lunes 27.06.2022
Cordoba Hoy

MUJERES EN EL COMERCIO DE CÓRDOBA

"El comercio de cercanía genera sinergías entre las propias tiendas y eso acaba haciendo barrio"

Silvia Alcaide, Ana López, Leonor Juliá y María Luisa Luque posan para Córdoba Hoy
Silvia Alcaide, Ana López, Leonor Juliá y María Luisa Luque posan para Córdoba Hoy
"El comercio de cercanía genera sinergías entre las propias tiendas y eso acaba haciendo barrio"

El restaurante El Invernadero, del Mercado Victoria, nos cede amablemente uno de sus rincones para que podamos charlar tranquilos (y fresquitos) sobre el papel de la mujer en el comercio de cercanía o de barrio. Participan en este encuentro María Luisa Luque, de Especolchón; Leonor Juliá Fernández, de Palabra de Miel; Ana López Arroyo, de El Outfit de Analó, y Silvia Alcaide Molero, de Distribuciones Masial.j. Cada una de un sector muy diferente y de un barrio de la ciudad también diferente, pero coinciden a la hora de poner sobre la mesa los problemas a los que se enfrenta el comercio en general y, afinando un poco más, la mujer dentro del comercio, en el que cada vez tiene un peso mayor, tanto en la parte de propiedad como en la de trabajadora.

En esta entrevista, que más ha sido una conversación guiada que otra cosa, amena, fluida y sincera, organizada por la Federacion Provincial de Empresarios y Autonomos del Comercio de Cordoba (Comercio Cordoba), se ha hablado de las dificultades que hay para mantener un negocio, especialmente ahora que se han vivido dos crisis seguidas, a cual más grave, al mismo tiempo que se lleva la casa o se cría a los hijos e hijas, de la competencia feroz que supone la proliferación de grandes superficies y de la venta on-line, de las complicaciones para acceder a ayudas generales para el mantenimiento del negocio y del empleo o de la masculinización y la feminización de determinados sectores dentro del comercio.

¿Quieren saber quién está más capacitado para llevar un comercio? No tienen más que leerlo. Ellas lo tienen muy, muy claro.

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Leonor Juliá, María Luisa Luque, Silvia Alcaide y Ana López, y posan para Córdoba Hoy

Denme a mí y a cualquiera que lea esto una buen razón para apoyar el comercio de cercanía, de proximidad, de calle o como ustedes prefieran denominarlo.

Silvia Alcaide: La generación de empleo, sobre todo. La calidad y la confianza. No es lo mismo ir a una gran superficie que no es un trato personal que puedes tener con tu cliente del que sabes sus gustos y lo sabes todo. Es lo que te da el comercio de cercanías y no puede hacerlo una gran superficie. Tú conoces al pescadero, al carnicero, el de la frutería y ellos saben tus gustos, saben de tus horarios, si tiene que llamarte para algo especial... Son cuestiones de pie de calle.

Leonor Juliá: En el tipo de negocio que tenemos nosotros el cliente tiene que probar y tocar el producto. Es algo básico. No puedes comprar una miel sin saber si te gusta un tipo u otro. Hay gente que te viene y te pide "yo quiero miel", "¿cuál?", "la normal" y eso no es así. Tienes que saber primero para que sirve cada miel y luego comprobar el sabor, que es distinto si le echas a un vaso de leche o a una tostada un tipo u otro. Por tanto, tenemos el trato y la cercanía y el poder sopesar el producto, sabiendo de dónde procede desde la colmena hasta su recolección. No tiene nada que ver que comprar por Internet.

Lo mismo pasa con los regalos. Nosotros escuchamos lo que buscan, el presupuesto que tienen y, según lo que digan, vas confeccionando ante sus ojos la cestilla. Ya sean regalos para comuniones o para ahora con las graduaciones para los profesores. Todo lo nuestro es artesanal y lo envasamos nosotros mismos. Tal y como nosotros lo hacemos, los clientes lo prueban y vuelven. De hecho, ahora ya no me queda.

