Domingo 21.04.2019
Cordoba Hoy

NOMBRADA POR EL AULA DEL VINO

Isabel Vidal, la auténtica Señora de las Tabernas

Más de 30 años al frente del Jorman junto a su marido Manolo le han hecho merecedora de este reconocimiento en una taberna cuyo éxito es la amabilidad, la buena cocina, el sabor y el trabajo bien hecho 

Isabel Vidal
Isabel Vidal
Isabel Vidal, la auténtica Señora de las Tabernas

Conociendo a Isabel Vidal no es de extrañar que vaya a recibir este año la distinción de la Señora de las Tabernas por parte de El Aula del Vino. Una señora dentro y fuera de las cocinas. Porque entre fogones ella se encuentra como pez en el agua, no sólo porque han sido su vida durante los últimos 31 años, sino porque tiene el reconocimiento y el cariño de una nutrida clientela que sabe degustar y destacar su buen hacer en el Jornam. 

Y es que Isabel, junto a su inseparable Manolo, han sabido consolidar una cafetería que ofrece a su parroquia una comida excelente (de veras que es para chuparse los dedos, literalmente), bañada por buenos vinos de la tierra y aderezada por profesionalidad, trabajo y amabilidad.

"Nosotros siempre tenemos una sonrisa para nuestros clientes que, después de tantos años, ya son amigos", asegura la flamante Señora de las Tabernas, quien también destaca, de su local, la "clientela tan agradecida que tenemos y que siempre tiene una palabra de gratitud por nuestro trabajo". 

Un reconocimiento, el de la Señora de las Tabernas, que ha supuesto para Isabel "algo muy gratificante, muy bonito que te llena de orgullo, sobre todo tras el trabajo tan duro que hemos realizado durante 30 años". Porque, evidentemente, la vida no es fácil y menos en hostelería.

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De hecho, el trabajo de esta pareja comenzó en la Cafetería Alaska, en la Avenida de Las Ollerías (que cuando trabajaron allí se llamaba Obispo Pérez Muñoz), pero "era un local muy grande, con dos terrazas, salón y barra, que requería de mucho personal y decidimos buscar algo más pequeño hasta que encontramos este otro sitio, que estaba en bruto y que nosotros construimos, y en el que hemos estado hasta hoy".

Y que nadie se lleve a engaño. Aunque claramente reconocible en la estrecha vía Alonso de Burgos por su toldo de color naranja, que funciona a modo de faro en la niebla para los parroquianos, cualquier foráneo pasaría por delante sin pensar que en el interior de ese bar se ocultan auténticos tesoros gastronómicos que satisfarían paladares muy exigentes. Y todo ello con una inmensa humildad que mejora todavía más la calidad de los platos.

Ahora, cuando le quedan pocos meses para jubilarse, recuerda con mucho cariño esos inicios duros como los de cualquier negocio, pero que, poco a poco, fueron dando sus frutos aumentando las cantidad de tapas e introduciendo platos nuevos, hasta que comenzó a crecer su clientela y que a día de hoy "es fiel como ninguna". 

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Como bien dice Isabel, "esto es como una cárcel sin rejas, porque te pasas todo el día aquí dentro, pero estamos muy contentos y satisfechos". En un local en el que, gracias al boca al boca (que es la mejor promoción que puede tener un local), no paran de entrar caras nuevas y gente que "nos felicita por lo riquísimos que están nuestros platos". De hecho, dice Isabel, "a veces me llaman para que salga de la cocina y me aplauden como si fuera una artista, que me da vergüenza, para felicitarme por los callos, el bacalao encebollado, las manitas de cerdo, la tortillas de papas, el salmorejo, el bacalao al pil-pil o el rabo de toro".

Y eso que comenzaron prácticamente con los bocadillos que elaboraba Manolo y con una tortilla hecha con mucho cariño por parte de Isabel.

Y como buena tabernera, Isabel tiene también palabras de agradecimiento para su compañero de vida y trabajo. Llevan 43 años casados, pero merced a un trabajo tan esclavo como éste, que requiere muchas horas de trabajo, han sido como 86. De todo ese tiempo, durante 31 años han compartido la hostelería como lazo de unión con un máxima que no se permiten incumplir: "Aquí está prohibido enfadarse, porque sino el enfado te lo llevas a casa y eso está prohibido".

"Manolo es el alma de la barra, porque él es muy profesional y todos vamos aprendiendo a su lado, aunque el alma de la cocina soy yo, porque soy la que le da el toque a las recetas", siempre con una comida tradicional, huyendo de las gastronomía de diseño tan de moda en estos días y regada por los mejores caldos locales, como Los Naranjos, El Gallo, Doblas o Alfaque, "porque el vino cordobés para nosotros es muy importante". Aunque no se hace ascos tampoco a un buen Ribera del Duero.

Una cocina tradicional que como dice Isabel "que se haga lentamente, desde las nueve de la mañana, y cuyo secreto es utilizar productos de calidad y hacerla día a día, hasta que la bordamos". Hasta el punto es así, que los lunes, para el cocido que se elabora allí, hay personal que hace cola para llevárselo a casa y lo agota. No son los únicos platos que desaparecen de inmediato, y si no que se lo digan a quienes han tenido la suerte de degustar su ternera en salsa o el rabo de toro.

Lo dicho. Todavía están a tiempo para degustar sus croquetas caseras o sus callos, que tienen un regusto a la salsa de caracoles que más de un madrileño añadiría a su receta. Después, en cuanto se retire, ya será demasiado tarde...

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