Jueves 16.08.2018

LA MUJER TENÍA 106 AÑOS DE EDAD

Fallece la última modelo viva del pintor Julio Romero de Torres

Rafaela de la Vega Barbudo, natural de Córdoba, posó para el artista una vez para 'La niña de la tanagra', fechado en el periodo final de la década de los años veinte de la centuria pasada, 'La niña de la tanagra'

'La niña de la tanagra' de Julio Romero de Torres
'La niña de la tanagra' de Julio Romero de Torres
Fallece la última modelo viva del pintor Julio Romero de Torres

La última modelo viva del pintor cordobés Julio Romero de Torres, Rafaela de la Vega Barbudo, natural de Córdoba, ha fallecido este domingo en la localidad madrileña de Alcobendas a los 106 años de edad, según han confirmado a Europa Press fuentes municipales.

Al respecto, según ha adelantado el diario 'ABC', Rafaela era hija de Ángel de la Vega, un pastelero con dos tiendas, una en la plaza de la Fuenseca y otra en la Calle Alfonso XIII, ambas en el casco histórico.

La directora de los Museos Municipales de Córdoba, Mercedes Valverde, que es además una de las máximas especialistas, explica que la modelo que acaba de morir era "una señorita de Córdoba, una niña bien, de la burguesía de la ciudad", que a diferencia de otras mujeres que posaron para el pintor no eran modelos, sino que "lo hicieron de forma ocasional por la amistad centenaria entre las dos familias".

Valverde, que conoció a Rafaela a finales del siglo XX, puntualiza que su hermana también inspiró a Romero de Torres. Rafaela lo hizo sólo una vez y para el cuadro, fechado en el periodo final de la década de los años veinte de la centuria pasada, 'La niña de la tanagra', en la que la joven aparece sentada --un hecho recurrente en su obra-- en medio un paisaje onírico en el que se ve, al fondo, el torreón de uno de los edificio de la plaza de la Fuenseca, que aún pervive. El cuadro se vendió en 2014 por 200.000 euros.

La mujer, ataviada con una blusa de tonos rosados y una toquilla oscura, sostiene una tanagra, que es una figura de inspiraciones helenísticas que se hicieron populares entre finales del siglo XIX y el comienzo del XX por haber aparecido años antes en excavaciones arqueológicas en tumbas de culturas milenarias. De fondo, un paisaje indefinido y sugerente, abierto a la imaginación de quien contemple el cuadro, que en este caso no es la Ribera, sino el campo.