Lunes 20.01.2020
Opinión

Los efectos placebo y nocebo y la política

Los efectos placebo y nocebo y la política
En una de las películas de los Cazafantasmas de mi juventud el contexto era que la maldad se extendía por la sociedad aumentando la mala uva de la gente. Afortunadamente, los avezados héroes de la historia con sus artilugios 'lanza-rayos caza-entes del más allá' ganan a los malos y el buen rollo vuelve a su estado anterior. Es decir, a niveles bastante bajos, pero aceptables. 

La situación política y social actual me ha recordado el trasfondo de esta película considerando que ver los noticiarios, escuchar la radio o leer los periódicos con sus comentaristas, tertulianos, columnistas y relatadores de la realidad o de 'su' realidad haría que la mala uva fuese subiendo y subiendo hasta niveles insospechados. Algunos llaman a eso crear opinión, yo lo llamaría mantener un estado de crispación en la población que puede acabar creando un estrés crónico que no solo afectará a nuestra convivencia sino también a la salud. Este estado de estrés aumenta las hormonas del estrés como la adrenalina y el cortisol. Altos niveles de estas hormonas provocan disfunciones que afectan a casi todos los sistemas y especialmente al sistema inmunitario por lo que afectaría a la propensión a sufrir enfermedades infecciosas y a un malestar general. Así que un poco más de calma no vendría mal a nuestra salud. 

Casi todos conocemos o hemos oído lo que es el efecto placebo. Cuando se prueba un fármaco o una terapia se utiliza una población que se divide al azar en dos grupos, uno recibe el fármaco o la terapia que se quiere probar y otro recibe algo parecido al fármaco, pero sin compuesto activo, o la terapia, pero sin aquello que produciría efecto. De esta manera se analiza la evolución de ambas poblaciones de pacientes y si el fármaco o la terapia funcionan, las personas que lo han tomado o la han recibido deben mostrar efectos positivos mayores que aquellos que no recibieron nada. Normalmente suele ser así, pero, en ocasiones, entre la población que no tomó fármaco ni recibió la terapia efectiva se producen efectos positivos. A estos efectos se los conoce como efecto placebo y demuestra que creer que se está tomando algo que puede afectar positivamente a tu salud puede ayudar a que tu salud mejore, aunque no hayas tomado nada que la afecte. Ese efecto se debe a efectos fisiológicos, entre ellos a la secreción de neurotransmisores relacionados con los circuitos de recompensa y de bienestar, como la dopamina, la serotonina o los endocannabinoides. Es decir, creer que algo nos va a ayudar y curar activa mecanismos que ayudan a nuestro cuerpo a ser receptivo a la curación y mejora la situación anterior. Pero no a todo el mundo le funciona, tengámoslo en cuenta. 

Lo que no muchos conocen es el efecto nocebo, un efecto totalmente contrario al efecto placebo. Cuando a unas personas se las somete a un supuesto compuesto y se les informa de los efectos secundarios que puede tener, algunas de estas personas dicen haber sufrido esos efectos secundarios a pesar de no haber sido tratados con el compuesto. A veces, el efecto nocebo es tanto mayor cuanto peores son los supuestos efectos secundarios del compuesto. Es como si conocer estos efectos hiciese que nuestro cuerpo se predispusiese a sufrirlos y nos hiciese sentirlos aunque no hayamos tomado nada. Esas personas sufren incrementos en las hormonas de estrés como la adrenalina o el cortisol y comienzan a sufrir sus efectos.

Ambos efectos indican el poder de la sugestión sobre nuestra percepción de la salud, ya que biológicamente ni en el efecto placebo ni en el nocebo hay compuesto o terapia algunos que puedan afectarnos. Todo está en nuestra capacidad para sentir positivamente o negativamente. 

Volviendo a la historia de los Cazafantasmas, creo que estos dos efectos también se podrían aplicar a la sensación general de una población sobre su situación general y sobre la política en particular. Si ante una decisión política recibimos información positiva y se nos repite de la bondad de tal decisión, la sensación general de la población es de bienestar. Por el contrario, la misma decisión política acompañada de una marea de comentarios negativos sobre ella y de un futuro negro sobre el desarrollo de tal decisión crearía en la población un efecto negativo y el rechazo aumentaría progresivamente. Sin embargo, es la misma decisión política y puede que afectase poco, tanto positiva como negativamente, pero la sensación es muy diferente según se cuente.