María Luisa Luque: Ocurre lo mismo con los colchones. Se trata de eso, de la cercanía, que puedas probar el producto. Eso por Internet no lo puedes tener. Hay que ir a probarlo. Yo es que no pediría algo tan personal como una almohada o un protector sin probarlo antes. Esas cuestiones fuera de un comercio cercano no lo tienes. Eso desaparecería si desaparecen los comercios de barrio.

S. A.: Otro punto bonito que yo le veo al comercio de cercanía y de barrio son las sinergías que se crean entre unos y otros comercios. Porque con el local que tienes al lado lo conoces de toda la vida y a ti te viene alguien preguntando por algo que tú no lo tienes, y lo mandas al de al lado. Eso permite ir de tienda en tienda en un mismo barrio y eso, al final, le va dar riqueza a la zona. Eso acaba haciendo barrio.

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Silvia Alcaide

¿Ustedes que tienen cada una la tienda en una zona diferente de la ciudad practican también esa sinergia?

L. J.: Yo suelo recomendarlo mucho.

M. L. L.: Yo lo que no recomiendo, y a lo mejor me equivoco, es ir a una gran superficie, porque por ejemplo al lado tengo a una muchacha que vende colgantes y yo prefiero que vaya la gente a comprarle a mi vecina, porque estoy con ella, me tomo un café por las mañanas con ella, porque está pagando un alquiler y se está esforzando por que su negocio vaya arriba. Y, por supuesto, si tengo que regalar algo, voy primero a ella en lugar de ir a comprárselo a otra persona.

Luego otra cosa que también dan los pequeños comercios es la confianza que tú en el día a día adquieres. A mí me encanta que mis clientes me llamen por mi nombre o que yo las salude por su nombre cuando pasan por delante. Eso genera mucha confianza vendedor-cliente y viceversa. Esas cosas deberíamos intentar que no desaparecieran.

Antes lo han comentado: Para hacer barrio se necesita generar empleo, y ahí tienen un papel importante los comercios.

S. A.: Es que los barrios están cada vez más despoblados. Ciudad Jardín se está empobreciendo muchísimo. Santa Rosa está muriendo por momentos. Santa Rosa da pena verlo, con lo que era el barrio. Da pena ir por determinados barrios. Hay algunos que te dan pocas ganas de ir.

L. J.: Y que la gente echa de menos las tiendas. Yo por ejemplo, donde estoy en mi calle, de La Manifestación, en San rafael de la Albaida, no hay nadie. Yo estoy sola. No tengo ningún comercio al lado. Y los vecinos te dan las gracias por la alegría que le ha dado la tienda a la zona. Yo soy de las que llega la Feria y le doy aire y ambiente al comercio; llega Carnaval y lo mismo; con los Reyes, igual. Voy dando detallitos a la gente, una pirueta a los niños, diplomas en plena pandemia, llevando globos.

Eso implica que un comercio dinamiza y da vida al lugar donde se asienta.

L. J.: Mucho. Esa calle ha pasado de estar oscura a tener la iluminación de mis carteles y los escaparates. Dan vida a la calle.

S. A.: Y eso da seguridad. Porque el hecho de que haya comercios abiertos y tengan un horario, hace que esa calle tenga luz y movimiento. Si un comercio abre a las siete u ocho de la mañana y cierra a las dos, esa calle tiene tránsito. Las calles sin comercio son tristes.

(Se incorpora a la entrevista Ana López y se le explica en qué momento se está y sobré qué estamos hablando).

Personalmente yo agradezco mucho cuando llega el invierno y cae la noche demasiado temprano y ahí están las luces de esos escaparates que ahuyentan la oscuridad.

Ana López: Da alegría y seguridad. El pequeño comercio es el tú a tú del trato directísimo con el cliente. Vendes a una persona y no te pones el chip de vender como una máquina. Ahora en casi todas las grandes superficies se está imponiendo el auto cobro. Es que de seguir así, no vamos a relacionarnos con nadie. Es como la venta on-line, que no hablas con nadie, son todo a través de máquinas. Perdemos el trato directo y vamos a llegar al extremo de no relacionarnos ni para comprar ni para nada. La relación es necesaria y bonita y a través del comercio se fomenta.

