Domingo 16.06.2019
Cordoba Hoy

JUAN ANDRÉS DE GRACIA, PRESIDENTE DE CONSEJO DEL MOVIMIENTO CIUDADANO (CMC)

"Más allá de arreglar calles, hay mayores atrapados por falta de ascensores"

Juan Andrés De Gracia
Juan Andrés De Gracia
"Más allá de arreglar calles, hay mayores atrapados por falta de ascensores"

Un maestro escuela que en los setenta se engancha con los movimientos parroquiales de base porque sus inquietudes por mejorar su vecindario, el Parque Cruz Conde, iban más allá de las aulas.  Juan Andrés de Gracia (Córdoba, 1962) preside el Consejo de Movimiento Ciudadano (CMC) y defiende el movimiento vecinal de Córdoba por ser integrador, "todas las entidades de barrio tienen sus silla en los distritos, si quieren la cogen y si no, la dejan vacía".

Un sábado por la mañana nos atiende en la sede asociativa donde ha luchado por más institutos, centros de salud; ha apoyado a vecinos, a celebrado y brindado con quien quiere acercarse. Como Fernando, un octogenario dependiente que se une a la entrevista traído por el joven a quien sus hijos pagan para que pueda ayudarle a manejarse.

De Gracia es un tipo afable, dialogante. Conoce a todo el mundo. Tanto a los representantes de las comunidades evangélicas, como a las musulmanas, como a las entidades que luchan contra el consumo de droga, Stop Desahucios, mujeres... De hecho, el propio Ayuntamiento ha contado con él para la gestión de la nueva regulación urbanística que rige la LOUA.

Pero está claro que hay un sector que se le resiste. Que no quiere formar parte del diálogo, al menos, no si no se hace su voluntad aquí en Córdoba como en el cielo.

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Sin embargo, el maestro escuela activista vecinal recuerda que la idiosincrasia participativa de Córdoba nace precisamente de los párrocos de barrio, de Acción Católica y las Juventudes Cristianas que trabajaban por las necesidades de los parroquianos. Sólo que las reivindicaciones democráticas han evolucionado y ahora es la territorialidad el principal ámbito de trabajo de las asociaciones vecinales que, por otra parte, siguen reclamando derechos; ya se pueden repartir octavillas sin miedo pero hay retos como la soledad de los mayores, atrapados en sus casas por la falta de ascensores, el repunte del consumo de la heroína y el fomento de la participación de jóvenes y nuevos colectivos que aún están por conseguir.

Cuando la participación vecinal se 'oficializa' con los consejos de distrito, el Ayuntamiento como actor que los aglutina, ¿se desvirtúa o politiza el movimiento ciudadano de Córdoba?

Los consejos de distrito respondieron a una necesidad basada en las juntas vecinales de barrio de los 70 iniciales porque era necesario no segmentar la ciudad; las reivindicaciones vecinales no eran ya sólo barrio a barrio pues había cuestiones como la carencia de bibliotecas, salones de actos, centros cívicos, institutos... que tenían una dimensión de distrito.

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Inicialmente, estaban formados por las asociaciones vecinales porque las asociaciones de vecinos eran las organizaciones ciudadanas donde surgía todo; las asociaciones de mujeres, entidades deportivas. Luego los distritos se fueron segregando por sectores; quienes pedían infraestructuras u otros colectivos por un fin.

Ahora, prácticamente, el movimiento vecinal tiene como máxima la organización territorial de la ciudad, temas urbanísticos. Actualmente, la ciudad la conforman 14 consejos de distrito.

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¿No están politizados entonces?

Creo que justo al contrario, porque al principio, se quiso poner al frente a concejales pero el propio movimiento ciudadano pedimos que no se podía ser dirigente de un consejo de distrito y a la vez ostentar un cargo político, está prohibido por el reglamento regulador.

