"El tejido museográfico de Córdoba es el mismo de hace 50 años y Málaga lo ha multiplicado por mil"
Cultura y economía; pasado y presente; turismo y ciudad habitada; investigación e ignorancia; amor y odio; oportunidad y fastidio; origen y meta; freno y avance; identidad, ADN y evolución... Todos estos dobles puntos de vista y visiones de una misma realidad se concentran en los 5.000 años de civilización cordobesa, que se dice pronto. Parte de esa ingente historia ha emergido y se encuentra a la vista para uso y disfrute de propios y extraños.
Otra, permanece latente bajo toneladas de años y tierra que actúan de guardianes impasibles de un patrimonio virgen, que quizá no tenga tanta prisa en descubrirse, porque ¿realmente entendemos lo que tenemos entre manos? ¿Sabemos convivir con ello? ¿Se trata sólo de acumular y acumular hasta el infinito o de parar un poco y darle sentido a lo que está siendo acumulado a lo bestia sin investigación alguna?
En esta entrevista alguien que sabe un poco (bastante más que ustedes y que yo) de todo esto, el catedrático de la Universidad de Córdoba (UCO) Desiderio Vaquerizo, habla de estas cuestiones y sus palabras se podrían resumir en abrir bien los oídos para escuchar y dejar que la propia ciudad milenaria hable y nos diga qué es lo que realmente más y mejor le conviene.
Para ello, quizá, sea necesario, como indica el propio Vaquerizo, dejar de mirarnos el ombligo, fijarnos en ejemplos ajenos de respeto patrimonial, como Mérida, Cartagena, Tarragona, Zaragoza, Barcelona, Alcalá de Henares o Valencia, y traerlos hasta Córdoba. El Mundo Antiguo y el contemporáneo lo agradecerán.
Acabamos de tener un congreso de Ciudades Patrimonio en Córdoba. Un buen momento para preguntarse si la capital califal vive de frente o a espaldas de su patrimonio...
Su pregunta es difícil de responder con la brevedad que requiere este medio, pero, si me permite decírselo, usted mismo la formula ya de forma sesgada, dando por bueno de alguna manera un estereotipo bastante generalizado. Me pregunta por la 'capital califal', entiendo que refiriéndose a la 'vieja capital califal', en eso no hay problema, pero parece como si diera por sentado que la ciudad no hubiera conocido otros momentos de esplendor. ¿Por qué no lo hace por 'la vieja capital de la Bética'? Hemos de empezar, pues, por corregir este tipo de simplificaciones, que no hacen sino lanzar a la ciudadanía un mensaje tendencioso y condicionado.
Lo he dicho muchas veces: Córdoba es un yacimiento arqueológico formidable, que abarca 5.000 años de historia y que no puede ser gestionado de forma interesada o parcial, priorizando cualquiera de sus etapas sobre el resto. Es un error en el que llevamos cayendo demasiado tiempo. Y para corregirlo sería básica la creación de un organismo único responsable de todo lo relacionado con la herencia patrimonial de la ciudad, al margen de ciclos políticos y con capacidad para planificar su labor en plena libertad (sin coacciones de ningún género) y con una financiación adecuada y sostenida.
¿Es el patrimonio un lastre para el desarrollo de un municipio?
A mi modesto entender, en absoluto; más bien lo contrario: Es un recurso, que en el caso concreto de Córdoba constituye su principal seña de identidad y causa admiración en todo el mundo. Lo que ocurre es que gestionarlo necesita de capacidad técnica, consenso y apoyo político; también ciudadano, por cuanto es responsabilidad compartida, y, de momento, no hemos sabido conjugar de forma adecuada tales principios. En una de sus definiciones más sencillas, pero también más acertada, patrimonio es todo aquello que un grupo humano considera digno de ser conservado porque le da valor. Engloba, por tanto, restos materiales e inmateriales, y no se limita a la arqueología, pero tampoco al Casco Histórico ni al turismo.
