jueves 26.11.2020
Cordoba Hoy

MUJERES INTERESANTES DE CÓRDOBA

Helvia Albina financió el Teatro Romano cordobés y formó a los universales Séneca y Lucano

También llevó la intelectualidad a las mujeres reuniendo en su entorno a las que estaban interesadas en la poesía, entre ellas Pola Argentaria
Helvia Albina y Pola Argentaria en una representación de las Kalendas de Córdoba
Helvia Albina y Pola Argentaria en una representación de las Kalendas de Córdoba
Helvia Albina financió el Teatro Romano cordobés y formó a los universales Séneca y Lucano

Gracias a los dioses, que dirían los antiguos, Córdoba, en este caso Corduba, estuvo plagada de mujeres extremadamente inteligentes que mejoraron sobremanera el devenir de una de las capitales más influyentes que hubo en la historia de la humanidad. Una de ellas era bética de pura cepa (no seguidora del equipo de fútbol, sino como natural de su patria chica) y su ámbito de influjo se expandió por el Sur de una Hispania que aportó un número interesante de emperadores a la gran potencia de la época.

¿Qué época era? Alrededor de 24 años antes de que un Dios cobrara forma de hombre para purgar los pecados de todos nació en Urgavo Alba, la actual arjona jienense, una chiquilla a la que sus padres, del noble linaje de los Helvii, dieron el nombre de Helvia al que unieron el gentilicio de Albina para que no olvidara su cuna. Se calcula su posible fecha de nacimiento porque el cálculo de edad con su posterior marido era de unas dos décadas de diferencia entre ambos. Y aún así fue un matrimonio muy bien avenido y fructífero en hijos, hasta el punto de que uno de ellos fue el mismísimo Seneca, con un gran respeto mutuo entre la pareja y al parecer hasta algo de amor.

Era costumbre por entonces (ya ahora sólo relegado a algunos rincones del mundo excesivamente retrógrados) que las mujeres salieran del hogar paternal en cuanto tuvieran la menstruación, en su caso a los 14 años para encaminarse a Corduba y casarse con Séneca 'El Viejo', Marco Anneo.

Pero no. Si destaca esta mujer, apodada 'La Menor', no fue por ser la madre de alguien o la esposa de otro. Brilló con luz propia gracias a su capacidad de aunar en su entorno al mundo de la cultura y la intelectualidad de la época, porque ella era como una luz hacia la que volaban casi involuntariamente todas las polillas destacadas por su verbo oral y escrito.

 El caso era que como su marido viajaba a menudo a Roma (el viaje desde el Sur de Hispania hacia la capital del mundo era de meses), ella se encargaba también de gestionar el amplio patrimonio familiar y llegó a hacerlo incluso sin la tutela paternal o marital. Una prebenda concedida desde la mismísima Roma por haber tenido un número suficiente de hijos.

Eso le permitió acaparar en sus manos un interesante poder de decisión que la llevó, por ejemplo, a financiar la ejecución del Teatro romano cordobesa que se encuentra en los sótanos del Museo Arqueológico. Y para hacerse una idea del influjo y poder que estaba concentrando en su persona baste saber que ella introdujo a su hijo en el filosofía casque se convirtió en un pensador universal. Evidentemente, ella en un principio estudiaba con Seneca y sus maestros, pero 'El Viejo' acabó prohibiéndoselo por considerar que era 'peligroso para su moral'.

¿Les suena ese principio de que la mujer cuanto más ignorante mejor se la domina? Pero no deja de ser curioso porque fue él quien la dedicó por el gusto hacías las humanidades en sus dos primeros años de matrimonio, y eso incluía el conocimiento de las artes retóricas, la creación literaria y la reflexión filosófica.

Aún así, ella pareció entenderlo y cambió para ser el mejor modelo de 'matrona romana', es decir educadora de hijos y nietos, guía espiritual familiar (casi como una sacerdotisa donde su palabra era ley) y gestora patrimonial.

Pero si por algo merece ser destacada es por contar siempre a su alrededor con una densa nube de poetas, oradores e intelectuales con los que siempre colaboró impulsando la obra de su nieto, el poeta Lucano. Sin ella, el mundo, y no sólo Córdoba, jamás hubieran tenido a un Seneca ni a un Lucano, estudiados a nivel universal.

Esa labor de fomento de la intelectualidad la llevó también al mundo femenino. Su casa (recordemos que la gestionaba ella como quería) sirvió de sede para un grupo de mujeres interesadas en la poesía, entre ellas muy probablemente la esposa de su nieto Lucano, Pola Argentaria (que contará con su propio artículo más adelante), a modo de salón literario y su ingente labor intelectual permanece hasta que muere.

Fue tal el papel de esta mujer en la generación de grandes hombres universales que su hijo, Seneca, le dedicó una obra, 'La consola´con del Helvia', donde la ensalza a todos los niveles.

Más de uno considera que hubiera sido capaz de escribir sus propias obras, no sólo de poesía, sino también de oratoria, pero se desconoce si se atrevió a ello. Para la arqueóloga Dolores Mirón, el gran mérito de Helvia, a los ojos de sus hijos era "haber sido una mujer de ánimo varonil, pero de vida femenina, es decir, siempre entregada al cumplimiento de su papel de género". Un freno demasiado fuerte para haber estallado como una supernova de habérselo permitido las circunstancias.

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