Algo que siempre me he preguntado es que en un barrio la vida sigue, la gente va creciendo, llegan nuevas generaciones que son los hijos de los anteriores... ¿Son conscientes de que pueden llegar a ser sus futuros clientes? ¿Tienen que trabajárselos, por decirlo de alguna manera?

L. J.: Es que ya hay un trabajo que prácticamente viene hecho de antemano, porque como ya los padres son clientes, sus hijos vienen de segundas y tienen desde muy pronto una confianza en ti. Si mi madre va siempre a la misma carnicería yo, al final, termino yendo donde mi madre va, porque me gusta y porque si ella va es por algo.

Se crea tendencia, entonces.

S. A. Es lo que tienen las madres. Y el boca a boca al final es un medio de comunicación muy poderoso, al margen de todos los nuevos medios que han salido de redes sociales. Es que una buena recomendación personal en el tú a tú hace maravillas.

L. J.: Y que acaben contentos cuando comprueban la recomendación. En mi caso ya he comentado que hay poco tránsito, pero sí pasan muchos deportistas que van andando y se pasean por el Cinturón Verde de Córdoba, que es donde tememos nosotros las colmenas con unas carteles grandes para que se vean. Y muchos de ellos a lo mejor no traen monedero, pero se ha quedado con ganas de llevarse algo, lo que les digo es que se lo lleven y que cuando lleguen a casa me hagan un bizum. A lo mejor no los conozco de nada, pero esa confianza que les das, que te fíes de ellos, les lleva a que regresen y te compren con más ganas. Y encima se los dicen a sus conocidos y familiares y al día siguiente te pueden venir con gente nueva a la tienda.

Es muy importante mostrarse siempre alegre, que nadie te note con la cara larga en un día malo. Les das un vinito y ese tipo de pequeños detalles hacen que se genere fidelidad.

Comercio entrevista
Ana López

¿Eso significa que no tienen derecho a tener sus días malos?

L. J.: Te los tienes que dejar atrás. No puedes dejar que se te note. Es que cuando voy a un sitio quiero que me atiendan bien a mí. O cuando estás ya cerrando y te dicen "¡Ay! ¿Ya has cerrado?". Pues abres y le atiendes. No es que no haya horarios, pero sí cierta flexibilidad.

A. L.: Y a lo mejor no se lleva nada, pero sí miran.

L. J.: Y es que, aunque no se lleven nada esa vez, otro día vuelven.

¿Y son siempre los mismos clientes?

L. J.: Yo cada vez tengo más.

S. A.: Es que la miel, como lo hace ella es un tema muy innovador. Lo hace con mucha delicadeza, con mucho detalle y cuando lo ves te encanta. Es que en un supermercado no compras la miel como ella lo pone, ¡para nada! Trabaja en cuestiones muy personales y yo le he dicho que para la comunión de mi niña voy a mirar, porque es que nunca se me había ocurrido regalar miel.

A. L.: La verdad es que es un buen regalo.

¿Están ustedes notando que el peso de las mujeres en el comercio es cada vez mayor? No sólo como trabajadoras, sino en materia de responsabilidad.

M. L. L.: Claramente, sí.

A. L.: Hombre, claro. Cada vez hay más negocios o tiendas o pequeños comercios regentados por mujeres, y mujeres jóvenes. Es verdad que con el tema de la brecha salarial nos gustaría que cambiara. Amancio Ortega es uno de esos hombres que mueven marcas muy grandes, pero llegará un día en que nosotras también tengamos una responsabilidad de negocio tan elevada.

