CLUBES DE CANNABIS

El círculo cerrado de la marihuana

Una asociación, La Reina del Serengueti, cultiva cannabis para distribuirlo a los miembros por sus efectos terapéuticos. Los 35 socios siguen unos estrictos controles. Y pagan a Hacienda

Diferentes variedades de marihuana y una postura de hachís de La Reina del Serengeti; para retirar siquiera un gramo hay que firmar en el libro que hay debajo.
Diferentes variedades de marihuana y una postura de hachís de La Reina del Serengeti; para retirar siquiera un gramo hay que firmar en el libro que hay debajo.

Fuera no huele a nada, salvo los aromas normales de una calle cualquiera en un barrio cordobés cualquiera. Pero nada más atravesar un discreto portón, una bofetada de olores sacude al visitante, y ello a pesar de los extractores, ambientadores y filtros de humo. No hay nada que pueda enmascarar los potentes efluvios de lo que se fuma en este local de Vistalegre: marihuana pura y sus derivados. Es La Reina del Serengueti, el único club de cannabis que existe en Córdoba capital. O al menos es el único incluido en la federación andaluza de este tipo de asociaciones.

Los vapores de la marihuana no salen del local, y los fumadores tienen muy complicada la entrada. Esto no es un club de fumetas, ni una reunión de rastafaris, ni mucho menos un lugar para hacer "turismo de marihuana" como algunos que proliferan en Cataluña. Aquí no hay carta de porros, ni camareros ni barra de bar. Es un local social como otro cualquiera, salvo por los peculiares aromas. Y por los estrictos controles tanto para entrar al local como, especialmente, para acceder a la membresía. Lo explican por primera vez en un medio de comunicación Antonio Arribas y Eulogio López, presidente y secretario respectivamente de La Reina del Serengueti, un club que empezó a gestarse hace ocho o nueve años.

"Esto no es narcotráfico", se afanan en repetir los responsables del club. El mensaje está pintado incluso en las paredes del club, bien visible. Es, de hecho, una manera de combatirlo, pues los miembros de la asociación no tienen que recurrir a la calle para obtener marihuana, hachís, aceite de cannabis u otros derivados. Los obtienen o bien mediante el autocultivo, que el colectivo trata de potenciar, o mediante una plantación colectiva.

Actualmente La Reina del Serengueti cuenta con unos 35 socios, todos ellos fumadores terapéuticos -los que consumen marihuana por sus efectos sedantes y analgésicos-. Pero el acceso al club está muy restringido. Para hacerse socio hay tres vías: una recomendación de otro miembro; un volante que garantice que la persona que desea acceder requiere la marihuana por motivos de salud (hay médicos -pocos- que los expiden); o certificar que la persona procede de otro club. Es, en definitiva, un círculo cerrado "que podemos controlar" al ser tan selectivo, que no es lo mismo que selecto: hay consumidores de todas las edades y clases sociales, aseguran los responsables.

Con menos de 21 años, no entras

Además, la edad mínima para pertenecer a la asociación es de 21 años, y éste es un requisito propio del centro cordobés. "Es por un estudio científico" sobre los efectos de la marihuana, avisa Eulogio. "Aquí no queremos ningún cabra loca, ni tampoco gente con problemas psiquiátricos", apostilla el presidente. Y una vez dentro, el socio debe esperar dos meses antes de poder acceder a la primera retirada de la parte proporcional del cultivo colectivo.

En La Reina del Serengueti fomentan, mediante charlas y asesoramiento, el autoabastecimiento, esto es, que cada miembro cultive por sí mismo las plantas de cannabis que necesita. Pero hay fumadores que consumen más de lo que se puede cultivar en casa de manera razonable. "Los terapéuticos consumen muy poco", explica Antonio Arribas, mientras otros usuarios del club llegan a fumar cerca de un kilo de marihuana al año. Y un kilo de marihuana seca es mucho.

Aquí es donde entra en juego la plantación de marihuana que tiene La Reina del Serengueti para el consumo colectivo. Es, como se puede imaginar, secreta. "Ni siquiera los socios saben dónde está", aseguran los responsables del club. Tan sólo "tres o cuatro personas" conocen su ubicación exacta, entre ellas un perito agrónomo que se encarga de controlar una plantación que, aseguran, es ecológica. También decide qué cantidad de cannabis hay que plantar para obtener una cantidad determinada de marihuana seca.

Los directivos del club no quieren precisar mucho más sobre la plantación, pero afirman que no es masiva como en otras asociaciones que han llegado a tener miles de plantas y obtienen hasta seis cosechas al año. "Nosotros solemos sacar tres", sostiene Eulogio López.

club marihuana serengeti 2

Antonio Arribas y Eulogio López, en la sala de fumadores de La Reina del Serengueti, bajo el cartel que define sus principios.

Una marihuana pura

La cantidad de marihuana seca que obtienen es directamente proporcional a las necesidades de los miembros del club, ni un gramo más. Los socios deben indicar, en el momento del registro, la cantidad anual de marihuana que consumen, que siempre es menos que la que necesitaban antes de entrar en el club, porque también deben facilitar ese dato. Hay casos en que la demanda es hasta tres veces menos que la que un fumador compraba en la calle, porque la marihuana del club es pura, sin cortar, más potente que la que procede del narcotráfico. Además, Antonio Arribas destaca "la reducción de riesgos y el bienestar para la salud que supone un cultivo propio".

