Miércoles 20.02.2019

PABLO VIEDMA AGUAYO. SUPERVIVIENTE DE LA BATALLA DEL EBRO Y RESIDENTE EN CÓRDOBA

"Hubo más odio en la posguerra que en la guerra"

"Hubo más odio en la posguerra que en la guerra"

El próximo 25 de julio se cumplen 80 años del inicio de la infame Batalla del Ebro, que acabó con la Guerra Civil tras el golpe de estado de Francisco Franco. Acabó también con lo que era la II República y dio comienzo a 40 años oscuros de régimen franquista, en los que quien era considerado 'rojo' tenía una vida penosa o, como mínimo, bastante difícil. Pablo Viedma Aguayo, natural de Baeza (Jaén), de 99 años, y actual residente en Córdoba, combatió con sólo 17 años en aquella última batalla, que, lejos de acabar con las penurias de un país con mil heridas abiertas, supuso para muchos el inicio de una época tremendamente penosa.

En ese largo combate de varios meses murieron 16.500 personas y resultaron heridos 64.000 hombres y mujeres, con la pérdida de hasta 150 aviones y acabaron produciéndose unos 25.000 prisioneros. Cifras que dan fe de la crudeza del enfrentamiento entre ambos bandos.

Pero antes que guardar y mantener rencores, Pablo Viedma, el que puede ser último superviviente de aquella cruenta batalla ("no había nadie más joven que yo, al menos en mi frente"), y que el próximo 3 de agosto cumplirá 100 años en compañía de toda su familia, prefiere hablar de acabar con el odio. "Es mejor no remover el pasado y dejar las cosas como están", señala con unos ojos llamativamente luminoso y jóvenes. Pero, al mismo tiempo, considera que todas las familias tienen derecho a recuperar los cuerpos de sus familiares, sean del bando que sean. Porque hablando de odios, hubo mucho más tras la guerra que durante el conflicto que rompió un país en dos y que aún hoy arrastra esa sombra a sus espaldas. Pese a rayar el centenario, él mantiene intacta su memoria, aunque ya a veces le cueste vestirla con palabras.

¿Cómo acabó usted en la peor batalla de toda la Guerra Civil?

Soy de la Quinta del 39 (del siglo pasado) y estaba haciendo la mili cuando fui al frente del Ebro. Fue por obligación. No por convicción.

¿Y dónde le destinaron?

En Barcelona, desde Jaén paramos en Valencia y desde allí nos llevaron a Calatayud. Luego nos enviaron al Ebro. Fue la primera vez que entré en batalla y acabé herido. Creo que fue la batalla más campal de la guerra, con muchísimos muertos. Fue muy cruel y llegamos a combatir cuerpo a cuerpo.

Usted estaba en el Ejército Republicano. ¿Dónde estaban colocados?

Al Norte del río. A la defensiva. Franco nos hizo una rosca y nos venían balas por todas partes, ¿estamos? Y tuvimos que retirarnos. Nos envolvieron y nos vencieron.

Abuelo 2

Dicen que al principio de la batalla sólo había españoles en ambos frentes.

Y es verdad. Después llegaron los extranjeros en ambas partes, y ahí fue cuando se recrudeció de verdad la batalla. Fue caótico, el desorden.

¿Y cuando había sólo españoles, es verdad que había contacto y comunicación como aparece en las películas?

Eso también es cierto. Hubo intercambio de papel por tabaco. No había tanto disparo. Decían unos "esperarse a tener el papel y nosotros les dábamos el tabaco". Pero también había actos de guerra. Recuerdo que había un pantano, el de Camarasa, y Franco levantó las compuertas para que saliera todo el agua y se llevó a una brigada de carabineros de la zona roja por delante. Los mandaron a hacer puñetas (se ríe). Eso ocurrió en una de las contraofensivas.

Cualquiera podría pensar que los Carabineros eran italianos y que éstos eran fascistas enviados por Mussolini. Pero en este caso, eran realmente de la zona roja: Los Carabineros de la República. Muchos de ellos, sin embargo, no eran bien vistos entre el resto de la tropa del Ebro, porque allí acabaron muchos hijos de personas influyentes y, por tanto, se mantenían algo más a salvo lejos del frente directo.