Patrimonio es un concepto holístico que requiere una gestión de tipo global e igualitaria, sin exclusiones. La pregunta que tendríamos que hacernos, por tanto, es si en Córdoba valoramos adecuadamente nuestro patrimonio, y en caso de que la respuesta sea negativa tratar de establecer el porqué sin cortinas de humo ni eufemismos inútiles.
¿Debe contemplarse la riqueza patrimonial como un simple 'sacaeuros'? ¿Cómo una fuente de riqueza económica?
Llevándome su pregunta a mi terreno, y aun cuando no olvido que nuestra riqueza patrimonial abarca otras muchas facetas, querría destacar que la arqueología es por definición una ciencia histórica, pero también social, capaz de generar conocimiento y de enriquecer nuestro acervo colectivo. Constituye, por consiguiente, un recurso de primera magnitud que, bien gestionado, tiene capacidad para contribuir de forma determinante a completar nuestra historia, potenciar nuestra imagen ante el mundo, educar a la ciudadanía, reforzar nuestra cohesión como grupo actuando cual marchamo identitario y también, es importante decirlo, generar empleo.
"Deberíamos preguntarnos si en Córdoba valoramos adecuadamente nuestro patrimonio, y en caso de que la respuesta sea negativa tratar de establecer el porqué sin cortinas de humo ni eufemismos inútiles"
Así las cosas, ¿cómo considerarla un lastre? Pues lo mismo para el resto de aspectos que engloba la palabra patrimonio. Insisto, nuestro problema hasta ahora ha sido de incapacidad a la hora de gestionarlo de una manera coordinada y conforme a parámetros uniformes. Y, mientras, presumimos de ser una de las ciudades con más declaraciones de Patrimonio de la Humanidad del mundo. En todo ello hay una contradicción interna bastante dolorosa.
¿Cómo sugiere usted que miren los cordobeses y las cordobesas a su patrimonio?
Pues, de entrada, con respeto y curiosidad, procurando buscar información, porque sólo se ama lo que se conoce; y, segundo, como un privilegio particular y exclusivo que los diferencia del resto del mundo, que los identifica como pueblo y que, además, puede dar trabajo a sus hijos y, así, fijarlos a la ciudad. Hasta el día de hoy, las cargas de nuestra herencia patrimonial, especialmente en lo que se refiere a la arqueología, recaen de forma abrumadora sobre la ciudadanía, y esto es un error mayúsculo. ¿Cómo pedirle a alguien que no entienda como un problema lo que no sólo le está complicando la vida, sino que, además, añade un importante sobrecoste a su proyecto?
El patrimonio es responsabilidad de todos, sí, pero la administración tendría que crear mecanismos para evitar este tipo de gravámenes al ciudadano de a pie, que de ser así, y si sumamos a ello contención por parte de la prensa y otras instancias en los mensajes negativos, percibiría muy probablemente las cosas de forma muy distinta.
"Hay tanta vida acumulada en las calles, plazas o casas de Córdoba, que si lográramos volver por un momento al silencio que un día la caracterizó en palabras del poeta, oiríamos sus voces"
¿Deberían seguir asombrándose, por ejemplo, cada vez que pasan junto a la Mezquita-Catedral? Lo digo porque la costumbre adormece los ojos…
Mire, yo llevo más de 50 años viviendo en esta ciudad y Córdoba sigue sorprendiéndome cada día. Ya no sólo porque pueda tener acceso a un espacio, una casa o una obra del tipo que sea hasta ese momento nunca vista o visitada, sino porque la urbe que habitamos se viste de un manto diferente cada día. Sólo hay que saber mirar, dejarse prender por su magia y ser consciente de que vivimos en uno de los lugares históricos más importantes del mundo. Hay tanta vida acumulada en sus calles, sus plazas o sus casas, que si lográramos volver por un momento al silencio que un día la caracterizó en palabras del poeta, oiríamos sus voces. Lo que ocurre es que, de nuevo, no le podemos pedir a la ciudadanía más de lo que le corresponde.
