Jueves 21.11.2019
Opinión
Guillermo López Lluch
14:33
16/08/19

Recetas contra el cambio climático

Recetas contra el cambio climático
Al parecer ya sí que se han dado cuenta a nivel mundial de que el cambio climático es un problema mundial y hay que tomar medidas efectivas para reducir la producción de CO2, aunque desde mi modesto punto de vista, creo que ya vamos tarde. No obstante, toda medida que se tome y sea efectiva a corto y medio plazo es bienvenida. Entre los diferentes Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) auspiciados por la ONU para el año 2030, el ODS número 12 enfoca el problema en la producción y el consumo responsables. A este respecto, hace unos días la red REMEDIA apareció en los medios por un informe sobre la necesidad de modificar los hábitos alimenticios de la población para reducir las emisiones de CO2y contribuir a la reducción de las emisiones que nos están llevando al desastre climático que nos acecha. El pasado día 8, esta red, junto con organismos nacionales como la Universidad Politécnica de Madrid, la Fundación Botín e internacionales como la FAO y el International Institute for Applied System Analysis de Austria lanzó un informe tratando sobre la repercusión que el reforzamiento de la dieta mediterránea en la población supondría para el ahorro de agua y de emisiones de CO2 respecto al incremento que ha supuesto el abandono de esta dieta especialmente por la población joven. Ni que decir tiene que los medios se hicieron eco de este informe, pero como las noticias que van pasando de boca en boca, el informe acabó siendo presentado como que había que reducir o eliminar la ingesta de carne para salvar el planeta. 

Con fervor se sumaron al circo de la confusión organizaciones antaño más serias como Greenpeace que incrementa el peso del consumo de carne en el impacto medioambiental sin rubor alguno. De hecho, hasta han llegado considerar que la producción ganadera llega a emitir emisiones tanto como todos los coches, trenes, barcos y aviones juntos, una exageración innecesaria creo yo. De hecho, el informe ya ha producido ciertos efectos y la Universidad Goldsmiths en Londres ha decidido que no ofertará carne de res a sus estudiantes en sus instalaciones. Sin embargo, los propios investigadores que participaron en el estudio indican que lo que hay que hacer es poner orden y que habrá que pensar en que ciertos países deben reducir su ingesta de carne y otros, por el contrario, aumentarlos. Incluso ellos mismos indicaron que la mayor producción de carne es de cerdo y pollo mientras que un bajo porcentaje es de rumiantes como vacas, ovejas y cabras, pero fueron estos últimos animalitos los que se llevaron toda la atención y la culpa de calentar el planeta no solo con su metabolismo sino con sus flatulencias.

Por supuesto que han aparecido propuestas varias, algunas desde hace tiempo, como que nos hagamos todos veganos, lo que supondría acabar con todos los animalitos domésticos para alimentación y tal vez también los otros ya ni gatos ni perros tendrían carne que comer. También hay quien ha propuesto que la carne artificial puede ser una gran solución para el cambio climático, como si generar carne artificial no consumiese energía, aparte de que, obviamente, no es lo mismo que la natural.

Sea como fuere, partimos de que estamos hablando de tan solo un máximo de un 14% en la contribución de la ganadería a las emisiones de CO2. Nos queda un 86% de otras emisiones de las que no se ha hablado mucho en los últimos días. Hagamos un ejercicio científico básico que consiste en hipotetizar. Así que supongamos que todo el mundo reduce a 0 la ingesta de carne y también de productos derivados de la ganadería como los lácteos (no incluyo los huevos porque en esta historia nadie ha hablado del pollo). Según estos cálculos, reduciríamos un 14% los gases de efecto invernadero procedentes de la actividad ganadera en todos sus aspectos incluyendo producción de piensos, procesamiento y distribución. Pero hay algo que no sale en esta ecuación que consiste en cuánto supone de emisión lo necesario para sustituir esas calorías procedentes de los animales.

Obviamente, los sustitutos serían cereales, verduras y legumbres por lo que su ingesta diaria aumentaría. El cálculo es simple, si de las 3.000 kilocalorías que los humanos necesitamos de media diariamente, quitamos unas 1.000 o 1.500 en productos derivados de la ganadería, habría que compensarlas con productos agrícolas. Así, el impacto de la huella de carbono de la agricultura aumentaría más o menos en la misma proporción al necesitar más energía para su cultivo, insumos y posiblemente tierras. Y en la misma proporción aumentaría la necesidad de transporte de los productos agrícolas por lo que la reducción de la huella de carbono de la ganadería se quedaría en algo básicamente testimonial. 

Pueden indicarme que se puede cambiar consumiendo productos de temporada y de proximidad. Bien, pero eso es posible en pequeñas poblaciones que están rodeadas por campos de cultivo muy cercanos, sin embargo, es imposible en ciudades y en grandes ciudades. Conforme sube el número de habitantes, las ciudades son más grandes y su cinturón para producción agrícola debe crecer en mayor proporción y se encuentra cada vez más lejos. Aparte de eso hay que tener en cuenta que no todo se cultiva en todos sitios. Si un salmantino quiere tomar aguacates, éstos deben ser transportados a Salamanca, o si un zaragozano quiere fresas o si un bilbaíno quiere trigo. Hay terrenos agrícolas útiles para unos cultivos y otros para otros cultivos por lo que sus productos deben ser transportados.

Piensen, por ejemplo, en Córdoba, su parte norte no es apta para cultivos ya que la sierra no los permite, nos quedan las márgenes del río y la parte sur de la campiña. Cada ciudad tiene sus particularidades. Por tanto, el transporte siempre va a ser necesario comamos lo que comamos y su huella de carbono importante. Así que antes de proceder a eliminar la población bovina, ovina y caprina y crear un enorme impacto social en todas las personas que viven de ella para salvar el planeta, mejor pensarlo un poco y ver dónde se encuentran los mejores puntos de mejora. 