¿Cuánto tiempo estuvieron combatiendo?

No lo sé bien. Sé que fue en pleno verano, en agosto, y hacía mucho calor. En mi caso fue un mes entero antes de caer herido. Primero los de mi Quinta estuvimos en Camarasa, en Lleida, y después de un tiempo allí nos metimos en una viña, pero no podíamos comer ni uvas. Si se movían las viñas nos disparaba la artillería. Cuando eso ocurría y caía la bombazos metíamos rápidamente en el agujero de la explosión, porque esperábamos que no volviera a caer en el mismo sitio otra.

En un viñedo no nos atrevíamos a comer uvas, porque si venía mover las ramas la artillería nos disparaba

¿Hubo mucho bombardeo en esa batalla?

¡Bueno! Se ponía el cielo lleno de avionetas echando bombas y los veíamos bajar. Los suyos eran sobre todo aviones italianos y alemanes. Hubo un momento en que había ya demasiada gente. Enfrente tenían italianos y alemanes con ellos, y a nosotros nos llegaron los rusos. Pero no recuerdo que hubiera ingleses o americanos.

Abuelo 6

¿Las tropas extranjeras acudieron a mitad de la campaña?

En efecto, pero ni los alemanes ni los rusos coincidieron en los frentes. Yo ese encuentro no lo vi. Estaban unos más arriba y otros más abajo, porque no fue como la gente se lo imagina, con una línea continua a ambos lados del río. Era un frente muy largo con muchos pequeños frentes a diferentes alturas y a nosotros nos iban mandando más arriba o más abajo según hiciera falta.

¿Las fuerzas de ambos bandos estaban igualadas?

Yo creo que los nacionales eran más numerosos.

Se trata, en efecto de una sensación. Según las cifras oficiales al principio de la batalle el bando republicano estaba compuesto por unos 100.000 hombres, si bien con las Brigadas Internacionales acabaron siendo 130.000. Enfrente, Franco acumuló en un principio 98.000 hombres, aunque al final contaba con 185.000 armas a sus servicio.

Según señalan algunos historiadores, se dio la circunstancia de que cuando el Ejército del Ebro avanzaba no tuvieron la prudencia de cortar los cables del telégrafo y los afines al régimen que estaba por venir iban comunicando prácticamente la cifra de los republicanos, en carros, hombres y armamento, con lo que los golpistas podían situar enfrente un ejército similar o mayor.

Eso es lo que pasó.

"En nuestro bando era un sindiós; un caos de órdenes. Los otros estaban mejor organizados con una sola orden"

¿Y cuál fue el verdadero motivo de la derrota republicana allí?

No sé por qué. Nosotros, los rojos, por llamarlos así, estábamos avanzando un poco, pero luego ellos dieron una contraofensiva y nos envolvieron por ambos lados. Cuando salías corriendo te encontrabas con otros de los suyos delante y entonces nos tirábamos para atrás y te los volvías a encontrar... Eso fue una estrategia de Franco, pero es que nosotros no estábamos bien organizados. Cada uno iba por su lado, A lo mejor te venía un brigada con su estrella que te daba una orden y se le hacía caso, pero luego de inmediato venía otro con otra orden contraria. Aquello era un verdadero descompuesto de órdenes. Y había anarquistas, comunistas, socialistas y cada uno tenía su ley, y la tropa se volvía loca. No sabíamos a quién hacer caso. Por contra, delante teníamos una unidad bien organizada y ésa fue su victoria. Tenían una organización fenómeno y profesionalidad y entre los nuestros había un revoltijo abusivo de órdenes que provocaron el desorden. En el otro lado eran pocos mandos y una orden. Eso les daba seguridad y nos pegaban siempre la castaña (sonríe con la boca y con la mirada). Cuando ellos nos atacaban, en vez de salir adelante nos echábamos para atrás. El Campesino (Valentín González González), comunista de izquierdas, rojo, y (Enrique) Líster (Forján). Eran los dos mandos del Ejército Republicano. Cuando echábamos para atrás nos encontrábamos con Líster y nos obligaba a volver sobre nuestros pies. Pero uno pensaba con 17 años ¿cómo voy a ir para adelante si me van a matar, coño? Ahí caíamos como chinches.