Lo ideal sería implementar con urgencia programas de educación patrimonial bien diseñados y a todos los niveles, sostenidos en el tiempo. Estoy seguro de que si se hiciera, la respuesta de los cordobeses estaría a la altura de la ciudad que han conformado a lo largo de los siglos.
Ahora mismo están realizando las catas para la futura Ronda Norte y, al parecer, ya han surgido restos todavía sin clasificar. Más de uno ya estará pensando que la Ronda va a retrasarse por unas piedras…
Pido disculpas, pero he de volver a insistir: Todo es un problema de educación. Si la planificación de los trabajos ha sido correcta, difícilmente la arqueología provocará retraso alguno en la construcción de la Ronda. Por desgracia, es muy frecuente cargar sobre los arqueólogos la culpa de todos los males, cuando suele tratarse de un simple problema de mala gestión. Córdoba acumula ya muchos ejemplos de que los restos arqueológicos no han detenido nada, así que mejor no preocuparse, porque tampoco serviría de nada.
Si tuviéramos la formación correcta, quizá esos mismos agoreros que ahora temen los retrasos estarían deseando que la entidad de los restos provocara incluso un cambio en el trazado, pero en Córdoba la sensibilidad al respecto es muy limitada, los intereses cruzados, muchos, y no sería justo exigirle a la ciudadanía que perciba este tipo de proyectos con normalidad cuando se lleva ya meses pregonando desde muy diversos ámbitos sobre los riesgos que implica la arqueología.
Al respecto, déjeme, por favor, formular yo una pregunta: ¿Hay que matar al médico porque su diagnóstico sea de cáncer? Su trabajo es identificar la enfermedad y luego tratar de curarla. Pues bien, el del arqueólogo es, a la manera de un forense, leer con el máximo rigor posible la información que la tierra ha acumulado y, en el mejor de los casos, proponer qué hacer con ella, pero las decisiones las toman siempre otros, no se dejen engañar.
"El yacimiento Córdoba es de verdad extraordinario, en extensión, profundidad y secuencia; conviene no olvidarlo"
Por cierto, ¿qué se supone que puede haber aparecido por esa zona? ¿Romano? ¿Arabe? ¿Visigodo?
Yo le digo siempre a mis alumnos que, si supiéramos lo que vamos a encontrar, no excavaríamos. Se trata de una zona extramuros, y es fácil que se detecten restos funerarios o de residencias suburbanas romanas, de los arrabales o de almunias islámicas, tal vez incluso de los acueductos históricos de abastecimiento a la ciudad, y quién sabe de cuántas otras cosas. El yacimiento Córdoba es de verdad extraordinario, en extensión, profundidad y secuencia; conviene no olvidarlo. De hecho, la arqueología demuestra cada día que, por mucho que crezca hoy la ciudad, ya hubo alguna Córdoba histórica que se instaló allí antes.
Eso debería hacernos reflexionar y, como consecuencia de ello, ayudarnos a relativizar nuestro lugar en el mundo. Somos sólo una brizna de tierra en el sucederse ininterrumpido de los siglos, y tenemos la obligación moral y legal de documentar, y a ser posible conservar, lo que otros nos dejaron en herencia. Será la mejor forma de acercarnos a lo que un día fueron.
El Templo Romano en tiempos entró dentro del Plan de Grandes Ciudades de la Junta. Al parecer, el Ayuntamiento no va a volver a echar mano de ese programa. ¿Recomendaría usted usarlo para rehabilitar el patrimonio?