M. L. L.: De hecho, Amancio Ortega ya le ha dejado a su hija el imperio.

S. A.: Yo también se lo dejaría a mi hija. Veo muy necesario el relevo generacional. De hecho, en la última conferencia que yo hice, que la tuve el año pasado con el Instituto Andaluz de la Juventud trataba sobre esa cuestión. Si yo tengo un negocio que va bien y veo que puede ser próspero, voy a intentar que mi hija, si quiere, formarla para que siga el camino de la empresa. Qué mayor orgullo que dejarle a tu hija tu imperio, en este caso el de Amancio Ortega, que ella lo pelee también desde chica. A día de hoy, ese relevo generacional está muy perdido. Pero se lo tiene que ganar.

Yo tuve la opción de quedarme con la carnicería de mi padre, pero me dediqué a estudiar y a otro tipo de cosas, pero al final no he dejado el comercio, pero no me veía cortando filetes. A él le hubiera encantado, claro. Pero a día de hoy una empresa consolidada en su sector a quién mejor se lo vas a dejar que a tus propios hijos.

ENTREVISTA COMERCIO 51
María Luisa Luque

¿Está la mujer más capacitada para determinados negocios que el hombre?

M. L. L.: Sí (muy contundente).

¿En el comercio también?

M. L. L.: En el comercio sobre todo. 

¿Por qué?

M. L. L.: Yo tengo compañeros y compañeras. A ellos los pones allí y te la pueden liar. Habrá de todo, y los hay muy bien formados, pero la gran mayoría no tienen esa manera, forma o como quieras llamarlo de atender que tienen las mujeres. La gran mayoría de las mujeres a la hora de atender, a la hora de manipular hace que el cliente se sienta como más seguro. Eso me pasa a mí; estoy más cómoda hablando con una mujer que con un hombre.

Está claro que eso va a depender del tipo de cosas que vayas a comprar. Yo cuando veo a un hombre en la tienda me digo que no se va a llevar nada porque su mujer es la que va a dar su autorización a un colchón. Llevo ya 14 años y para que me hayan comprado directamente dos hombres habrá pasado todo ese tiempo. Te sueltan eso de "ya vendrá mi mujer", y lo que piensas de inmediato: "Eso ya lo sabía yo". Aún así, te piden que les enseñes lo que sea, y a mí no me importa, que estoy aquí para eso.

¿El trato de una mujer a la hora de atender es más cercano que el de un hombre?

M. L. L.: Cambia por completo. Si viene la pareja, casi siempre miro a la mujer, habló con ella, y es que el trato de mujer a mujer me inspira más confianza. La verdad es que me he topado con mujeres que a la hora de vender han mostrado un carácter pésimo y, sin embargo, he visto también a hombres que son para quitarse el sombrero por cómo se expresan, pero de forma general las mujeres lo hacemos mejor que los hombres.

L. J.: En lo que es vender.

M. L. L.: En la gran mayoría de las cosas (todas se ríen).

L. J.: Yo me pongo de ejemplo, porque tengo que estar con mi marido por narices y con más miembros de la familia, porque físicamente yo no puedo cargar una caja. Habrá funciones que yo desempeño mejor o tengo más habilidad o tengo ese toque que le puedo dar yo y él no. A mi marido le puse un día a hacer botecitos de comunión y al primero que hizo que le saltó la goma dijo "ahí te quedas tú con el bote". Que se vaya él a las colmenas a estar todo el día al sol. Hay trabajos y trabajos y en todos no podemos decir que hay igualdad porque es imposible. Pero para atender al público, sí veo que somos más avispadas.

Entrevista mujers 5
Leonor Juliá

El comercio está bastante tocado tras dos crisis seguidas y viene renqueante de antes por la proliferación de grandes superficies y la irrupción de la venta on-line. ¿Creen que en una situación como ésa, en la que hay complicaciones para mantenerse, el hecho de ser mujer es un problema añadido?

