Sábado 20.04.2019
Opinión
Guillermo López Lluch
07:59
15/03/18

Sí, los productos ecológicos también usan productos químicos

Sí, los productos ecológicos también usan productos químicos

La idea de que los productos agroalimentarios ecológicos no han sido tratados con productos químicos durante su producción la podemos encontrar por todos los lados, incluso se nos indica con grandes fotos y eslóganes como que un alimento ecológico es 100% alimento, pero es totalmente falso. Para que lo comprueben y no hacer aquí publicidad gratuita basta con que vayan al buscador y tecleen fitosanitarios ecológicos y encontrarán empresas que venden todos los que comento en el artículo de hoy. Empresas, que, como todas las demás firmas, viven de vender su producto, no perdamos eso de vista, ninguna está ahí para hacer regalos o como hermanitas de la caridad.

Así que comencemos con el listado que incluye herbicidas, fungicidas, insecticidas, abonos, suplementos y todo lo demás. La cuestión está en que la reglamentación de productos fitosanitarios usados en agricultura ecológica debe cumplir con la normativa europea para que puedan ser considerados como tales, normativa recogida en el Reglamento de Ejecución 354/2014 de la Comisión publicado el 8 de abril de 2014 que modifica en parte el Reglamento 889/2008 de 6 de Mayo de 2014 (de 84 páginas en total). Pues bien, esos reglamentos nos indican, grosso modo, que se pueden usar fitosanitarios, es decir, productos químicos en la agricultura ecológica siempre que sean productos naturales. Pero como ya dije en mi anterior y conflictivo artículo sobre el glifosato a tenor de los comentarios, natural no siempre significa seguro. Tengámoslo en cuenta.

Paseando por una página de productos ecológicos podemos encontrarnos un muy usado herbicida que basa su actividad en hidroxifosfatos (posiblemente el poli(oxi-1,2-etanedi-il)-alpha-tridecil-omega-hidroxi-fosfato), curiosamente utilizado también en herbicidas de una conocida multinacional; o puede que asociado a metales como los hidroxifosfatos de aluminio, que podrían ser muy tóxicos. Aunque, la verdad, es difícil encontrar información sobre su composición ya que solo indican que es un complejo de hidroxifosfatos naturales y ya está. Generalmente se presenta asociado a un tensioactivo (es decir, un detergente. Sea natural o no, los hidroxifosfatos son moléculas químicas que afectan a las hierbas y según con qué metales se acompleje pueden ser bastante peligrosos. Otro problema es que el uso en grandes cantidades de estos compuestos podría contribuir de forma significativa a la eutrofización de las aguas debido al aumento de fosfatos creando un problema de falta de oxígeno y la muerte de vegetación y fauna. Pero bueno, son naturales, no tengamos en cuenta nada de eso.

La mayoría de los herbicidas ecológicos hacen alusión a que no usan metales pesados que contaminen la tierra, sin embargo podemos comprar quelato de hierro en esas mismas fuentes como abono foliar. Y no lo voy a criticar, ya que las plantas necesitan hierro. Y también podemos comprar una enorme variedad de fertilizantes como nitrógeno soluble o sulfato de magnesio junto con oligoelementos tales como boro, zinc, magnesio, manganeso, cobre o molibdeno. Todos ellos necesarios para las plantas pero también considerados peligrosos si se acomplejan con el glifosato en un estudio no muy claro (http://www.mdpi.com/1660-4601/11/2/2125). Supongo que al usarlos, aunque sea en agricultura ecológica, también se pueden asociar con muchos otros compuestos naturales, como los hidroxifosfatos anteriores.

Como fungicida, podemos encontrar el sulfato de cobre comentado en el artículo anterior sobre el glifosato y que es 10 veces más tóxico que éste, pero poco importa. Además, el sulfato de cobre puede pasar por la piel o ser ingerido y causar metahemoglobinemia y la muerte (https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2211419X14000366). Y no solo de forma aguda sino que se han reportado enfermedades de hígado en viticultures entre 3 a 15 años tras la exposición al sulfato de cobre, o enfermedades por acúmulo de cobre o anemia entre otras dolencias incluidas el cáncer (http://pmep.cce.cornell.edu/profiles/extoxnet/carbaryl-dicrotophos/copper-sulfate-ext.html#13). Pero, además el cobre no se elimina de las tierras tan fácilmente como el glifosato por lo que a la larga puede intoxicarlas. Pero es un buen fungicida, aunque sea tóxico.