Desconozco los detalles de ese tipo de iniciativas, por lo que debo ser prudente al respecto. Obviamente, entiendo que el Ayuntamiento, como el resto de instituciones cordobesas, deberían acudir a todas aquellas convocatorias que puedan aportar fondos para la investigación, la conservación y la musealización de nuestro patrimonio; y si ese Plan los ofrece, ¿por qué dejarlo de lado? En cualquier caso, esta pregunta tendría que hacérsela mejor al responsable municipal de este tipo de cuestiones.
Pues imagínese que volviéramos al programa ése. ¿Dónde cree que primero haría falta?
Más allá de actuaciones concretas, urgentes y muy necesarias, como es el caso de Cercadilla o el Anfiteatro Romano de la ciudad, lo que Córdoba necesita desde el punto patrimonial es un Plan Director específico y, a ser posible, como antes adelantaba, un organismo que pueda gestionarlo de forma independiente, a la manera del Consorcio de la Ciudad Monumental, Histórico-Artística y Arqueológica de Mérida.
Habrá quien me diga que ya tenemos el PGOU, el Pepch y, muy especialmente, la Carta Arqueológica de Riesgo y una normativa pionera en cuanto a la protección patrimonial, pero una cosa es la teoría y otra muy diferente la práctica. Mientras no coordinemos esfuerzos y evitemos duplicidades, e incluso en ocasiones contradicciones flagrantes o entorpecimiento entre administraciones, seguiremos despilfarrando recursos y con el trabajo por hacer. Para resolver de verdad el problema del patrimonio en Córdoba hace falta voluntad política, capacidad técnica, claridad de ideas y mucho, mucho consenso.
"Para un arqueólogo lo importante no es lo monumental, sino la información, el dato"
¿Hay alguna localidad en la que podría mirarse Córdoba en materia patrimonial?
Se lo acabo de adelantar en la respuesta anterior. Las hay, y muchas, sin necesidad siquiera de traspasar nuestras propias fronteras. Mérida y Tarragona, por ejemplo, fueron con Córdoba las capitales de provincia hispanorromanas y, con todos los matices que se quiera, son sendos ejemplos de gestión, han hecho de la arqueología un marchamo de identidad, y cuentan ambas con un Museo Nacional de Arqueología y un centro específico de investigaciones sobre su pasado: El ICAC (Instituto Catalán de Arqueología Clásica) en el caso de Tarragona, y el Instituto de Arqueología del CSIC en el de Mérida.
A ellas se han sumado en los últimos años Cartagena, que ha obrado un verdadero milagro urbano a partir precisamente de la arqueología, y existen otras que han hecho también una labor ejemplar como Zaragoza, Barcelona, Alcalá de Henares o Valencia. Sólo tendríamos que compararnos con cualquiera de ellas para percibir en su más plena dimensión nuestras carencias, que nos hallamos en la más pura indigencia.
¿Cuál es el ‘equilibrio’ perfecto entre presente y pasado?
Sin duda, la convivencia, que sólo será posible desde el conocimiento, el respeto, la responsabilidad y la altura de miras. El pasado puede suponer un problema por cuanto implica la necesidad de ser conservado, pero, al mismo tiempo, es el que nos define como pueblo, el que constituye nuestra carta de presentación ante el mundo y el que atrae cada año a Córdoba a millones de turistas. No es, pues, enemigo de nada ni de nadie.
Ésta es una disyuntiva creada de forma maniquea y nada inocente, que busca justificar las destrucciones más o menos sistematizadas de las que ha sido objeto nuestra ciudad en las últimas décadas y se encuentra en la base de una dicotomía inexistente. Pasado y presente no sólo pueden -y deben- convivir en armonía, sino que, bien gestionado, el primero puede incluso convertirse en motor de futuro para el segundo.