Su memoria es selectiva. Es decir únicamente tuvo la visión de su frente o de los que tenía que ir a reforzar, pero no de toda la batalla. En realidad, había muchos más comandantes 'rojos' que 'azules'. Con Franco estaban también Fidel Dávila, Juan Yagüe, García Valiño, Francisco Delgado, Fernando Barrón y El 'Mizziam' (Mohammed Ben Mizzian), mientras que la zona republicana hubo hasta nueve comandantes a las órdenes de Vicente Rojo Luch, jefe de Estado Mayor del Ejército. Además de El Campesino y Lister, estaban Juan Modesto, Manuel Tagüeña, Etelvino Vega, José del Barrio, Hans Kahle (un comunista alemán), Dominicano Leal (fallecido en la batalla), Manuel Álvarez (también muerto) y El Esquinazau (Antonio Beltrán Casaña).

Abuelo 5

¿Y hubo mucho andaluz en esa batalla?

Estábamos los de Baeza y Jaén. Todos los de mi Quinta fueron allí adelante. Sí hubo andaluces. Todos los de mi quinta allí delante. Y allí se quedaron muchísimos de mis compañeros en el Cerro de Gurugú, que estaba en el entorno del Ebro, porque aunque se llama la batalla del Ebro el frente era muy amplio, y muy poco homogéneo. No era lineal; unos estaban más adelante y otros más atrás. Ese monte era famoso, porque para avanzar nosotros nos estorbaban allí ellos.

"Cada ametralladora Oqui necesitaba cinco personas. El cabo disparaba y los otros reponíamos y manteníamos frío el cañón con agua"

¿En qué compañía estaba usted?

En ametralladoras de Infantería. La artillería estaba justo detrás (250 piezas repartidas por todo el frente). Cuando ésta disparaba nosotros avanzábamos más, porque nos abría el paso. Paraban de bombardear y seguíamos, pero cuando bombardeaban los fascistas, vamos a llamarlos así, teníamos que echar para atrás y cuando disparaban los nuestros avanzábamos. Era un movimiento constante.

Entonces, ¿vio morir a muchos amigos y compañeros?

¡Bueno! Se morían como chinches. Yo ponía la mano así (hace el gesto de detenerse) y paraba las bombas (se ríe). Eso sí, de desnutrición o enfermedad no se moría nadie. Porque estaba prohibido enfermar y no nos dejaban (vuelve a reírse).

Abuelo 9

¿Qué comían a diario? ¿Cuál era su rancho?

¡Lentejas! (abre los ojos como platos sonriendo). Las famosas lentejas de Negrín (Juan, presidente del consejo de ministros de la República). Para comer era todo una aventura. Los que la traían tenían que aprovechar cuando no disparaban para traérnosla. Siempre lentejas, siempre, pero sin morcilla. ¡No se pasaba hambre! ¡Madre mía! Las guerra es lo peor que hay. No hay nada peor que una nación en guerra, porque todos sufren. Los de la comida, también, porque el que la traía era el que estaba más libre y si la aviación los veían antes iba a por ellos y les disparaban. Tenían que esperar a que las avionetas (entre ellas Stukas de la Legión Cóndor) se marcharan para darnos la comida. Muchas veces eran latas de sardinas, pero nos decían que había que partirlas entre cuatro, porque había pocas (se ríe).

¿Y de munición estaban mejor?