Está claro que la forma en la que se difunde una noticia afecta a la sensación general de la población. A eso lo llaman, crear opinión y es una forma de sugestión igual que los efectos placebo y nocebo. Déjenme usar dos ejemplos recientes sobre la actualidad política. Hace unos días OKdiario publicaba una noticia sobre la coincidencia del calendario de este año, 2020 y su situación política, con el del año 1936 y lo que ocurrió en ese trágico año. El trasfondo es que el calendario del 2020 coincide día a día con el del 1936. El calendario Gregoriano tiene esas cosas, que cada 28 años la disposición de los días a lo largo del año coinciden. Otros columnistas también han realizado paralelismos con lo que ocurrió hace 90 años en la Segunda República.Claramente, la noticia es negativa ya que correlaciona la situación política actual con lo que ocurrió el año en el que se produjo el levantamiento militar que acabó en la Guerra Civil. La noticia puede dar lugar a un efecto nocebo bastante efectivo creado por el malestar que todo el mundo suele sentir por esta aciaga fecha. Sin embargo, con el mismo calendario de 2020 encontramos el año 1992 que, a diferencia del 1936, casi todos recordamos mucho más agradablemente. Es el año de la Expo de Sevilla y de las Olimpiadas de Barcelona y su “amigos para siempre”. Si se hubiese hecho esta segunda correlación, el efecto de la noticia sobre el lector de seguro que habría sido positivo, pero el editor ha preferido crear una opinión negativa. 

Hagamos otro ejercicio para asentar la idea. El año 2019 ha acabado con unos 40000 personas paradas menos y unos 350.000 más de personas trabajando afiliadas a la Seguridad Social. Así los datos, a secas, podrían ser tomados como positivos ya que la previsión de muchos era de que íbamos al desastre pero hay menos parados y más trabajadores en este extraño año político. Sin embargo, en muchas noticias, los redactores se han afanado en hacer hincapié en que la reducción del paro y la afiliación han sido las menores desde 2013. Dicho así, es obvio que la sensación del lector es mucho más negativa que si hubiese leído los datos sin contraste. No obstante, a mí me ha llamado la atención esa noticia, ya que si se hubiese comparado con el periodo entre 2008 a 2012, la noticia habría sido muy positiva porque en esos años se destruía empleo y subía el paro.

Estos dos ejemplos intentan ilustrar como una misma noticia puede ser difundida con un talante positivo o negativo según como se compare con otros momentos de nuestra historia más o menos recientes. Y esas comparaciones van a crear una sensación en la población totalmente diferente según como se diga. Esa forma de 'crear opinión' afecta a nuestra forma de percibir la realidad en la que nos movemos y, por tanto, de percibir nuestra situación como ciudadanos. A fin y al cabo en la población hay personas optimistas que ven los vasos medio llenos y personas pesimistas que los ven medio vacíos y, según como se les influya desde los medios afianzarán sus formas de percibir la realidad. La cuestión está en qué prefieren los medios inducir, optimismo o pesimismo y, me temo, ahora están en lo peor.

La política española actual se encuentra en una situación de empacho acompañado de cierta sensación de estreñimiento como si el efecto nocebo se hubiese apoderado de todos. Empacho ya que nuestros políticos no paran dar vueltas a la misma comida una y otra vez sin acabar de hacer una buena digestión. Y estreñimiento porque por mucho que vamos a las urnas, no quedamos aliviados con un gobierno que se afiance. Perdonen por la franqueza, pero no sé cuántas veces deberemos ir a las urnas para que comprendan (comprendamos) que en España no todo el mundo piensa igual y que para realizar políticas que más o menos agraden a todos hay que sentarse a hablar de los problemas de todos los ciudadanos. Sin un Gobierno efectivo que de comienzo el periodo parlamentario no habrá nuevas leyes ni nuevas soluciones a nuestros problemas. Y tenemos muchos. Nuestro sistema político es parlamentario y eso quiere decir que cualquier cosa que quiera hacer el Gobierno debe ser aprobada por las Cortes, ya sea convalidando Reales Decretos o aprobando Leyes. En la situación actual, con un gobierno en minoría, eso quiere decir que los partidos tienen que negociar, hablar de artículos y enmiendas, corregir los borradores de leyes y negociar las convalidaciones de los reales decretos. Es decir, hacer política, que es para lo que les pagamos el sueldo. 

Por mucho que nos digan, en la situación actual, cualquier Gobierno que saliese del parlamento no tendría carta blanca para hacer nada de nada sin el apoyo parlamentario de otros grupos políticos. Así que, ¿dónde está el problema? Necesitamos un poco de calma en el parqué político, menos ruido y más nueces. Menos efecto nocebo y más noticias positivas. A fin y al cabo, uno de los parámetros que miden los economistas para hacer sus vaticinios es la confianza de los ciudadanos y con tanta mala uva, con tanta noticia en su versión negativa, con tanto efecto nocebo, la confianza está por los suelos. Un poquitito de menos alarmismo y lo mismo repunta algo la sensación de salud y todos acabamos ayudando a levantar un poco esto. A fin y al cabo, no todo lo pueden hacer los gobiernos, los ciudadanos también debemos poner de nuestra parte. Feliz Año Nuevo a todos.

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