Además de este compuesto también se utilizan otras sustancias más naturales como el ácido acético (vinagre) y una variedad llamada peroxiacético, más reactivo, considerado peligroso para la salud y unas 5 veces más tóxico que el glifosato. Si ustedes quieren tener alguna evidencia, pueden encontrar información sobre uso y manejo de esta sustancia (con guantes y material de protección) fácilmente en cualquier búsqueda. Como fungicidas también podemos encontrar diferentes extractos de plantas de composición desconocida ya que su complejidad hace difícil saber qué contienen pero sí se sabe que estimulan la síntesis de fitoalexinas: sustancias naturales protectoras de la planta contra los hongos. Es decir, lo mismo que haría un transgénico que tuviese esa síntesis aumentada pero sin tener que echarle nada. Pero los transgénicos son muy peligrosos y por eso es mucho mejor lo orgánico.

Entre los insecticidas encontramos también soluciones de plantas y mezclas complejas de difícil análisis pero que se indican como que se activan procesos naturales dentro de la planta. Pero si no quiere usar esos productos esos puede usar la azadiractina que, afortunadamente para los mamíferos, es considerada no tóxica (3,5 g/Kg) pero sí lo es para los insectos, (0.015 mg/g). Pero es curioso ya que su toxicidad para mamíferos es similar a la del demonizado glifosato, pero a pesar de eso, la azadiractina se puede utilizar en agricultura ecológica sin problemas. También se usa la permetrina, una piretrina natural presente en los crisantemos, pero cuya toxicidad se ha colocado en el rango de entre 0,5 a 5 g/kg en mamíferos , más o menos como la azadiractina y el glifosato. Con este compuesto se ha comprobado que en dosis tóxicas causa la muerte de los animales en 3 días (https://www.nap.edu/read/9274/chapter/6). Pero no hay nada como una muerte natural frente a la causada por un compuesto artificial. No hay color.

Otro de los compuestos usados en agricultura ecológica es el caolín o silicato de aluminio que se puede utilizar como insecticida a grandes dosis, de 25 a 50 kilos por hectárea según las indicaciones de estos productos. Pero con este compuesto hay que decir alguna que otra cosa. Primero, que el aluminio no se disuelve con el agua, y segundo que según los conspiranoicos, el aluminio es con lo que nos rocían con los aviones para matarnos o hacernos estériles y uno de los compuestos a los que los antivacunas echan la culpa de los supuestos efectos adversos de éstas y causante del autismo. Así que, con esto dicho, el tomar algo que ha crecido en un cultivo donde se ha echado caolín es altamente arriesgado, pero, claro, el caolín es natural, y por tanto poco peligroso. Pero, no nos alarmemos sin necesidad ya que el aluminio solo es tóxico cuando se solubiliza mientras que en la historia de la humanidad lo hemos utilizado sin problemas durante muchos años (https://www.investigacionyciencia.es/blogs/fisica-y-quimica/39/posts/toxicidad-del-aluminio-13305).  

Como insecticidas también se utiliza guerra biológica. Concretamente me refiero al uso de cepas seleccionadas de hongos o de bacteria. Beuveria bassiana es un hongo ascomiceto que ataca a insectos como orugas, termitas, moscas blancas y otros más y que se usa como controlador biológico de plagas y Bacillus thuringiensis (Bt) se puede utilizar en todo tipo de cultivos en forma de esporas y toxinas bacterianas de elevada eficacia e incluso se usa en apicultura para evitar la polilla de la cera. Curiosamente Bt, secreta una toxina llamada Cry que es el compuesto que actúa como insecticida. Hasta ahí, nada raro aunque existen algunos estudios que indican que el uso de estas toxinas en los cultivos puede acabar afectando a otros insectos beneficiosos debido a que la toxina Cry se asocia con el polen. Por ello, se han creado variedades de plantas que sintetizan esta toxina bacteriana (transgénicos Bt) y que así, evitan que se disemine este compuesto en el medio ambiente afectando a otros insectos que no ataquen a las plantas. Pero ya sabemos que los transgénicos son un gran peligro para todos. Pero en este caso, la agricultura ecológica considera que se le puede echar a las plantas las toxinas de estas bacterias, pero no que las plantas las expresen para protegerse. Un poco extraño, ¿no? Además, considero que el usar un insecticida como este en las colmenas no sé si podría ser algo problemático y no solo por las abejas sino por los pulgones que secretan la melaza de la que se alimentan las abejas.