A. L.: No tiene por qué. En mi caso yo he abierto en mayo de 2020. Tenía la ilusión de abrir mi negocio en marzo o abril y llegó la pandemia; lo tuve que posponer, pero como ya lo tenía todo más que montado no podía echarme para atrás. Sí he notado los impedimentos que he tenido para avanzar, pero no creo que haya sido por el hecho de ser mujer, simplemente es que me ha tocado una época muy mala y muy dura. A día de hoy pasan por la puerta y todavía tienen que ver de qué es la tienda. Además, no he podido acceder a ningún tipo de ayuda, y no sé si es por mujer o por joven, pero me parece que las administraciones deberían dar un apoyo o un impulso económico. Me dijeron que antes de la Covid había ayudas y no sé si con la pandemia se quedaron paralizadas. El caso es que yo abrí post-Covid, después del estado de alarma y no me he podido acoger a nada y he tenido que hacer frente a muchas trabas.

(En este punto surge de repente la solidaridad de las otras tres mujeres)

L. J.: Pero ayuda sí hay, lo que puede pasar es que no estamos informados.

S. A.: No, pero para la mayoría, Leonor, no hay. Para menores de 30 años hay un montón, pero los menores de esa edad no van a iniciar una actividad.

L. J.: Me refiero a personas que abran un nuevo negocio a través de CADE Córdoba, te lo facilitan todo. Si hoy sale algo, me están llamando o me están mandando un correo. Si quieres, Ana, te paso el teléfono. El primer año te pagan el autónomo y te resuelven muchas cuestiones.

En estas cuestiones, lo suyo es tener claro a quién acudir para solicitar esas ayudas.

A. L.: Sí, claro, pero se supone que un asesor está informado de esas cosas o ls asociaciones también, pero a mí no me llegan correos... Bueno, tengo que reconocer que desde la Cámara de Comercio me llegó el otro día una nota de que había ayudas para la digitalización de los negocios.

L. J.: Ahora hay una que te dan hasta 3.000 euros si no has solicitado ninguna. Te pagan el autónomo desde 2021 hasta ahora. Lo mismo si tienes alquiler. Yo es que pregunto mucho y me oriento.

S. A.: Lo que está hablando Leo son del Instituto Municipal de Desarrollo Económico y Empleo (Imdeec), que salieron hace muy poco y hay un plazo si te diste de alta antes del 30 de junio del año pasado.

A. L.: Es mi caso.

S. A.: Entonces entrarías en la línea 2 de mantenimiento.

L. J.: Que ayudas hay.

S. A.: Sí pero estamos hablando que son 100.000 euros en total, que eso es una cantidad mínima, por no decir irrisoria, y no va a llegar prácticamente a nadie por la cantidad de comercios que hay.

A. L.: Es que no hay quien lleve ese tipo de gestiones. El asesor no lo hace.

M. L. L.: Es que si yo me entero de las cosas no es por el asesor, sino porque me lo dicen y soy yo quien tengo que estar encima. Y si te pago es para que me ayudes en estas cuestiones, busques tú y me facilites la vida.

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Leonor Juliá, María Luisa Luque y Silvia Alcaide posan para Córdoba Hoy

¿Ustedes tienen contratados asesores? ¿Son para esas cuestiones?

S. A.: En teoría tienen que ser y estar ahí para todo.

M. L. L.: Por ejemplo, a través de una trabajadora de un banco me ha informado de que hay tal ayuda y como me piden un montón de papeleo yo se lo mando al asesor y el asesor me lo ha reenviado, pero si me entero de estas cuestiones no es por él, sino por la del banco. Y en esas cuestiones él también tendría que estar al tanto y decírmelo.

Quizá haya que replantearse la labor de las asesorías en materia de comercio.

M. L. L.: Cierto. Es que se supone que un asesor es una persona que te asesora.

La verdad es que el mero hecho de que estén las cuatro aquí juntas hablando de la mujer en el comercio le ha permitido a Ana López enterarse de que existen ciertas ayudas a las que puede acceder. Lo que demuestra que la unión hace la fuerza.

S. A.: Totalmente.

Otra curiosidad que tengo es saber qué hace alguien que entra en una tienda y detrás del mostrador hay un hombre o una mujer. ¿Habitualmente a quién se dirige, a él o a ella?

