Centro de desintoxicación en Córdoba con profesionales especializados

CHICA RUBIA

Las adicciones, bien sean a sustancias o a determinados hábitos, representan una de las grandes lacras en lo que respecta al sistema de salud actual. A diferencia de lo que muchas personas creen, nos encontramos ante unas enfermedades muy comunes en los tiempos que corren. Vencerlas no resulta sencillo y sin ayuda resulta inviable. Por eso, el papel que desempeñan los mejores centros de desintoxicación es crucial. Veamos qué recursos presentan estas clínicas y cómo encontrar un lugar de alto nivel en la ciudad de Córdoba en el que recuperar la calidad de vida perdida.

Métodos asistenciales clave para superar una adicción

La decisión de superar una adicción no es sencilla de tomar; no obstante, cuando se produce, es importante que el centro de desintoxicación en Córdoba elegido sea capaz de ayudar al paciente de la manera más efectiva posible. En este sentido, el Modelo Minnesota para tratar adicciones se ha convertido en uno de los métodos asistenciales más relevantes del momento.

Se trata de un tratamiento intensivo que se emplea, sobre todo, en los casos de alcoholismo. La corta duración y la rápida incorporación a la vida social resultan ventajas significativas con respecto al resto de las terapias existentes. Una metodología que presenta un enfoque integral sobre la enfermedad para cortar de raíz la dependencia sin que ello suponga perder su actividad habitual.

El Modelo Minnesota combina el programa de los Doce Pasos con la asistencia médica, psiquiátrica, psicológica y farmacológica. Un tratamiento clínico y humanitario a partes iguales que pretende incentivar el desarrollo personal a medida que se deja atrás esta enfermedad crónica. De este modo, el tratamiento se desarrolla tanto en el centro de desintoxicación como fuera de él.

La importancia de la psicoterapia

Uno de los principales elementos en los tratamientos para dejar las drogas en Córdoba, también en el Modelo Minnesota, es la psicoterapia. Recibir asistencia continuada por parte de psicólogos es esencial en este tipo de procesos; quienes desarrollan terapias personalizadas para cada uno de los pacientes que acogen en dichos centros.

En este punto, encontramos hasta tres tipos de terapias diferentes. Por un lado, tenemos las individuales, donde el paciente y el psicólogo se centran en el origen de la adicción y en sus posibles causas emocionales. Asimismo, destacan las terapias familiares, brindando al entorno del paciente el puesto de rigor que ocupan en su recuperación. Todo ello sin dejar de lado las terapias grupales, encontrando un lugar seguro en el que sentirse escuchados y comprendidos.

El objetivo es recuperar las riendas de la vida que la adicción se llevó sin piedad; pasando por una fase de desintoxicación, otra de deshabituación, una de rehabilitación y finalmente de reinserción. Cuando se llega a la meta, el paciente volverá a ser feliz, evitando en gran medida el riesgo de sufrir una recaída en un futuro.

Centro de ingreso o ambulatorio: un tratamiento personalizado

Por mucho que el Modelo Minnesota abogue por no perder la vida social, hay ciertas situaciones de extrema gravedad que requieren de un ingreso en un centro especializado. Allí, los mejores profesionales se encargan de comenzar la etapa de desintoxicación con fármacos. Puede que sea la etapa más dura; pero, con el apoyo adecuado, superarla se simplifica.

Ahora bien, cada persona es un mundo y no todas las adicciones son iguales. Por eso, las mejores clínicas también ofrecen el conocido como tratamiento ambulatorio, que prescinde del ingreso. Este procedimiento permite al paciente compaginar su rutina con el tratamiento en cuestión, dando los pasos adecuados hacia la recuperación sin perder grandes cosas en el camino.

Sea como sea, es importante que el centro de desintoxicación ofrezca un servicio personalizado y a largo plazo. Incluso los pacientes recuperados necesitan la ayuda de los mejores psicólogos especialistas en adicciones. Una enfermedad que muchas personas padecen hoy en día y que, por suerte, tiene solución. Eso sí: hay que atreverse a reconocer la afección y ponerse en marcha para recuperarse.