viernes 19.08.2022
Cultura

FOTOGALERÍA: Un espontáneo 'museo' de lo obsoleto en la Diputación visto desde el cariño de una coleccionista

Siendo un poco malpensado, uno diría que Fuensanta es como el personaje de Arthur Weasley, coleccionista acérrimo de objetos 'muggles' en la saga de Harry Potter. Pero no hay que llegar a esos extremos. Fuensanta es una mujer muy dulce y algo tímida (no ha querido salir en ninguna de las fotos captadas para este reportajillo gráfico) que trabaja en el Área de Patrimonio de la Diputación de Córdoba. En la tercera planta, a la que sólo se accede, como en los castillos de fantasía, por una escalera oculta a los ojos de cualquier visitante por una cortina.

Pero cuando habla de 'sus objetos' allí recopilados se transforma. Los ojos le brillan sobremanera mientras sonríen al igual que la boca y da la sensación de que su mente salta ágilmente hacia tiempos pretéritos cuando todo su pequeño 'museo' funcionaba y era, de hecho, lo último de lo último.

Pero, claro, la tecnología avanza y lo que ayer era moderno hoy es asaltado por una obscena obsolescencia casi instantánea que a muchos les impide saborear salvo unos segundos lo nuevo antes de arrojarlo con asco por antiguo. No es, evidentemente, el caso de Fuensanta. Lejos de eliminar 'lo inútil', los ha ido guardando en su rincón, no por complejo de Diógenes, sino por amor a lo que una vez facilitó la vida a más de uno con el paso certero de una tecnología que nos llevará, sin lugar a dudas, a ese futuro tan abundantemente reflejado en cómics y películas de ciencia ficción que enamora y aterroriza a la par.

Empezó, precisamente, con los móviles. A medida que iban cambiando le entregaban los antiguos para recibir a cambio el último modelo. Ahora muestra en una pared una séxtuple estantería repleta de teléfonos de todos los tamaños, colores, marcas y tecnología, desde los primeros ladrillos (algunos de ellos con su maleta incorporada) de 1993 hasta el que ocupa el último rincón que es de 2016 (lo sabe por que tiene adosada a la espalda una pegatina con la fecha). Junto a él hay un aparato realmente interesante y que consiste en un duplicador de tarjeta, para no perder los contactos al cambiar de aparato. "Ya no he querido seguir la colección porque los de ahora se parecen todos demasiado y no aportan gran diferencia", señala.

Su 'tesoro' más apreciado es un sistema de telefonía realmente antiguo de la Compañía Telefónica Nacional de España. "Es el que usan las Chicas del Cable", señala con cierta guasa. En el disco con los números se recomienda "no girar el disco hasta oír la señal para marcar" y lo tiene metido en una protectora caja de plástico transparente. Le desapareció (por decirlo suavemente) una vez, pero ha logrado recuperarlo a mayor gloria de la Diputación.

Junto a su despacho hay un sinfín de 'cachivaches' (dicho con el mayor respeto del mundo), pero mis ojos se lanzan ávidos hacia una máquina de escribir Remington Sperry Rand de inicios de los 70', con un par de teclas 'flojas' que la hacen más tierna. Irremediablemente, la mirada transcurre hacia otro foco de atracción tanto por su color (un verde indefinido muy kitsch) como por lo que implica de anclaje a un pasado que no parece tan lejano, pero del que ya han llovido varios cientos de tormentas. "Tiene candado como el que nos ponía mi padre para no gastar", señalo antes de fijarme que tenía propietaria: Ana, tal y como reza en letras inmensas por si alguien tenía alguna duda de a quién pertenecía esa terminal.

Calculadoras, más aparatos telefónicos con formas absolutamente modernizadas que hubieran quedado bien en el capítulo IV de Star Wars, como el que ubica sobre una estantería "y que funcionan perfectamente, con su extensión, la 170, si se utilizara", señala. Lo siento, no he logrado averiguar a qué departamento pertenecía. Una grabadora de cinta pequeña, extrañísimos afilalápices que dan ganas de llamarlos 'maquinetas' como en Catalunya, con su manivela y todo, una cámara de vídeo minúscula que hubiera encajado a la perfección en el equipo de gadgets aportados por el agente 'Q' (Desmond Llewelyn) cuando al muy británico James Bond (aunque nacido en Zurich) lo interpretaba un extremadamente escocés Sean Connery... En fin, auténticas piezas de museo que perviven gracias a Fuensanta y su amor-pasión por el coleccionismo y que bien podrían servir de atrezzo (real) para películas de época.

TEXTO Y FOTOS: J. M. C.

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