S. A.: Depende de lo que vaya a comprar.

M. L. L.: Y si el cliente es hombre o mujer también.

A. L.: Yo es que estoy sola. No es mi caso. 

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Leonor Juliá, María Luisa Luque y Silvia Alcaide posan para Córdoba Hoy

Lo planteo de otro modo: ¿Hay sectores más masculinizados o feminizados que otros en el comercio?

M. L. L.: Si, por ejemplo, te vas a comprar ladrillos seguro que es más de hombres.

A. L.: La electrónica, hoy por hoy, es más de hombres. Para comprar videos o televisiones lo lleva un hombre.

L. J.: Para comprar una casa o un piso casi siempre hay una mujer. 

M. L. L.: He tenido casos en mi tienda que han venido clientes a decir que, por ejemplo, los canapés hacen ruido al acostarse y se lo han dicho a los montadores que son los que los montan y saben la razón por la que suenan. Ahora bien, si vienen a por una almohada directamente se vienen hacia mí, aunque vean a un montador o a otro dependiente masculino en la tienda. Yo pienso que depende mucho del producto que uno busque o necesite en ese momento te diriges a un hombre o a una mujer. Es casi instintivo También es verdad que los hay que me han dicho si se podían llevar algo en ese mismo momento y les he dicho que sí, pero que yo no les podía ayudar a cargar un colchón, porque no puedo. No tengo fuerza física para eso. Eso lo tienen que hacer mis compañeros. Tampoco puedo levantar una tapa de 1,50 ni me echo al hombro, como sí hacen ellos, un colchón de 1,50. Las cosas como son.

Usted ya ha comentado antes que suelen ser las mujeres las que deciden el colchón que va a acabar en una casa.

M. L. L.: En un 90%. Lo digo porque llevo 14 años en el negocio y lo he comprobado. El que llega solo y lo compra es porque está separado o divorciado o soltero. Pero quien tiene una mujer no lo suele comprar nunca, y si lo ha hecho, al final la mujer le ha dicho "ése no, quiero aquél".

L. J.: En el tema de la miel, cuando mi marido está, atiende estupendamente y es muy amable. Pero el negocio es más que eso. Él no entiende el trabajo que hay en los detalles y en el tiempo que dedicas a elaborar por ejemplo frascos pequeños. Cree que para 30 céntimos no merece la pena, pero es que yo veo en eso publicidad. Tienes dos maneras de hacer las cosas en este negocio: Tu trabajo hacerlo en tu tiempo y otra muy diferente es encargar folletos y limitarte a repartirlos. El primero es más personal y es el que yo prefiero.

M. L. L.: Yo a mi marido lo he visto atender y yo atiendo mucho mejor que él. Hay una diferencia abismal. Y él lleva 30 años con el negocio y ha atendido mucho, pero la forma que yo tengo del trato a la clientela es mejor. Yo cuando atiendo interrogo porque no pueden llevarse cualquier colchón. Mi marido me dice que a veces soy pesada, pero es que yo tengo que saber para ofrecerles el que más les conviene a los clientes y no el que más me conviene a mí. Eso es atender mucho mejor.

¿No les da la sensación de que el comercio comenzó siendo algo masculino y se ha ido feminizando a pasos agigantados?

M. L. L.: Es que antes la mujer se quedaba en la casa con los niños y punto.

L. J.: Antes con un sueldo se vivía y ahora con uno no haces nada. Ahora hay que estar sí o sí los dos trabajando. Ocurre que ahora cada vez más las mujeres piensan que no quieren trabajar para otros, así que se lían la manta a la cabeza y se montan su negocio. Yo he estado siempre, desde los 18 años, trabajando en el sector de papelería, en Vistalegre, en Ibertécnica, en Iberofic, y llegó un momento en que me dije que no me sentía bien, porque me gusta vender y esté donde esté lo doy todo, pero no estaba satisfecha. Así que me metí a fondo en el negocio de la miel.