Imagínese que se le presenta un mago de gran poder (o un hipermecenas, si lo prefiere) y le dice: ‘Dime qué te gustaría sacar a la luz de nuestro pasado que te lo voy a conceder”
Pues probablemente mi respuesta le sorprendería... No siento la necesidad de descubrir nada que no haya sido descubierto ya; sobre todo, teniendo en cuenta que no debería hacerse sino en el marco de proyectos sistemáticos de investigación que garantizaran, además, su adecuado tratamiento una vez exhumado lo que buenamente fuera. Para un arqueólogo lo importante no es lo monumental, sino la información, el dato. Por desgracia, el balance en este sentido es bastante dramático: Para que luego sea destruido, u objeto de intervenciones como la que en estos momentos se está realizando en el Templo Romano de la calle Capitulares, está mucho mejor cubierto de tierra.
¿Qué le respondería a ese 'mago-mecenas' a nivel cordobés? ¿Y si el deseo fuera para que eligiera cualquier otro lugar del mundo?
Le acabo de responder. Pediría que se terminara con las destrucciones, que se planificara adecuadamente para no cometer más errores de bulto, que se incrementaran los controles, que se sistematizara como es debido la investigación dándole el lugar que le corresponde, y posiblemente que no volviera a excavarse más, o se minimizaran las intervenciones hasta que no se estudien adecuadamente los cientos de toneladas de material arqueológico almacenado desde los años 80'.
¿Para qué seguir destrozando el yacimiento, o acumulando material, si nadie lo va a estudiar? Los recursos de la universidad son limitados, y fuera de ella la investigación es prácticamente inexistente. Por eso, una de las obligaciones más perentorias de las administraciones responsables sería apostar precisamente por esta última. Sin ella, sin la retroalimentación que representa para el conocimiento, no puede existir ni siquiera buena divulgación.
El solar anejo a la que fue hasta hace poco Biblioteca Provincial del Estado es un lugar idóneo para ubicar ese organismo rector del patrimonio que debería tener la ciudad
Personalmente, desconozco dónde puede estar el palacio del califa o del emir. ¿Si se supiera a ciencia cierta cree que debería desvelarse? ¿Y si estuviera en mitad del casco, que imagino que así será?
El palacio andalusí está perfectamente localizado. Ocupaba el solar del actual Alcázar de los Reyes Cristianos, ampliado grosso modo hasta el actual Obispado, el Palacio de Congresos y la Plaza de los Santos Mártires; un espacio enorme disgregado hoy en numerosos y muy diferentes elementos urbanos, por lo que incorpora importantes dificultades añadidas a la hora de abordar su estudio desde una perspectiva global.
Algunos restos del mismo se encuentran ya al aire libre en el solar anejo a la que fue hasta hace poco Biblioteca Provincial del Estado; un lugar idóneo, por cierto, para ubicar ese organismo rector del patrimonio del que hablaba antes y abrir una excavación que podría servir de laboratorio permanente para la formación de los alumnos de la cercana Facultad de Filosofía y Letras.
La comunidad científica cordobesa es bien conocedora de todo esto y no sólo ha abordado ya algunos estudios parciales al respecto, sino que, según me consta, algunos de mis colegas de la Universidad (y no sólo) trabajan en un gran proyecto de futuro para investigar el conjunto con la profundidad y el rigor que un complejo áulico de esta naturaleza merece. Lo que ocurre es que los tiempos de la investigación científica no son los de la política ni del turismo; y son tantas las dificultades, tanta la cerrazón, tantos los palos en las ruedas (desde los más diversos ámbitos), que resulta muy complicado perseverar en ella.
"Me produce cierto rubor que ni siquiera pudiéramos completar hace unos años la intervención en el Anfiteatro Romano"
¿Qué tenemos bajo tierra en Córdoba que a ciencia cierta a usted le hierva la sangre por no haber llegado aún a ello?
No se me ocurre nada; respuesta que entenderá si recuerda mi argumentación anterior. No se trata de cantidad, sino de calidad. Con todo, si me apura, me produce cierto rubor que ni siquiera pudiéramos completar hace unos años la intervención en el Anfiteatro. Los problemas que quedan por resolver en su arena son de tanto calado, que es difícil no llevarse las manos a la cabeza ante la imposibilidad de hacerlo.