Yo qué sé. El caso es que yo iba a una ametralladora y reponía la munición. Teníamos un par de cintas y no podíamos gastar mucho. Aquello empezaba a dar tiros y te quedabas solo. Era la ametralladora Oqui y había que echarle agua por encima porque se calentaba mucho. Teníamos un cubo para eso. Estaba el cabo, que era el que disparaba, y a su alrededor cuatro más. Estaban instaladas en el mejor sitio. En mi compañía no había más de dos. Estábamos en primera fila y éramos el objetivo del bombardeo. Esa ametralladora tenía un cañón puesto y otro de repuesto. El cabo tiraba, el ayudante le daba la cinta de ametralladoras y nosotros reponíamos y echábamos agua. Una cinta calentaba mucho el cañón y había que recambiarlo y poner el otro en el cubo para que se enfriara y volver a funcionar. El cabo era el que mandaba y decía lo que teníamos que hacer. Era nuestro mando directo. En muchas ocasiones no había órdenes de arriba y cada grupo tenía que ser jefe de unos mismo. De los cinco de mi ametralladora hubo bajas. De vez en cuando me terminaba encontrando solo. Más de una vez veía a mis compañeros que se los llevaban los camilleros, Había que ver cómo se marchaba el amigo herido. Vivíamos siempre buscando resguardo contra las balas y cuando había un hueco estábamos tres o cuatro. Una vez llegó el del correo y le dio a uno la carta de la familia y la estaba leyendo cuando le vino el tiro a la sien y ahí se quedó leyendo la carta. Eso se me quedó grabado. Eso impacta mucho en vivo. No es como las películas.

La guerra no es como en las películas; no tiene nada de romántico; ahí no gana nadie

En realidad, la guerra tiene poco de heroica, como aparece en el cine ¿no?

La guerra no sé quién la inventó, pero ¡la madre que lo parió! Ahí no gana nadie. El que esta metido allí es el que siempre pierde... De uno y de otro bando.

Abuelo javi

¿Hubiera ido voluntario?

Voluntario no voy. Voluntario para ir al frente, ni uno. Yo tengo un tiro en el brazo. Fue en un avance que hicimos y ellos en vez de correr, se hicieron fuertes y nos pillaron desprevenidos cuando nos quedamos quietos. Eso se llamaba una encubierta. Yo no tenía todavía ni los 18 años. No vi quién me disparó, con todos los que había, averigua tú quién fue. Caí herido, pero no prisionero. Cuando me vi la sangre, porque salía a chorros, no pensé que doliera, pero sí que me quemaba el brazo. Un disparo no duele, quema. Pero aquí no gana nadie; unos porque mueren antes y otros porque mueren después. Perdí el sentido y me llevaron al hospital de campaña, donde iban los heridos del mismo frente. Era una tienda grande, donde te daban la primera cura y luego te echaban para atrás, en retaguardia para recuperarte. Una vez te curaban te devolvían al frente. Yo me encontré un médico muy bueno y era paisano mío, el cabo Varas, y me llevó tabaco y todo. Me decía que mantuviera sin abrir la mano para que no me movilizarán de nuevo. Luego acabé como servicio de auxiliares para llevar lo que fuera de un sitio para otro, pero sin estar en el frente. Y conste que los que estaban en la retaguardia no estaban de rositas. Pasaban también mucho. En la retaguardia estaban siempre encogidos por lo que pudiera pasar, porque no sabías lo que estaba pasando en el frente.

Si tuviera que definirme la guerra, ¿cómo lo haría?

Es difícil. Es una batalla campal. Criminal. No tiene sentido matar por matar. Cuando yo disparaba no lo hacía pensando en matar, sino en defenderme yo. Era supervivencia pura. No había ningún espíritu ideal de defensa de ideas políticas ni nada de eso. Iba a defenderme yo. En el ambiente no había política ni nada por el estilo. Buscabas vivir un día más. Yo no tenía odio al que estaba enfrente. Si lo más seguro era que fuera un pariente o un hijo. Es más sin sentido todavía. Lo peor de todo es una guerra civil; una guerra entre padre e hijo.

¿Entonces entre ustedes no hablaban de política?

Para nada. Hablábamos de cómo pasar el día y sobrevivir. Por la noche no podíamos ni fumar porque donde estaba la brasa allí disparaban. No hay nada de romanticismo en esto. En el nido de la ametralladora tenías que ponerte con la mano tapando la brasa para que no te vieran. Pero fumar, fumabas. No había otra cosa que hacer.