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María Luisa Luque

Pero ya no se trabaja sólo por que haya dos sueldos en casa.

S. A.: Es que la mujer ha cambiado y se niega a quedarse en casa.

L. J. Hay una mentalidad diferente.

A. L.: Es muy bonito el tema de la maternidad y la crianza de los niños, por supuesto, pero llega un momento en que una quiere algo más. Trabajar y sentirse válida y si, además, eres capaz de emprender tu propio negocio, te podrá ir bien o mal, pero al menos lo intentas. Sabes que estás trabajando para ti misma y mi tiempo lo invierto en mí; si me va bien, estupendo, y si no, qué se le va a hacer.

Han sacado a colación la crianza de los hijos. ¿Es un impedimento, una complicación, una traba para un negocio comercial?

A. L.: En mi caso, los niños ya están crecidos y precisamente eso me ayudó a decidirme. Pero está claro que al final te tienes que multiplicar, porque hay que atender la casa, las compras, todo... Y eso es así, porque el peso de la casa recae casi siempre en la mujer, con la ayuda de los abuelos para poder organizarte.

S. A.: Yo he tenido que cerrar la tienda. Tuve una niña que se me puso mala con Covid y durante 42 días estuve sin repartir en Córdoba. Y cuando nació mi segunda tenía la baja de maternidad, pero a los cinco meses la ingresaron y estuve una semana en el hospital con ella. Mi marido seguía trabajando, en su puesto de trabajo, porque no es tan fácil que en una empresa privada te den la baja para ir a cuidar a tu hijo en el hospital, y yo tuve que bajar ese tiempo la persiana. Así que tuve que decir que era yo la que hacía el sacrificio y lo hice.

ENTREVISTA COMERCIO 3
Silvia Alcaide

¿El autónomo no recupera eso? ¿Si se cierra la tienda no hay nada que hacer?

A. L.: Si se cierra así se queda. Y sigues pagando el alquiler y sigues pagando autónomo.

M. L. L.: No sólo eso, es que encima pierdes las ventas de esos días. Si no abres, no vendes.

S. A.: Es muy complicado.

L. J.: Se te va el cliente a la competencia y cuesta recuperarlo.

S. A.: La conciliación vida laboral-familiar es realmente complicada. Y más siendo mujer, porque ésta, al final, es la que lleva la casa, lo queramos o no.

De acuerdo. ¿Y qué hay que hacer para cambiar esa situación en el comercio?

L. J.: Creo que debería haber más ayudas o facilitarle la vida a los autónomos, poniéndolo más barato. No para que haya más dinero, sino para poder a lo mejor contratar a alguien y que esa contratación no sea tampoco tan cara. Yo ahora mismo estoy desbordada de trabajo, pero no saco ni para mí. Te dicen que estás empezando y viene una pandemia, y cuando empiezas a sacar un poco la cabeza, te das cuenta de que la tienda se te queda pequeña y tienes que adquirir una nave para almacenar el producto. Hipotécate otros 20 años para hacerte con una nave, que se une a la hipoteca del piso y el alquiler de la tienda y rezando por que no te vayan mal las cosas. No hay nada peor que te venga alguien y te diga "te va muy bien" porque te haces con una nave. ¿Tú sabes el margen que tiene esto? Es verdad que mueves y manejas mucho dinero, pero luego ese dinero es para invertir en todo lo necesario.

Me están diciendo, por tanto, que hacen falta ayudas concretas para la conciliación.

L. J.: Ayudas para poder contratar a personas.

M. L. L.: Que no la hay.

L. J.: Yo podría decir de quedarme en casa por la tarde o que un día a la semana poder descargarme de trabajo.

S. A.: No es sólo por contratar. Es que con los seguros sociales sale inviable contratar a alguien una semana o dos semanas. Se te va la ganancia. Y luego te tienen que responder bien.

L. J.: Ésa es otra. Yo he tenido que me ofrecen gente de prácticas de la Universidad para controles de la miel y les dices que tienen que estar a las cinco de la mañana y te responden que se acaban de levantar y que tienen que desayunar. Pero yo tengo que estar de pie antes de que amanezca para volver a transportar las abejas de un sitio a otro.

