Viernes 22.02.2019
Opinión
Guillermo López Lluch
11:33
04/06/18

Un mundo bombardeado por ondas

Un mundo bombardeado por ondas

Cada poco tiempo aparece un artículo en algún medio de difusión o alguna opinión o algún comentario de un tertuliano o de un difundidor de plagas que nos alerta sobre el peligro que corremos al estar sometidos a las ondas electromagnéticas. Y especialmente a las ondas electromagnéticas de los móviles, ya sean 3G, 4G o 5G, del wifi, de los microondaso de cualquier cosa que tenga una onda asociada. Lo curioso del caso es que, como no tienen ningún estudio que avale sus afirmaciones acuden a la manida forma de alertar indicando aquello de que las ondas electromagnéticas 'pueden' causar tal o cual cosa, especialmente lo más socorrido, el cáncer. Pero, ¿qué hay de verdad en ello, si es que hay algo de lo que preocuparse? En la columna de hoy intentaré explicar qué hay de verdad y qué es pura especulación sobre este asunto. 

Lo primero que debemos entender es de qué estamos hablando. Las ondas electromagnéticas inundan nuestro mundo desde el principio de los tiempos. El Sol del que depende nuestra vida emite ondas electromagnéticas que irradian, iluminan y calientan nuestro planeta. De hecho, gracias a las ondas electromagnéticas vivimos, comemos y vemos. Por tanto, las ondas no son ni malas ni buenas, son ondas que tienen sus características físicas dependiendo de su naturaleza. El problema está en cómo interaccionan estas ondas con nuestras moléculas y nuestras células. 

Las radiaciones electromagnéticas presentan diferentes longitudes de onda, tenemos radiaciones de corta longitud de onda como los rayos gamma o los rayos X o ultravioleta que interaccionan con nuestras moléculas produciendo daños, de mayor longitud de onda como las visibles o infrarrojas que nos permiten ver o sentir calor y las de aún mayor longitud de onda que son las que se usan en los microondas, teléfonos móviles o radio y que no interaccionan con nuestras células. Esto es así porque a menor longitud de onda, mayor frecuencia de la onda para un tiempo determinado y eso va asociado a una mayor energía. Eso quiere decir que a menor longitud de onda (30 x 10 elevado a 18 hercios para un rayo gamma), mayor energía y más capacidad para interaccionar con nuestras moléculas (un hercio consiste en un ciclo por segundo lo que indica que 10 elevado a 18 hercios son 1 trillón de ciclos por segundo; háganse una idea). Desde un punto de vista físico cuando más hercios presenta una onda más veces choca contra una molécula y más daño le puede producir. Por eso, las ondas con mayor frecuencia: Ondas gamma, rayos X y ondas ultravioleta interaccionan más con las moléculas orgánicas, en especial el ADN, y provocan más daño mientras que a menor frecuencia, el daño es mucho menor o nulo. 

La interacción de las ondas con nuestras moléculas es importante ya que sin ella las bacterias, algas y plantas no podrían realizar la fotosíntesis y generar energía para crear materia orgánica a partir de la luz del Sol y el oxígeno que usamos para respirar y los animales no podrían ver. Las ondas visibles, entre el ultravioleta y el rojo, interaccionan con moléculas que se excitan en los cloroplastos de las plantas y en las retinas de nuestros ojos y provocan reacciones químicas que permiten generar energía en las plantas y una actividad neuronal en nuestros cerebros. Estas ondas no provocan daños ya que sus frecuencias son más bajas y las moléculas orgánicas están adaptadas a reaccionar con ellas. 

Por debajo en el nivel de energía encontramos las ondas infrarrojas y las microondas que hacen que las moléculas vibren y causen calor. Nuestros calefactores por irradiación y las ondas microondas provocan ese efecto y por eso nos calentamos en invierno con los primeros o descongelamos y calentamos nuestra comida con las segundas. Lo curioso del caso es que nadie ha puesto en duda el uso de calefactores para los pies en nuestras oficinas o para nuestras cabezas en los veladores de muchos bares pero sí que hay por ahí voces en contra de los microondas pese a llevar decenas de años en nuestras casas. Pero, claro, es la novedad, y la novedad puede ser peligrosa. 

Más abajo aún en el nivel de energía se encuentran las ondas de radio y las ondas de nuestros teléfonos móviles. Y, por alguna razón inexplicable, esas sí que están en una posición adelantada en el ranking de grandes peligros de la humanidad. Las ondas de la Wifi y de los teléfonos móviles se encuentran muy por debajo de la radiación visible y cerca de las ondas de televisión y radio. Por lo dicho anteriormente, su capacidad para interaccionar con nuestras células es mucho menor que la de la luz o de las radiaciones de calor pero parece que eso poco importa. 

La relación entre las ondas de telefonía móvil y el cáncer es antigua. En 2003 se dispararon las alarmas con una serie de cánceres infantiles que, sin una razón aparente, se asociaron con la presencia de antenas de telefonía móvil en un colegio de Valladolid. Lo curioso del caso es que un seguimiento de estos casos de cáncer no demostró ninguna relación y en 2012 encontramos un artículo en el que se indica que, aparte de esos casos concentrados en el tiempo, nunca más hubo casos en este mismo colegio. Que entre 2000 y 2003 se concentrasen cinco casos de cáncer hematológico en niños en este colegio puede que fuese coincidencia, casualidad o mala suerte, pero no parece que haya una relación clara con las antenas de telefonía móvil que siguen ahí. Y no parece que la haya por la sencilla razón de que muchos otros colegios tienen antenas a su alrededor y no hay mayor número de casos en estos colegios que con otros que se encuentran lejanos. A día de hoy, no se ha podido establecer ninguna relación clara. 