"Prefiero que no se remueva el pasado, porque volverá a generar odio, pero que se recuperen los cuerpos"

¿Cómo sobrevivió a todo eso?

¡Yo qué sé! Las ganas de vivir. La edad; con 18 años qué esperas. Al final, caí prisionero y estaba de auxiliar en el hospital. De ahí el que ganó, que fue Franco, nos llevó a un campo de concentración, en el cuartel de San Juan, en Tarragona. Eso era una cárcel. Recuerdo que cuando me tocaba limpieza estaba ya muy flojo por falta de comida y les decía "si no puedo barrer con el hambre que tengo para qué me mandáis que barra". No era de lógica. No sé cuánto tiempo estuve en el campo de concentración. Un tío mío, hermano de mi padre, de Málaga, me mandó una carta, la entregue en el campo y con eso ya quedé libre.

Abuelo 7

¿Tiene rencor hacia alguien de aquella época?

No le tengo rencor alguno a nadie. Ni a los mismos contrarios.

¿Y entiende que ahora parezca que haya más odio que entonces?

Es verdad que sigue el odio. El que ha sentido mucho en eso siente el odio. Yo nunca sentí odio por nadie. Todos han sido amigos míos. Los políticos no, porque no me gustan. De políticos no sé nada ni quiero saberlo.

¿Cree usted que todavía sigue habiendo dos Españas?

No sé si habrá todavía dos Españas, pero sí los hay todavía acérrimos al poder antiguo. En la época mía había mucho rencor y la gente pensaba "tú no eres de los míos".

¿Si tuviera que enviar un mensaje ahora a la sociedad española que le diría?

Que hubieran estado primeramente en el frente de batalla, y cuando salgan de ese frente, que le pregunten, verás cómo no habría más guerras. Nadie la quiere. El que quiere la guerra es porque no ha estado en ella. El que ha estado en batalla no quiere más guerra para nadie. La guerra es una gran pérdida para todos. En la Guerra Civil sencillamente ganaba el que tenía un poco menos de muertos. Así de crudo era. Lo mejor es no conocer las injusticias que había.

¿Y entiende que ahora se pida lo de la recuperación de la memoria histórica? ¿Que se recuperen los cuerpos y se reconozca a los fallecidos del otro bando?

Creo que se tenía que haber tenido más consideración. Pero prefiero que no se ahonde en ese tema. Prefiero ya borrón y cuenta nueva. Si se saca otra vez a la luz el pasado regresa por narices el odio. El que tiene un odio porque han matado a tu padre no puede tenerle cariño al que lo ha matado, y si puede hacerle daño se lo hace. Y yo no quiero eso. Prefiero que se queden las cosas como están. ¿Hemos llegado hasta aquí? Pues de ahí no pasar. Dejad la historia ya.

Abuelo 1

Lo dice alguien que lo ha vivido y no quien habla de ello sin estar.

Lo he vivido yo. Que me escuchen, porque la gente habla mucho de lo que no han vivido. Yo prefiero que se quede parado. ¿Para qué vamos a remover lo que ha pasado? Vamos al presente. Porque el futuro ya vendrá.

Pero también es verdad que hay muchas familias que les gustaría saber dónde están su familiares enterrados.

Es que eso ya entra en otro terreno. Tienen todo el derecho del mundo a saber dónde tienen sus muertos.

"Todavía sueño alguna vez con que corremos gritándonos unos a otros que nos pusiéramos a salvo"

¿Sueña alguna vez con aquello?

Sí, alguna vez. Soñaba que teníamos que correr  que nos gritábamos unos a otros ¡corre, corre! El tío Andrés (pariente suyo) estuvo en la guerra en el bando nacional, en la Virgen de la Cabeza de Jaén. Era guardia civil y en el hospital militar perdió la cabeza y revivió la guerra y gritaba "¡agacharos! ¿No oís las bombas?"

Una curiosidad. La canción del Ejército del Ebro, ¿de dónde salió?

