Sábado 28.03.2020
Opinión
Guillermo López Lluch
16:44
24/03/20

Es hora de tomar decisiones

Es hora de tomar decisiones

Herbert George Wells escribió en 1898 tal vez su novela más conocida 'La Guerra de los Mundos'. En su novela, y en todas las versiones cinematográficas e incluso en la versión radiofónica que Orson Welles hizo en su serie dramática 'The Mercury Theatre on the Air' que dio lugar a cierta histeria colectiva el 30 de Octubre de 1938 en Estados Unidos, los invasores marcianos sucumben frente a la patogenicidad de los organismos más agresivos y peligrosos que existen en la Tierra, los microorganismos.

Desde que se descubrieron los antibióticos y las vacunas y antes de todo ello, la higiene, las personas hemos vivido en un periodo de la historia en la que las plagas no son más que historia antigua, cuentos de personas mayores. No se nos olvide que, a principios del siglo XX, no hace mucho, la verdad, la tuberculosis era una auténtica plaga que aún no se ha podido erradicar pero sí controlar con antibióticos. De vez en cuando los desastres naturales despiertan monstruos microscópicos escondidos que causan el cólera o el tifus contra los que sabemos luchar aunque, muchas veces, parece que no queremos si no nos afecta directamente. 

En los cuentos más crueles siempre hay algo de verdad, y la verdad ha venido a mostrarnos su malévola realidad en forma de virus respiratorio con alta capacidad infecciosa y una gran afectación sobre personas mayores con un sistema inmunológico deficiente y problemas respiratorios previos. Un enemigo invisible implacable que está doblegando gobierno tras gobierno y paralizando al mundo entero.

En estos meses y, en especial, en esta primera semana de confinamiento, muchos han sentido la necesidad de llenar las redes sociales de auténtica basura hablando de conspiraciones mundiales o de tratamientos más que dudosos basados en absurdas formas de atajar una enfermedad vírica. Y, lo peor aún, en decidir qué recomendación o medida tomada por las autoridades es más adecuada o no. Lo malo es que la sensación tras una semana recibiendo whatsapps de todos los colores es que la opinión sigue estando guiada por las filiaciones políticas más que por la razón y eso es un gran problema cuando se toman decisiones. No es hora del sesgo ideológico sino del pragmatismo. 

No voy a centrar mis columnas en la cuestión política, para eso están otras columnas, pero sí que me van a permitir darles mi opinión. Nos quedan tres semanas como poco de confinamiento por lo que vamos a tener mucho tiempo para analizar y comentar y mascullar y rumiar noticias, bulos, pseudo-noticias, comentarios de expertos, de menos expertos, de tertulianos de todo tema y demás formas de comunicación. Eso es mucho tiempo y lo que necesitamos para pasarlo lo mejor posible es información positiva. No necesitamos toda la información, ni análisis precipitados. Para poder pasar este tiempo necesitamos información positiva, que nos ayude a estar lo mejor posible y a tener un espíritu positivo y constructivo cuando todo este tiempo pase. Porque esto pasará y tendremos que volver a nuestras vidas, pero tomando ciertas precauciones para evitar poner en peligro a otros. De eso se trata. 

Por eso es tiempo para tomar decisiones y dejar a quienes manejan la información completa que las tomen. Las autoridades sanitarias saben lo que hay que hacer pero no tienen una varita mágica que haga aparecer camas, respiradores, batas o mascarillas de la nada. En una guerra, y esta la es, contra un enemigo invisible, más importante que las batallas es la intendencia. Un buen ejército con mala intendencia pierde la guerra. Hay que organizar todo de la manera más adecuada posible, saber de lo que se dispone, saber quién puede suministrar rápidamente y saber con qué industria se puede contar. Hemos recibido decenas de videos, audios, memes y comentarios sobre los suministros. Pensemos un poco porque dentro de poco todos los países necesitarán una gran cantidad de esos suministros, por lo que hay que ordenar lo que se tiene y saber lo que se puede producir internamente y lo más rápidamente posible. Si el barco sufre varias vías de agua, primero hay que acudir a donde está la mayor vía antes que ir a tapar las vías donde entra menos agua. Si no se hace así, el barco se acaba hundiendo. Para tapar las menores vías de agua aún hay tiempo, pero la más urgente es la mayor de ellas. Es pura lógica.