Y como en esta página hablamos de ciencia, debemos seguir haciendo hipótesis. El incremento de CO2en el planeta comienza con la revolución industrial y el uso de combustibles fósiles procedentes de organismos vegetales y animales de hace cientos de millones de años. Es decir, estamos devolviendo a la atmósfera el CO2que los organismos vivos habían fijado en sus estructuras y que quedaron enterrados en forma de petróleo, gas natural y carbón. Por tanto, una opción es incrementar la capacidad de los organismos vivos para fijar el carbono y eso se hace reforestando como se ha propuesto recientemente en Islandia o estudiando el uso de algas fotosintéticas que puedan incorporar el CO2de la atmósfera a su biomasa. Esta perspectiva no parece plausible ya que los incendios y la deforestación por motivos económicos reducen cada vez más la biomasa y su capacidad para disminuir el CO2. A esto hay que sumar que los terrenos de cultivo procedentes de la deforestación de zonas tropicales parecen producir más CO2del que fijan. Este efecto posiblemente sea debido a que el metabolismo oxidativo de los organismos descomponedores supera al fotosintético de los organismos fijadores de CO2. Un problema más a tener en cuenta, perdemos capacidad de fijación de carbono mientras que los terrenos emiten más. 

El otro gran factor a tener en cuenta se encuentra en el sector energético que produce la mayoría de las emisiones con creces, un 78% del total. Supongo que sería interesante poner el foco en este sector para conseguir algo relevante en la reducción de emisión de CO2. Podríamos comenzar por incrementar el transporte dependiente de fuentes energéticas con nula emisión como la eléctrica. Se están haciendo algunos avances en ese sentido y políticas para disminuir la dependencia del motor de explosión y cambiar el parque automovilístico por vehículos eléctricos. Si a eso sumamos la variedad de dispositivos de transporte individual eléctricos y el uso de transporte público con esta fuente, podríamos conseguir algo importante. A esto podríamos sumar el transporte de mercancías utilizando una red ferroviaria eléctrica que redujese la dependencia del transporte por camión (espero que esto no lo lea mi primo el camionero). Tal vez una red de puertos secos unidos a una red ferroviaria que llegase a los puntos de desembarco por mar de contenedores sería interesante. 

Políticas para reducir la emisión de gases del transporte reducirían significativamente las emisiones pero esto no serviría de nada si la generación de energía eléctrica sigue dependiendo en un alto porcentaje de los combustibles fósiles tales como carbón, petróleo y gas natural. Seguir quemando estos combustibles para generar energía eléctrica hará que cualquier incremento en la demanda de electricidad por el uso de vehículos eléctricos siga aumentando la emisión de CO2. Los cambios en el transporte deben ir acompañados de cambios en la forma de generar energía eléctrica mediante energías renovables y tal vez una reconsideración de la importancia de la energía nuclear. Y aquí entramos en otro problema ya que la energía nuclear, pese a no producir gases como el CO2, tiene muy mala fama por razones obvias.

No obstante, en la corta historia de esta energía tan solo ha habido un accidente nuclear debido a un mal control y otro debido a un desastre natural. Los daños de estos accidentes son cuantiosos y también en vidas pero menos que los daños que la quema de combustibles fósiles está produciendo en todo el planeta. Por eso no creo que esté de más replantear el asunto y estudiarlo con políticas efectivas de verdad, con controles y decidiendo de una vez por todas almacenar el material radiactivo de alta intensidad en un lugar apropiado fuera de cualquier posible problema.  

El próximo 23 de septiembre se celebrará una reunión en la ONU en Nueva York para tratar este asunto. Si no se toman medidas a nivel mundial, no se va a conseguir nada y medidas cosméticas como reducir la ingesta de carne no van a servir de nada. Greta Thunsberg, erigida como una líder del movimiento contra el cambio climático acaba de partir de Plymouth, Inglaterra, en un velero ecológico que solo consume gas para calentar agua. Mediáticamente, el gesto me parece interesante, pero como ustedes podrán comprobar, dos semanas de singladura en un velero de última tecnología para cuatro personas no está al alcance de todos y no sería eficiente y mucho más peligroso que los aviones para el transporte de personas entre continentes. No obstante, el gesto me parece bien siempre que haga reflexionar sobre este problema. 

Creo que hay muchas cosas eficientes que hacer para reducir las emisiónes de CO2. Las más efectivas consisten en desarrollar políticas que incrementen la biomasa para que incremente la fijación del COatmosférico asociadas con la reducción en la dependencia de los combustibles fósiles. Ahí chocamos con grandes intereses internacionales de grandes compañías que hacen un gran negocio con estos combustibles y que no quieren perderlo. O hacemos algo o nos tendremos que adaptar a las circunstancias climáticas cambiantes que nos vamos a encontrar en un futuro no muy lejano. Aunque teniendo en cuenta cómo están transcurriendo los últimos acontecimientos con el deshielo rápido de los polos, los incendios en Siberia y Alaska, la activación del metabolismo de descomponedores en suelos deforestados y en el permafrost, sumado todo ello a la incapacidad humana de verlas venir, creo que nos quedaremos en propuestas bastante mediocres para reducir una pequeña parte las emisiones del COmientras el mundo cambia a nuestro alrededor.

Me temo que nos quedará intentar acondicionarnos a los cambios que ya están viniendo y poca cosa más.  

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