Nació en el mismo Ebro. De los que estábamos allí. La cantábamos todos. Pero ya no me acuerdo de ella. Cantábamos mucho en el frente. Estábamos de maniobra y parados no estábamos nunca, con instrucción y activos siempre. Pero una batalla no siempre es con disparos y tiros. Hay muchos tiempos muertos. Lo peor es que cuando te empezaban a pegar tiros sin ton ni son ye enrabiabas más y respondíamos de igual manera.

¿Sus hermanos fueron a la guerra también?

Sí. Mi hermano José estuvo en la batalla de Belchite. Juan Miguel no pudo ir, porque trabajando en una fábrica de aceite había que poner el pistón de la prensa y para ponerlo entraba muy justo y pensó aquello de dadme un punto de apoyo que moveré el mundo. Cogió una palanca que se escurrió y le partió un pie. Estuvo mucho tiempo escayolado. Ahora que lo pienso, no sé por qué a un hermano lo llevan a un sitio y al otro, a un sitio diferente. A José se lo llevaron antes, por ser el mayor, y luego me llevaron a mí. Él estaba por Ciudad Real y a mí me mandaron arriba en el último coletazo de la Guerra Civil. Nosotros siempre estuvimos en el bando rojo. No por ideal, sino por situación geográfica. Luego la misma vida te hace ser de izquierdas, aunque siempre moderado.

¿Cree usted que la gente de esa época se esperaba una Guerra Civil?

A mí me sorprendió. No me la esperaba para nada. En un pueblo como Baeza no se vivían los conflictos políticos. Luego sí, después de la guerra, sí llegaron. Antes del conflicto en la Casa del Pueblo, los socialistas te hablaban y hacían allí juntas y los sindicatos funcionaban allí. Estaba la UGT y la CNT. Pero no había en el ambiente algo que nos dijera en el campo que fuera a haber guerra. El campo estaba muy retraído.

"La gente del campo estaba muy retraída; la Guerra Civil nos pilló allí de sorpresa"

¿Se puede llegar a repetir en este país?

Lo fenómeno es que hablemos todos y cada uno dé su opinión y la mejor de todas fuera la que valga. Es difícil, pero hay que trabajar para poder hacerlo. Si la gente va cada uno por su lado, no nos juntamos. Hay que ser guerrero. Hay que buscar lo necesario para hacer un envoltorio y que estemos todos juntos debajo. Hay que pensar en el bien común y entre todos para sacar de ahí lo mejor. Pero no veo que se pueda llegar a eso. Ése es mi mensaje a la sociedad de hoy. Antiguamente en los cortijos se asaban las sardinas y las dejaron de asar porque cada uno le arrimaba el ascua a la suya (se ríe).

Abuelo 9

¿Qué pasó después de la guerra?

En la posguerra me quise meter en el Ejército, porque era lo que teníamos para comer. Pero como había estado en el bando rojo no podía subir el escalafón. Yo quería subir en el Ejército. Mi afán era seguir como militar, pero como me ponía que era de zona roja, ya no podía. Acabé de cabo primero. Eso sí, los capitanes me pedían dinero a mí, porque era un auténtico buscavidas. Hacía armarios, estaba de jefe de cocina, trabajando siempre donde podía coger un céntimo o una peseta. Siempre he tenido dinero. A 20 duros le sacaba yo dos o tres duros más siempre.

¿Su oficio cuál era?

Albañil. Mi padre y mi hermano, también albañiles. Yo siempre he sido el niño chico de la casa y al niño que no le toquen. Que se quede ahí para apuntar el material que traían a la obra y punto. Luego acabé de militar y también en el Banco de España en Córdoba, donde había mucha prepotencia. Al director le llegué a pedir un préstamo para los estudios de mi hija y me dijo "usted qué se ha creído tratando de que su hija estudie".

"Un rojo acaba viviendo muy mal en una España azul; estás marcado y no puede entrar en sociedad"

¿Y cómo acaba viviendo un rojo en una España azul?

