Jueves 22.08.2019
Opinión

¿Quimeras para salvar la vida del ser humano?

¿Quimeras para salvar la vida del ser humano?

Según la mitología griega la quimera era un monstruo que presentaba partes de otros animales. De hecho, la quimera tenía cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón, aunque otras fuentes indican incluso que poseía tres cabezas. La quimera había nacido de la unión de Tifón, una divinidad griega responsable de los huracanes, y de Equidna, una ninfa con cuerpo de serpiente. Ya saben cómo se lo pasaban los dioses en la antigüedad. Al parecer, la unión entre el dios y la ninfa fue muy fructífera y dio lugar a casi todos los monstruos de la mitología griega. Curiosamente la historia parece que se repite y de nuevo las modernas quimeras nacen de la unión del dios actual, el hombre, y su ninfa, la ciencia. Tal vez el resultado de la unión de lugar a un nuevo monstruo que devore el ganado y siembre la desesperación hasta que llegue su Belofonte montado en Pegaso para acabar con ella. O tal vez no y todo se quede en un simple intento de modificar lo que la naturaleza ha tardado millones de años en desarrollar y no llegue a nada o se consiga domeñar la naturaleza a voluntad de nuestra especie. El tiempo lo dirá. 

En los últimos días nos han sorprendido dos noticias relacionadas con el desarrollo de quimeras que, como el animal mitológico, lleva partes de animal y, en este caso, partes de seres humanos. El pasado 30 de Julio nos sorprendió la noticia de que en Japón se van a experimentar con embriones híbridos con células de seres humanos implantadas en fetos de animales con el objetivo de estudiar el posible desarrollo de órganos humanos utilizando animales como incubadoras. En lo que podríamos claramente considerar una guerra por ser el primero, al día siguiente, el 31 de Julio, salta la noticia de que científicos españoles liderados por Juan Carlos Izpisúa y por miembros de la Universidad Católica de Murcia (sí, Católica, han leído bien), están desarrollando en China quimeras entre organismos animales como el mono y el hombre. El fin es el mismo, obtener en un futuro, posiblemente bastante lejano, un modelo para desarrollar órganos humanos en animales a voluntad. A la voluntad del nuevo dios, el Homo sapiens, o como ha acuñado Yuval Noah Harari, el Homo deus.

Trabajando en un centro especializado en biología del desarrollo como es el Centro Andaluz de Biología del Desarrollo (CABD), me sorprenden estas noticias científicas veraniegas por su impacto mediático ya que la posibilidad de que esta investigación llegue a buen puerto en un futuro es bastante pequeña y, además, en caso de que fructifique bastante lejana. En ambos casos se está intentando forzar que el proceso de desarrollo de un animal se acople con el desarrollo del ser humano para que se produzcan órganos maduros humanos en el animal sin que el animal muera en el intento y sin que el órgano contenga ninguna anomalía que lo haga inútil para el ser humano. Conociendo la cantidad de fases en las que cualquier factor importante puede fallar y dar lugar a un organismo inviable, el sistema me parece casi ciencia ficción y un gasto, que no inversión, de esfuerzo y medios injustificado. 

Y como esta columna trata de ciencia y la ciencia se basa en argumentos, voy a dar algunos de ellos. En primer lugar, los propios investigadores han indicado que los experimentos desarrollados hasta el momento (o al menos eso dicen ellos) se han limitado a llegar a escasos días de desarrollo de los fetos quiméricos. Es decir, que aún no se ha originado ningún órgano maduro funcional. Los pasos, entonces, solo consisten en comprobar dónde van las células humanas. En el caso de los experimentos del grupo japonés, llegan más allá de eso y pretenden que los animales crezcan en vientres de alquilé y llegar a término, pero en el futuro, por eso le han dado permiso ahora. Los japoneses tienen permiso para trabajar con ratones y ratas y puede que con cerdos mientras que los españoles están ya pensando en monos no primates aunque no descartan usar primates no humanos, es decir, nuestros primos.  

Obviamente, si se consigue que las células humanas arraiguen y comiencen a formar un órgano humano dentro del embrión animal los experimentos deberán terminar en animales nacidos con estos órganos y ahí tenemos el siguiente problema. Por razones evidentes, no podemos trabajar con ratones o ratas ya que, como todo el mundo puede entender, un hígado, riñón, corazón y páncreas de alguno de estos animalitos no podrá ser introducido en un ser humano por un pequeño problema de tamaño. Así que el siguiente procedimiento será hacer un escalado como dirían los ingenieros y pasar a un organismo algo más parecido en tamaño al Homo sapiens. Por eso se está hablando de cerdos (repito, por el tamaño, no por otras cosas) y monos no primates pero no se descarta el uso de primates no humanos. Pero el tamaño no es lo único importante ya que la genética del organismo incubador del órgano humano también influye y cuanto más parecido a nosotros mejores serán las perspectivas de éxito. Así que la cosa posiblemente acabe con chimpancés, gorilas u orangutanes como incubadoras por eso de que son nuestros primos evolutivos. Y ahí creo que hay otro problema.

