Falta la mitad, pero estas bovedillas las costeó el Ayuntamiento de Córdoba a la memoria de los guardafrenos que murieron en una de las peores catástrofes ferroviarias del país, ocurrida el 23 de enero de 1920 en la línea Córdoba-Almorchón, donde hubo en total 10 fallecidos, así como 19 heridos graves, entre pasajeros y trabajadores del ferrocarril. Habría que preguntarse dónde está la otra mitad de la enorme losa de mármol blanco que recuerda aquel funesto día.
La luz de las vidrieras juega juguetona con reflejos multicolores sobre la tumba de la Marquesa de Conde Salazar, cuyo mausoleo se ha habilitado para que haya columbarios en su interior que puedan ser adquiridos por el pueblo llano para reposar eternamente.
Un irreverente arcoiris mancha el uniforme gris de la muerte, con sólo una cruz para romper con su perfilada oscuridad la monotonía del interior del mausoleo de la Marquesa de Conde Salazar. Se asemeja a una improvisada fiesta fuera de lugar.
El Panteón de Rafael Cabrera Pérez de Saavedra llama la atención por su arquitectura de estilo neogótico, pero también por una curiosidad que llama poderosamente la atención. A los pies de la escalera sobresale la tumba de una mujer que resultó ser la criada de la familia, siguiendo el Epistolario Espiritual para personas de diferentes estados, de Juan de Jesús María: Los criados siempre a los pies del señor, incluso en la muerte.
Eran otros tiempos (la fecha que aparece sobre la puerta del panteón de Rafael Cabrera es la de 1877), pero al menos conocemos el nombre de la criada que yace a los pies de sus señores: Margarita Ortiz y Castaño.
El Panteón de María Victoria de Rascón y Anduaga se encuentra en proceso de reparación, pero por encima de la obscena tela azul destaca el ángel que custodia el cuerpo yacente de la mujer. Dicen que es obra de Mateo Inurria, aunque se supone que su obra es de otro espíritu alado que se encuentra sobre el panteón de 'Lagartijo'. En fin, que es de gran belleza, sea de quien sea.
La Salud acoge en su seno a numerosos personajes del régimen franquista. Entre ellos destaca la tumba de Rogelio Vignote Vignote, que fue un militar y político español y que durante la Dictadura franquista ejerció como gobernador civil de Córdoba, entre 1941 y 1942. Llegó a formar parte del núcleo conspirativo contra la República en Córdoba.
Y dentro de las curiosidades, otra curiosidad secundaria: Entre las siglas D.E.P.A. (Descanse en paz, amén) de Rogelio Vignote Vignote se supone que tenía que estar el símbolo del yugo y las flechas que usaba la Falange, del que el militar era jefe provincial en Córdoba, y que convenientemente ha desaparecido.
Se sabe, pero es un detalle desconocido para una parte importante de los cordobeses y cordobesas. En La Salud está enterrado Rafael Vázquez Brouet, el que fue el chófer del golpista Francisco Franco durante la Guerra Civil, que murió en 1939, año en que finalizó la fratricida contienda. Está la imagen del propio Vázquez junto a la imagen del Arcángel San Rafael, con pescado y todo.
La tumba del chófer de Franco reza así: "El ilustrísimo señor D. Rafael Vázquez Brouet, alférez de ingenieros, caballero de la Orden de la Corona de Italia y chauffeur (sic) que fue de S.E. el generalísimo desde el principio del glorioso movimiento hasta la reconquista del Ebro. Falleció el 13 de mayo 1939 a los 34 años. Su desconsolado padre, hermanos, viuda é hijos no lo olvidan".
Entre las tumbas más franquistas del cementerio destaca la del general Ciriaco Cascajo Ruiz, de quien se dice que durante el golpe de Estado de 1936 puso algún que otro cañón apuntando a la sede de CCOO de Córdoba y, de hecho, ordenó el bombardeo del Gobierno Civil de Córdoba. Se llega a sospechar que mandó asesinar a Federico García Lorca. Según su tumba, es hijo "preclaro y predilecto" de Córdoba y su "más enérgico y decidido defensor en el alzamiento nacional de 1936". Ahí queda eso.