Muy mal (se ríe). Yo pude salir, pero se vivía muy mal. No se nos trataba bien. No había unión. En la guerra no había odio real. Llegó después cuando empezamos a estar señalados unos por los otros. La gente te miraba como un rojo. Para decirlo de alguna forma, hubo más odio en la posguerra que en la guerra. Si estabas señalado con ZR (zona roja) era criminal y te echaban de todos lados. Si tenía que hacer cosas oficiales me marcaban con las dos letras. Sólo por haber nacido en Jaén, ya estabas marcado de por vida. A mí me gustaba el Ejército, que yo hubiera seguido, pero me lo impidieron. Para poner un ejemplo, al acabar la guerra tuve que hacer tres años más de servicio militar, porque cada quinto servía tres años, y eso a pesar de haber estado en una guerra real. Pero a nosotros nos daban fusiles de madera para la instrucción. Llegué a tener capitanes con menos experiencia de batalla que yo.

Pero dice usted que vivía mejor que un capitán.

Porque yo era como Curro Jiménez. Antes en la zona roja te ocultaban todo, no podías dar un paso a la sociedad ni meterte dentro. Pero yo me metí dentro hasta lo más profundo y a todo le sacaba beneficio y dinero a todo quisqui. Por eso, hasta los capitanes me pedían dinero a mí. Llegué a comprarle un armario al capitán de mi compañía para poner su ropa, porque una de las veces que fui a su casa vi que tenía la mujer de puerta a puerta una guita y ahí tenía la ropa tapada con una sábana. Me costó 60 pesetas de entonces ponerle el armario para que quitara el tendido.

Por cierto, ¿cómo conoció a su mujer?

De toda la vida. En el pueblo. Éramos vecinos y nos escribíamos cartas cuando estaba en la guerra. Con ella iba al colegio que estaba muy cerca de mi casa. Mi noviazgo fue a distancia. Siempre hemos estado juntos. Recuerdo que cuando caí herido mi padre me preguntaba "dime la verdad de lo que te ha pasado" y yo le respondí 'me ha pasado una bala por el brazo', pero no me ha dejado manco (vuelve a reírse). Todas las cartas pasaban por la censura y antes de echarla la tenían que leer. Evidentemente, no íbamos a poner nada contrario a lo que pasaba. Pasaban las cartas por la Cruz Roja y no podrías poner nada malo, por si acaso. A mi mujer le contaba de cosas de lo que iba a hacer cuando esto acabara, pero no de la guerra. ¿Para qué? Nos casamos después.

¿Y cómo acabó en Córdoba?

Acabamos en Córdoba porque hubo una vacante de ordenanza y estaba yo en Huesca, la solicité y me la dieron. Aprobé unas oposiciones y me tocó en el Banco de España en Huesca, donde pasé un frío de narices con las nevadas, y de allí pasé a Córdoba. Estuve en el Banco de España donde estaba Hacienda y allí mismo vivimos en el bulevar donde nació mi hijo Pablo. Eso sí, había mucha prepotencia allí. El director, que era un preboste en Córdoba, llegaba con su señora y una vez vi que se paraba en la puerta y ella me dijo "¿no se levanta usted?" "¿Para qué?", le respondí. "Para abrir la puerta" y le dije: "Pues ábrala usted". En aquella época eso me podría haber costado caro, pero no me costó y ahí seguí. Yo era auxiliar de caja. Por entonces el director del Banco de España era más que Franco. A otro de ellos le pedí un anticipo para que mi hija, que iba a las Teresianas y necesitaba el uniforme. Le dije "mire usted Don José (Carbonell), le voy a pedir un favor. Que me dé curso a lo que le pido al banco: 300 pesetas para sacarle el vestido de mi hija" y me dijo "¿que su hija va a ir a las Teresianas? ¿Y no hay colegios de balde?". "Pues lleve usted a su hija", le dije. Al final me acabó dando las 300 y cuando me fui tiró al suelo el papel que le llevé yo ya me iba y me dijo que lo recogiera. Le respondí que no, porque yo no lo había tirado, y se quedó helado.

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