Aún así, aunque se llegue a poder utilizar estos animalitos como fábricas de órganos, hay otro problema más que es el desarrollo de este órgano. ¿Recuerdan ustedes la película La isla? En ella (spoiler) una serie de personas habitan en un núcleo cerrado esperando que un día les llamen para ir a la isla. Sin embargo la situación es otra y no eran más que clones de pudientes hombres y mujeres del exterior que los utilizaban para gestar hijos o para generar órganos de repuesto. Evidentemente, una vez consumido el producto, el envase era desechado. Ya saben a lo que me refiero. Pues en este caso algo así pasará. Para llegar a formar un órgano humano maduro y funcional se debería llevar a término la gestación de un organismo y hacerlo crecer hasta la edad necesaria para obtener el órgano. Es decir, que la cosa no va a ser de unos días sino de meses o años. Tanto más cuanto más cercano a nosotros sea el animal. Así que cuanto más tiempo se necesite y más grande sea el animal, más costoso será el procedimiento. 

Así que la fabricación del repuesto deberá ser planificada con tiempo. Aunque ustedes podrían pensar que podría haber una fábrica de órganos a granel de forma que se utilizasen como si de un pret a porter se tratase. Pero no, no funciona así la cosa ya hay que tener en cuenta un cuarto factor muy importante llamado histocompatibilidad. Cualquier persona ha desarrollado su sistema inmunológico para que las células de su cuerpo sean invisibles para éste. Es decir, nuestro sistema inmunológico pasa de nuestras células y mejor que lo haga bien. Ese desarrollo es individual para cada uno de nosotros y cuando se estropea tenemos graves enfermedades autoinmunes como el Lupus o pequeños problemas como la artrosis. Pues bien, el traje, o mejor dicho el órgano, debe ser a medida del receptor humano, así que se tendría que crear desde un principio con los marcadores de histocompatibilidad del humano. O lo que es lo mismo, con las propias células madre del ser humano en cuestión. 

Y aquí entra el quinto factor a tener en cuenta que es el sistema inmunológico. Este sistema se encarga de proteger de cualquier organismo o sustancia extraña que entre en cualquier organismo, especialmente vertebrados. Por lo tanto, el animalito incubador de órganos deberá ser inmunodeprimido o inmunomodificado para tolerar las células humanas que crecen en su interior y asegurarse de que el órgano no contiene ninguna célula del animalito para evitar que el sistema inmunológico del humano acabe machacando al órgano. No se pueden imaginar lo difícil que es eso a priori. Basta con tener en cuenta lo complejo que es que una persona te done un órgano y no lo rechaces para entender la complejidad del problema. 

Y esto me lleva al sexto y último factor a tener en cuenta, los órganos no están formados por un único tipo celular sino por células de diferentes orígenes. Un hígado, un riñón, un páncreas o un corazón contienen células generadas a partir de células procedentes de los tres tejidos fundamentales originados en las primeras divisiones del zigoto: ectodermo, mesodermo y endodermo. A partir de estos tres tejidos básicos se van a ir formando las diferentes células maduras para dar lugar a los órganos. Y así, en un hígado podemos encontrar células del endodermo (los hepatocitos), del mesodermo (macrófagos y endotelio vascular) y del ectodermo (sistema nervioso). Y así con casi todos los órganos. Por tanto, es de prever que un solo tipo de célula madre no podrá dar lugar a un órgano maduro con la total seguridad de que no hay células del animalito entremezcladas con las humanas. Y ahí vuelvo al factor quinto donde el sistema inmunológico tendrá muchas cosas que decir al respecto. 

Termino con otro factor menos científico a tener en cuenta en este tipo de abordajes: la ética. Una de las cuestiones éticas más importantes de este tipo de estudios es qué ocurre si las células madre humanas acaban arraigando en órganos como el cerebro del animal y le confieren características cognitivas más humanas. Tanto los japoneses como los españoles indican que han habilitado mecanismos para que, si eso ocurre, las células neuronales humanas que se formen se autodestruyan. Se me escapa cómo podrá producirse semejante proceso destructivo por lo que espero ansioso a que publiquen los resultados para comprobar el mecanismo. Lo que no se me escapa es que los científicos ya están pensando en que si los experimentos se hacen en nuestros primos primates no humanos podemos acabar con un César que libere a sus iguales de las fábricas de órganos humanos y acabe ganando la Guerra del Planeta de los Simios. Y ya sabemos cómo acaba la historia.  

Así que creo que he dejado algunos puntos importantes a tener en cuenta antes de pensar en que se ha dado un paso de gigante, como gusta decir a los medios de comunicación, para ayudar a los humanos a producir órganos en animalitos incubadora. A todo esto podemos añadir que nunca será un procedimiento barato por lo que puede que sea una terapia para unos pocos (a modo de la película Elisium), es decir, aquellos que puedan pagársela. Creo que mejor sería usar fondos públicos para establecer una buena política de terapia preventiva que evite perder un hígado o un páncreas por el alcohol o una mala dieta o unos pulmones por ser una chimenea andante, o un corazón por la dieta y el sedentarismo. De hecho, recientemente se ha demostrado que tratamientos eficientes pueden evitar la necesidad de que se necesite la donación de un órgano como ha ocurrido con los enfermos con hepatitis C que, con un tratamiento eficiente, aunque en principio caro, se están curando completamente y mejorando la relación coste/beneficio; muy al gusto de nuestros políticos. Un éxito a tener en cuenta antes de abordar procedimientos tan complejos, costosos y con tantos factores en contra.
Comentarios