Pero no todo es franquismo. También los hay que sobresalen por otras cuestiones, como es el caso de Pantaleón Marivela Sanz, del que se sabe que 1883, en el BOP de Madrid entró como recluta activo por Colmenar Viejo y que en 1925, del 10 al 12 de mayo, formó parte del comité organizador del III Congreso Ibérico de Esperantista celebrado en Córdoba. En su losa aparece su imagen y en la solapa luce la Estrella Verde de cinco puntas, símbolo del Esperanto, ya que cada una de sus puntas representa a uno de los continentes del mundo.
De esta columna, con una forma muy particular, se dice que muestras a las claras un símbolo masón, con un ancla bajo un puente envueltos en laurel. No en balde, es la tumba de un ingeniero.
Entrada al panteón-capilla de la Marquesa de Conde Salazar con la fecha de 1892, de estilo neoclásico. Era para su marido, pero en el interior, en la tumba principal se encuentra ella enterrada.
La Marquesa de Conde Salazar viajó al país del sol naciente y se trajo consigo tres acacias de Japón, que encargó plantar alrededor del mausoleo para cuando ella muriera. Los tres árboles han sabido agarrase bien y ahora forman parte de la guía de árboles singulares de Córdoba, por ser los tres únicos ejemplares que hay en la provincia.
El cementerio de Nuestra Señora de la Salud cuenta entre sus múltiples especímenes arbóreos con el ejemplar más alto de toda la ciudad. Se trata de un ciprés inmenso, de 32,5 metros, y eso que la copa ya se ha empezado a doblar hacia abajo.
El panteón del Marqués de Cabriñana es, probablemente, el más significativo del cementerio de La Salud. Acaba de ser restaurado por completo, de ahí su lustrosa luminosidad, además de que se habilitado (respetando las tumbas de los nobles que hay en el suelo) para columbarios de todo aquel que desee estar en un panteón por toda la eternidad.
La fosa común de La Salud se dio con ella porque se descubrieron en el muro del cementerio impactos de bala durante una remodelación. Como los cuerpos se solían enterrar unos metros por detrás de donde se producían los asesinatos se acabó dando con la fosa, de la que ya se han extraído algunos restos. Es de esperar que las exhumaciones continúen y dejen de ser un funesto símbolo de la represion franquista.
Hay una losa de un soldado, el sargento José Expósito Barrilero, que cayó en el frente de Fuente Obejuna en junio de 1938, época a la que corresponde el periodo final de la Guerra Civil en la provincia de Córdoba, caracterizado por operaciones bélicas de mayor envergadura.
En esta losa se da una curiosidad en el hecho de que se adopta como apellido una de las labores que más se apreciaba en tierras cordobesas: Ser morteros reales, es decir las personas destinadas para la servidumbre del Rey en el monte y cacerías. Así, una de las personas que aparece en esta tumba es Doña Blanca Vázquez Espinosa de los Monteros del Rey.
Esta lápida que se encuentra en una zona alta en mitad de un arco que techa la entrada y salida a dos galerías, recibe la visita anual de un grupo de personas que se congregan para cantar el 'Cara al sol' y colocar una corona funeraria. Ocurre cada 20 de noviembre, la muerte de Franco, y se supone que es porque ahí está enterrado Pedro Ariza Rioboo, quien en el año 1979 se presentó a las elecciones al Senado por Córdoba en representación de Unión Nacional (Fuerza Nueva), junto, entre otros, a Juan Millán Alvarez, Joaquín Cabello Fernández o Juan Jimena de la Sell. Tanto él como Pedro Ariza Rosales han sido propietarios agrícolas latifundistas pertenecen históricamente a la extrema derecha.