• Sábado, 25 de Marzo de 2017

Con el cáncer no se juega: Prevención (III)

A la hora de abordar el tratamiento del cáncer se debe tener muy en cuenta que estamos tratando con células de nuestro propio cuerpo que han perdido su capacidad para relacionarse con las demás, para cumplir con su función o para regenerar otras células. La pérdida de esta funcionalidad viene de la presencia de mutaciones que afectan a genes que regulan la actividad celular y hacen que las células se dividan incontroladamente.

Hay factores tanto químicos como físicos o incluso biológicos que pueden provocar estar mutaciones. Muchos de estos factores son muy conocidos y, curiosamente, aceptados como el hábito de fumar, la contaminación, la exposición a radiaciones incluidas las del Sol o una dieta rica en grasas y pobre en fibra. Otros son menos conocidos como son la infección por virus o el papel de los cambios hormonales en el desarrollo de ciertos cánceres. Debido a la diferente naturaleza de las causas de las mutaciones que provocan cáncer, es muy complicado prevenirlo. Por eso incido en mis anteriores comentarios sobre que ninguna infusión, extracto o potingue va a prevenir el cáncer en general sino que, como mucho, puede ayudar a protegernos frente a determinados cánceres siempre y cuando esos extractos milagrosos demuestren su capacidad, cosa que dudo.

Para repasar lo que podemos fácilmente podemos hacer, vamos a comenzar por el principio. Ya he indicado que todos conocemos muchos factores que pueden provocar cáncer. Algunos son muy claros: radiaciones radiactivas, rayos X o rayos UV, compuestos químicos, humo del tabaco, compuestos de la contaminación, tóxicos varios, etc… Pero otros entran dentro de la cultura del bulo, de lo nuevo pero desconocido, de lo que ha aparecido en youtube en algún video y cosas por el estilo. Me refiero a factores como el uso de los móviles, el uso de los microondas, el comer tal o cual alimento, etc… Si atendiéramos a todo lo que se dice que provoca cáncer prácticamente no comeríamos ni beberíamos nada y menos aún saldríamos de casa. Pero lo curioso es que sí que aceptamos socialmente lo que sí se sabe que provoca cáncer pero actuamos con excesiva precaución cuando se nos indica como posible cancerígeno algo que no está contrastado ni probado pero es nuevo y, por tanto, peligroso.

Factores físicos tan cotidianos como la luz solar provocan cáncer, especialmente si uno no se protege o su piel no responde a los estímulos adecuadamente. El que las personas tengan diferente tono de piel dependiendo de la localización en la que sus descendientes se han desarrollado es simplemente la respuesta biológica a un factor importante para su supervivencia: defenderse de la radiación solar. Y esa respuesta sigue vigente en nuestros cuerpos como se demuestra cada año cuando nos tostamos al sol nada más llegar la buena temperatura primaveral. Pero una excesiva exposición a los rayos UV del sol provoca mutaciones en las células de la piel y en especial en los melanocitos, que son las que aumentan su número cuando deben protegernos y crear uno de los cánceres más agresivos, el melanoma. Conociendo este hecho, no es de extrañar que Dinamarca haya lanzado recientemente una campaña para que los Españoles ayuden a sus ciudadanos a protegerse del sol de nuestras playas y evitar la muerte de muchos Daneses por cáncer de piel (https://www.youtube.com/watch?v=psW-E-Tvr8k). Pero no creamos que nosotros estamos protegidos, pónganse ustedes también la cremita con alta protección y evitarán más de un problema. Y, además, vigilen sus lunares y cuando vean alguno que no les guste, vayan al médico. La detección temprana de un posible cáncer es uno de los factores principales para salir del problema con éxito.

Otro factor cotidiano es el tabaco o la contaminación. Posiblemente el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero hizo por la prevención del cáncer de pulmón y otros relacionados con las vías respiratorias más que cualquier campaña de avisos o imágenes agresivas en las cajetillas de tabaco. Al prohibir fumar en sitios cerrados incluyendo los bares y restaurantes no solo nos permitió comprobar que la comida tenía un sabor bastante mejor y menos ahumado sino que, además, nos evitó tener que estar sometidos a uno de los factores más importantes para desarrollar un cáncer de pulmón. No obstante, ¡hay que ver la campaña anti-Ley anti-tabaco que se orquestó en su momento y hay que ver la cantidad de gente que aún se molesta si les pides que dejen de echarte su humo encima!

En este mismo sentido también podemos incluir a las normas anticontaminación que las grandes ciudades deben fomentar e implementar para evitar la acumulación de partículas contaminantes y peligrosas para nuestra salud en días como los actuales, donde las altas presiones mantienen las contaminaciones sobre las ciudades visibles como una boina parda sobre nuestras cabezas. Eso sí, a algunos les molestará que su coche no se pueda mover o que tengan que tomar el transporte público, menos contaminante pero más molesto al parecer.

