Cuando Fernando III entró en Córdoba, en 1236, la ciudad estaba prácticamente abandonada. La época del esplendor califal hacía mucho tiempo que había pasado y lo que quedaba intramuros debía de ser poco más que un muladar tras décadas de éxodo hacia otras ciudades de Al-Andalus. Fue un momento crítico, aunque poco conocido, en la historia de Córdoba. El Rey Santo pudo haber optado por dejar la ciudad a su suerte y centrar sus esfuerzos en otros lares.

Pero no. En lugar de eso, Fernando III apostó por repoblar Córdoba, y lo hizo levantando por doquier lo que por entonces era el principal atractivo para un colono: Iglesias. Casi todas las que el monarca castellano ordenó construir, mediante una edicto de 1241, aún perviven y sus campanarios -algunos son en realidad alminares- reinan en los cielos de Córdoba, aunque en su mayoría han sufrido numerosos cambios y adaptaciones arquitectónicas desde el siglo XIII. Esos templos, las Iglesias Fernandinas de Córdoba, aún tienen en su nombre genérico el recuerdo de quien mandó levantarlos.

Toda la historia de las Iglesias Fernandinas acaba de ser recopilada en un libro de la editorial Utopía escrito por Ricardo González y Daniel Valdivieso. En la obra detallan la historia, los nombres y las curiosidades de las 12 iglesias originales, que terminaron dando nombre a los barrios: Santa Marina, San Agustín, San Nicolás, San Miguel, San Lorenzo, San Pablo, San Andrés, Santo Domingo, La Magdalena, San Francisco, San Pedro y Santiago.

Como explican los propios autores en su obra, "la ruta de las Iglesias Fernandinas de Córdoba conforma uno de los paseos más apasionantes por un conjunto histórico-artístico de España. En estos 12 templos se han fundido de manera única la arquitectura románica, mudéjar y gótica con el paso de los siglos". También explican que para finales del siglo XIV ya estaban construidas, aunque siguieron sufriendo modificaciones, lo que ha hecho que presenten elementos de diferentes estilos y épocas.

Los investigadores sostienen que San Agustín y San Francisco son los templos que más cambios han vivido, mientras que Santa Marina, San Lorenzo y San Miguel son las iglesias que mejor han preservado su aire medieval original. Y aclaran que sólo dos campanarios fueron con total seguridad alminares, los de Santiago y San Lorenzo. Los demás, en contra de la creencia popular, no está acreditado que lo fueran.

En esta galería de imágenes aparecen todos los templos citados. Las imágenes están extraídas del libro Iglesias Fernandinas, excepto cuando se indique lo contrario.