Es cierto que en los vecindarios se habla de política, porque es el instrumento para organizar la ciudad. Pero el sesgo político sólo responde a que tradicionalmente, los partidos de izquierdas han defendido más el modelo participativo vecinal. Pero que aquí ha gobernado 8 años el PP y no han tocado el movimiento vecinal porque es vertebrador de la ciudad.

Además, los consejos de distrito integran a todos los colectivos de los barrios que quieran formar parte; ojo, tienen su sitio lo que no quiere decir que lo quieran.

Es cierto que en los vecindarios se habla de política, porque es el instrumento para organizar la ciudad. Pero el sesgo político sólo responde a que tradicionalmente, los partidos de izquierdas han defendido más el modelo participativo vecinal.

Recuerdo los "Presupuestos Participativos", iniciativa que situó a Córdoba en Europa por la participación ciudadana pero que se frustran, quizá, en parte, porque el sistema no está organizado para que los vecinos decidan, son los políticos electos a quienes les corresponde esa responsabililidad.

Sí, pero los políticos se no organizan territorialmente sino por áreas; las juntas de distrito, una derivación de la organización territorial marcada por la Ley de Grandes Ciudades, sí que hay teóricamente concejales que deben encargarse de ese distrito pero es irreal porque el concejal no está en ese distrito y no conoce los barrios en particular.

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¿Dónde viene esta característica participativa de los vecinos de la ciudad?

De los movimientos cristianos de base. Las organizaciones como Acción Católica o Juventudes Cristianas tenían una visión muy territorial y muy de barrio. Hay una relación histórica. Un ejemplo es el reciente homenaje a Manolo Varo, párroco de Villarrubia, por su implicación social y allí estuvimos todo el movimiento vecinal al margen de ideologías o creencias.

La actividad de las parroquias era territorial, y participábamos sin sesgo religioso, cada uno desde su individualidad, pero trabajando por proyecto común desde la unidad del barrio.

Algo que también se ve como la carencia de Córdoba como concepto de ciudad.

La actividad de las parroquias era territorial, y participábamos sin sesgo religioso, cada uno desde su individualidad, pero trabajando por proyecto común desde la unidad del barrio.

Sin embargo, ahora, las parroquias tienen una supremacía en el poder de algo tan básico y necesario como los alimentos. A través de las Cáritas diocesanas se distribuyen los alimentos del Banco de Alimentos de Córdoba a los más necesitados. Un arma bastante poderosa. Evangelistas, musulmanes, judíos y fieles necesitados de otras religiones que no sean la católica están obligados a acudir a la parroquia si quieren comer.

Vamos a ver, en general la relación de las parroquias con su entorno es muy buena. Sí es cierto que desde el movimiento vecinal se ha cuestionado esa obligación de tener que pasar por la Iglesia Católica para tener acceso a algunos servicios y suministros.

Tenemos muy buena relación con la comunidad musulmana asentada en Córdoba y siempre ha sido complicado tener que decirles que tienen que pasar por una supremacía para determinados servicios. Es la supremacía que hay pero estamos trabajando e intentando que esto vaya cambiando.

Claro, pero para eso, en este caso, las comunidades religiosas tienen que sentarse a dialogar y negociar.

Desde la Federación de Asociaciones de Vecinos Azahara tenemos pendiente una reunión con la comunidad musulmana para ver cómo podemos colaborar juntos.

Y es que en momentos complicados como el actual con respecto al radicalismo religioso, es necesario que los musulmanes cordobeses expliquen, dialoguen y participen para evitar cualquier conflicto vecinal.

También es cierto que las comunidades religiosas como la evangelista, muy presente en la zona sur de la ciudad, son más endogámicas, suelen tener sus cultos pero no suelen participativas a nivel vecinal pero ahí las tenemos y son nuestros vecinos.

