miércoles 05.10.2022
La ciudad

Los vigilantes mudos del río

En el entorno de la Ribera un buen puñado de calles tienen nombres singulares, como Bataneros, Lineros, Tundidores, Espartería, Alfayatas (sastras), Cedaceros, Mucho Trigo... Todas ellas tienen algo en común: son oficios relacionados con la actividad económica que antaño generaron en Córdoba los molinos del río Guadalquivir, bien para la producción textil, que tuvo su máxima expresión en las telas y brocados cordobeses de la Edad Media; o para la producción de harina de trigo, hasta fechas mucho más recientes.

En su día llegó a haber hasta once molinos en el cauce del Guadalquivir a su paso por Córdoba, pero las crecidas, la propia fuerza del agua, las inclemencias del tiempo y, sobre todo, el abandono, han hecho que ya sólo asomen seis de ellos. Son los de Martos, San Antonio, Alegría, Albolafia, Pápalo Tierno y de Enmedio; de ellos, sólo los tres primeros son visitables -el de la Alegría está en el interior del Jardín Botánico-.

Como atractivo turístico, la ruta de los molinos del río es posiblemente una de las grandes desconocidas, y eso que los pocos que se pueden visitar tienen un atractivo innegable. El mejor conservado es el primero aguas arriba, el de Martos, que hasta los años 90 estuvo abandonado y sirvió como hogar de vagabundos y peores cosas. Pero tras una profunda restauración, hoy alberga un sencillo pero interesante Museo del Agua y conserva las salas de molienda como en los siglos XVII-XVIII.

El molino de Martos, una aceña medieval, ya estaba ahí cuando se produjo la reconquista de Córdoba, en 1236. Desde entonces sirvió durante toda la Edad Media como molino textil, con ruedas verticales que hacían girar los batanes para tratar las telas. Con el paso de los siglos sufrió numerosas modificaciones, como la introducción de ruedas horizontales que hacían girar las piedras de molino -hasta 10 llegó a tener- que aún hoy pueden verse en el interior de una espectacular sala.

Muy probablemente, el aspecto actual del molino de Martos es el mismo que debió tener en el siglo XVIII, con varias plantas, canales y una zona inundable de la que da fe una placa que recuerda la última crecida del río en 2010; el agua casi llegó a la planta donde se ubica el museo, a ras del Paseo de la Ribera.

Otro molino visitable es el de San Antonio, al lado de la Calahorra, de orígenes similares en el tiempo. En la actualidad albera el centro de interpretación de los Sotos de la Albolafia, un espacio natural protegido único puesto que se enmarca en el interior de una zona declarada Patrimonio de la Humanidad, entre los puentes Romano y de San Rafael. Se sabe que en su construcción sólo tenía una planta en lugar de las dos actuales, y fue el último que estuvo en servicio, hasta la década de los 60 del siglo pasado, como pequeño astillero para construir las barcas con las que se cruzaba el río en esa época.

El molino de San Antonio conecta con el de la Albolafia, en el otro lado del río, mediante el llamado azud de Culeb, que corre paralelo al Puente Romano. Cuando el río viene con poco caudal, se puede apreciar su trazado por el efecto sobre el agua.

Y justo sobre esta azuda se asientan otros dos molinos, en estado de abandono y de difícil acceso. El de Pápalo Tierno o Téllez está conectado con una pasarela al de San Antonio, pero es imposible atravesarla por la gran cantidad de vegetación que la cubre. El de Enmedio hace honor a su nombre y se alza sobre las aguas del río en mitad del cauce; es cuestión de tiempo que termine derrumbándose.

Finalmente, el molino de la Alegría se halla aguas abajo del Puente de San Rafael, en el interior del Jardín Botánico, y alberga un museo paleobotánico de los mejores de España en su categoría. Es uno de los más grandes y su restauración se llevó a cabo a principios del milenio.

El Ayuntamiento de Córdoba organiza visitas guiadas desde la semana pasada a los molinos de Martos y de San Antonio, en horario de 11 y 12.30 de la mañana y 18.00 horas. Son gratuitas y pueden solicitarse a través del correo  [email protected] o por teléfono en el 957 200 018.

Los vigilantes mudos del río