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Ana López

M. L. L.: A mí me dice ahora mi marido de abrir otra tienda y me tiemblan las piernas. O incluye a alguien para atenderla o yo digo que no. Tenemos tres tiendas y tenemos suerte de que ahora tenemos empleadas buenas, pero hemos tenido cada una... Si les pasa algo tenemos que cerrar la tienda.

S. A.: Las ayudas que hay no son útiles. Están destinadas a la trampa, al que no trabaja, al que no quiere. Porque al emprendedor le dan ayudas, pero luego hay que declararlas, vamos a empezar por ahí. Al final esa subvención se queda en nada y es un engañabobos. No creo que sea necesario pertenecer a colectivos concretos para percibir esas ayudas. La llamada discriminación positiva está beneficiando siempre a los mismos sectores y hay que decir que hoy en día todos estamos necesitando esas ayudas o un puesto de trabajo.

L. J.: Esto es muy sacrificado y hay que tener un par de narices para trabajar en esto. Tienes que sacrificar muchas cosas; mi hijo se tira solo todo el día.

M. L. L.: Las personas a las que les estás ofreciendo un puesto de trabajo y renuncia por no querer trabajar a jornada completa o no quiere trabajar los sábados o no quiere trabajar en verano, a ésas tendría que haber alguien de la Administración que les castigara sin ayudas, porque lo suyo es trabajar y no ser mantenido por el sistema. Tú ofreces un puesto de 1.200 o 1.300 euros, lo que marca el comercio ahora, y vas a estar en un sitio con aire acondicionado, sin esfuerzo físico, y que te digan que no porque no pueden llevar a su hija al parque por las tardes es para hacer algo. Mi madre se pasó la vida trabajando y no me ha llevado ella al parque, me llevaba mi abuela o mi vecina o quien sea. A los mantenidos la Seguridad Social debería detectarlos y sancionarlos. Y no hablo de hombres o mujeres, sino de todo el mundo. Es que tuve que hacer 38 entrevistas y todas me decían que no hasta que me encontré con una que sí quería trabajar. He llegado a tener una persona que se fue porque decía que no querían dejar al perro solo; algo surrealista.

¿Están teniendo, entonces, complicaciones para contratar?

M. L. L.: ¡Ya te digo! Muchísimo. Hasta el punto de que yo montaría otra tienda y amo la monto porque no encuentro quien quiera trabajar. Para encontrar a la que tengo ahora me he tirado un año y medio. Y sólo de pensar que se me pueda ir alguna de la tienda me pongo mala.

S. A.: El empresario siempre tiene la imagen de ser el malo. Pero el empresario tiene que aguantar unas condiciones muy complicadas y tienes que aguantar de todo.

COMERCIO
Leonor Juliá

¿Haría falta, entonces, que las leyes fueran más flexibles?

S. A.: Más que flexibles, necesitaríamos una legislación real y pegada a tierra. Yo también soy abogada y tengo que decir que la legislación laboral para el empresario es asfixiante. Que no todos los empresarios son ricachones poderosos. Hay que afrontar una serie de costes laborales leoninos y para poder echar a alguien que no quiere trabajar, pero que tiene que estar en una tienda de cara al público con los modos, te cuesta una barbaridad y tampoco es eso. Hay muchas casuística que se puede dar.

L. J.: Es que una persona así te echa para atrás la tienda.

S. A.: Pero es más, para el caso contrario tampoco hay facilidades. Por ejemplo, María Luisa ha hablado de esa trabajadora que le está funcionando bien, si quieres incentivarla o quieres mantenerla porque estáis las dos contentas, bien podrían darnos facilidades para mantener ese empleo de calidad. Lo que nos puedan hacernos ahorrar a los empresarios se lo puedes dar a ella como gratificación.

Entrevista mujeres
Leonor Juliá y María Luisa Luque posan para Córdoba Hoy