La dieta es otro factor de riesgo. Muchos estudios han demostrado que dietas pobres en fibra y ricas en alimentos procesados es uno de los factores que puede provocar cáncer de colon, hepático, de páncreas o asociados al tubo digestivo. Es más, un estudio muy reciente ha encontrado vínculos entre la obesidad y la posibilidad de tener hasta 11 tipos diferentes de cáncer. Una artículo recientemente publicado en el British Medical Journal (http://www.bmj.com/content/356/bmj.j477) ha presentado que existe una mayor probabilidad de sufrir cáncer de mama, ovario, riñón, páncreas, colon, recto o médula si uno es obeso que si no lo es. La mayoría de estos cánceres están relacionados de alguna manera con el metabolismo y con el sistema hormonal con lo que no es raro pensar que el desequilibrio metabólico creado por la obesidad afecta a la regulación de la actividad celular y acabar provocando un cáncer.

Algunos otros cánceres son producidos por la infección a virus. La biología de ciertos virus hace que inserten su ADN entremedias del nuestro y, en algunos casos, afecten a genes que intervienen en el desarrollo del cáncer. Son conocidos sus efectos en el cáncer de cuello de útero, pene, vulva o ano (virus del papiloma), en los linfomas o en cáncer nasofaríngeo (virus de Epstein-Barr), o en el cáncer de hígado (virus de la hepatitis C). Conociendo estos efectos la mayor prevención la encontramos en el uso de vacunas que prevengan la infección por el virus. Sin embargo ya conocemos casos de campañas contra la vacunación, como en el caso del virus del papiloma, arguyendo supuestos tejemanejes de las oscuras y ocultas corporaciones que gobiernan nuestras vidas.

Finalmente, la detección temprana es una de las mejores armas que tenemos para luchar contra el cáncer. Ya que el cáncer nace de nuestras propias células, detectar su desarrollo temprano es complicado ya que las células cancerosas no van a presentar marcas claras que las hagan identificables. Por eso, además de evitar los factores que las vuelvan cancerosas debemos chequear nuestro cuerpo buscando biomarcadores: enzimas, sustancias, proteínas, etc…, que nos indiquen que algo va mal y dónde se está produciendo un cáncer. En algunos casos estos marcadores son conocidos como el antígeno prostático específico (PSA) que aumenta cuando hay cáncer de próstata, o la presencia de sangre en orina o en las heces que pueden indicar un crecimiento anormal en el cáncer de vejiga o de colon, o la presencia de células anormales en los frotis vaginales que pueden indicar un inicio de cáncer de cuello de útero, o la presencia de bultos en las mamas para la detección de un posible cáncer de mama, etc… Es por eso que se hace necesario que nos sometamos a revisiones generales habituales especialmente a partir de cierta edad porque ciertos cánceres como el de mama, próstata o útero dependen de las hormonas que comienzan a modificar sus niveles a partir de la menopausia en mujeres o de los 40-50 años en los hombres. Tengamos en cuenta eso y hagámonos un chequeo general de vez en cuando, podemos ganar mucho.

Y para aquellos cánceres que no tienen marcadores claros habrá que seguir investigando e intentando encontrar qué es lo que nos puede indicar que están ahí. En la actualidad muchos estudios están escrutando las moléculas que aparecen en la sangre cuando se padece un determinado cáncer. Estas moléculas pueden estar relacionadas con la actividad anormal de las células como en el caso de la PSA en el cáncer de próstata, o con la actividad inmunológica contra las células cancerosas en el caso de anticuerpos contra ciertas proteínas. Otras esperanzas están centradas en el estudio de la presencia de moléculas como los microRNAs, ácidos nucleicos reguladores de la actividad celular. Parece que ciertos cánceres pueden reflejar su progresión con un patrón determinado de estas moléculas. Pero para desarrollar un sistema eficiente que nos informe de la posible presencia de un cáncer hace falta estudio, medios y esfuerzo. Los científicos ponemos el esfuerzo y muchas ganas pero necesitamos medios y fondos para intentar encontrar las herramientas que nos permitan prevenir y anticiparnos a la aparición de un cáncer.

Los ciudadanos, al menos, tenemos conocimiento de muchos de los factores que podemos evitar para no desarrollar un cáncer, así que, ¿por qué no hacerlo? Evitemos fumar y, si es posible, que no nos fumen encima; evitemos ir a tomar el sol sin la protección necesaria; evitemos usar el coche o someternos a ambientes contaminados en todo lo posible y en días en los que la contaminación es excesiva; evitemos comer alimentos muy procesados y muy ricos en grasas o productos químicos y añadamos a nuestra dieta productos frescos, vegetales y con fibra; hagamos caso a las campañas de vacunación contra los virus. Con todo ello evitaremos muchos de los factores que pueden provocarnos cáncer. En nuestras manos está.