Otra cosa que no deberíamos seguir haciendo es buscar comparaciones. Hemos recibido información de múltiples sitios comparando lo que hacemos en España con lo que pasa en Corea, China, Alemania, y casi con lo que pasa en el resto del mundo. Un día se aplaude la postura de Boris Johnson de permitir el contagio para activar la inmunidad de grupo mal entendida, y dos días después vemos cómo en Reino Unido se cierran colegios, pubs y restaurantes igual que aquí. Un día se enaltece la baja mortalidad de Alemania y al siguiente se observa cómo van subiendo el número de fallecidos también en este país. Sin conocer los detalles, sin conocer los factores, sin conocer la incidencia por edad, toda esta cascada de información no hace más que sembrar la incertidumbre, la duda y dar una falsa sensación de que se hace mal o de que se hace bien. Es muy pronto para hacer un ranking de lo que está ocurriendo y hacer un ranking sobre el número de fallecidos es, sencillamente, morboso e inútil. 

Con todo esto les quiero decir en esta columna que se queden en casa, que estén tranquilos. Búsquense un entretenimiento, algo que hacer. Redescubran viejas aficiones, desempolven los libros y los discos viejos, aprendan nuevas recetas. Llenen su tiempo con actividades positivas como hacer algo de ejercicio, aunque sea en el salón. Llamen a los amigos, usen el teléfono, no es solo un objeto que está sobre la mesa, sirve para comunicar. Tómenselo con calma y no pongan su vida o la de sus familias en peligro. Cuando vuelvan de la calle, lávense las manos. Cuando hagan la comida, lávense las manos. Cuando vayan a comer, lávense las manos. 

Y cuando reciban whatsapps o memes o mensajes que sean negativos, piensen que diseminarlos pueden empeorar la cuarentena de otros y el trabajo de quienes están luchando contra el virus. No estorben a quienes deben tomar decisiones en las administraciones y, especialmente, en los hospitales. Hagan caso, ya habrá tiempo para hacer balance. Y tiene que pasar muchos días para que podamos hacer balance. 

El enemigo es microscópico pero solo hace lo que guía su naturaleza. Los virus no tienen conciencia, simplemente hacen lo que todos los organismos, sobrevivir, aunque sea a costa de su huesped. La peligrosidad del SARS-CoV-2 está en su novedad. No sabemos qué fármacos pueden ser más efectivos y por eso hay múltiples ensayos clínicos en marcha para encontrar qué puede ayudar a frenar la infección o a ganar tiempo para que el sistema inmunológico actúe. No sabemos por qué aún, pero hay personas que apenas sufren síntomas y otras que rápidamente se agravan. No sabemos muchas cosas, pero sí sabemos que para conocer al enemigo y conseguir las armas que nos defiendan de él, como las vacunas, necesitamos tiempo. 

Debemos ayudar a quienes están luchando contra este enemigo para que lo hagan de la manera más eficiente posible. Debemos apoyar a quienes están manteniendo los servicios y la asistencia: desde el servicio de limpieza que desinfecta todos los rincones hasta los sanitarios que velan por la vida de todos, desde quienes abren sus negocios para que no nos falte de nada a quienes los cierran para que no nos contagiemos, desde quienes vigilan para que mantengamos el aislamiento hasta quienes toman las decisiones que consideran más apropiadas según transcurre la pandemia. Para todo eso se requiere de nuestra colaboración activa quedándonos en casa y no poniéndonos en peligro. Hay que frenar la curva para que haya asistencia eficiente para todos. Hay que ayudar para reducir el riesgo de todos. 

Y hay que tomar nota para no repetir errores del pasado como mermar la capacidad del sistema público de salud y la financiación de la investigación. Esta pandemia pasará, pero nada nos asegura que no se repita en el futuro. Aprendamos de los errores y reforcemos los aciertos. 

#YoMeQuedoEnCasa, #NosotrosNosQuedamosEnCasa.

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