Hace unos días se publicó un artículo de opinión en el diario Público volvía a incidir en la peligrosidad de la telefonía móvil para los usuarios. El artículo ha sido redactado por el Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona Vincenç Navarro. El titular ya es llamativo: 'Lo que se está ocultando a los usuarios de los móviles: su salud puede peligrar'. Ya podemos observar el primer reclamo a la población, el argumento llamativo para este tipo de opiniones, 'lo que se oculta a los ciudadanos'. El artículo se hace eco de otro publicado por una revista estadounidense, The Nation,supuestamente con prestigio en el mundo intelectual de EEUU, lo desconozco, sinceramente. Tenemos ya dos ingredientes de la receta: revista de prestigio y conspiración de silencio. Y, finalmente, la frase mágica: 'La Organización Mundial de la Salud clasificó por fin al móvil como 'posible' carcinógeno humano en 2011'. Es la frase que sirve para toda sustancia, producto, engendro o cosa que se nos ocurra 'posible carcinógeno', por tanto, prohíbase hasta que se hagan más estudios. Y, además, el postre lo tenemos en la famosa conspiración de las multinacionales, en este caso de las telecomunicaciones, para ocultar la verdad a la población. Todo el menú en un solo artículo de opinión.

Ya sé que me estoy ganando las iras de más de un protector de la humanidad pero verdaderamente creo que hay que usar el sentido común y las bases científicas antes de ponerse nervioso o tomar precauciones frente a lo que sea. Cuando apareció el ferrocarril hubo una serie de médicos que indicaron que el ferrocarril suponía un grave ataque para la salud de la humanidad incluyendo asfixia, traumas físicos y salud mental incluyendo comentarios en revistas científicas publicados por prestigiosas academias de medicina.Yo tomo el tren dos veces al día, cinco días por semana y aún no me ha pasado nada, aunque puede que no esté muy fino mentalmente, ¿quién sabe? Ahora les toca a los teléfonos móviles y su peligro; especialmente al peligro de causar cáncer. Según los promotores de este peligro, el uso del teléfono móvil puede crear cáncer de cerebro en la población humana y debe estudiarse bien para prevenir sus efectos. Bien, usemos la lógica por un momento. El uso del teléfono móvil de forma masiva comienza por los años 80 con los primeros modelos comercializados. En los años 90 del pasado siglo el uso del teléfono móvil se hace masivo incrementándose año tras año hasta el momento. Siguiendo la lógica de los peligros del uso de los móviles, el cáncer de cerebro debería haberse incrementado en la misma proporción, pero no es el caso ya que la incidencia se mantiene igual año tras año en cualquier lugar del mundo ya sea NavarraAustralia. Así que si aplicamos la lógica, no debería haber peligro en el uso de los móviles ya que de haberla los trabajadores enganchados a su uso varias horas al día deberían haber sufrido estos cánceres, pero no es así. No encontrarán  argumento en ninguno de estos artículos sobre esta peligrosidad ya que no es un argumento útil, más bien es molesto. Pero ¿qué más da?, los dispersadores de fobias dirán que son estudios financiados por las multinacionales aunque parece que la prueba del algodón les falla. 

Las ondas han estado con nosotros desde que nacimos. Cuando la televisión era en blanco y negro, tenía bombillas, se reparaba y había antenas que se rompían, una patata y un par de varillas de metal (las de hacer calceta valían) servían para captar la señal. Cuando conseguíamos sintonizar, nuestro cuerpo hacía de antena ya que al tocar las varillas la señal era más nítida y al separarnos la señal se estropeaba. Nosotros, con nuestro cuerpo, hacíamos de antena. Lo mismo ocurre con una radio cuando queremos captar las ondas con moviendo la antena. Todos hemos crecido con la VHF y la UHF, la onda corta y la FM y aquí estamos, sin problemas. Todos llevamos usando los móviles desde hace más de 30 años y no tenemos problemas. Entonces, ¿a qué tanto miedo, tanta fobia, tanta preocupación y tanta especulación con la seguridad? Ante el miedo, los ciudadanos acuden a expertos que alimentan sus fobias con argumentos poco sustanciados en la ciencia. Se hacen ecos de supuestos peligros y de posibilidades sin contrastar o de miedos basados en el absurdo. Por poner un ejemplo, hace poco un experto avaló el miedo de unos vecinos argumentando sobre el efecto nocivo de las ondas ya que si usabas un móvil durante una hora se te calienta la oreja. Sinceramente, si uno se pone una alpargata en la oreja durante una hora también sufrirá un calentón de oreja, se lo aseguro, no tengo que hacer el ensayo, y no creo que la alpargata emita ninguna onda electromagnética.

Vivimos en un mundo bombardeado por ondas electromagnéticas provenientes del Sol. La vida ha evolucionado utilizando estas ondas e incluso ha creado protección frente a ellas en nuestras células y en el ambiente como la capa de Ozono. Las ondas sobre las que se basan las telecomunicaciones incluyendo telefonía, radio o televisión son ondas de baja frecuencia y poca energía y, físicamente, no producen interacciones dañinas con nuestras moléculas, células o tejidos. Esa es la realidad, el resto es miedo a lo desconocido, como cuando se inventaron los trenes. Usen el sentido común, infórmense, piensen y utilicen razones plausibles en lugar de dejarse llevar por miedos y fobias sin fundamento. 

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