Viernes 22.03.2019
SUR

El 'nuevo' Mercadillo del Distrito Sur: Nunca llueve al gusto de todos

Primera jornada del Mercadillo del Distrito Sur, que por vez primera vende en su nueva ubicación, entrando en forma de 'V' desde Libertador Sucre hasta Pasaje de Ayamonte, y primeras discrepancias y divisiones de opiniones, tanto entre los vendedores como entre los clientes habituales sobre el resultado final de la actuación del Ayuntamiento. Y es que todo depende muy mucho del cristal con que uno mire la vida.

"Me ha encantado cómo ha quedado", señalaba una clienta habitual de los viernes. Y la razón, sobre todo, está en el asfaltado, "que impide que se forme barro cuando hay humedad o llueve", y en el hecho de que "se ha sacado de la carretera, como estaba el anterior". En efecto, una gran ventaja con respecto a la ubicación anterior, la Avenida del Libertador Sucre, aunque para muchos de los ambulantes "ahora estamos peor que antes".

El propio presidente de la Asociación de Comercio Ambulante de Córdoba (Acancor), Juan Fernández, a indicado a este periódico que hoy es jornada de pruebas, pero "hay que perfilar algunos detalles, tales como la poda de los árboles que hay sobre los puestos o que en días de mercadillo esté la grúa pendiente para evitar problemas con las furgonetas, y también recoger las inquietudes de los asociados para hacérselas llegar al Ayuntamiento". Pero, en principio, Fernández ha indicado que el Consistorio, concretamente el área que lidera María del Mar Téllez, delegada de Fomento del Desarrollo Económico y del Comercio y Cementerios, se ha adaptado "al máximo que han podido a las necesidades nuestras".

La satisfacción o insatisfacción depende, además, de la zona en la que ha caído cada puesto. En total son 43 licencias, y cada una de ellas está perfectamente delimitada en el suelo con un número y unas líneas divisorias pintadas en amarillo. Curiosamente, los que han caído en la acera de Libertador Sucre están más satisfechos. "He pasado de Burgos a Andalucía", indicaba el responsable de uno de los puestos de alimentación a la entrada del mercadillo. Traducido al castellano eso significa que en su ubicación anterior estaba todo el rato a la sombra, y pasando frío ("antes desayunábamos Frenadol"), mientras que ahora está al sol y más a gusto.

Frío a manos llenas

Por contra, al final de la 'V' en Pasaje Ayamonte no inciden los primeros rayos del sol hasta bien entrada la tarde y no era extraño ver caras de congelación entre clientes y empresarios. "Tengo los pies que parecen cubitos", indicaba uno de los propietarios ubicados en esa zona. Una distribución que viene dada de antemano (se supone que el puesto uno es el más cercano al Ayuntamiento) y ante la que nada pueden hacer los propietarios. Pero ése no es el verdadero problema, ni tampoco el temor a que los clientes no continúen adelante nada más llegar a la curva del mercadillo, por incomodidad o simple pereza.

El problema es cómo se ha rematado la zona de Pasaje Ayamonte. Cada puesto tiene que tener una distancia de fachada de seis metros (y se pagan impuesto por esa cifra), pero las líneas amarillas han recortado a cada uno de los puestos unos 20 centímetros, que por el contrario no se han recortado de los tributos municipales. Además, entre puesto y puesto tiene que haber un 'pasillo' de medio metro por el que los propietarios puedan entrar y salir y moverse con tranquilidad. Pero la distancia en muchos casos es de apenas unos centímetros. "Y no entendemos por qué, porque queda calle para aburrir más allá del último puesto, pero nos han concentrado a todos muy juntitos aquí", señala otro vendedor. Lo mismo ocurre con el fondo de los puestos, que tendría que ser de unos tres metros, "pero hay bastante menos hasta donde colocamos las furgonetas", añade.

Al menos, eso es algo en lo que sí han salido ganando: La posibilidad de dejar justo detrás de cada puesto las furgonetas para la carga y la descarga. Pero para muchos, eso no es suficiente.

Estrecheces versus amplitud

"Esto parece el Zoco de Marruecos", se lamentaba otro vendedor a Córdoba Hoy. Preguntado por el significado de sus palabras, el hombre se quejaba de las estrecheces del pasillo central entre puestos para el paso de los clientes. "En la Avenida era todo amplio y hermoso, y no parecía que estábamos encajonados, como ahora, y había tanto espacio como público, pero vamos a tener problemas cuando vengan en masa", ha advertido, antes de recordar que fueron la necesidad de Aucorsa para que discurriera el autobús, así como las quejas del Deza y del Hotel Exe Ciudad de Córdoba, en ambos casos porque tenían problemas sus clientes para acceder a los aparcamientos.

Precisamente, una mujer con muletas le daba la razón. "Hoy está más libre de personas, pero cuando esto se ponga hasta arriba, a ver qué van a hacer los que tengan carritos de compra, sillas de ruedas o muletas". Evidentemente, en su opinión de clienta habitual, la ubicación anterior era mucho mejor.

De todas estas cuestiones Juan Fernández ha ido tomando nota para cuando tengan que verse de nuevo las caras con el Ayuntamiento, ya que hubo un compromiso municipal de ir resolviendo las pegas que surgieran con el funcionamiento. Pero, además, van a plantear algunas reivindicaciones nuevas, como el hecho de que se instalen servicios públicos, para clientes y vendedores ambulantes, algo que por ejemplo tienen ya en Las Setas o en El Arenal y que está amparado por Ley; así como instalación eléctrica para poder vender en ocasiones especiales con otros horarios al margen del habitual entre las 07.00 y las 15.00 horas cada martes y viernes.

Juan Fernández, quien ha remarcado el hecho de que los vecinos de la zona han ganado con este nuevo mercadillo unas 70 plazas de aparcamiento, ha abundado en que "nos gustaría poder vender de noche en julio y agosto y también en Navidad". Y para eso hace falta la posibilidad de acceder al cableado público. Además, a más de uno le vendría muy bien para determinada época del año (como ahora, y más en la ola de frío actual) contar con un calentador eléctrico que facilitara el trabajo.

El 'nuevo' Mercadillo del Distrito Sur: Nunca llueve al gusto de todos