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Actualmente, la globalización ha hecho que estemos más identificados con afinidades que trascienden los límites territoriales; un vecino de El Brillante, pocos hábitos de vecindad comunes tendrá con alguien criado en otra zona de la ciudad más popular. Por poner el foco en un barrio, el barrio de Palmeras es un claro ejemplo de organización vecinal más allá de los foros "institucionalizados" o reglados. Han sido capaces de aunar a todas las entidades con un proyecto que parte del estudio de las necesidades del barrio. El Plan Integral de Palmeras es un logro vecinal cien por cien.

Las asociaciones vecinales tenemos que recuperar ese trabajo social del que hablas que sí han logrado en Palmeras. En nuestros barrios hay mayores solos y atrapados por falta de ascensores y nos hemos centrado más en arreglar la calle, los equipamientos.

¿Hay relevo generacional en los movimientos asociativos, vecinales?

En los 70, las vocalías juveniles eran muy necesarias porque había una necesidad real de luchar por articular la ciudad. Había muchas carencias que hoy no hay. Pero ahora los jóvenes, con la irrupción e implantación de las nuevas tecnologías no tienen tanta necesidad de interactuar con su entorno. Los jóvenes de ahora no viven en su barrio en particular sino en el mundo en general.

La renovación que tiene que venir es la de 40 años, que son quienes tienen la necesidad de institutos para sus hijos, centros de salud, centros de mayores para sus padres. Mientras no haya concepto de estabilidad en un territorio, no hay necesidad de involucrarse en los movimientos vecinales.

Sin embargo, aunque no somos tantos organizando, sí que la gente tiene claro que es a nosotros donde deben acudir para solucionar el problema de su barrio.

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¿Qué puede resolver el movimiento vecinal?

Todo lo que trascienda de la comunidad de vecinos en sí, que tiene sus funciones muy delimitadas y que afecte a la convivencia entre vecinos de un barrio.

Son también un buen termómetro para detectar anomalías o problemas sociales como el repunte del consumo de drogas como la heroína, más barata que la cocaína, y que está volviendo sobre todo entre las clases sociales más bajas que no pueden permitirse otros estupefacientes. ¿Se nota en Córdoba?

Claro que se nota, sobre todo en la zona sur de la ciudad. Ahora no se pinchan tanto, pero sí que está repuntando.

En esta lupa de problemas, últimamente, tienen en el foco de las preocupaciones el uso patrimonial de la Mezquita-Catedral por parte de la Iglesia, la ocupación de la calle por parte de los veladores, la LOUA entre otros asuntos de actualidad donde el CMC se ve implicado.

Es que vivimos en una ciudad. Y tenemos que poder pasear por las calles. Yo, de manera individual y Fernando -vecino del Parque Cruz Conde cuya artrosis lo apoltrona en una silla de ruedas-. Los comerciantes forman parte del barrio, y tienen derecho a desarrollar su actividad económica pero dentro de unas normas de accesibilidad.

Hacen falta ascensores porque se mueren mayores solos porque no pueden bajan a la calle. Cuatrocientas comunidades de vecinos no tienen ascensores y una comunidad cada vez más envejecida.

Hacen falta ascensores porque se mueren mayores solos porque no pueden bajan a la calle. Cuatrocientas comunidades de vecinos no tienen ascensores y una comunidad cada vez más envejecida.

¿Peatonalizamos la ciudad como las capitales europeas?

Peatonalización por peatonalización no. Las ciudades están construidas para el tránsito de vehículos pero ahora tienen que convivir con otros medios de transporte más sostenibles y con los ciudadanos. Tenemos que hacer una ciudad más amable, con acerados adecuados a los vecinos.

¿Cómo se hace esa ciudad amable?

Estudiando las posibilidades para ser más eficientes, aprovechar los recursos que tenemos y gestionarlos de manera sostenible, con previsión para las generaciones futuras. Sin improvisaciones; por ejemplo, no hay que poner miles de árboles si no vamos a poder cuidarlos para evitar que tapen la luz de las farolas. Nos falta inversión y planear con sentido, con continuidad.

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