También encontramos como insecticidas ecológicos aceites de parafina, según dicen, lo más seguro del mercado, pero nada más ver la página de seguridad de uno de estos aceites donde se habla del peligro de ingestión, del uso de ropas y guantes para su manipulación y de la toxicidad de sus compuestos (más o menos igual que el glifosato, otra vez), pues a uno le puede parecer que tal seguridad no es así, pero algo ha de usarse como insecticida.

Pero uno de los que más me llama la atención casi que no se usa, y mejor que no se use. Este compuesto es la rotenona, un veneno de origen vegetal conocido ya por los indígenas amazónicos usado para asfixiar a los peces en los remansos de los ríos y así poder pescarlos. La rotenona es un inhibidor de uno de los complejos de la mitocondria y bloquean la producción de energía en las células. Yo lo suelo usar con mucho respeto en mis experimentos. De hecho, numerosas investigaciones utilizan la rotenona para producir Parkinson en roedores y así estudiar la enfermedad. Sí, porque la inhibición del complejo I de la mitocondria por la rotenona produce Parkinson y ha sido utilizada, espero que poco ya, en agricultura ecológica. De hecho J.M. Mulét ya lo indicó hace tiempo en su blog. Pero, como es un producto natural se consideró que se podía utilizar para agricultura ecológica y de hecho se utilizó durante mucho tiempo y se sigue utilizando en algunos lugares pese a ser letal en ratas con una dosis de 0,153 g/Kg. Lo repito, más de 20 veces más tóxica que el glifosato, pero, eso sí, natural.

Nos empecinamos en una visión idílica de los ecosistemas, de lo ecológico, del campo pero nos olvidamos que la biología es dramáticamente cruel. La biología se basa en sobrevivir a costa del otro, en alimentarse a partir del otro. Salvo las plantas que se nutren del CO2 ambiental y de la energía del sol, el resto de organismos que habitan este planeta viven a partir de la destrucción de otro organismo. Nos comemos entre nosotros, vaya. Y los humanos estamos en la cúspide de esa pirámide, aunque cuando morimos, otros organismos se encargarán de nuestros restos. Así que esa visión idílica de lo ecológico y natural deberíamos dejarla aparte ya que las plagas formadas por otras hierbas, hongos o insectos están deseando encontrar un filón alimenticio en un campo lleno de plantas ricas en nutrientes. Por eso necesitamos compuestos para evitar estas plagas, ya sean naturales o artificiales, pero, eso sí, efectivos y poco tóxicos o contaminantes. La agricultura ecológica utiliza productos químicos para solucionar los mismos problemas que la agricultura tradicional: las plagas. Y debemos tener en cuenta que los compuestos tóxicos, naturales o artificiales, pueden causarnos graves problemas bien inmediatos o por acumulación, De hecho, muchos de estos compuestos son tóxicos pero su toxicidad para nosotros se produce a concentraciones tan altas que se consideran inocuos. El origen de los compuestos no es lo importante sino su toxicidad, su mecanismo de acción, si se acumulan o no, etc…

Necesitamos de compuestos que nos ayuden a alcanzar el rendimiento adecuado de los cultivos para así producir lo más posible en el menor terreno posible y dando lugar a los menores residuos y contaminación y efectos secundarios posibles. Así de simple, y como terminaba mi anterior artículo, confiando en que las organizaciones que deben trabajar para dictar las normas y velar para que se cumplan se basen en las evidencias más claras, científicas y demostradas que haya. No creo que sea tan difícil entenderlo y dejemos ya las conspiraciones, los científicos vendidos a las multinacionales, las organizaciones mundiales llenas de personas con el objetivo de engañarnos a todos los ciudadanos en el cubo de la basura porque no ayuda a nada. 

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