Todos esos datos están registrados minuciosamente en un libro de actas. Para retirar un solo gramo de postura hay que aportar los datos personales del miembro, la cantidad, el DNI, la fecha... Todo para mantener un riguroso control de lo que entra y sale de la Reina del Serengeti. Cada tres meses, en el club se actualizan las necesidades de cada miembro para saber cuánto hay que plantar en la siguiente cosecha. Nunca se cultiva más de lo necesario. "A un club no pueden pillarle con más gramos de los que tiene estipulados", apostilla Arribas.

La vigilancia alcanza también a uno de los momentos más complicados: el transporte de la marihuana desde la plantación hasta el club, donde se distribuye. Debe ir en envases cerrados y perfectamente señalizados con la cantidad exacta de cada variedad. Y se hace siguiendo un protocolo de transporte propio. Después, los socios pueden ir retirándola a demanda y consumirla en casa o bien en las propias instalaciones del club; en cualquier caso, siempre en el ámbito privado. De cuatro a ocho de la tarde los días laborales las instalaciones se cierran y sólo pueden acceder los socios; nada de turistas de cannabis, como mucho se permite la entrada a los acompañantes de pacientes con necesidades especiales. Para acceder a la sala de fumadores hay que pasar incluso por un control de huella digital que registra quién ha entrado y a qué hora. 

Todo ello es necesario para evitar problemas legales, porque este tipo de clubes -La Reina del Serengeti tiene carácter de asociación cultural e incluso paga sus impuestos a Hacienda- se mueven en un limbo legal. Su actividad es "atípica e impune", explica el presidente, pero sólo si se mueve dentro de unos estrictos parámetros para evitar que un juez pueda considerar que el cultivo va destinado al narcotráfico. Es una consideración hasta cierto punto subjetiva, porque no está establecido cuánta marihuana supone sobrepasar el límite del consumo propio. Arribas explica que "hay asociaciones más grandes que admiten el turismo cannábico; es como la ruta de la tapa pero con cannabis, y eso sí es facilitar el narcotráfico. Incluso hacen publicidad para atraer clientes a sus clubes, y eso no se puede hacer".

Las variedades de marihuana

Critical Bilbo, White Shark (tiburón blanco en inglés), Juanita la Lagrimosa, Jack el Frutero, Sour Diesel, Green Poison o White Widow (viuda blanca) son los nombres de alguna de las diez variedades que se cultivan en la plantación secreta de La Reina del Serengueti. Y son sólo un puñado de las 300.000 variedades (y no es una exageración) que existen del cannabis, según declaran los directivos de La Reina del Serengueti. Cada una de ellas obedece a un propósito, pero para entenderlo primero hay que conocer cómo afecta la marihuana al ser humano.

El cannabis tiene dos principios activos básicos: el CBD (cannabidiol) y el THC (tetrahidrocannabinol). Con el primero no hay problema: tiene un efecto sedante y se emplea por sus efectos terapéuticos, mucho más potentes que los de un analgésico industrial. Una planta -o cientos- de marihuana con un 100 por cien de CBD es perfectamente legal. Se usa en la industria con otro nombre: el cáñamo. "Puedes fumarte lo que quieras de CBD, que nunca te colocas y no tendrás dolores", dice Antonio Arribas.

El problema, o al menos el problema legal, está en el THC, el responsable del colocón. La lesgislación española permite, según Arribas, tener plantas de marihuana con hasta un 0,02% de THC sin que tenga consecuencias legales. Pero ninguna de las plantas del cultivo de La Reina del Serengueti tiene esa proporción, y ni se acercan. "Intentamos alcanzar una relación de uno a uno", esto es, mitad y mitad de CBD y THC. Así consiguen los efectos terapéuticos al tiempo que la euforia y bienestar que provoca el THC.

Los camellos que venden marihuana en la calle, la que procede del narcotráfico, ofrecen variedades con el mayor porcentaje posible de THC, explica Arribas. En La Reina del Serengueti buscan potenciar los efectos terapéuticos, y para eso es necesario buscar un equilibrio entre todos los aspectos. Eso se consigue eligiendo bien las variedades que se cultivan, apenas cinco o seis en cada cultivo, aunque disponen de esquejes de diez, todas procedentes de madres de otros clubes.

La mayor parte de las 300.000 variedades de marihuana se pueden distribuir en tres ramas principales: la Xativa, con más propiedades medicinales y rica en CBD; la Índica, que provoca mayor sensación de bienestar; y la Rudelaris, que la hay en cualquiera de las variedades anteriores pero se caracteriza por una rápida floración. Precisamente por eso desaconsejan su cultivo en La Reina del Serengueti. Crece muy rápido pero las plantas son más pequeñas (frente a los 90 días que tarda en florecer una Xativa, la Rudelaris lo hace en 50). Para obtener una cantidad determinada de marihuana hacen falta más plantas que con las variedades puras -o mezcladas- de Xativa o Índica. Y eso puede dar lugar a problemas legales. Justo lo que intentan evitar en La Reina del Serengueti.