación, que, de hecho, están esperando a que yo regrese de esta misión para arrancar todo. Pero bueno, es que ahí no queda la cosa. Y luego entre los aspirantes estamos todos organizados: Está el médico espacial, estoy yo, que al ser periodista llevaría el tema de relación con los medios y tengo que instruir a mis compañeros para afrontar sus participaciones ante los medios de comunicación.
Es que al final llevamos trabajando ya prácticamente medio año, antes incuso de comenzar esa formación que nos van a impartir los expertos. Esto al final te tiene que gustar mucho, porque sacrificas tela marinera.
Pero del mismo modo que se han fijado en usted para ser astronauta comercial, también se han fijado en usted para ser comandante de esta última misión. Debe sentir cierto orgullo por ello.
Yo llevo seis misiones y en cuatro he sido como comandante. Las dos primeras, quizá por estar en suelo español, son menos llamativas, pero la misión de Brasil y ésta de Utah, sobre todo, porque es un análogo estrella, porque lo financian Buzz Aldrin y Elon Musk, mientras que la Mars Society funciona a un nivel internacional. Es el análogo más reputado y es pionero, el primero que se creó. Igual que HI-SEAS en Hawaii, donde fui vicecomandante –como también en LunAres fui oficial de comunicaciones– que lo montó directamente te la NASA para una misión de un año. Aquí, en Utah, al principio la NASA estuvo trabajando haciendo cosas importantes, aunque lo lleve la Mars Society.
Por cierto, y ya que menciona a la NASA, me llama la atención que apenas se hable ya de esa agencia del Gobierno norteamericano. Me refiero a nivel informativo. Es como si hubiera desaparecido.
Ahora mismo es que todo es una operación de marketing con el tema de la misión Artemis II, que se va a lanzar a la Luna para orbitarla. Y es una misión de marketing porque en la misión va una mujer y un hombre de color, y la idea luego es que también se repita esa combinación en la tripulación que lleve a cabo el alunizaje cuando llegue el momento.
Pero la verdad es que siguen trabajando y siguen en su línea. Lo que pasa es que necesitan presupuestos nacionales, y para conseguirlos requieren de algún modo tener el favor de los contribuyentes, a través de cierta popularidad, con una imagen de heroicidad de los astronautas. Es así como se consigue que haya fondos públicos para seguir trabajando. Ahora mismo ellos tienen ese objetivo en mente. Y se cubrirán de gloria si la misión Artemis resulta al final un éxito. Creo que lo tienen todo bien atado y que no habrá problema. Otra cosa es lo que ocurra con el alunizaje, porque ésas son ya palabras mayores.
Se la ve a usted contenta.
(Se ríe). Aquí estamos con manchas en la cara, más arrugas. Aquí te asilvestras un poco. Nuestra dinámica es un poco como la del Ejército. No te maquillas, pero tampoco te duchas por el racionamiento del agua. Estamos tratando de negociar con control para tener una ducha cada dos días y aún así no cuela. Aquí no hay comodidad ni confort. Esto no es para influencers ni youtubers. La clave de estas misiones es que trabajamos aquí para los que suben allí arriba. Nuestro trabajo es para contribuir a mejorar la calidad de vida y la seguridad de quienes salen al espacio exterior. No se puede experimentar in situ por lo costoso que resultaría y para no perder ni tiempo ni dinero están estas misiones análogas. Lo hacemos por ellos. Todo lo que aprendemos en la Tierra se plasman en conclusiones que les pueden servir.
Las misiones análogas nacieron en los años 60' del siglo pasado, con las misiones Apolo de la NASA, y ahora están en un momento de auge, han tomado un ritmo y una velocidad en la que todo esfuerzo que se sume es poco.