De todas formas, el conocimiento sobre la Córdoba antigua ha avanzado de manera realmente extraordinaria en los últimos 40 años; y todo ello a pesar de las mil y una dificultades a las que antes aludía. Hay mucha gente que sueña con desvelar algún día el conjunto de Madinat al-Zahira, la supuesta ciudad palatina construida por el gran Almanzor; pero, de nuevo, creo haberle respondido antes. En mi opinión, de momento, y hasta que la arqueología y la gestión patrimonial en Córdoba no estén a la altura que el gran yacimiento cordobés merece, Madinat al-Zahira está mucho mejor bajo tierra.
Precisamente, ¿opina, como yo, que Medina Azahara no acaba de despegar como Patrimonio de la Humanidad? ¿En caso afirmativo, qué recomienda usted hacer?
Sé que en Medina Azahara se está trabajando denodadamente en la reconstrucción histórica y arqueológica del sitio, y, sin duda, se ha hecho un esfuerzo patrimonial y museográfico en el conjunto que se echa de menos en el yacimiento matriz de Córdoba. ¿Qué no acaba de despegar? Es posible...; pero esta afirmación habría que relativizarla partiendo de varias de las cuestiones que he ido señalando anteriormente.
Si la ciudad dejara de primar el turismo por el turismo y decidiera apostar de verdad por la investigación aplicada a su legado patrimonial en sentido amplio sostenida en el tiempo, por la conservación y musealización del mismo conforme a parámetros actuales e innovadores, y, en definitiva, por la renovación permanente del discurso patrimonial que ofrece al mundo, entendería sin dificultad que, con los recursos adecuados, la necesidad de visitar Medina Azahara surgiría en la mente de sus ciudadanos y de quienes nos visitan de forma natural; y una vez resuelto el problema de desconexión entre ambos conjuntos lo más complicado estaría hecho.
Conviene no olvidar que a día de hoy ni siquiera contamos con un sistema de señalización global, uniforme y adecuado a los tiempos, que permita a ciudadanos y visitantes entender, mientras las transitan, las distintas Córdoba que han sido.
"Hasta que la arqueología y la gestión patrimonial en Córdoba no estén a la altura que el gran yacimiento cordobés merece, Madinat al-Zahira está mucho mejor bajo tierra"
¿Le gustaría contar con un Museo de Cordvba? Me da la sensación de que tendríamos material de sobra y quizá el Sur del Guadalquivir, junto al C3A, sería un buen lugar.
Por supuesto. Con independencia de que se llamara Museo de Historia de la Ciudad o de cualquier otra forma. Ya he puesto antes los ejemplos de Mérida, Tarragona y Cartagena, que, por cierto, también cuenta con su propio Museo Nacional (el de Arqueología Subacuática). El tejido museográfico de Córdoba sigue siendo el mismo desde hace más de 50 años. Sin embargo, en Málaga, por ejemplo, su red de museos se ha multiplicado por mil en los últimos tiempos. La comparación, de nuevo, nos es muy poco favorable.
Efectivamente, un Museo de Historia de la Ciudad al otro lado del río podría convertirse en la puerta de acceso al Casco Histórico y le haría, por fin, justicia a las necesidades del gran yacimiento arqueológico sobre el que habitamos y que al mismo tiempo nutrimos (porque también nosotros seremos arqueología un día muy lejano).
Serviría, además, para reivindicar el arrabal emiral de Saqundah, cuya historia siguen desconociendo la inmensa mayoría de los cordobeses; una historia de la que, a pesar de representar sólo un segundo de los 5.000 años que nos animan, habría servido a cualquier otra ciudad desde hace mucho tiempo para construir un museo de sitio y hacer de ella bandera universal de valor y lucha por la libertad. Córdoba, en cambio, prefiere apostar por montar y desmontar escenarios. Eso lo resume todo.